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El perro andalú es una comparsa mucho más compleja”

En este año que se celebra el centenario del nacimiento de Paco Alba se apela a él como referente de la tradición comparsista, tal vez olvidando que en su momento lo que hizo fue revolucionar estructuras, letras, ritmos y abrirle nuevos caminos y posibilidades a las coplas carnavaleras. El hoy esencial Alba fue, en su momento, un innovador.

Sin que queramos establecer comparaciones, Antonio Martínez Ares también significó una aparición disruptiva para el devenir de la comparsa. Experimental y con una tremenda llegada a la afición más joven, su entrada a los dieciséis años y su evolución posterior significó un impulso refrescante y una renovación necesaria para la modalidad. Tras un retiro voluntario de trece años, volvió en 2016 y, de nuevo, trajo un modelo de comparsa más compleja y elaborada de lo que se estaba estilando. El tiempo dirá si está, sigilosamente, creando un nuevo estilo o escenificando el barroquismo final de la comparsa que hasta ahora conocemos.

En este encuentro con ETP -que entregamos en dos partes- Martínez Ares se muestra valiente, generoso y reposado. Con el señorío y la distancia reflexiva que su status casi mítico dentro del carnaval le permite, Antonio nos habla de modo natural, usando el estilo directo, con giros conversacionales y respondiendo con honestidad a todos los temas que le planteamos como el museo del carnaval, Cataluña, sus inicios, su carrera profesional como músico fuera del carnaval, el carnaval callejero…

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Fotografía: Fran Delgado

Hoy en 2018, ¿qué cree que mantiene de aquel niño que comienza en el carnaval en el año ochenta y cuatro?

Yo empiezo en al año ochenta y cuatro, muy joven, aunque si hubiera sido por mí habría empezado antes. Siempre digo que yo lo que quería era cantar. En mi familia, como todos saben, mi padre, aunque no se ha dedicado profesionalmente, cantaba flamenco y luego durante unos años intervino en la comparsa de Paco Alba. Escuchaba a mi padre cuando venía del trabajo de la estiba del puerto y eso yo luego lo cantaba en el colegio. A partir de los ocho o nueve años empecé a escribir mis primeras cositas. Y luego, a partir de los catorce comencé a musicar algunos poemas, algunas canciones mías. Y quise abandonar el nido, pensaba: “necesito salir de aquí, necesito hacer algo”. En Cádiz no había otra manera que no fuera el flamenco o el carnaval. El flamenco me da muchísimo respeto y en el carnaval, como siempre fue una pasión, me dije que me gustaría intentarlo. Le di mucho coñazo a mi padre durante un tiempo y conseguimos llegar, a través de amigos personales de mi padre, a la peña Nuestra Andalucía porque el grupo mítico de Pedro Romero se había quedado sin autor y estaba buscando a alguien; pero claro, les habían hablado de un chaval que estaba empezando y yo creo que todos, absolutamente todos, pensamos en la historia de “bueno, es el hijo de Pepe, vamos a decir que venga y lo escuchamos”. Y esa noche ocurrió para mí el milagro. Canté el pasodoble, volví a cantar, lo volví a cantar y ya empezamos al día siguiente a ensayar. Y así me llevé muchos años ininterrumpidamente hasta que abandoné y después de trece años volví. ¿Qué queda? Pues lo que queda es la pasión. Te puedo asegurar que tengo la misma pasión a la hora de enfrentarme a la guitarra y al folio en blanco. Cádiz sigue siendo la gran fémina para mí, sigue siendo esa madre, esa compañera, esa amante, la simbolizo y personifico en una mujer y es la gran pasión que tengo y la razón por la que hago carnaval.


«El concurso ha involucionado más que evolucionado. Seguimos siendo un grupo de personas que no quiere avanzar.»


Haciendo algo de ficción. ¿Se podría imaginar cómo habría sido su vida sin el carnaval?

