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Nombre: Gurs, Historia y Memoria
Dirección: Verónica Sáenz
Productores: Fernando Yarza y Anabel Beltrán
Música: Pablo Contreras
Dibujos: Paco Roca Año: 2018

Con sones esperanzadores en la voz de China Chana versionando un poema de Labordeta concluye Gurs: Historia y Memoria, documental de 2018 que se proyectó hace unas semanas atrás en el ECCO de Cádiz. Trata sobre Gurs, uno de los campos de concentración al otro lado de la frontera francesa donde fueron a parar muchos huidos españoles de la Guerra Civil, también conocida Guerra de España. Al fin y al cabo preludio de la II Guerra Mundial. Y que sean sones esperanzadores nos satisface porque si bien las declaraciones de las víctimas, o sus familiares, que sufrieron cuando menos privación de libertad entre sus alambradas, no les mueve la venganza ni el odio, la comparativa a la que nos lleva la directora Verónica Sáenz a la situación actual de Siria y sus huidos hacia distintos puntos de Europa, nos llena un horizonte de nubarrones. El historiador Julián Casanova lo manifiesta claramente en una de sus intervenciones cuando nos habla de la violencia que nos ha traído el pasado siglo XX. Nos encontramos ante un documental de una amplia claridad expositiva donde destaca dicha máxima: el traer al presente una historia que sucedió hace ocho décadas pero que, indudablemente, está más cerca de lo que creemos. Sáenz va más allá en esa comparativa: unos de los recursos centrales del guión, pues conforme avanza la cinta se explayan los pensamientos y emociones de un grupo de estudiantes adolescentes que visitan en la actualidad los restos del campo de Gurs, el que posiblemente, mantuvo más tiempo su fin punitivo puesto que incluso los alemanes nazis lo usaron para privar de libertad, camino a los campos de exterminio, a sus compatriotas judíos. 

Santi post

El documental también destaca por sus ilustraciones y animaciones basadas en los trabajos del reconocido dibujante Paco Roca. Un recurso extraordinario que enriquece la parte visual del film pues no hay que olvidar que los materiales fotográficos, audiovisuales, documentales en definitiva, necesarios para la divulgación de este tipos de memorias son, en muchos casos, sumamente complicados de encontrar. Referente a este tema se vislumbra en el interior del documental hasta una reivindicación al respecto de la problemática sobre la consulta de los fondos archivísticos españoles. Volviendo a las animaciones ni que decir tiene que, además, del enriquecimiento artístico del propio film sirve para atraer la atención del gran público y en especial a aquel que debiera ser obligatorio su visionado: el alumnado de nuestras escuelas, de nuestros IES o aulas universitarias, dicho de otra manera, a la juventud. Porque el caso del campo de concentración de Gurs si algo nos enseña, como otros muchos que se han estudiado o quedan por desgracia por descubrir, es el sufrimiento de las víctimas de la sinrazón que sufrieron entre sus alambradas, pero repetimos, algo que sucedió en nuestro propio suelo no hace mucho tiempo.

La sociedad de masas en la que nos ha tocado vivir tiene gran fragilidad a la hora de recordar y es extraordinariamente amnésica. Son los más jóvenes los que deben ser conscientes del relato que, por ejemplo, nos trae Gurs. Solo así lograremos evitar la repetición de dichos episodios. Y puestos a hablar y rememorar dicho campo de concentración que solo sea para ampliar nuestros conocimientos o para homenajear a las víctimas del exilio español en Francia.

