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¿Quién soy yo para decirle a los catalanes que se queden?

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Fotografía: Fran Delgado

¿Cómo está viendo la evolución que están experimentando las agrupaciones ilegales en la calle?

La calle también tiene sus reglas, que son muy curiosas. No todo el mundo vale para estar en la calle, aunque reconozco que cualquiera se pone en una esquina a hacer el ganso y no pasa nada, porque para eso es la calle. La calle tiene su top ten también. Qué duda cabe de que en los últimos años estamos viviendo un boom absoluto de las agrupaciones callejeras. Cuando yo las escucho siempre me crean la duda porque digo: “yo mataría por tener una idea como esa” y luego me doy cuenta de que quizás ese tipo de ideas en el concurso no funcionen, porque son hábitats totalmente distintos. Pero, más allá de todo eso, la calle tiene ese perfil salvaje que a mí me encanta. Esa posibilidad de decir y hacer lo que me dé la gana sin ningún tipo de reglamento y no estar coartado por nada, a mí me flipa. Yo participé dos años en la calle y la verdad es que fueron dos años que me los pasé como nunca. Dicho esto, también hay que pensar que una cosa es lo que se ve y otra el trasfondo y las agrupaciones ilegales callejeras que parece que no quieren estar pero luego están, y a mí eso me pierde un pelín. Entiendo que quieren matar el gusanillo, pero no dejan, de algún modo, de ser tan profesionales como nosotros. Hay agrupaciones que saben que cuanto mejor sea su repertorio ese año más cantarán. Al fin y al cabo, es el mismo principio que el nuestro. Lo que pasa es que nosotros estamos encorsetados por unas reglas y ellos no. Pero el boom es alucinante. Por supuesto, hay mucha gente de fuera, y de dentro, pero sobre todo de fuera, que no es consumidora del concurso y sí es consumidora de la calle. Y me encanta.

Hay ejemplos de propuestas que funcionan en la calle y que se han llevado casi literalmente a las tablas y no han funcionado. ¿Hablamos de cosas distintas?

Y al contrario. Yo tengo muy claro que una comparsa te la llevas a la calle y, bueno sí, un ratito, pero no es como para escucharla a las dos de la mañana en la calle Armengual, en petit comité, y decir “¡dios mío! ¿Cómo se le ha ocurrido esta maravilla?”. Maravillas de 15 segundos, todo muy resumido. Casi un tuit, menos caracteres cada vez. Eso es alucinante. Y ninguno repetido. Escuchas todos los cuplés del mundo, todos son la misma temática menos algunos casos, y ninguno se repite. ¿Cómo lo hacen?

Echando la vista atrás después de tantos años y agrupaciones, con tantas cosas cantadas ¿está en desacuerdo con alguna de sus propias letras?

Sí, claro. Te pones a pensar y te das cuenta de que no estuviste muy acertado a la hora de enfocar el pasodoble, porque una cosa es cómo se lo haces ver a la gente cuando ya lo has cantado y otra lo que han entendido y hay que tener mucho cuidado con eso. Hay algunas letras que, a estas alturas de mi vida, las miro y digo “Uf, Antonio en ese enfoque la verdad es que te equivocaste”, porque posiblemente querías decir una cosa pero se te fue la pinza y al final llegaste a provocar completamente lo contrario. Claro que las hay. Sí.

Por ejemplo, la letra del pasodoble de Los cobardes (2016) dedicado a Cataluña. Con todo lo que ha pasado ¿Cómo la ve dos años después con el escenario político actual?

Me hace mucha gracia. Cuando estuvimos en el Liceo, en la rueda de prensa, todos estaban hablando del pasodoble y de mi papel, por el hecho de que yo estaba a favor del independentismo. Y yo me quedé sorprendido porque en ese momento dije: “¡Hostias! A lo mejor he querido decir una cosa, el enfoque era una cosa, y han entendido otra”. Yo pensaba: “yo creo que no estoy hablando de independentismo en este pasodoble. Creo que estoy hablando de que te considero uno más, que si tú quieres decidir no pasa absolutamente nada y si te quiere ir te vas, pero no estoy hablando de independentismo”. Me quedé un poco así pillado, miraba a la gente, me reía un poquito y me decían: “¿no?” y digo: “Yo creo que no, pero bueno si tú lo dices…”. Entonces, visto esto dos años después, sigo pensando lo mismo. Es decir, ¡claro que entiendo la identidad de los pueblos! Y como siempre el fondo y la forma ¡claro que lo entiendo! ¿Quién soy yo para decirte que te quedes? No soy absolutamente nadie, pero para mí los catalanes forman parte de mi familia, como son los gallegos, como son los vascos, como son los valencianos… ¡aunque se fueran!


