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Enrique alcina

Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

El futuro ya est√° aqu√≠. A la rob√≥tica gaditana le ha faltado tiempo. Ya tenemos los primeros prototipos. «Es una lata el trabajar», reza la canci√≥n de la redenci√≥n de la fluorescencia programada. Conozco personas con m√°s automatismos: esquiroles, arrastrados, asustaviejas, t√©cnicos poco duchos en la materia, sumisos sacarinos, segundones. En breve, apenas notaremos la diferencia, recoja el cat√°logo de nuevos oficios, no ser√° tan complicado adaptarse a las circunstancias. Algunos empleos no diferir√°n en exceso del esclavismo moderno. Otros, en cambio, envidiar√°n al pobre ser urbano, mayormente aut√≥nomo, entretenedor de amplias minor√≠as, vulgo artistas de toda la vida, los especialistas en las bellas y en las malas artes. Chip prodigioso para los pintores de la luz, los juglares del silencio, los narradores del ma√Īana y los animadores socioculturales. Los flamenquitos y los guitarristas de comparsas, los romanceros, los biom√©dicos, los cargadores de indios y los int√©rpretes del viento. A ver qui√©n se atreve a manejar la barca de esta gente tan puntera e imprevisible. As√≠ que en C√°diz, dios menguante, lo mismo salimos ganando y equilibramos lo que viene siendo este horror en el hipermercado, este robot a mano armada. Abstenerse banqueros de colmillo aflado, canallas del idealismo inmobiliario, trepas, virus que pierden el norton, proyectos submarinos sin aletas, tricuentenarios de la casa de descontrataci√≥n, impunes e imitamonos.

No habr√° color entre un oficinista perezoso y un representante de la tecnolog√≠a del siglo XXI y la fe del siglo I. Los ministros del ramo preferir√°n un robot camarero, un robot industrial, un consejero delegado con la voz quebrada, un fraude fiscal de pitimin√≠, un siglo de estafados, qu√© s√© yo, antes que un jardinero con ternura, un artesano de la mente humana, un corista sin gafas ahumadas, un perrito piloto, un pez sin adobo, una mujer valiente, un juez justo o el entra√Īable y malhumorado baranda de un ultramarinos enemigo √≠ntimo del maldito amazon. ¬°Amazon gratis ya, y al carajo los mandaos! No va a quedar ni el tato, me temo lo mejor.¬†

A continuaci√≥n, por su inter√©s informativo, revelamos la primera entrevista en exclusiva a un robot gaditano la mar de salado y poco com√ļn, un m√°quina retroalimentado por fogonazos de inspiraci√≥n, cortes del fluido el√©ctrico, levanteras gordas, mala sombra y √°ngel incierto.

«No me gustan las banderas, ni las porf√≠as est√©riles. No me gustan los intolerantes, ni los de ahora y ni los de antes. No me gusta la autocensura, el canto rodado, el humo y el funeralismo reinante. No me gustan las sectas venenosas, ni las diversas mafias locales que ocultan su verdadera faz bajo un manto de colores enga√Īosos: la mafia del baile, la mafia cultural, la mafia period√≠stica, la mafia pol√≠tica. Ni esta terrible ¬†y caprichosa ola de infantilismo».¬†

«Me gusta el rock and roll y la inmunidad interplanetaria. Me gustan los intermediarios del vac√≠o existencial, los que parten y reparten, los exiliados en su propia casa, los que no se empecinan en llevarse la raz√≥n a su terreno con tal de ganar una partida, con lo bonito que es empatar y perder la misma raz√≥n en un momento dado del d√≠a. Me gustan los que no confunden cultura con ocio, los ladrones honestos, los m√ļsicos que apenas conceden respiro a la tentaci√≥n del ritmo sincopado, los que no se sienten due√Īos ni part√≠cipes, ni c√≥mplices, ni leches en vinagre».¬†

«No me gustan las listas de √©xitos y fracasos, ni los superlativos, ni las ideas secas como torrijas caducadas. Oigo llover con arrepentimiento. Mienten luego existen los mismos de siempre. No me gustan los trabajos gratuitos, ni las horas extras, ni los pescados capitales. No me gusta la submenci√≥n, palabro reci√©n inventado que traducido resulta «hablar por bajini contra el adversario, y sin embargo amigo y as√≠ encender la mecha de la zona zafia del cerebro colectivo».¬†

«Me encanta la gente que no hace planes a los dem√°s. Me gustan los carteles anunciadores de festivales por venir. Me gusta el sabor de la derrota que vendr√°. Me gustan las tost√°s de la Venta El Pollo, que tienen delito: son como rotondas que no se untan, se dejan sobornar con manteca color√°. Si yo fuera rico no pedir√≠a un cr√©dito ico. Por una letra. Gasten m√°s bromas, vivan peligrosamente, muera la austeridad».