Pues no lo sé. Creo que cantar, seguro. Y escribir también. Más tarde o más temprano, mejor o peor, en otras condiciones, con música, sin música, un libro, lo que fuera. Pero creo que sí, creo que estaría en ambas historias. Aunque yo de pequeño quería ser médico. Toda mi familia es de la rama de medicina y yo quería ser médico, pero también es cierto que a una determinada edad, cuando empiezo con el carnaval, reconozco que comienzo a tener más ganas de carnaval que de seguir estudiando. Acabé COU y poco más, pero siempre digo que a mí el carnaval me salvó, o la música me salvó, porque yo lo llevaba dentro y sabía que al fin y al cabo iba a dedicarme a eso de alguna manera u otra. ¿Si no hubiera sido el carnaval? Pues no lo sé. Pero cantar, seguro.


«El concurso llegará un día que explote, porque explotará»


Tras trece años de ausencia, ¿cuánto ha cambiado el concurso en este tiempo?

El concurso se rige por nosotros mismos. Un día, una serie de personas se levanta y, dentro del organigrama que dirige el concurso, no el carnaval, decide que “hoy vamos a cambiar esta silla y la vamos a poner aquí porque hemos pensado que tal”… Después de trece años, considero que el concurso ha involucionado. Ha involucionado más que evolucionado. Considero que seguimos siendo un grupo de personas que no quiere avanzar. Que no quiere cambiar ni el reglamento, ni el concurso. Que no quiere enfrentamiento con ninguna institución política. Un grupo de personas que, si bien es verdad que durante el concurso tiran cuchillos, durante el resto de los once meses los esconden. Me di cuenta de que no merece la pena luchar dentro de ninguna asociación para poder cambiar este concurso porque nadie quiere que esto cambie. Me di cuenta de que aquí lo único que prima es “cantas y te callas”. Así que ahora lo veo desde otro prisma. Antes me mosqueaba muchísimo y me dolía muchísimo. Ahora me duele muchísimo y me mosqueo un montón, pero digo “es lo que queréis, ¿no? es lo que queremos, otro añito más tal y cual”. Esto llegará un día que explote, porque explotará. Creo que los daños colaterales van a ser mínimos porque la gente no se va a mojar. La gente se moja en un cuplé o en un pasodoble. Eso es como hacer un pasodoble a la huelga de astilleros o a los trabajadores pero luego llega el día uno de mayo y no sale nadie a la calle. Te das cuenta que nosotros mismos no predicamos con el ejemplo. Ese es el reflejo del concurso.


«Si tú no sales un año, lo que estás haciendo es dejar un hueco para que entre otro, y ese otro no va a quedarse en su casa acompañándote a ti en la guerra»


¿No cree que para la gente que sí quiere cambiar el concurso el apoyo de personas como usted, que es un referente, le vendría bien para aunar luchas que estén dispersas?

El año que volví, nos reunimos Tino, Juan Carlos, Jesús Bienvenido, los hermanos Carapapa, Vera Luque, no sé si incluso el Canijo, Selu…un personal bastante solvente, con la intención de que cada colectivo estuviera representado dentro del Patronato. Durante todas las reuniones que tuvimos, al final, los que íbamos éramos siempre los mismos, aunque cada vez llamando a más gente y sabiendo que la gente lo que va a entender es que lo que queremos es dinero, pero explicando que hay otra razón más allá de todo eso que es el cambio del concurso.

El concurso genera una cantidad de dinero muchísimo mayor de todo lo que nos podamos imaginar, porque si fuera deficitario ningún Gobierno lo habría usado para su propio beneficio y para tapar boquetes durante muchos años, que es lo que han hecho. Todos lo sabemos. El concurso genera beneficios si no, no lo harían. Lástima que nos ha abandonado José Antonio Valdivia hace unos días, porque era, posiblemente, la persona que más sabía de esta historia. Yo recuerdo una reunión con Teófila Martínez que decía que el concurso del Falla era deficitario y nosotros le pedimos en ese momento -te hablo del año noventa y nueve o dos mil- que si era deficitario que nos lo dejara a nosotros…pero no. Era algo incongruente. ¿Por qué? Porque con ese dinero se podían tapar boquetes de otras concejalías y de otras historias que lo necesitaban. Además era -ahora ya no tanto- muy difícil controlar cuánto dinero venía realmente del concurso. Concurso que, por otro lado, abre las puertas de una manera brutal a muchísima gente que entra por el mismo rostro. Bueno, pues con todas estas reuniones que nosotros hicimos, todavía hoy por hoy, y si no que me corrijan que igual estoy metiendo la pata, esa asociación de comparsistas que nosotros iniciamos aún no tiene una presencia real, está en el Patronato pero no tiene ni voz ni voto, o tiene voz pero no tiene voto. Es decir, siguen mandando y templando los mismos que estaban antes, exactamente los mismos. Se ha creado la asociación de comparsistas, la asociación de chirigotas, de cuartetos y no ha cambiado absolutamente nada. Es más, nosotros en aquel momento pensamos “vamos a hacer un plante” y dijimos “no salimos”. Pues hubo gente del propio colectivo que aun así iban a salir porque esta no es su historia.


