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D boza
Imagen: Pedripol

De repente, una ma√Īana de noviembre, una patera se nos clav√≥ en nuestra playa. Nosotros, tan marinos como nos presumimos; tan abiertos al mar como decimos ser, vivimos de espalda a la tragedia que convierte nuestras cosas en el lugar de sufrimiento, en la mayor fosa com√ļn de la √©poca en la que vivimos.

No es que no lo supi√©ramos, al fin y al cabo, el goteo constante se filtra, a duras penas en informativos y tuits, pero los 6000 muertos de nuestras costas en los √ļltimos 20 a√Īos no dejaban de ser cifras. La ciudadan√≠a de C√°diz no es consciente de lo pr√≥ximo que tenemos el dolor de esas familias que ven como sus sue√Īos naufragan para siempre ante nuestras narices.

Nuestro mar es otra cosa. Nuestro mar es paisaje para turistas de chiringuitos perennes. Es casa de mojarras y caballas. Es puerta de entrada para cruceristas y patriotas. Por eso, aquella patera varada en nuestra arena se convirtió en una bofetada de realidad.

Sabemos tan poco de la patera como de las personas que cruzan el mar cada d√≠a, busc√°ndose la vida, ya sea en barcazas de madera como la que lleg√≥ a nuestra playa o en medios m√°s rudimentarios, desde tablas de surf hasta zodiacs, pasando por hidropedales, motos de agua o balsas de juguete. Cualquier cosa que flote sirve para tratar de que los sue√Īos no se hundan.

La patera llegó vacía. Nadie dentro. Nadie cerca. Los tripulantes se esfumaron. Desaparecieron como desaparecen las esperanzas de los que se ahogan en el mar tratando de pisar la Tierra Prometida de Europa.

Al cabo de un rato solo estaban los curiosos que se hacían fotos. Unos como mero elemento decorativo. Otros como símbolo del mundo que nos ha tocado vivir, el que obliga a algunos a buscarse la vida cruzando el mar como puede mientras que otros buscamos vuelos baratos para pasar el puente, sin más restricciones para movernos que nuestro bolsillo y los horarios de los aviones.

Desde el 14 de diciembre, esa patera estar√° varada, para siempre, en un trozo de nuestra ciudad. Esperemos que sirva como pu√Īal en las conciencias de la gente de C√°diz, que, para siempre, las tragedias de la inmigraci√≥n dejen de sernos ajenas. Ojal√° nos haga una ciudad un poco m√°s comprometida y sensible, una ciudad que reclame a los responsables de tanto y tanto dolor que caben con estas pol√≠ticas homicidas. De momento, aquella patera seguir√° mir√°ndonos, cerca del mar desde el que nos lleg√≥.

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Diego bozaIlustración: Pedripol

A estas alturas hasta aquellos que nunca pisaron los alrededores de una Facultad de Derecho conocen al artículo más famoso de nuestra Constitución. El artículo VIP entre los artículos constitucionales ya sabemos que funciona como una cláusula de cierre del Estado autonómico.

La lógica es aplastante, si el poder de las Comunidades Autónomas proviene de una cesión por parte del Estado en cumplimiento de las reglas constitucionales, si alguna de las Comunidades Autónomas se salta esas normas de la Constitución, el Estado está legitimado para limitar, suspender o cercenar esos poderes autonómicos hasta que la Comunidad díscola vuelva al redil de lo constitucional.

Ese artículo, copiado de la Constitución alemana, porque con las constituciones como con los coches, todo lo bueno viene de Alemania, está a punto de ser aplicado a Puigdemont y su Generalitat. Y precisamente ahora que nos encontramos en ese proceso me ha entrado la duda de por qué no se amplía ese 155.

Que no es que yo le coja gusto a eso de recentralizar como los del PP que ya han dicho que detrás de Catalunya van, por este orden Castilla La Mancha, País Vasco y Navarra. Lo que yo me planteo que la misma lógica permitiría revocar otros poderes delegados.

Sin ir m√°s lejos, la Constituci√≥n considera que la soberan√≠a surge del pueblo espa√Īol. ¬ŅPor qu√© ese mismo pueblo no tiene la potestad de revocar a quienes gestionan esa soberan√≠a cuando incumplen las reglas constitucionales? Al fin y al cabo, tambi√©n son poderes delegados que el delegante puede recuperar.