«No me gusta so√Īar con mis verdugos, que aparecen y se borran de la escena portando enormes espejos y sonrisas forzadas. No me gusta este cielo cuadrado y precario, ni la forma con que ¬†algunos adornan sus ansias de justificar sus pr√≥ximos pasos en falso. Odio los actos sociales, los conciertos a los que pocos vienen a escuchar, los insaciables. La procesi√≥n va por dentro. La m√ļsica de hoy, heredera chunga del burbujazo triunfal, es puro concurso de karaoke. Me pregunto a santo de qu√© surgen tantos escritores editores si ya no quedan lectores en esta trepidante escena final de alegr√≠a y desempleo. Ya est√° aqu√≠ la Feria, la del vino y la del libro, ya sabemos los nombres y apellidos de los damnificados: los autores ¬ŅDe qu√© vive la cultura? Cuidado, que gripo «.¬†

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Enrique alcina

Fotografía por Jaime Mdc

Ideas sueltas. El que las coja pa’ √©l.

No es sí. A ver si nos aclaramos. Repita con nosotros. No es sí.

Un plan de empleo, qué ocurrencia. Reindustriálicese usted, si acaso.

La fiscal antimogollón tiene los días contados. Se necesitan garzones.

El artista antes llamado Suelo Urbanizable acude al desfile de esdr√ļjulos disfrazado de Delito Legalizable.

Svenson me manda, gratis total, un peine l√°ser, yo me voy a cagar en sus castas.

Se imparten talleres de falta de escr√ļpulos, plazas limitadas.

Condenamos violentamente la energía gratuita.

La indecencia programada, sobrada de motivos, cumple objetivos.

Exija su derecho a desinformarse, querido excluido social.

Políticos sevillanos tiran de calderilla humana en el ave, ave arriba, ave abajo. El ave llegará a Cádiz cuando se le rompan los frenos.

Oh, C√°diz, tanta belleza, tanto veneno.

Una pamplina enorme revoluciona las redes. No ha caído bajo la revolución.

La embestida, impunidad expa√Īola, la gran colisi√≥n.

El susanismo ilustrado es una cosa que da mucho miedo a los ni√Īos chicos.

Lo que otrora se despachaba con absoluta normalidad y rigor, en consonancia con el respeto al consumidor, hoy se vende al grito de ¬°premium o muerte!, migajas o impertinencia, mermelada o lentejas.

La gente emergente que pierde el norte por un referente termina el d√≠a de baj√≥n. Cansa mucho lo meramente aparente. Ya lleg√≥ el oto√Īo, la estaci√≥n terminal de las rimas cuarteteras. El Masa y el Pe√Īa, patrimonios de la humanidad.

Detienen a un hombre honrado en la puerta de su casa, el tipo pretendía dar ejemplo.

El partido del disimulo monta una gestoría. Una gestora no, una gestoría para llevar adelante sus asuntos de traición administrativa a la voz de ya. Ser o no ser, de prisa, de prisa.

Llega un momento en que los fabricantes de titulares obvios, digitales o anal√≥gicos, trascendentales y sintom√°ticos, recurren al manido toque provinciano que retrata a los exagerados de coraz√≥n. Si el club de la esquina convoca un torneo de pu√Īaladas traperas, el noticiero se descuelga con un «Chicago se convierte en la capital del crimen organizado». Y si a unos actores o mendigos les entra la risa floja en un momento dado y un lugar preciso, hete aqu√≠ que «los c√≥micos toman la ciudad de Chicago». Cuando las noticias pol√≠ticas huelen mal, los noticieros se colman de sucesos truculentos, secuestros misteriosos, sangre en tomate. La Poli, que no gasta en transparencia por razones t√©cnicas durante el resto del a√Īo, brinda todo tipo de detalles a rega√Īadientes, y los locos locutores del dios mediante exprimen el lim√≥n, estiran el chicle, pierden el respeto a los c√≥digos de barras.

F√≠jate t√ļ si han devaluado la cultura, que en paz descanse, que a esta hora ofrecen a platillo y bombo una porquer√≠a de mercadillo de jabones descomunales, algodones de az√ļcar, quesos intocables, piruletas mastod√≥nticas, ponys cabreados, bisuter√≠a posmoderna, zancudos zurdos, literatura de garraf√≥n. Es m√°s, hasta recogen firmas con tal de regresar a la edad media al menos uniformados de trinconcetes y cortadillos.