«En el carnaval no tenemos idea de colectivo. Aquí hay “san pa mí”»


Entonces ¿cree que falta conciencia colectiva entre los autores y las agrupaciones? Al fin y al cabo son ustedes quienes hacen el concurso

No hay unidad. No tenemos idea de colectivo. Aquí hay “san pa mí”, que no es ni mejor ni peor, pero siempre ha sido así y así va a ser. Porque cuando hablas de concurso, la gente de la calle lo primero que piensa es que lo único que quieres es dinero. Y si tú no sales este año, ni tú ni unos cuantos compañeros, lo que estás haciendo es dejar un hueco para que entre otro, y ese otro no va a quedarse en su casa acompañándote a ti en la guerra porque necesita poder entrar. Es muy fácil de entender.

Nosotros sabemos que somos los que hacemos el concurso pero no vemos nada del pastel. O vemos muy poquito. Había un amigo mío, que en su momento fue el abogado de esa asociación, especializado en propiedad intelectual que durante muchos años siempre decía lo mismo: “La solicitud-contrato que firmáis para poder actuar en el concurso es una sentencia de muerte. El contrato que se hace, en este caso, con un ente público de radio-televisión está mal. Los derechos de imagen a través de youtube ¿por qué no lo cambiáis de una vez si no os llega ni un duro?”. Y así podríamos seguir, pero no cambia. Entonces te preguntas “¿Qué es lo que queremos?” Pues cantar.

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Fotografía: Fran Delgado

¿Abogaría por un concurso autogestionado por las propias agrupaciones o por sus asociaciones y desligado del Ayuntamiento?

Totalmente. Sí, por favor. Entre otras cosas porque el concurso no deja de tener, de algún modo, un tufillo político. En Uruguay es así. Tanto que nos gusta el carnaval de Uruguay, tanto que llevamos por bandera el concurso de Uruguay, pues el concurso de Uruguay es así.

Donde las murgas contratan a autores ¿no?

Incluso fichan a componentes. Y no está mal visto. Y aquí ¡imagínate! Eso podría ser…Aquí se juega un poco al cachondeo de “fulanito ha fichado a tal…jiji-jaja”. Es algo que en plan industria es un diamante pero que la gente no sé si no lo ve o no lo quiere ver. Luchar contra eso es muy difícil.

Retomando el tema de su vuelta al concurso. En sus últimas comparsas se aprecia una mayor complejidad y elaboración, desde la propia conceptualización del tipo. ¿Tiene que ver esa complejidad con su propio momento personal y creativo o  porque piensa que por ahí es por donde debe discurrir, en estos momentos, la comparsa?

Sí, son obras más complejas. De hecho muchas veces me digo que es normal que la gente el primer día les cueste pillarlas. Yo entiendo perfectamente cuando dicen “es que a mí no me ha gustado, no lo entiendo”. Es lógico, si me cuesta hasta a mí. El primer día es demasiada información. Es algo que les pasa también a otros autores, no sólo a mí. Pero sí, son más complejas seguramente por el momento que me está tocando vivir. ¿Por qué? por muchas razones. No es que haya acumulado durante trece años muchísima información y ahora necesite soltarla. No. Me doy cuenta de que el carnaval que hacía hace trece años tiene mucho que ver con el de ahora pero está, de algún modo, reflotado. Esto no es Esto es carnaval, esto no es Sonrisillas. Tiene la manera de cantar, a lo mejor, de La niña de mis ojos pero, por ejemplo, La revolución es una comparsa cantada lenta y Calle de la Mar también. Las de ahora son comparsas con fuerza pero muy rápidas, con mucha presencia literaria, con una música que necesitas escucharla mucho para que se te quede y con un vestuario bastante más elaborado que en otras ocasiones. Sí. A lo mejor estoy viviendo una etapa… ¿cómo se diría?, no sé ¿algunos autores no tenían la etapa azul o la etapa tal…? No sé qué etapa sería ésta, pero sí, es verdad, es más compleja. Y este año es mucho más todavía.

