Tiempo de lectura ⏰ 2 minutitos de ná

Pepe artiuclo

Tal vez los himnos sin letra sean más convenientes. Así no hay que ir dando rodeos ni excusas baratas. Un poné: el de Andalucía exige que los andaluces pidamos tierra y libertad, sin embargo cuando alguien se levanta y pide precisamente eso, tierra y libertad, cae sobre él o ella un surtidito de improperios que ya viene siendo habitual: rojo, radical, antisistema, etc…

Pues eso, mejor la música sin la letra. Hoy por hoy quedaría más honesto, más acorde con lo que tenemos. Dice el escritor andaluz Antonio Muñoz Molina: “El analfabetismo unánime sigue siendo la gran ambición de la clase dirigente y de la clase política en España”. De ser así, que tiene pinta de que sí, en Andalucía un poco más.

Sólo así se explican las subvenciones públicas a las corridas de toros, el crecimiento exponencial de las procesiones y de las fiestas populares casposas, y también se explica uno la programación de la tele pública regional. La Andalucía subsidiada, pobretona y casposa, siempre disfrazada de algo. La Andalucía obligatoria, sumisa, conformista e irreflexiva, mangoneada por el poder y sus palmeros. El atavismo fanático de las cofradías, con su rancia ostentación de oros y joyas, que se sublima en el histerismo sonrojante del salto a la reja… En fin, otra vez -¿se fue alguna vez?- la Andalucía machadiana del incienso, del sol, de las moscas y de los toros.

¿En qué quedamos? ¿No estábamos en Primera División?

No sé, a un lado la Andalucía ecológica y respetuosa, al otro las urbanizaciones horteras de la costa. El barroco de Priego de Córdoba, la Judería de Sevilla, el paisaje marciano de Riotinto, el mar de olivos de Sierra Mágina o las dunas de Doñana, pesan mucho menos que unos cuantos campos de golf mandando a tomar por saco la capa freática. El futuro no se contempla en unos colegios públicos que se caen a pedazos, sino en los inquietantes niños folklóricos replicantes, esos tan graciosos, que salen en Canal Sur.

¿Dónde queda la Andalucía ilustrada?

La desigualdad social, el desempleo criminal o la gente que vive en el límite de la pobreza (como si se pudiera poner límite a la pobreza), ¿no son hoy argumentos suficientes para pedir tierra y libertad?

Los nuevos guardianes del poder, instalados en mullidos topicazos políticos, en viejos lemas que recuerdan lo que pudieron ser y no quieren serlo, no quieren un himno con letra. Los nuevos guardianes del poder, al igual que hicieron los antiguos, sólo quieren un pueblo sordo y mudo que acate las injusticias chicas, que ya se acostumbrará a las injusticias grandes. Quieren a gente que crea que tener un trabajo o una casa es un privilegio y no un derecho. Quieren un pueblo entretenido con pamplinas y que, a la menor dificultad, se acobarde y que finalmente diga resignado: “No nos podemos quejar”.

Por eso no quieren un himno con letra.

Fotografía José Montero

Rate this post
Banner horizontal

Banner pedropablo pre

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.