Por motivos de agenda, que parezca un accidente.

Pesadilla en la redacci√≥n. El animador del concurso cita al director en los medios; mejor dicho, a uno de sus lacayos mejor pagados, en los medios, y le pide la carta, el men√ļ. Bueno, bueno, bueno. Un tema local, un reportaje provincial, una entrevista de alcance, una sopa de letras, el hor√≥scopo de Al Cupone, el sorteo de ma√Īana, otro suelto local, una columna. ¬ŅOtra columna? C√°diz se ha llenado de columnistas, del mismo modo que la pantalla escupe analistas y especialistas en el fin del mundo. El primer columnista gaditano fue H√©rcules. El primer dancing travolta de C√°diz fue Valent√≠n el Fenicio, que falleci√≥ bailando, con el f√©mur dislocado, y abrumado por tanta vida social. Al Chicote del Mentidero News no le convencen las noticias reci√©n salidas de la cocina y monta un pitote de consideraci√≥n, nada grave, el show debe continuar. ‘Pesadilla en la redacci√≥n’ se nutre de veteranos de la guerra del papel, plumillas que pasaron a mejor vida en oficinas oficiales, c√≠nicos de larga duraci√≥n, poetas, toreros, cantantes y boxeadores frustrados, travestis de la palabra fullera, personal de confianza, micr√≥fonos abiertos. Hablar es comparar. El √ļltimo, que cierre. Dime si no existen los portazos giratorios en el periodismo vocacional. Se admiten a tr√°mite dudas en torno a la antig√ľedad de los diversos oficios de alto riesgo y honor dudoso. La coctelera del ruinazo pone de manifiesto el s√°lvese quien pueda: los payasos se abandonan al drama, los poetas juegan a la ruleta, los electricistas se afilian al ecologismo puro y duro, los siesos duermen bromas, los anal-fabetos cometen faltas de orto-graf√≠a, los pobres firman cheques, los ricos nos roban el coraz√≥n, v√≠a de agua en el barco del amor. «Se√Īorita, en la calle me dicen cosas feas».

Yo para ser feliz quiero un camión, una subvención, un distrito en el país de las flores, un amigo en el infierno, un cuelo en el estadio, la libertad dentro de una canción. Iba a caer en la tentación de echarle las culpas de todo a Yoko Ono. Hace mucho tiempo que Ono vendió su alma al diablo Vodafone. No le veo la gracia.

Al chivato de la trama gluten, que responde al enorme y salsero apodo de «El albondiguilla», le llaman «the little meat ball» en los tabloides anglosajones, prueba inequ√≠voca de que el rock and roll suena mejor en ingl√©s, en l√≠neas generales.

Ahora es cuando el autor, pa’ d√°rselas, remata la faena con una frasecita in√©dita de un astro condenado al olvido, una an√©cdota de andar por casa en torno a una vieja gloria de la noveler√≠a local, un rumor a voces de un flamenquito m√°s tieso que las doce en punto del mediod√≠a, un recuerdo pasajero para empezar otra vez de cero.

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El tercer puente 12 10

Fotografía: José Montero

Alguien tendr√° que invitar a C√°diz al c√©lebre chef neoyorquino Anthony Bourdain. T√ļ sabes, el viajero empedernido del pantallazo digital. Imagina la estampa. Bourdain, poni√©ndose tibio de sol en adobo en la Caleta, preso de melancol√≠a trimilenaria, harto de camarones, feliz y dichoso de habernos conocido. Bourdain, en un bache de La Vi√Īa, levantando la copa por el tiempo que nos toc√≥ beber. La otra tarde, el tipo, que es todo un personaje, se encaj√≥ en Mozambique, pa√≠s lindo y pobre donde los haya. Pregunt√≥ por el turismo. En ciertos rincones del mundo, algunos de ellos cercanos al para√≠so, el turismo es el diablo. En √Āfrica, mismamente, produce yuyu. Bourdain comprob√≥ en sus propias carnes a la brasa que un gui√Īo del progreso occidental all√° en Mozambique, un brusco giro del destino, causar√≠a estragos. Crear√≠a riqueza para unos cuantos y excluir√≠a de por vida a la preponderante clase miserable y, sin embargo, alegre. El t√≠pico «divide y vencer√°s», pero a lo bestia. Econom√≠a de guerra, y vicervesa, men√ļ de moralejas.