En el caso de Los Cobardes, una comparsa difícil, muy elaborada, pone un forillo en negro ¿tal vez para que se centre toda la atención en la comparsa y menos en el espectáculo?

Sí, y creo que la gente lo entendió. Está claro que monetariamente no estábamos boyantes, empiezas de cero y no sabes cómo vas a resistir el concurso, pero la gran pregunta era qué le ponías como decorado. Le puedes poner una calle de carnaval pero creo que no le venía nada bien. Le podías poner… ¿una selva?, pues tampoco. Desde el primer día era algo que echaba en falta en muchas agrupaciones. Entonces, cuando vuelvo digo “si vuelvo, vuelvo absolutamente con todo”, me tiro a la piscina pero no quiero que haya ni siquiera una gota de agua. Vengo absolutamente con todo y salgo sin nada porque necesito que me escuchen. Necesito que me escuchen primero a mí, porque tenía muy claro que en el momento en que abriesen cortinas lo primero que la gente diría sería “Esto no es… ¿Dónde están Los piratas? ¿Dónde está El vapor? ¿Dónde está la máquina? ¿Dónde está el no sé qué? ¿Dónde está lo otro? No hay absolutamente nada”. Pues mira, no hay nada porque lo que estoy intentando es que te sientes y que lo escuches. Que me escuches porque llevo trece años sin estar aquí y necesito que me escuches. A partir de ahora, si quieres, todos los años traemos algo pero este no es el año para traerlo. Lo teníamos muy, muy claro. Yo soy de los que les gusta estar sin atrezzos, me encanta. Si por mí fuera, yo seguiría apostando por ello pero también es cierto que hay obras que requieren una compaña, un algo. Pero ese año, no. La eternidad, después de darle muchas vueltas, nos dimos cuenta que sí, que lo necesitaba. Y El perro andalú también lo necesita, pero en Los cobardes era imposible. De hecho, nos presentaron algunos bocetos, pero era ilógico.


Sobre el museo: «¿Estamos hablando de una decisión que se toma por gusto propio o contando con la aprobación del pueblo?»


No queremos que nos adelante nada de El perro andalú pero ha comentado que esta obra es más compleja incluso que las anteriores. ¿Es así?

Sí, es más compleja. Fíjate que La eternidad era un tema, la muerte, que aparece como una gran casualidad que luego se queda en el subconsciente. Murieron un par de amigos y yo empecé a pensar ¿adónde van ahora? ¿Adónde va el gaditano que se va? Me hacía esa pregunta y dije ¿por qué no crear un Cádiz para ellos? Y para mí, porque a mí me encantaría irme a ese Cádiz una vez que no esté, las cosas como son. Y por eso, entre otras cosas, hice “La eternidad”. Porque necesitaba inventarme mi Comala, lo necesitaba urgentemente.

Hablemos ahora de otra cuestión en la que estuvo muy implicado y por la que peleó mucho hace años. Se trata del proyecto del museo del carnaval, que ahora se retoma desde la Alcaldía como una apuesta principal. ¿Cómo ve la deriva que está tomando el proyecto?

Mira te voy a ser sincero. Nosotros, y cuando digo nosotros me refiero a José Antonio Valdivia y a parte de la Junta Directiva de la Asociación de Autores, nos atrincheramos primero para hacer un nuevo modelo de concurso que, prácticamente, es el que empieza a estar ahora, como por ejemplo que las calles del teatro estén vacías y sean para el uso de las agrupaciones…etc. Hay cosas que, evidentemente, deberían cambiarse, otras cosas no. Se trata de un elemento vivo y está ahí.