«Selu hubiera cantado a una plataforma de izquierdas no habría sido tan criticado«


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Fotografía: Fran Delgado

Hablando precisamente de Cataluña ¿qué le parece la polémica que se ha generado alrededor de la actuación de la chirigota del Selu en el acto de campaña electoral de Ciudadanos?

Es muy fácil empezar ahora a flagelar a gente porque estés cantando en un acto político. Parece como si hubiera cantado a un grupo terrorista. “Selu ha participado en el mitín del grupo terrorista que asesinó hace cuatro años a doscientas personas en no sé qué” ¡Coño! pues lo miras y dices: “¡Tío, Selu…!” Pero estamos en democracia y eres muy libre de cantar a quien te plazca. Eso, ¡por supuesto que es trabajo! Sí, es verdad, y en alguna ocasión lo he comentado con compañeros- pero esto es una apreciación muy personal- que una cosa es un contrato y otra un mitín. Dicho esto, en absoluto creo que se deba machacar a Selu por estar cantando a Ciudadanos, al PP, al PSOE o a Izquierda Unida. Me parece que está en su derecho de cantar a quien le dé la gana como trabajo y, además, él puede ser de cualquier opción política. Es más, creo que si hubiera cantado por ejemplo a una plataforma de izquierdas no hubiera sido tan criticado. Y todos lo sabemos, porque hace unos años estuvo cantando con Podemos y no pasó nada. Es la vieja historia de siempre

¿Usted habría ido con su grupo?

No. Pero no porque…para el tema político soy yo muy…con los años me he vuelto muy… No.


«Sigo apoyando la estancia de Kichi en el Ayuntamiento«


Hablando de política, cuando volvió en 2016 afirmó que en ese regreso tenía algo que ver el cambio político en la ciudad. ¿Cómo ha vivido estos dos años?

Hasta la llegada de Kichi, el alcalde de Cádiz, han sido muchísimos años de dos personas, Carlos Díaz y Teófila, y de dos corrientes que son las mismas que siguen mandando, el bipartidismo que todos conocemos en este país. Cuando Kichi consigue proclamarse alcalde sin haber ganado las elecciones, que es un dato que hay que tener muy en cuenta porque quizás sea lo que más daño le puede hacer al PP -no conseguir la alcaldía siendo el partido más votado- para mí es un momento muy ilusionante, porque lo conozco desde siempre y sé que es un tío que pelea, que lucha y que, además, conoce el carnaval porque lo ha mamado, como yo, desde muy pequeñito. Han pasado dos años ¿que hay cosas que se pueden mejorar? Pues sí. Ahora mismo, cuando la gente me dice “¿y tú por que no le has hecho un pasodoble a Kichi?». Yo es que creo que hay cosas que se están haciendo bien y no tengo en este momento nada que reprocharle. Sí puedo contestar en el tema carnaval, porque se podrían hacer las cosas con más celeridad, más rápido, porque lo necesitamos con urgencia, aunque también se necesita con urgencia la vivienda, la sanidad, la cultura… Una vez me dijo un político “Esta ciudad es muy camaleónica. Un día se puede acostar de un color y a la mañana siguiente se puede levantar de otro. Y no pasa absolutamente nada”. Además era una persona de izquierda. Y creo que sí. Hay muchísima gente que cree que no ha pasado nada en dos años -gente que cree que la ciudad no ha prosperado, que se ha estancado- y hay gente que entiende que sí. Yo creo que en una legislatura no hay tiempo para formalizar hechos, proyectos, todos sabemos que mínimo son dos pero yo sigo apoyando su estancia en el Consistorio, aunque no me guste el sitio del museo.

Tras componer para gente como Pasión Vega o Pastora Soler y haber hecho carrera como cantautor, a la hora de crear, ¿cómo cambia a la hora de crear cuando haces algo para carnaval y cuando lo hace para otros circuitos? ¿Cree que son ámbitos que están relacionados? ¿Se trata de algo dual o unitario?

No, no. Cuando yo tuve la gran oportunidad de escribir para Pasión Vega me llevé bastantes meses, no sé si fue casi un año, que no era capaz de hacer una canción que no tuviera como hilo conductor Cádiz, la Caleta…Tuve que hacerme una limpieza absoluta. Era cambiar el chip: “Antonio una cosa es carnaval, déjalo aquí, y ahora es canción”. Y además también, me pasaba que eran Pasión Vega, Pastora Soler, Lolita…y al final eran siempre perfiles femeninos, así que además tenía que cambiar el chip para componer para una chica. Me tenía que meter en la piel de una mujer que está sufriendo por amor….

Le ha cantado a Cádiz pero ¿sintiendo alguna vez lo ha hecho intrpretando el personaje desde un rol femenino?