Los devaluados de esta parte del globo, camareros en potencia, ya no sabemos distinguir entre una buena noticia y una cortina de humo. Así están las cosas. Al treinta por ciento de la gente le van bien las cosas, al treinta por ciento de otra gente le podrían ir mejor las cosas, y el treinta por ciento restante, ni siquiera sabe de qué van las cosas. Los contentos afean la conducta de los desmotivados ante la indiferente mirada del personal sobrante.

Algo habr√° que hacer. Tipificar el cari√Īo, revolear la culpa, adornar esta tregua del viento con frases hechas, gestos inequ√≠vocos y tonter√≠as en lo alto. Carajotadas virales, si acaso, y mucho oficio. Espera sentado.

¬ŅQu√© es corrupci√≥n? Corrupci√≥n eres t√ļ. En C√°diz nos tuteamos con ella, la inmaculada corrupci√≥n, trabajamos mayormente lo que es la impunidad en defensa propia y el compadreo, conocemos al dedillo el alcance de los vetos, el sabor de los secretos, las tramas gluten, esa musiquilla turulata del devenir, y asistimos anestesiados, desde hace tela de tiempo, a tediosos desfiles de poder y querer, al levantamiento de los mediocres, los fantoches y los listos de la confusi√≥n reinante. Nunca los mismos de siempre hab√≠an acaparado tanto. O no. Todo depende.

Cuando en Soria a√ļn no se hab√≠an puesto serios con el asunto fiscal y la gracia de la meritocracia, en C√°diz ya cant√°bamos aquello de Los Ded√≥cratas. No olvidemos que el Carnaval democr√°tico lleg√≥ a C√°diz antes que la llamada democracia a la Piel de Toro. As√≠ que el «cachondeo de todos los cargos que se nombran a deo» suena tan actual como eterno. El ahora infinito. Un cuelo de larga duraci√≥n. Un plan de empleo o algo. No admitas suced√°neos, no te comprometas, no te metas en n√°.

La trinquipedia de mitad de siglo echar√° pestes de estos brotes de envidia, esta soberbia epidemia moral de la era digital. Y tambi√©n hablar√° del nuevo periodismo, nacido a tenor de los no acontecimientos, emitido desde el mismo limbo, patrocinado por los ibertrolas y las gases naturales y las endesas y los tipex treinta y pico. Hastiados y aislados, los plumillas quebraron la baraja, respiraron hondo y acordaron una suerte de entente de silencio elocuente e impertinente, locos por incordiar. Recordamos ahora, desde la futura modernidad vigente, los buenos ratitos que echamos arrinconando a los pol√≠ticos a base de preguntas incorrectas, idioteces, fantasmadas y crueldades varias. Un ejemplo del pasado presente imperfecto: El portavoz de un grupo influyente que pretende no s√© qu√© con tama√Īas maniobras de distracci√≥n pasiva se dispone a marear la perdiz de nuevo, a sabiendas del «no lo sabes ya» machacante de todas las ma√Īanas. Y el periodista, a pique de un repique, sale por la tangente, como un fino media punta, al primer toque, y descentra al cargo p√ļblico de esta guisa, a ver qu√© dice: ¬ŅA qu√© hora se ha levantado? ¬ŅPiensa hacer algo hoy? ¬ŅHa probado la manteca color√°? ¬ŅY las tortas de In√©s Rosales? ¬ŅSus hijos leen libros? ¬ŅConoce alg√ļn puticlub? ¬ŅHa enga√Īado a alguien m√°s que a todos nosotros? ¬ŅPapa o bistec?

Me gust√≥ una idea que lanz√≥ Anthony Bourdain la noche que visit√≥ El Bulli. Al contrario que los hoy marginales miembros de la paup√©rrima cultura, los cocineros decidieron tomar las riendas del negocio, en detrimento del empresariado miedoso y gris, y ahora ganan y disfrutan. El chef reportero tambi√©n nos ha ense√Īado este verano, a quienes hemos viajado desde el sill√≥n all over the world, que de cuando en vez necesitamos respirar aires nuevos, tal vez para conocernos mejor a trav√©s otras hechuras, o simplemente para ponerle color a la vida, y que nadie es mejor que nadie.