En el tema del museo, yo soy un poco escéptico como lo soy en la cuestión del concurso, porque he conocido tantas cosas que ahora mismo no veo el momento de nada. Si me preguntas qué me parece la ubicación del museo del carnaval que ha decidido el alcalde de Cádiz, te diré que no me gusta. No lo veo el sitio más adecuado. Ni tampoco creo que reúna condiciones como espacio acorde con toda la historia del carnaval. Tampoco me gustaba el lugar que se determinó en su momento por el Partido Popular, por Teófila Martínez. Ni el de la Plaza ni el del Corralón, ninguno. Y no es por poner un pero de “lo ha hecho fulano o lo ha hecho mengano”, no.

Creo que el punto principal es -para mí- que la historia del carnaval es una historia de siglos, es muy grande, y tenemos que estar además a tenor con los nuevos tiempos. No podemos hacer un museo con cuatro maniquíes y con cuatro disfraces. Tenemos que darle al público algo más.


«Ese no es el museo que yo quiero»


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Fotografía: Paco Cano

Y ¿cómo le gustaría que fuera?

Nosotros en su momento peleamos por la Escuela Náutica, que entonces todavía podía haberse salvado. Contamos con Boris Micka, un arquitecto que vino a Cádiz, y se presupuestó que por dos mil millones de pesetas (doce millones de euros) se podía hacer un buen espacio, incluso con un teatro en la azotea, dando a la Caleta. Me parece que es el sitio más correcto. Esto es una cosa muy personal, era la musa del creador de la comparsa. Necesitamos un teatro al aire libre, que no lo tenemos, y allí podía ser. Evidentemente con su museo virtual. Nosotros teníamos una idea, pero el sitio era enorme, amplio, incluso se podía acceder, o se podía ampliar, con parte de la zona de “El Olivillo”. Cuando a mí me hablan de un museo en un sitio concreto, y veo que el lugar es pequeño, no me creo que eso sea capaz de aglutinar la historia del carnaval. ¿Que se puede hacer? por supuesto ¿Que van a poner el mejor empeño del mundo? seguro. Pero yo no me lo creo. No es el museo que yo quiero.

Por otra parte, ¿estamos hablando de una decisión que se toma por gusto propio o contando con la aprobación del pueblo? Porque antes nos consultaban en el Palillero para todo. A mí me han invitado a visitarlo y no he podido ir. Pero una cosa es que me inviten y otra es que, aunque me inviten y yo diga que no me gusta, va a ser. A lo que voy, este tipo de cuestiones ¿se deciden en el Palillero o es porque mola, igual que mola tener cuatro agrupaciones en la final? “No, es que a mí me gusta cuatro en la final”. O sea, ¿qué cosas llevamos al Palillero y qué cosas no llevamos? ¿Qué cosas se pueden proponer? ¿Qué cosas te gustan? ¿Qué cosas decides tú y qué cosas no? Lo que yo propongo es que las decisiones que se tomen sean las que en su momento a nosotros nos presentaron en la calle. Yo no entiendo que de la noche a la mañana, y con todo mi respeto, se diga “a mí me gustan las finales de cuatro”, pues mira picha yo la mirra no sé lo que es, por mucho que te guste a ti. Y creo que el año pasado, nunca mejor dicho y parafraseando a mi comparsa, fue eterno, eterno. Oro, plata y bronce, y ya está. “No, es que me gustan cuatro”. Vámonos al Palillero entonces, vamos a poner allí una urna y votamos. Sé que es una gilipollez lo que estoy diciendo pero ¿cómo se toman ese tipo de decisiones?


«¿Que si yo abogo por la profesionalización? Sí. Es que es mi profesión, yo soy músico.»


Todo este boom de la profesionalización y mercantilización del carnaval ¿cómo se conjuga con esa cultura popular que es de donde nace?