No. Como postura femenina no. La postura femenina en este caso es la ciudad. No. Cuando tengo que hacer una canción, como por ejemplo “Sólo tú”, o “Flor de romero”, o “La vida en gris” o “María se bebe las calles” que creo que era una canción necesaria no sólo en el carnaval sino en la música, hacer una canción a los malos tratos, había que ponerse en la piel de una chica y me costó. Pero ya le vas cogiendo, porque uno tiene la profesión y supe diferenciar cuando coges la guitarra y trabajas para carnaval y cuando trabajas para un artista. Ahora, con el tiempo, lo que he hecho es una historia más aglutinadora. Cuando hago una cuarteta en el popurrí hago una canción. Ya lo que hago son canciones, pequeñas canciones, la mitad de una canción que con la otra mitad posiblemente da lugar a una canción completa. Ya no me preocupo, porque con el pasodoble tengo el chip del pasodoble, con el cuplé también, pero con el popurrí no. En el popurrí tengo el chip de las canciones. Aunque tengo que estructurar un par de piezas, porque no me puedo olvidar que esto es carnaval. Puedo hacer una canción como “Los refugiados” de Los cobardesTengo un castillo con ventanas a la mar” que es una canción, pero tengo que hacer “Deprisa me late el corazón deprisa” que es más o menos una especie de rumba, porque al consumidor de carnaval, además de ofrecerle algo nuevo, tengo que darle algo que él quiere. Tienes que convivir con esas historias.


«Yo siempre me pongo como el enemigo a batir«


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Fotografía: Paco Cano

Según su propia experiencia ¿dónde cree que es más difícil lograr esa profesionalización dentro del carnaval o fuera de él?

Lo difícil es la gente porque no dejas de estar en manos de un público que es el que, al fin y al cabo, te va a comprar o no la moto. El carnaval es una pequeña medida de lo que sucede a nivel musical. ¡Que luego están las discográficas que son otro Patronato enorme! Convivo con esa película y es muy duro. Y también convivo con la piratería, ya he asumido que tengo que vivir con ello. Y tengo que convivir con ladrones de mi propia especie y dentro de mi propia entidad-la SGAE-, hay que convivir con todo eso. Es tan difícil hacer una comparsa, que guste y que pueda estar todo el año cantando, como hacer una canción que sea single y que se ponga en la radio. Más que un golpe de suerte, que debe existir porque todo en la vida sin suerte no lleva a nada, y de trabajo es el hecho de contar con esas armas que te coloquen. Los medios de comunicación hacen mucho la labor para que una agrupación, hoy por hoy, se coloque, para que constantemente se escuche. En música pasa lo mismo, una canción te puede gustar muy poco pero te la bombardean tanto que al final, te guste o no, la tienes en la cabeza. Por tanto, difícil son ambas pero es mi profesión, la conozco, sé que es muy dura y no voy a cejar, voy a seguir peleando.

¿Cada comparsa, cada canción, cada disco, cada proyecto lo vive como un reto?

Completamente. Y además el reto es superarte a ti mismo. Yo siempre me pongo como el enemigo a batir, soy yo. El enemigo de El perro andalú es La eternidad. Lo tengo muy claro, y si se consigue bien y si no es así no pasa nada, pero ese es mi reto.

En el pregón pudimos comprobar tu talento y tu disposición para la composición de Musicales ¿Has tenido algún proyecto más en ese campo?

Sí. Los tengo guardados. Tengo dos o tres. Uno de flamenco y otro dedicado exclusivamente a Cádiz, que lo peleé durante muchísimo tiempo para el 2012 y estamos en 2018. Imagínate, no hubo manera. Y los tengo ahí. Lo que pasa es que la crisis, no encontrar una persona que te sepa llevar el tema, las reuniones tediosas con personas que quizás no lo ven…al final te desencantas, te desinflas y guardados están en un cajón. A mí me encantaría. En su momento se habló con productoras y fue el último paso que dimos, llegar a Madrid a ver si podíamos hacer algo en Gran Vía. Pero nos quedamos a las puertas de hacer algo dedicado a Cádiz exclusivamente en Gran vía, aunque el único que lo veía era yo.

Presentó también The Cannivals en el Pay Pay, una apuesta con músicos de Cádiz ¿En qué momento se encuentra ese proyecto?

Ahora mismo no estamos haciendo nada porque el carnaval es capaz de absorber todo. No sabemos qué haremos después del concurso, si nos volveremos a reunir y haremos algo más o no. Ahora mismo está la historia un poco parada. Es un reto muy bonito, pero ocurre una cosa y es que la gente consume carnaval pero le cuesta mucho ver el carnaval desde otros formatos. Así que hay que darle una vuelta de tuerca a todo eso. Es un curro muy grande, muy grande, pero estamos ahí.

¿La idea es sacar disco con The Cannivals?