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El tercer puente reducida 02

El fin del mundo ya no es lo que era. Este a√Īo cay√≥ en jueves, por la tarde, y se llev√≥ por delante un futuro de esplendor. Los usuarios del mundo del ma√Īana echaron el resto, hicieron muchas fotos, comieron, vivieron, firmaron otra exhibici√≥n necesaria de orgullo local. Pasando de mitos, pasando de ritos, pas√°ndolo bien. Sin contemplaciones. Suele ocurrir. C√°diz, oh, C√°diz, dedica sus d√≠as se√Īaladitos a llevar la contraria al mundo, y ahora con m√°s veras, justo cuando nadie se pavonea de proyectos s√≥lidos, por falta de liquidez, y todos se maltratan a gusto con preguntas absurdas y realidades tramposas. Frente a la ambig√ľedad de quienes no se atreven ni a conjugar el dichoso aventurar, que es como existir pero con emoci√≥n verdadera, a C√°diz, habituada a la incertidumbre de tres mil ejercicios de interinidad, le da por retarle a un rentoy al establecido sistema de amargatis con tomati, muera la austeridad, a cara de perro.

En los albores de este siglo, y de los contratos basura, me parece recordar que el legendario Masa, el flamenco Scapachini y otros h√©roes de la audaz iron√≠a montaron un romancero, «Los hijos de la Gran Regata», para sacar unos emolumentos en la segunda parada de veleros. Solo hab√≠a que verlos, a las nueve de la ma√Īana, con esas hechuras, zamp√°ndonse un bocata de filete empanao en el antes bar y ahora gastrobar Lucero del Muelle, enfundados en sus impolutos uniformes de marineritos y, en el caso del gran Masa, de tremenda novia del mar, para comprobar que la recaudaci√≥n no hab√≠a ido del todo mal. El legendario cuartetero de la calle La Palma, que era un atractivo tur√≠stico en s√≠ mismo, pas√≥ sus √ļltimos a√Īos entre el mes√≥n Trinidad y Ca Felipe, donde La Vi√Īa rompi√≥ el hielo y destroz√≥ en a√Īicos la teor√≠a del aerolito gaditano. ¬ŅRecuerdan? El aerolito que result√≥ ser el resultado de la limpieza apresurada de una nevera repleta de g√©lidos recuerdos con escamas de pescado y tortillitas de camarones. Los investigadores del CIS analizaron una muestra de la noveler√≠a gaditana y se pegaron un tiro de agua.

El festival de C√°diz no tiene fin. Un festival de rock and roles, un pasote de barcos en fila india, un certamen de cortos en cinemascope, una feria de manga, un v√°monos que nos vamos de arte contempor√°neo y un mont√≥n de dimes y diretes. El derrotismo gaditano est√° sobrevalorado. El periodismo c√≠nico, patrocinado por ibertrola y mientoscopia, tambi√©n. √Āngel Le√≥n despach√≥ con alegr√≠a su solidario arroz con plancton. M√°gico dio el plant√≥n. Ya sabe Adidas qui√©n es M√°gico Gonz√°lez. Por su parte, Rajoy hizo el otro d√≠a un «M√°gico Gonz√°lez», un s√≠ pero no, voy pero no voy. Mariano dice que habr√° Gobierno cuando venga M√°gico. M√°gico vendr√° cuando haya Gobierno. Riverita se ofrece para traer a M√°gico a bordo del Juan Sebasti√°n El Chano. Ah, no, que est√° en reparaci√≥n. El azar y vicerveza.

Ya está aquí el Tricuentenario de la Casa de Contratación. Me da que esta vez no regatearán en gastos, abrirán lindas comisiones de fastos, librarán grandes presupuestos para los mismos de siempre. Qué sarcasmo, una casa de contratación en Cádiz. La reconversión industrial, tal vez.

De la misma manera que hay que distinguir entre la justicia y la revancha, la crítica y el ataque, el ángel y la gracia, y demás, habría que fomentar desde ya la enemistad entre el cachondeo y el cachondeíto. Una cosa es pasarlo bien, a las pruebas nos abrazamos, y otra muy remota, rendirse. No sé muy bien si nos hemos rendido o no, tampoco tengo tanta confianza con Cádiz, pero lo dejo caer. De peores hemos salido, o no. No te rindas.

Al otro lado del camino, aplican con entusiasmo el doble rasero la mar de aparente. Todo muy infantil. Emergencia moral. Hablan de semanas decisivas, disimulan el desenlace de los guiones escritos, retransmiten los eventos pol√≠ticos al m√°s puro estilo deportivo. Lo dicho: han futbolizado la pol√≠tica. «Conectamos con la sede del partido tal, minuto y resultado». La pantalla da miedo. Vuelan discos duros. Desarticulan una banda pol√≠tica.Tiroteos en la calle, bombardeos hip√≥critas, atentados garrapateros, la derrota de la inteligencia en directo, cambias de canal y ya estamos otra vez con el s√≠, el no y la abstenci√≥n en el punto de mira. La duda es bella. Mariano est√° que se sale, ¬°tres erecciones en un a√Īo!

