Tiempo de lectura ūüí¨ 3 minutos

SopranisHan empezado a florecer los saguaros. Como cada a√Īo, y organizado por el Misalito Council Office, nos reunimos en las inmediaciones de lo m√°s agreste de Raiders Pass provistos de sillas plegables y termos de caf√©. Somos un pintoresco grupo de ociosos jubilados con chaquetas de lana y j√≥venes activistas medioambientales en pantal√≥n corto. A la ca√≠da de la noche, en lo que ya va camino de convertirse en una arraigada tradici√≥n local, nos disponemos a contemplar la ef√≠mera eclosi√≥n de estos guardianes del desierto en un ambiente cordial y distendido.

No somos los √ļnicos interesados en este acontecimiento. Los murci√©lagos magueyeros se apresuran a libar el n√©ctar de las monstruosas inflorescencias y sobrevuelan despreocupados nuestras cabezas intimidando a los m√°s timoratos. Les importa poco que la luz de las linternas los enfoque mientras se alimentan: saben que la flor del saguaro solo dura una noche y llevan mucho tiempo esperando este momento.

Por otra parte, pero despu√©s de un buen rato de intensa y entregada observaci√≥n, resulta casi inevitable que la sobrevenida vocaci√≥n de naturalista de algunos de nosotros vaya debilit√°ndose con el paso del tiempo. Terminamos formando peque√Īos grupos, y yo tengo la suerte de caer en uno donde se descorchan dos botellas de vino ecol√≥gico californiano. Vaciamos sobre el cuarteado suelo el caf√© de nuestros vasos con tapadera y la inminencia de las elecciones de mitad de mandato se cuela en la conversaci√≥n, que muy pronto pasan a ser ‚Äúlas m√°s importantes de nuestra democracia‚ÄĚ. La presencia del vino y la profusi√≥n de fulares al cuello ya me hab√≠an permitido adivinar la orientaci√≥n pol√≠tica de mis contertulios.

Los m√°s pesimistas hablan de la intensa movilizaci√≥n, del alto grado de motivaci√≥n que exhibe lo m√°s reaccionario del pa√≠s (ese 28 % de la poblaci√≥n que Steve Schmidt, el estratega de la campa√Īa de John McCain, tachaba de ‚Äúirrecuperable‚ÄĚ en unas recientes declaraciones). Se quejan del alarde de desfachatez y ausencia de escr√ļpulos de la derecha (¬°como si eso fuera exclusivo de USA!). Pero tambi√©n se quejan de la falta de agresividad y de iniciativa de la izquierda. Pon√≠an como ejemplo la situaci√≥n del Tribunal Supremo, donde parece que la √ļnica opci√≥n de los dem√≥cratas es seguir rezando para que la octogenaria Ruth Bader Ginsburg tenga una larga vida como √ļltimo reducto progresista en dicha instituci√≥n.

Por otra lado, los más esperanzados están convencidos de que el grado de iniquidad que ha alcanzado la política en la actualidad desencadenará una oleada de voto responsable y comprometido, que la población es consciente de la necesidad de acabar con esta situación que se vive como una profunda crisis nacional. Buena prueba de ello es el apoyo a una nueva clase de políticos, la eclosión de figuras como la joven Alexandria Ocasio-Cortez, en New York; Stacey Abrams, en Georgia; o nuestra Lupe, Guadalupe Valdez, aquí en Texas, la aspirante latina y abiertamente gay que se presenta al cargo de gobernadora del estado.

Le trasmito mi perplejidad a Edward Youngblood, el nativo tankawa que habita en el destartalado taller de mantas tradicionales donde suelo concluir mi paseo, allí donde el pueblo pierde su carácter residencial y empieza el desierto. Me dice que la flor del saguaro no es tan importante como su fruto, pues de él se alimentarán los turpiales y las tortugas, y toda la fauna menuda y humilde de las grandes extensiones áridas e ingratas del secarral.

Tiempo de lectura ūüí¨ 2 minutos

Federico sopranis

El sol todavía no ha terminado de secar los senderos que rodean Misalito, pero luce el sol, y parece que las aves se resarcen de las inclemencias del tiempo con un canto que a mí me parece hoy más festivo y despreocupado.

Ayer falt√© a mi paseo. Mabel Cuesta, profesora del departamento de Hisp√°nicas, vino a visitarme. Todav√≠a hay algunos antiguos compa√Īeros con cuya compa√Ī√≠a disfruto. Incluso estoy dispuesto a renunciar a mi rutina diaria con tal de tener una buena charla. Mabel ha dejado Austin, donde est√° pasando el a√Īo sab√°tico que solicit√≥ para terminar su biograf√≠a sobre la antrop√≥loga Lydia Cabrera, y se ha acercado a Houston para participar en un congreso organizado por el Recovering the US Hispanic Heritage Project. Ha aprovechado el viaje para venir a saludarme a mi retiro.