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Este artículo va dedicada a una persona que nos dejó en el año 2016: Antonio Sánchez Salguero. Quiso el destino que, casualmente, falleciera horas después de ser entrevistado en el Edificio Roma por quien escribe (2). Tras el encuentro marchó para su casa de la calle Obispo Urquinaona en la conocida como Casa Juan Páez. Según me contó posteriormente su nieta Ana, su corazón dejó de latir durante su siesta diaria. Aunque Sánchez Salguero contaba con algo más de noventa años se le veía un hombre activo con unas enormes ganas de contar su historia. Historia que, por cierto, lejos de describirnos importantes procesos económicos o intrigas palaciegas, no dejaba de tener el enorme interés de la vida cotidiana que con creces supera, al menos para mí, las frías estadísticas y los apellidos ilustres. Intentaré dejar constancia de lo que me relató, eso sí, aderezado con alguna nota documental que refuerza su historia.

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Asistentes al mitin de Vicente Ballester y Largo Caballero en Cádiz, mayo de 1936. Se aprecian abajo a la izquierda niños con pañuelos al cuello y puños en alto. Foto: ARCHIVO TRIBUNAL MILITAR Nº2, Sevilla. Cedida por José Luis Gutiérrez Molina.

* * * 

Si bien la vida de Sánchez Salguero, como cualquier otra, estuvo llena de múltiples aristas, el legado que supone dicha conversación giró en torno a un episodio de su infancia que, desde luego, le dejó marcado para el resto de su vida. Su acercamiento al anarquismo llegó de manera natural, en sus palabras: «como el que se cría con unos padres beatos y sale religioso«. Sin embargo sus padres -José Sánchez Cossi y Dolores Salguero Puente-, no fueron exactamente quienes inculcaron en Antonio dichas ideas.

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José Sánchez Cossi (1890-1969) y Dolores Salguero Puente (1900-1975). Colección familiar.

Nacido José en El Puerto de Santa María en 1890 y Dolores en Cádiz en 1900 (3) dicho matrimonio vivía en el barrio de La Viña y más concretamente en la entonces calle Panamá -hoy Paco Alba-, donde Antonio dio sus primeros pasos. Según los recuerdos de nuestro protagonista el domicilio era tan espacioso que su madre decidió arrendar un dormitorio a un señor de Conil de la Frontera de nombre Sebastián. Al parecer, de ideas ácratas, mantenía reuniones con otros como él, por lo que desde muy niño comenzó a oír o estar presente en alguna de ellas. De esta manera se familiarizó con las siglas CNT o FAI, así como con las ideas libertarias lo que no le impidió -remarcaba- diferenciar entre los ideales y las personas. Dicha opinión venía a colación del propio oficio del vecino conileño:

«Era todo un personaje. Encargaba huevos de granja que llegaban a su domicilio en grandes cajas. Después los metía en cubos de agua, no se cuanto tiempo, tras lo cual los sacaba y con mucho cuidado raspaba el sello que traían. Cada día, ataviado con traje campero y un canasto se paseaba por los barrios de la burguesía y los vendía como si fueran del campo elevando así su precio«.

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ntonio Sánchez Salguero a inicios de los años 30. Colección familiar.

Sin embargo aquellas reuniones, que bien pudieron ser clandestinas, y lo que el pequeño Antonio escuchaba se intensificarían pronto. Durante los años de la II República sus padres decidieron llevarlo al colegio de don Antonio Quero muy cercano a la Plaza de Candelaria. Sobre dicho maestro solo tenía palabras de agradecimiento: «casi todo lo que se, se lo debo a él«. Por este motivo, más tarde o temprano, en una de sus idas y venidas terminó topando con la sede del Ateneo Libertario de la calle Santiago. No tardaría mucho nuestro inquieto protagonista en vincular aquel lugar con las reuniones que espiaba junto al hogar familiar:

«Aquel lugar era como una biblioteca. Todo lleno de libros, sobre anarquismo, allí iban los hombres a leer, e incluso a veces se daban conferencias«.

A partir de entonces se afilió a las Juventudes Libertarias. Y fue testigo de no pocos episodios con personalidades hoy históricas de la ciudad. Recordaba a Vicente Ballester y como una gran multitud fue a recibirlo a la estación de tren a su regreso de un congreso de la CNT en Zaragoza (4). Asistió a los debates entre éste y el máximo representante de los socialistas en la primavera de 1936: Largo Caballero. O dicho de otra manera, muy posiblemente presenció el mitín de ambos en la plaza de Toros de Cádiz. E incluso aseguró que detrás del asalto y quema al Seminario de la calle Prim -Compañía-, estaba la financiación y los intereses de la derecha más reaccionaria de la ciudad (5).