Eso es muy antiguo. Con esa frase convivo desde hace muchos años. Estamos condenados a que “como esto nace en el pueblo”…El flamenco también y Poveda llena escenarios. Dile a Poveda que no cobre una entrada porque esto es popular. Creo que nos da vergüenza reconocer que tenemos algo bellísimo. Y lo peor de todo, es que la envidia aquí es un deporte que se practica a diario. A mí me ha pasado que me he encontrado a un vecino en el ascensor con la guitarra para irme a cantar a no sé dónde y decir yo “Ahí nos vamos a trabajar” y responderme “A trabajar no, hombre. Tú te vas de cachondeo”. No entienden que esto sea un trabajo. Y luego está la gente que dice: “Carnaval es carnaval y en su momento”. No quieren que tú cantes fuera, pero después ellos mismos mueren con las agrupaciones de la calle -esto es para escribir una tesis-, agrupaciones que después cantan y cobran también. Que te las encuentras en Zamora y en Bilbao cobrando. De eso yo no escucho comentarios negativos, lo escucho de las “profesionales”, pero de éstas no los escucho. Y molesta mucho, molesta muchísimo. ¿Que si yo abogo por la profesionalización? Sí. Es que es mi profesión, yo soy músico. “No, no puedes porque el carnaval es popular”. Un momento no estoy hablando del carnaval, estoy hablando del concurso. El carnaval es otra cosa. Yo no hago carrozas, no hago atrezzos…yo hago una agrupación, una propuesta. Y esa agrupación me lleva a mí seis meses construirla y cuando acabo el concurso, o no, me voy a cantar fuera y evidentemente eso tiene un caché.


«No quieren que tú cantes fuera pero mueren con las agrupaciones de la calle que luego te encuentras en Zamora y en Bilbao cobrando»


¿Hasta qué punto está por explotar ese potencial del carnaval y del concurso como elemento de desarrollo social y económico de la ciudad?

Mira, te pongo por ejemplo: necesitamos urgentemente locales de ensayo. Y no hablo sólo de carnaval, para carnaval, para flamenco, para pop, para rock, para indie…para muchísimos registros musicales. La gente no tiene dónde encontrar un local y ensaya en condiciones impresionantemente malas. Pero no sólo te hablo de ensayos, sino para hacer libretos, para hacer CD´s, ¡hoy por hoy te tienes que ir a Montilla para hacer un CD! ¿Cuántos años hemos tenido para hacerlo nosotros aquí? Y así mil cosas.

Pero, esos locales ¿se los reclaman a las instituciones públicas? Es decir, si ustedes son profesionales, los locales serán alquilados y serán parte de esa industria, ¿no?

Sí, no digo que no. También puede existir otro convenio, se puede hablar con el Ayuntamiento y decir: “¿Qué espacios tiene usted que se puedan utilizar?” y a cambio de eso se pueden hacer otro tipo de propuestas. ¿Cuántas veces hace falta que se cante en la ciudad? ¿Cinco al año? Pues, para eso estamos. ¡Y más cosas! ¿Dónde guardamos los atrezzos? ¿Por qué se tienen que destruir todos los años? o ¿por qué se lo tienen que quedar los artesanos? Porque tú no tienes un sitio dónde guardarlo. Y eso se vuelve a alquilar otra vez. Una cosa es la profesionalización y otra es ser tontos. Podemos intentar buscar una manera común de poder convivir con esto. “Mira, es que yo no tengo espacio”, pero si lo hubiese ¿por qué no dotarlo para ello? Es más, sí, por supuesto que alquilado ¿eh? Usted me deja un local y yo contribuyo, no solamente con dinero, sino de una manera social.

¿Se podría aplicar, tal vez, lo que se denomina “devolución social”?

Si a mí me dice el Ayuntamiento “Yo te lo alquilo por tanto al mes” le digo “¡ya mismo!”. ¿Dónde voy a estar mejor? El Consistorio debe velar por impulsar todo esto, aunque yo quiera de manera profesional dedicarme a ello, que no tiene nada que ver. “Mire usted tiene que pagar tal y cual” y llegamos a un acuerdo… ¡es que no hay ningún problema!

Y se puede tener allí su propia escuelita para los nenes. Que se haga en los colegios, ¿Por qué no? Incluso, que ya eso se habló: no obligar, pero sí decirle a los autores que tienen que hacer una música para darla a una agrupación infantil o juvenil. Que sepan que estás colaborando con ellos y que estás creando cantera. Que puedan decir “Oye, es que yo llevo una música de Selu o de fulanito”, intentar esa implicación. ¿Qué fácil, no? Es que nos podríamos entender perfectamente.

 

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