Por ejemplo, la posibilidad de retirarles las competencias a los gobiernos de partidos corruptos que han ganado las elecciones mediante financiación irregular que les permitía competir en mejores condiciones frente a sus rivales. A gobernantes que incumplen derechos constitucionales como el de la vivienda sin sonrojarse convirtiendo un derecho en un objeto de mercadería. A ministros que deciden saltarse sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos porque no les resultan adecuadas para sus políticas. A políticos que se olvidan de las penurias y necesidades que pasan sus conciudadanos, que se olvidan del derecho al trabajo, del derecho a la dignidad de la persona…

Ya, ya s√© que para nuestro 155 se llama elecciones. Pero para eso hay que esperar cuatro a√Īos. Y a Puigdemont no le han esperado tanto.

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Diego bozaIlustración: pedripol

Ya s√© que a este lado del Tercer Puente estamos todos un poco hartos del proces, pero perm√≠tanme que hoy mi carril reversible llegue desde Cortadura hasta la Barceloneta. Porque lo que estamos viviendo en Catalunya es muy grave. Dicen algunos que estamos ante un golpe de Estado. Yo creo que es a√ļn peor.

Porque en realidad, son dos. De uno no paran de hablarnos en los medios. El refer√©ndum del 1 de octubre, declarado inconstitucional por el Tribunal Constitucional espa√Īol, plantea para los patriotas de siempre un grave riesgo de secesi√≥n. No se puede dejar votar a los catalanes porque ser√≠a trocear la soberan√≠a nacional que reside en el conjunto de los espa√Īoles y no en ese porcentaje que habita en el extremo nororiental de la Pen√≠nsula, lo que ser√≠a en el mapa, arriba a la derecha.

Nada nos dijeron estos defensores de la Constituci√≥n de entregar la soberan√≠a nacional al pago de la deuda, modificando por v√≠a urgente el art√≠culo 135 de la Constituci√≥n. Nada nos dicen de qu√© van a hacer con un porcentaje elevad√≠simo de la poblaci√≥n catalana que quiere la independencia. O con un porcentaje a√ļn mayor que quiere, al menos, tener el derecho a votar su relaci√≥n con Espa√Īa.

Estos defensores de la Constitución ni siquiera nos dicen nada de cómo están pisoteando la propia Constitución en un ejercicio de malabarismo jurídico sin precedentes: destrozar una parte del texto de la Constitución bajo el pretexto de salvar la otra.

Porque el aut√©ntico golpe de Estado, el peligroso para los que estamos en esta pata del Tercer Puente, es el que se est√° produciendo con un ataque inaudito a los derechos y libertades de los espa√Īoles. En concreto, de los espa√Īoles que viven en Catalunya. La excusa de la suspensi√≥n del refer√©ndum por parte del Tribunal Constitucional ha sido utilizada para el desembarco del aparato de represi√≥n del Estado en Catalunya de forma masiva. E incluso fuera de Catalunya

Los ejemplos son sangrantes. La Guardia Civil se dedica a registrar imprentas y requisar carteles. Setecientos alcaldes han sido llamados a declarar, no por lo que han hecho sino por lo que dicen que van a hacer, con la advertencia de detenci√≥n en caso de no comparecer: aut√©nticas detenciones preventivas por orden de la Fiscal√≠a. A una diputada catalana se le impidi√≥ celebrar un acto en Gij√≥n. Un juez, hijo de almirante franquista pero reconvertido a defensor de la Constituci√≥n por la versi√≥n espa√Īola de la doctrina Persil, deneg√≥ la posibilidad de realizar un acto de debate sobre el proceso independentista catal√°n en una instalaci√≥n p√ļblica. Lo hizo en un auto contra el que, seg√ļn sus santos art√≠culos, no cab√≠a recurso. Despu√©s deneg√≥ el recurso, por supuesto.

Puede que a usted no le preocupen estas cosas porque cree que siempre está a favor de la legalidad. Pero no es así. Igual un día le cambian la ley, que es algo mutable, y, al mismo tiempo, le impiden opinar. O quizá no haya que irse al futuro. La llegada de pateras es inmigración ilegal. La doctrina referéndum sirve perfectamente para prohibir los actos en apoyo a quienes naufragan en el mar e, incluso, para impedir que podamos exigir otra política migratoria.

En Catalunya arriesgamos algo m√°s que un trozo de territorio, que la unidad del Estado espa√Īol, estamos arriesgando nuestro sistema de libertades y, lo peor, es que lo estamos perdiendo.