Antonio sanchez salguero escuela
Sánchez Salguero -arriba, tercero por la izquierda-, en la escuela. Colección familiar.

Pero aquella reivindicativa primavera daría al traste poco tiempo después. Sánchez Salguero fue también testigo directo de alguno de los acontecimientos más desconocidos del golpe de Estado del 18 de julio en Cádiz. Sus recuerdos le situaban aquella tenebrosa tarde en la sede de la Casa del Pueblo de la calle Arbolí. Donde, por lo que sabemos, algunos partidarios del Frente Popular, y más concretamente los socialistas se hicieron fuertes en la desembocadura de dicha calle con Prim. Según la tradición oral se colocaron barricadas durante aquella tarde y noche para impedir el asalto de los falangistas y resto de fuerzas golpistas que patrullaban la ciudad. No obstante los recuerdos de nuestro entrevistado nos dibujó una tarde aciaga y una visión bastante realista, lejos de leyendas y supuestas heroicidades: 

«La tarde del 18 de julio estuve en la Casa del Pueblo. Los allí congregados estaban muertos de miedo. Todos con caras largas y de preocupación

Como es bien conocido la ciudad cayó en manos golpistas a la mañana siguiente. Se desató entonces una cruenta represión contra una población que, si bien hoy sabemos intentó plantar cara a los sublevados, la inferioridad armamentística y la rapidez del ejercito sublevado paralizó muy pronto a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Fue entonces cuando comenzó esta aterradora historia que no por increíble deja de mostrar la cara más dura del fascismo desplegado a partir de dicha fecha en este lugar:

«Una noche de agosto, -recordaba nuestro protagonista-, la misma que detuvieron a Constantino Gutiérrez (6) llegaron los falangistas a mi casa. Yo dormía cerca del balcón debido al calor veraniego y a las indicaciones de mi madre –al parecer el pequeño Antonio llevaba algunos días con un fuerte dolor de cuello-, comenzaron a llamar a la puerta, bueno, a aporrearla literalmente. Mi padre asustado en calzones y camiseta abrió como pudo. Entraron en tropel…

– ¡Venimos buscando a Antonio Sánchez Salguero, un extremista peligroso!

Lo destrozaron todo en busca de pruebas. Su padre les mostró quien era la persona que venían buscando. Aparentemente un niño endeble de diez años. Como pudo y atemorizado buscó y mostró a los asaltantes las cédulas de él y su esposa. Volvamos a la escena en la antigua calle Panamá.

Abuelo
Antonio Sánchez Salguero, Cádiz (1925-2016)

¡No puede ser! ¡Sánchez Salguero es un peligroso comunista!

Mi hijo solo tiene diez años-, repetía José.

¿¿Y qué hace durante el día??

Va al colegio.

¿¿A qué colegio??

A la escuela de Antonio Quero en la plaza de Candelaria.

¡¡Allí!! ¡¡Allí!! ¡¡es dónde va su hijo, a los locales de CNT!!

Mis padres no salían de su asombro. Así descubrieron que yo estuve afiliado, como tantos otros, a las Juventudes Libertarias. Finalmente marcharon sin detenerme. A los dos días aparecieron acribillados a balazos los que habían sido detenidos aquella misma noche, entre ellos Constantino Gutiérrez. Frente a lo que luego fue el Cine Caleta. Yo mismo vi los cuerpos. De tener quizás 15 años me hubieran fusilado a mi también.«

* * *

La violenta escena no puede reflejar mejor el terror desatado en la retaguardia fascista a raíz de la fracasada sublevación y posterior guerra. Aunque sorprendente, la historia de Sánchez Salguero no deja de ser una muestra más de la psicosis vivida en aquellos primeros meses de lo que hoy llamamos terror caliente, es decir, la primera etapa represiva de la dominación golpista y que en nuestra zona perduró hasta los primeros compases de 1937 cuando la represión se institucionalizó. Junto a esta historia, nuestro protagonista, legó otras que no hacen más que reforzar la oralidad como fuente histórica. Una fuente que se nos marcha y que, desgraciadamente se sigue perdiendo para siempre si no se actúa con la suficiente celeridad.

