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Angel pinto

Ilustración: pedripol

1190

Esa es la diferencia numérica entre los avales que logró Susana Díaz y los votos que finalmente recibió y no parece necesario explicar las razones («avales a punta de pistola» -se ha leído por ahí- la mayoría de ellos en la comunidad andaluza). Ese millar largo de personas ejemplifican la expresión palmaria de una manera de entender la militancia política que sería preciso desterrar para siempre.

Mala prensa

El papel de los grupos mediáticos españoles ha resultado doblemente patético. Por un lado, no supieron leer la realidad social que apuntaba a un indisimulado hastío hacia todo lo que oliera a establishment. Por otro, su capacidad de presión ha resultado ridícula; consecuencia directa de una credibilidad cada vez más menguada por deméritos propios. Especialmente grotesco resultó ver a la prensa conservadora (perdón por la redundancia) jalear sin empacho a Susana Díaz, en un error de márketing digno de estudiar en las Escuelas de Negocios.

En fin, reprochable es vender el alma para conseguir objetivos espurios pero todavía es mucho peor hacerlo para no lograr absolutamente nada.

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Decía Kypling que había que tratar al triunfo y al fracaso (esos dos impostores) de la misma manera. Díaz ha sido altiva y prepotente en el triunfo y mal encarada y resentida en la derrota, ofreciendo una imagen horrenda (carne de memes) en su intervención poselectoral. Su discurso lastimero y chauvinista causó una pésima impresión y se predice que no volverá a salir de Andalucía ni de vacaciones.

Incertidumbre

Por un lado está Pedro y por otro está Sánchez.

Pedro es un rebelde izquierdista, un luchador de la clase obrera.

Pedro quiere aliarse con Podemos y desalojar a Rajoy de la Moncloa.

Sánchez es un liberal consumado, un antiguo miembro de la Asamblea de Caja Madrid.

Sánchez pactó con Ciudadanos y no tendría mayores reparos en permitir que el PP siguiera gobernando (aunque de cara a la galería tuviera que soltar alguna frase incendiaria de mentirijillas).

Futuro (I)

Los dirigentes pasados y presentes del PSOE pusieron todos los huevos en la misma cesta y ahora tienen un revoltijo caótico de cáscaras y yemas. Por un lado, este cataclismo va a significar la desaparición temporal de González y Cía (cuya tutela ha resultado tóxica) de los medios. Por otro, si los barones no son capaces de asegurar cuotas de poder suficientes con las que alimentar sus respectivas redes clientelares, se avecina tormenta segura.
Y los primeros chubascos pueden caer por Andalucía.

Futuro (II)

Portugal o Alemania, no hay más. La victoria de Pedro abre una leve esperanza a la formación de un bloque izquierdista al estilo luso (y por leve que sea, es mucho mayor que la que habría existido con Susana: ninguna). Todos los poderes fácticos redoblarán sus esfuerzos para que Sánchez opte por la vía alemana, desde luego, y asistiremos a una orgía de palabras terminadas en «-dad»: responsabilidad, estabilidad, seguridad, gobernabilidad y sensatez. Sí, sensatez también termina en «-dad» aunque no lo parezca.

Epílogo

Nadie sabe lo que ocurrirá mañana, pero podemos valorar lo que pasó ayer. La victoria de Sánchez es un torpedo en la línea de flotación de los grandes grupos mediáticos, del poder financiero y del viejo PSOE que se ha ido derechizando hasta confundirse sin rubor con los planteamientos peperos. Que Sánchez sea un tahúr o no, en el fondo es lo de menos: más de la mitad de los militantes socialistas han dicho basta y han marcado una línea que tendrá que obedecerse con Sánchez o con otro que le sustituya en el futuro.

La verdad es que las cosas podrían haber salido bastante peor.

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