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Diego boza

Fotografía: José Montero

El nov√≠simo puente de la Constituci√≥n de C√°diz de 1812 tiene bombillitas de colores que se encienden. Como en C√°diz somos como somos, eso ha encantado a la ciudadan√≠a. Conviene recordar que aqu√≠ fue muy valorado que durante un tiempo nuestra playa tuviera m√°s luces que un quir√≥fano, por m√°s que los distintos informes ambientales lo desaconsejaran. Es cierto catetismo, para qu√© nos vamos a enga√Īar, que trasciende de Cortadura y los puentes para alcanzar a casi todo el Estado espa√Īol. Paseas por ciudades europeas cayendo la tarde y las luces son tenues, amarillentas. En Espa√Īa, no. Aqu√≠ lo suyo es iluminar. Hasta una rotonda en medio de la nada.

Como dec√≠a, el puente tiene bombillitas de colores que se han estrenado esta semana y en el estreno el Community Manager del PP de C√°diz se apresur√≥ a publicar un tuit de agradecimiento y felicitaci√≥n a Te√≥fila Mart√≠nez por haber impulsado con tanto ardor el puente que, aunque se quedase sin carril bici, tardase cinco a√Īos m√°s de lo previsto o costase el doble de lo presupuestado, tiene lucecitas.

Pero, sinceramente, yo creo que nuestro amigo gestor de la cuenta del Partido Popular, se qued√≥ corto. ¬°Hay tantas cosas que agradecer a Te√≥fila!. Podr√≠amos agradecerle, por ejemplo, el √©xito de la batalla de coplas de Carnaval de este a√Īo. Si ella y su escuadra medi√°tica no hubieran desorbitado las barbacoas del Carranza no habr√≠a sido necesario prohibirlas y sustituirlas por Carnaval.

Habría que agradecerle, también, no haber oído a las más de 6.000 firmas que se presentaron pidiendo la gratuidad de los servicios básicos de luz y agua para las personas en riesgo de exclusión social. Si ella hubiera sido sensible a esas firmas no habría sido necesario en 2017 aprobar el Bono Social de Eléctrica de Cádiz o un convenio con Aguas de Cádiz.

Por supuesto, hay que agradecerle su gestión en cuanto al hotel de la Tribuna del Carranza. De no haber sido por ella ahora el asunto estaría cerrado y no tendría David Navarro que demostrar sus capacidades para lograr un acuerdo que parece imposible.

Espero que no falte un tuit de felicitaci√≥n a Te√≥fila cuando se inaugure el Francisco Blanca o el Fernando Portillo, cuando EMASA tenga que recuperar el parking de Santa B√°rbara por la quiebra de Isolux, cuando se arreglen las goteras del pabell√≥n del Gadir, cuando se le retire la concesi√≥n del servicio de limpieza a Sufi-Cointer por sus incumplimientos…

Hay y habr√° tantas cosas que nos faltan tuits y l√≠neas para mostrarle nuestro agradecimiento. Pero, sobre todo, los gaditanos y las gaditanas tenemos que agradecerle a Te√≥fila haber cultivado tan mal su equipo que ella tiene que repetir, una vez m√°s y con 71 a√Īos, como candidata a la alcald√≠a. Gracias Te√≥fila.

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Diego boza

Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Creo que si tuviera que escoger un período de mi vida, escogería los veranos de mi juventud. Evidentemente, después llegan los logros profesionales, los días personales inolvidables,… pero la felicidad de la amistad pura y el hambre del mundo por descubrir convierten a aquellos veranos de los 90 en una época incomparable.

A lo mejor a esta impresi√≥n contribuye la memoria que es ben√©vola con el pasado, lo bueno lo convierte en extraordinario y lo horripilante en √ļnicamente malo. Pero, sin creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni mucho menos, lo vivido en aquellos d√≠as estivales se ubica en un lugar privilegiado de mis recuerdos.

Y eso que visto con perspectiva, la cosa era bastante mon√≥tona. Despu√©s de comer, a las 4 y media como muy tarde, la pandilla quedaba en la playa. All√≠ nos tost√°bamos bajo el sol jugando a las cartas, a las palas, esquivando a los polic√≠as para jugar al f√ļtbol o, simplemente, hablando de sue√Īos, esperanzas y ambiciones. Ba√Īos interminables y alguna mirada furtiva a las curvas de alguna chica que, en el mejor de los casos, se convert√≠a en un tonteo, completaban la tarde.