* * *

(1) El siguiente texto fue publicado originalmente en el blog http://mastipiconolohay.blogspot.com el 8 de marzo de 2017.

(2) La conversación se llevó a cabo en el patio dicho edificio en la Avda. 4 de diciembre de 1977 el jueves 8 de septiembre de 2016.

(3) ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE CÁDIZ, Padrón 1935, Libro 3.869.

(4) Se refiere Sánchez Salguero al Congreso de Zaragoza de mayo de 1936 donde Ballester había acudido como delegado por Cádiz, e incluso participó como orador en el mitín de clausura. GUTIÉRREZ MOLINA, J. L. Se nace hombre libre. La obra libertaria de Vicente Ballester. Diputación de Cádiz. Cádiz, 1997. Pág. 65.

(5) En iguales términos se posicionaba otro venerable de Cádiz, Rafael Fuertes. En Rafael el republicano, documental de 2015.

(6) Según las declaraciones de Constantino Gutiérrez López: A mi padre lo detienen el 27 de agosto y lo meten en el Casino Gaditano y el 29 de agosto lo sacaron de allí del Casino que los sacaban por una portezuela que existe todavía, frente por frente a la calle la Plata. Lo fusilaron en un lateral del Hospicio, muy cerca de donde tenía el bar para que el barrio de La Viña lo viera. Entrevista realizada en 2008 en su domicilio de la calle Pizarro nº1 en San Fernando (Cádiz).

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«El Carnaval ha muerto». Así lo indicó en la década de los años 60 Julio Caro Baroja en su clásico ‘El Carnaval’. La afirmación da para mucho, pero leída “a vuela pluma”, podríamos decir que el Carnaval llevaba desaparecido algunas décadas. Fue durante la Guerra Civil cuando los militares golpistas dieron un primer aviso: en febrero de 1937 se suprimió la fiesta en zona sublevada con la excusa del contienda bélica. Ahora se cumplen 80 años de la prohibición definitiva del Carnaval en toda España: en febrero de 1940 y firmada por Ramón Serrano Súñer, cuñado del dictador Franco y hombre pronazi del nuevo Régimen. Desaparecía, ahora sí, oficialmente, una fiesta cuyas raíces llevaban siglos penetrando las simientes culturales de la península.

80 anos de la muerte del carnaval
Fotografía: Eulogio García

El Carnaval quedó reducido a íntimas reuniones familiares, a cánticos infantiles de posguerra siempre vigilantes ante la posible aparición de algún guardia municipal o, ya fuera de Cádiz, a poblaciones tan alejadas de los centros de poder que las autoridades hicieron la vista gorda.

No obstante el franquismo, fiel a su hipocresía, hizo uso de las coplas cuando le vino en gana. La popular Gitanilla del Carmelo firmó gustosa letras -empleando músicas de El Tío de la Tiza-, alabando al 18 de julio, a los Regulares o al General Varela. Incluso se permitió una gira por el Protectorado de Marruecos bajo la batuta del Ateneo de Cádiz donde se interpretaron dichos tangos aprovechando, por qué no decirlo, la buena fe de los jóvenes comparsistas que anhelaban el retorno de la fiesta de sus mayores.

En este contexto, con la conmemoración de los ochenta años de fondo y una actualidad política convulsa a todos los niveles, no queda más que disfrutar de la libertad conquistada (antes de que nos la vuelvan a arrebatar).