Todo parece indicar que nos est√°n cebando para recortarnos por lo sano cuando lo diga la santa ideolog√≠a de la propaganda y el saqueo. Bloqueados estamos todos. En la vida real, y tal, practicamos el insano deporte del amiguismo, el enchufismo y el desgaste incesante del presunto adversario, el correteo y derribo del diferente. As√≠ que conviene dejarse llevar, darle una manita de pintura al techo de gasto y buscarle las cosquillas a estos actores de pelis malas que se muestran tan lentos para hacerlo bien y tan raudos a la hora de jorobarlo todo, los mismos de siempre que piden ayuda, o as√≠, a quienes repudiaron y que hoy consideran urgente lo que ayer no quisieron ver. Qu√© bucle, √≠o. Como suspiraba el impar Silvio, rockero sevillano universal, «aqu√≠ todo el mundo va a lo suyo menos yo, que voy a lo m√≠o».

Mientras tanto, el silencio se abre un hueco en el panorama musical espa√Īol, hay gente que se niega a ser referente repelente ni√Īo Vicente de nada, salen a la luz interesadas listas de los profetas m√°s vendidos, los becarios del mundo insisten en comenzar la tarea con un pistoletazo de salida, los t√≥picos llegan a casa un poco mareados y la se√Īora con cara de bolero que regenta un breve almac√©n callejero asoma por la trastienda un cart√≥n de tabaco de contrabando, con subt√≠tulos en checoslovaco, y advierte al cliente: «No haga muchos aspavientos».

Fotografía: Juan María Rodríguez

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el tercer puente

Libert√©, egalit√©, Beyonc√©. El se√Īor Dinamita, rey del soul, sombra del rock and roll, padre del funky punky, a la saz√≥n don James Brown, dec√≠a que la libertad est√° ah√≠ para tom√°rsela al pie de la letra. «¬°No queremos ser iguales, somos iguales!», espet√≥ orgulloso el artista negro a un condescendiente rostro p√°lido en un debate televisivo, a finales de la d√©cada de los sesenta. El hombre blanco llegaba a la Luna una noche de levantera gorda en C√°diz.

Tantos lustros despu√©s, escuchamos en la radio a un gach√≥ que aboga por «poner coto», «hay que poner coto» a la libertad de opini√≥n y a la maldad humana, como si no existiera una ley del silencio a mano, y afea la conducta de quienes se resisten a «condenar» al enemigo en potencia. Salen cientos, qu√© digo, miles de sujetos y sujetas en defensa y al ataque. Por ejemplo, de los toros. Si pusieran el mismo empe√Īo, unos y otros, en incendiar la estancia de campa√Īas claras y directas contra la violencia machista, otro gallo bailar√≠a el son de la dignidad completa o as√≠. Imaginaci√≥n contra la gris costumbre, para√≠so ahora.

En cambio, esta sensaci√≥n de impunidad expa√Īola, esta historia real de prescritos y proscritos, esta cultura gratuita de componendas infinitas, no invita precisamente a echarse un cantecito, ni a atreverse siquiera a firmar de soslayo un manifiesto por el optimismo. Disculpe la melancol√≠a. Est√° la cosa muy mal. Ponga la tele, mire la propaganda escasa de escr√ļpulos, aunque rica en beneficios fiscales, de un conocido banco de cuatro letras: «La revoluci√≥n de las peque√Īas cosas», ya podemos pagar la convid√° a trav√©s del celular. ¬ŅY la revoluci√≥n de las grandes cosas? Se la han encargado a Albert Rivera, el peque√Īo Kennedy. Por cierto, a prop√≥sito, aprovechando la coll√°, ¬Ņno le pone nervioso Susana D√≠az cuando pronuncia la palabra m√°gica?: «Ciuda(d)anos». El sonido de la falsa euforia que preside el ambiente del cortijazo andaluz se parece demasiado a una pelota de ping pong.

