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Mayayo

Fotografía: Jesús Massó

Este verano que estamos viviendo es singular, cada noticia y cada evento parece programado para colocar a la mujer en el acento.
Todo comenzó con el estreno cinematográfico de «Wonderwoman», una superheroína de la Marvel de la estirpe de las amazonas. Aquí se presenta a una genuina supermujer, defensora de las injusticias que asolan a la humanidad, con la única debilidad de su amor. De hecho cobra su máxima fuerza cuando lo pierde en un trágico sacrificio de hombre enamorado. Ahí ella desata toda su furia para acabar con el villano. Para ser una superheroína hay que ser muy mujer pero en el anverso del eterno femenino en el que hemos sido educadas.

Wonderwoman es una transgresora de las normas antihombre de las amazonas y de las eternas féminas que fueron modeladas en el proyecto educativo de nuestra cultura. Y en medio de esto, aparece una mujer real, Juana. Juana es una mujer media, de cultura media y vida media. Juana es una mujer común pero, por ser responsable y transgresora,  es una mujer excepcional. Juana se enamora y se ciega con un hombre que al tiempo la obnubila  y la convierte en otro modelo, el de la mujer maltratada. Lo que tiene de especial es que le ha cogido en medio de dos maneras de interpretar la justicia, entre dos países que difieren en la manera de tramitar estos asuntos. No el modo de romperlo todo que tiene la Marvel, sino el de acudir a una interpretación de la misma con eternos protocolos y demasiadas personas interviniendo en decidir su causa. Juana es una mujer maltratada a la que su maltratador le exige quedarse a solas con sus hijos con el consentimiento de esa justicia.

Ella, aterrorizada huye y se convierte en prófuga y delincuente buscada para arrebatarle unos hijos que exige el malhechor. No está clara la historia, pero sí está claro que quien daña no debe ser custodio de sus hijos. Juana no aparece, y para cuando lo haga, el peso de la ley la destrozará con mayor potencia que los golpes de quien inició este desastre.

Avanzando en  el desastre, llega la segunda quincena de agosto y un terrible y trágico atentado nos destroza las almas y las vidas de unos pocos, siempre demasiados y siempre inocentes. Durante unos días de vértigo, en un nuevo intento de atentado, un tiroteo aborta el desastre. Los noticieros no se ponen de acuerdo o no se quieren poner. Hay mucha confusión, pero la artífice de semejante hazaña fue una mujer, una mossa, a la que la prensa le cuesta mucho identificar en su auténtico género. A lo mejor cambian la información en los próximos días.

Mujeres fuertes, enormes y valientes siempre detrás de un mártir enamorado, un marido protegido por leyes injustas y una sociedad que cree que nuestra seguridad depende de la fuerza masculina. Todavía queda mucho del verano de 2017. Yo siempre lo recordaré como el verano de la mujer, de las mujeres valientes.

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