Cuando se iba el sol, volvíamos a casa corriendo y escuchábamos los reproches de nuestros padres mientras que nos duchábamos, nos zampábamos el bocadillo y regresábamos, al mismo sitio y con los mismos amigos, para volver a charlar, comer pipas o, hasta que Teófila Martínez, que Dios la tenga en la oposición, nos plantó las luces, bajar a la arena para gastarnos las mismas bromas o descubrir que quien compartía contigo horas en clase también compartía una vida interior más compleja de lo que parecía.

Pero de todo, lo que mejor recuerdo, era la gente. Cruz√°bamos el Paseo Mar√≠timo y hab√≠a chavales por todos lados. Par√°bamos con los de la clase de al lado, qued√°bamos con los del otro colegio,‚Ķ De junio a septiembre el Paseo estaba lleno, todas las noches. √Čramos j√≥venes. Y hab√≠a m√°s como nosotros.

El otro d√≠a sal√≠ a dar una vuelta por el Paseo Mar√≠timo. Era lunes, es cierto, pero no era tarde y era ya julio. No hab√≠a nadie. Tres personas en un banco, dos chavales en la balaustrada‚Ķ Nadie para lo que ese Paseo fue hace veinte a√Īos.

Mis hijos ya no vivir√°n veranos como los que yo recuerdo. El envejecimiento de C√°diz es m√°s que evidente y parece que nadie es capaz de frenarlo. Ya no quedan chavales. Los ni√Īos son una especie en extinci√≥n. Cada vez somos menos. Cada vez seremos menos. Sin una pol√≠tica de empleo y de vivienda que posibilite realmente el enraizamiento de parejas j√≥venes en C√°diz, en el Centro y en todos los barrios no vamos a necesitar el tsunami para hacernos desaparecer.

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Diego boza

Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Cuando Luis lleg√≥ por primera vez a nuestra sede ten√≠a claro lo que quer√≠a. A pesar de que dorm√≠a en la calle, a pesar de que sus necesidades b√°sicas estaban dif√≠cilmente cubiertas, √©l no buscaba en nosotros ayuda. Al menos, no ayudas econ√≥micas o materiales. √Čl quer√≠a que oy√©ramos sus poemas, ¬†√©l quer√≠a recibir el trato que se merec√≠a y que, en demasiadas ocasiones, por su situaci√≥n personal no recib√≠a. Es eso que ahora llaman empoderamiento. √Čl quer√≠a empoderarse y empoderar a otros.

Luis continuó su camino y participó en la creación de otras organizaciones. Ahora, cuando lo veo en concentraciones u otro tipo de actos recuerdo aquellos días en los que nos recitaba sus poemas.

S√≠ que sigue con nosotros Isra. √Čl lleg√≥ soportando, como tantos, el peso de los problemas del desempleo y la vivienda sobre su espalda. Pero √©l no quer√≠a que le di√©ramos una casa y un trabajo. √Čl quer√≠a que las pol√≠ticas municipales, auton√≥micas y estatales cambiasen para que su familia y las familias que son como la suya no tuvieran que suplicar por los derechos. Ahora Isra participa en las reuniones para elaborar el Plan Municipal de la Vivienda. Nadie mejor que √©l conoce la realidad de determinados barrios de C√°diz y de lo que padecen los demandantes de vivienda.

El punto de partida para el reconocimiento de los derechos es la consciencia de la titularidad y es ese el primer punto que trabaja la APDHA, el apoyo a los afectados en la vulneraciones de derechos para que ellos mismos se conviertan en la voz que los reivindique.

Nuestro papel no es asistencial porque no nos corresponde. Con el respeto a aquellas organizaciones que lo hacen, nuestro rol es de an√°lisis y denuncia de las ¬†vulneraciones de derechos humanos que se producen en el mundo. Evidentemente, excesivamente ambicioso. Por eso priorizamos y priorizamos siempre seg√ļn detectamos las necesidades. Y las necesidades nos las cuentan quienes las sufren.

En la construcci√≥n de esta nueva ciudad que se pretende m√°s participativa, m√°s plural y m√°s solidaria, el tejido social tiene un papel fundamental. La APDHA estaba antes del 15M, estuvo en el 15M y se mantiene a√Īos despu√©s de aquella multitudinaria movilizaci√≥n para cambiar las cosas. Por eso concebimos la participaci√≥n social como un mecanismo para la reivindicaci√≥n, sea a trav√©s de las instituciones oficiales o en la calle. Pero siempre, siempre, con quienes sufren. Ellos, finalmente, acaban convirti√©ndose en nosotros.