Cuidado con la libertad. Todo redero social lleva un medio de manipulaci√≥n cosido a la entreceja. Di fama, di vanidad, di cardinale, que algo queda. Levantera gorda en el coso taurino de este verano en funciones. Se trata de salvar el pellejo. Las consecuencias ser√°n inevitables. Los telediarios se repiten hasta la suciedad, sangre a borbotones en horario de m√°xima sensibilidad, carreras desesperadas en pos de un minuto de miseria, muertes redondas que se hacen las encontradizas, mensajes urgentes de gente sin coraz√≥n, reacciones radicales al comp√°s, ruido de fondo, disparos a quemarropa, polic√≠as y ladrones, y el ni√Īato despeinado de la 2 confunde espect√°culo con informaci√≥n, se l√≠a con los teletipos, salta de un drama a otro cual San Juan de la Hoguera, no busca respuestas, disfruta un mont√≥n de la ceremonia de la confusi√≥n y advierte a la audiencia: «Ojo, hay que tener cautela con esta noticia, s√≥lo es una informaci√≥n period√≠stica». (?) A esta hora, todav√≠a no ha cogido el tono, como un comparsista malo de preliminares. En cambio, el nota se reconcilia con el sentido com√ļn cuando pregona que no piensa emitir las im√°genes morbosas que escupen las pantallas de medio mundo incivilizado. Ya lo har√°n millones de usuarios despu√©s, en tropel, y las cadenas del water, sin soluci√≥n de continuidad. Qu√© dolor m√°s grande.

Este tiempo de claudicaci√≥n brinda tambi√©n la posibilidad de comerse una holoturia a la orilla del mal. Tal vez unas envidias con alioli. Para sobrevivir en lo que es el meollo de la escuela de calor, hace falta valor y un poco de tacto divino, veneno en la piel, as√≠ como una sombrilla azul y amarilla, rompamos una lanza por lo que sea, al ritmo de la banda local «Shantaje y Distorsi√≥n».

La prima hermana de un amigo acudi√≥ el otro d√≠a a un establecimiento tur√≠stico de alto copete a ofrecer sus servicios. Ahora o nunca. Fue contratada al instante, qu√© alegr√≠a de verano. C√°psulas del contrato: 52 horas de currelo a la semana, jornadas de sol a sol avisadas al libre albedr√≠o, sin apenas interrupciones, sin derecho a comer, sin derecho a sentarse un ratito, ni a platicar por tel√©fono, sin derecho a respirar por la herida. Lo t√≠pico del modelo laboral lenteja. ¬ŅA qu√© hay que poner coto?

Siempre nos quedar√° M√°gico Gonz√°lez, que tanto hizo en C√°diz por las bellas artes y por la hosteler√≠a. Dicen que vuelve M√°gico. ¬ŅSer√° posible? «La curiosidad es el bal√≥n», dicen que dijo Jorge la tarde que quebr√≥ la cintura al mundo a la altura del medio campo. Y se larg√≥, que hab√≠a quedado con el negro de Las P√©rgolas. A su modo, como James Brown, como Bob Marley, como su amigo Camar√≥n de la Isla, el Mago supo interpretar el lenguaje de los ignorados. Ahora s√≠, canci√≥n de redenci√≥n.

Fotografía José Montero

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Articulo cadiz

Alegr√≠as de Alicante, turr√≥n del duro. Blues con aires de superioridad, exceso de confianza. Oh, C√°diz, ya somos de Segunda, ruge la marabunta, un jerezano anota el gol de la Ascensi√≥n, inmaculada contradicci√≥n. Mientras tanto por ciento, la extinta Expa√Īa pierde, empata o gana, qu√© m√°s da, y el tiempo nos dimite. Lo suyo ser√≠a autoinculparse.

En Depende de la Frontera, all√° donde el doble rasero carece de escr√ļpulos, todo pende de un hilo. En la tierra del «conmigo o contra m√≠», del «todos contra todos» y del «dame veneno que quiero vivir», la cr√≠tica penaliza, la rima apenas cotiza, los h√©roes intercambian estampitas con los villanos, hay hambre de gol, rumores malignos, anestesia por un tubo, minor√≠as absolutas y pensamientos demosc√≥picos. Oh, C√°diz, siempre en contramano, ya somos de Segunda.

