Tiempo de lectura ūüí¨ 3 minutos
Beatrizl
Fotografía: Andrés Ramírez

Beatriz Viol (Ediciones Endymion, 2018), II premio Himilce de poesía escrita por mujeres.

¬ŅQu√© busca quien decide irse a otro lugar, un lugar incierto del que sabe poco, donde nadie le espera? ¬ŅDe qu√© est√°n hechos los d√≠as, los instantes que le acogen, cu√°les son las vivencias que van construyendo el nuevo hogar? Hallar la casa es un libro de b√ļsqueda, p√©rdida y encuentro desde la voz de una mujer en tr√°nsito. Hallar la casa es tambi√©n el retorno al lugar de origen.

Como destac√≥ Eduardo Mendicutti, presidente del jurado del II Premio Himilce de Poes√≠a, es ‚Äúuna obra que reflexiona sobre la construcci√≥n de la identidad en el contexto contempor√°neo de la experiencia de la migraci√≥n‚ÄĚ. David Eloy Rodr√≠guez se√Īala en el pr√≥logo: ‚ÄúLa poes√≠a es una extra√Īa magia. Beatriz Viol sabe mucho de esa magia. Sentimos presencia, sentimos verdad, sentimos el latido de la vida (tan claro como misterioso), y salimos del texto m√°s vivos, enriquecidos‚ÄĚ.

 

CUERPO A TIERRA (I)

Rebuscar entre las c√°scaras verdes

ca√≠das del casta√Īo

las que contengan a√ļn sus frutos.

Pincharnos en los dedos,

valernos de piedras o palos o emplear

al fin los pies para algo.

Tomar la casta√Īa

con la delicadeza con la que rescataríamos

una vasija antigua que asomara de la tierra.

Meter otra casta√Īa en el bolsillo.

Luego contemplar la exploración inagotable de las ardillas.

Volver a revisar las c√°scaras que empezaron a perder su verde.

Escuchar un chasquido,

otra c√°scara desprenderse del casta√Īo,

y el sonido a acogida

que hacen los frutos

al caer sobre la hierba h√ļmeda.

 

EL AMOR QUE DEJAN LAS TORMENTAS

Al día siguiente todos hablaban de la tormenta eléctrica:

Quienes pensaron que la guerra había estallado en Londres.

Quienes creyeron despertar en Ucrania o en la Franja de Gaza.

Quienes quisieron avisar a sus compa√Īeros de piso.

Quienes se asomaron solos a la ventana.

Quienes se apresuraron a cerrarla.

Quienes vieron encenderse luces en las casas vecinas.

Quienes se alegraron de estar bajo un techo.

Quienes temieron por sus cultivos o sus flores.

Quienes recordaron el tiempo que pasaron en Caracas, a los pies del √Āvila.

Quienes investigaron cómo se forman las tormentas.

Quienes extra√Īaron la manta de lana de su abuela.

Quienes miraron la hora y siguieron durmiendo.

Quienes, como Laura, dormían tan profundo que no se enteraron de nada.

Todos quisieron encontrarse al día siguiente.

Encontrarse y hablar,

de la tormenta, por ejemplo.

 

PISTAS PARA HALLAR LA CASA

Lo importante no es la casa donde vivimos.

Sino dónde, en nosotros, vive la casa.

Mia Couto

 

Parece que para que haya casa

tiene que haber √°rbol,

raíces, tronco, olor a tierra.

Han de brotar las ramas,

desprenderse las hojas.

Ha de pasar el agua cerca.

Tiene que caer la lluvia, llevarse el polvo,

secar el aire las hojas.

Para que haya casa

ha de haber tiempo para ordenar

y espacio para el desorden.

Han de quedar siempre

peque√Īos rincones por explorar, por ejemplo,

aquellos lugares donde se guardan

las palabras que a√ļn no supimos decir.

Para que haya casa

hemos de llevar muy adentro

las casas que fueron los que ahora viven lejos.

Casa es también el lugar

donde nos permitimos llorar y dejamos

a las l√°grimas alcanzar la tierra.

Habitar cuerpo, √°rbol, tierra, madre.

Soltar lluvia, aire, lágrimas, río.

Construir sue√Īos, monte, amor, versos.

Hallar la casa.

Hallar la casa