En su momento teníamos la idea de sacar un disco pero llegó finales de verano y, aunque parezca mentira, a mí ya me cogía muy mal. Grabar un disco significa echarle muchas horas y mucha dedicación. A mí me encantaría que mi tercer disco sea una revisión del carnaval desde otro punto de vista. No lo descartamos, The Cannivals está ahí. De hecho, The Cannivals empezó como una obra de teatro, como musical, como una interacción con la gente y poco a poco cada vez hemos ido quitando paja literaria y dejando sólo lo musical y ahí vamos. Nos gustaba mucho la idea y sigue ahí.

¿Cree que se ha aprovechado poco la posibilidad de que gente desde el carnaval pudiera hacer otras literaturas, otras cuestiones escenográficas como teatro u otras músicas en otros circuitos?

No se aprovecha o no se consigue cómo llegar. A mí me ocurre en muchas ocasiones, es decir, sé hacer un pastel pero no soy capaz de ponerle un lazo para venderlo. Más allá del puro marketing o de que alguien te dé un cursillo está el hecho de que no sepas cómo llegar a eso. Aquí hay muchos que somos pasteleros impresionantemente buenos pero no se nos da bien ponerle el lazo y venderlo. A la hora de vender el pastel lo vas presentando por muchos sitios, muchos, y llega el día en el que coges el pastel y lo dejas en tu casa. Sigue siendo magnifico pero no has tenido la capacidad de poder venderlo.

Ha hablado anteriormente del poder de los medios de comunicación a la hora de difundir una agrupación u otra ¿Eso limita la crítica? Es decir, ¿limita de alguna manera la crítica a Canal Sur o el Diario de Cádiz durante el concurso?

No, a mí no.

¿Y cree que ocurre a los demás?

Puede ser, porque no olvidemos que es un concurso. Todos sabemos que una crítica a determinado sector puede conducirte a. Entonces, te quedan tres recursos: lo haces, no lo haces o lo haces de una manera muy sutil. Pero si tuviera que hacer un pasodoble a, lo haría y no pasaría absolutamente nada. Yo he vivido en mis carnes este hecho. No me corto, si tengo que hacerlo lo hago, pero es cierto que es el cuarto poder y hoy más con las redes sociales dónde todo el mundo es periodista y todo el mundo es fotógrafo…


«Como dijo Lorca: El perro andaluz soy yo«


¿Cómo gestionan, la agrupación y usted como autor, todo ese bullicio social que se da a través de las redes sociales?

Es complejo, pero nosotros, supongo que los demás también, tenemos nuestro propio community manager que es el que lleva las páginas y tal. A mí me ha pasado algo este año que creía que no me iba a pasar nunca, porque yo soy un tío al que, aunque no soy especialmente activo, me gusta el tema de las redes y llevo cuatro o cinco meses que estoy desaparecido completamente. Me distrae, me intoxico, hay muchas estupideces, gente muy mala, muy irascible, comentarios que dices: “¿Cómo escribo yo ahora un pasodoble después de leer esto a las nueve de la mañana?“. Así que tenemos nuestro community y él se encarga. Como Antonio Martínez Ares, sí, estoy en Facebook, en Twitter y en Instagram, pero llevo cuatro meses que no publico absolutamente nada y estoy encantado. Me he desintoxicado totalmente.

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Fotografía: Fran Delgado

Si tuviera otros proyectos artísticos potentes ¿dejaría el carnaval o piensas que llevaría todo al mismo tiempo, ha vuelto al carnaval y ha vuelto para quedarse?

Ya dije que volvía para quedarme. Tengo que buscar la manera de compatibilizar. Siempre que salieran otras cosas tengo que compatibilizarlo, no me voy. Otra cosa es que a lo mejor un año tenga una ausencia puntual porque necesite coger aire, pero irme no. Porque no era la idea venir, hacer un cameo e irse otra vez, no. Lo dije en su momento con Los cobardes y lo mantengo. Aunque reconozco que es mucho curro pero es mi profesión y es lo que hay. Si mañana salen más cosas, yo por mí encantado, porque yo le meto mano a todo lo que me apetece y me gusta, dentro del mundo de la creatividad. No tengo ningún problema en absoluto. Y si lo puedo compatibilizar por supuesto que lo haré. Pero tengo que estar. Quiero estar.


«He vuelto para quedarme«


Decía Lorca “El perro andaluz soy yo”…

Lorca lo dijo después de decir que no era él. Cuando Buñuel y Dalí sacaron “Un perro andaluz” él se molestó muchísimo, se sintió muy dolido, traicionado por dos amigos. Creo que fue a la vuelta de Nueva York ¿no? cuando dijo: “El perro Andaluz soy yo”. Sí, y yo también.

¿Por ahí va la cosa?

Es el sentimiento. Es más fácil de entender. Vas por la calle y la gente te pregunta: “¿De qué vas?”. Pues va de lo que va, es el hecho de sentirme un perro andaluz. Es eso, no hay más.

 

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