En busca del enemigo perdido, anda la gente decente sin respetar que estamos en Carnaval. El f√ļtbol no tiene la culpa de que el espect√°culo de la pol√≠tica se haya futbolizado. El f√ļtbol politizado se ha transformado en una experiencia religiosa nacionalista, con permiso del resto de artes marciales, abandonadas al saqueo de ideas, anhelos y corrientes cuentas. «Yo creo», «Nunca dejes de creer», vamos todos a rezar el himno nacional, firmes y formales como una comparsa de los a√Īos setenta, emocionados como pepinillos en vinagre, la vista al cielo, la mano en el pecho. ¬ŅHas visto la Eurocopa? Defensas como trinquetes gimiendo por la globalizaci√≥n, mascando letras, cogiendo tono, en perfecta comuni√≥n con la grada, una sola voz, un color chill√≥n, una bandera evasora fiscal; ¬°s√≠ se puede!, exclaman los fieles, acojonados pero orgullosos, y la m√ļsica recuerda a popurrit de coro. En C√°diz mostramos m√°s arte con los himnos, qu√© alegr√≠a de irnos. La m√ļsica no miente. El f√ļtbol no tiene la culpa, bastante tiene con la suya. Minutos antes de arrancarse por la plegaria local, los futbolistas desfilan solemnemente por el t√ļnel de vestuarios, llevan un ni√Īo chico de la mano, otro s√≠mbolo de no s√© qu√©, y el ni√Īo suele portar una arenga ajena enorme y una sonrisa de felicidad propia y exclusiva que jam√°s olvidar√°. El ritual se colma de premios y castigos. El chaval sabr√° desaprender lo caminado. Los ni√Īos de hoy no se saben la lecci√≥n de carrerilla. La desmemoria ha llegado a la escuela, el circo ha llegado a la ciudad, somos de Segunda, carne de mascota.

Una cosa no quita la otra. Cuarenta por ciento de paro, treinta por ciento de amnesia, moscas, tres tristes trepas, exilio interior de larga duraci√≥n, todos √©ramos astilleros, tabacalera, general motors, hoy somos de segunda, y pronto todos seremos camareros, ¬Ņsabes c√≥mo te digo? Arrastrarte, el arte de arrastrarse.

En el f√ļtbol, en la pol√≠tica, en la loter√≠a clandestina y en el campeonato mundial de envidia cochina, hay que saber perder, hay que saber ganar, hay que jorobarse. Resiliencia, amigo. Desconf√≠a de los llorones, de los nuevos ricos, de los nuevos pobres, y de los ca√≠dos en desgracia que se comportan estos d√≠as como reyes destronados, azorados, insatisfechos, gibias, agon√≠as, veleidosos, y se acomodan de nuevo en sus sillones cromados a esperar que arreglen el entuerto en el pa√≠s de los ciegos. Esto tiene arreglo, siempre podemos llegar a un arreglo. Se est√° llenando todo de ganadores y perdedores que se enojan como ni√Īatos consentidos si les cogen la vez y sale todo torcido. Presos del d√©ficit de imaginaci√≥n, no son capaces siquiera de autosugestionarse, de autogestionar la derrota en condiciones, y mucho menos la presunta victoria, cuidado con la cartera, de sus condiciones creen que son todos los drones. P√°jaros morsegones ideales para fabricar pruebas y eliminar al adversario, buscadores de ruinas, gente impertinente que quiere imponer el camino recto, con lo lindo que parece el tema mayormente sinuoso, la duda es bella, vienen curvas, se est√° llenando todo de perdedores y ganadores, la √©lite de los jugadores que ni sufren ni padecen, c√≠nicos, grises, atontados suicidas agarrados a una insoportable estela de consignas. Miedo y asco en la gran casa de apuestas. Cari√Īo, el mundo est√° equivocado. Un abrazo, pero sin apretar.

Gafas de cerca, gafas de lejos. Todo a un euro. Plástico certificado. Agua fría. Trasvase de pesadillas. Un carajote en chanclas echa la bronca a su hijo Nicolás en la cola del supermercado cultural, centro de reunión de la gente. El chaval no está haciendo nada malo. Es el padre, Franquicio, que tiene mucho miedo, no se vaya a caer, no vaya a comerse un bollicao en mal estado, no vaya a pensar por sí mismo.

Este verano se producir√°n dos eclipses, de sol y sombra, y tendremos la consiguiente, tradicional y sintom√°tica lluvia de estrellas, y cinco planetas, cinco, se pondr√°n a tiro: Urano, Marte, J√ļpiter, Saturno y Venus. ¬°A por ellos! C√°diz, oh, C√°diz, se prepara ya para tan magnos eventos gastron√≥micos.

Pongo la radio y sale Bob Dylan cantando: «Mi amor habla como el silencio, sin ideales ni violencia; ella no tiene que decir que es fiel, pero es sincera como el hielo, como el fuego». «La gente lleva rosas, hacen promesas cada hora, y mi amor r√≠e como las flores, San Valent√≠n no puede comprarla». «En los mercadillos, en las paradas de bus, la gente habla sobre la situaci√≥n, leen libros y repiten citas, dibujan conclusiones en la pared. Algunos hablan del futuro, y mi amor sabe que no hay mayor √©xito que el fracaso y que el fracaso no es ning√ļn √©xito».