Frente a los habituales desesperanzados an√°lisis de la situaci√≥n pol√≠tica actual, Mabel me habla con entusiasmo de la respuesta ciudadana. De su abarrotado bolso saca un arrugado panfleto donde destaca en grandes caracteres ‚ÄúKnow your rigths/Conoce tus derechos‚ÄĚ. En algunos institutos de Austin el profesorado ha hecho circular esta gu√≠a sobre c√≥mo comportarse ante una visita de los agentes de inmigraci√≥n y c√≥mo responder a sus preguntas. El material est√° elaborado por una coalici√≥n de abogados y grupos de defensa, bajo el nombre de ‚ÄúTexas here to stay/Texas no nos vamos‚ÄĚ, que procura informaci√≥n y servicios legales para todos los inmigrantes.

Y a√ļn hay m√°s, me dec√≠a emocionada. Tambi√©n en la ciudad de Austin, otro grupo de activistas preparan la campa√Īa ‚ÄúSanctuary in the streets/Santuario en las calles‚ÄĚ, que planea defender de las deportaciones a los inmigrantes indocumentados con la acci√≥n directa de voluntarios, dispuestos a actuar como barreras f√≠sicas ante los agentes de Inmigraci√≥n y Aduanas.

Mabel se despidi√≥ con un c√°lido abrazo. En el √ļltimo momento me recrimin√≥, con humor, que, sin saber muy bien por qu√©, su acento cubano se desata por completo cada vez que habla conmigo.

Ahora, mientras paseo entre los saguaros, me doy cuenta de la vigencia de los planteamientos de Saul Alinsky y de su ‚Äúcommunity organizing‚ÄĚ, de la importancia de la comunidad y de la necesidad de que est√© preparada para actuar con la urgencia y eficiencia requeridas en las situaciones de crisis. Aquella idea, tan propia del activismo de los 70‚Äôs, de que el aut√©ntico fracaso de la democracia es el desapego de las personas de las tareas cotidianas propias de la ciudadan√≠a. Frente a la frustraci√≥n, acci√≥n.

No deja de sorprenderme el potencial de este pa√≠s de generar tanto sufrimiento como esperanza. Capacidad para entregar el liderazgo a un narcisista sin la m√°s m√≠nima formaci√≥n, pero capacidad tambi√©n para mantener durante ocho a√Īos a un presidente afroamericano en la Casa Blanca. Quiz√°s no deba ser tan duro en mis an√°lisis.

Le trasmito mi perplejidad a Edward Youngblood, el nativo tonkawa que habita en el destartalado taller de mantas tradicionales donde suelo concluir mi paseo, allí donde el pueblo pierde su carácter residencial y empieza el desierto. Después de escucharme con atención me cuenta con desgana que en 1884 la tribu tonkawa fue desposeída de sus tierras y reubicada en Oklahoma.

Tiempo de lectura ūüí¨ 4 minutos

Federico sopranis

Ilustración: pedripol

Por fin retomo mi paseo de media tarde despu√©s de que las lluvias que han azotado el este de Texas me lo hayan impedido durante una semana. No he sido el √ļnico al que el tiempo ha obligado a alterar sus rutinas. Se da la circunstancia de que el Simposio sobre Riesgos de Riadas y Tormentas que el Houston City Council hab√≠a organizado el mi√©rcoles pasado tuvo que ser suspendido debido al agua que hac√≠a impracticables las carreteras. David Martin, uno de los organizadores, manifest√≥ su preocupaci√≥n por que el mal tiempo se prolongue hasta el 5 de febrero, el domingo en que la Super Bowl se llevar√° a cabo en Houston. Su comentario me llev√≥ a pensar que dudosamente se hubiera obtenido alg√ļn resultado provechoso del citado simposio y que poco se perd√≠a con su cancelaci√≥n.

Mientras camino por los senderos embarrados observo c√≥mo algunos hermosos y altos cactus yacen en el suelo despu√©s de que el agua haya arrastrado la tierra a la que se aferraban sus ra√≠ces. Viejos amigos a los que echar√© de menos en futuros paseos. Cuando reflexionaba sobre la forma m√°s segura de sortear un charco de profundidad inquietante ha sonado el tel√©fono. Se trata de un antiguo conocido, reportero del Houston Chronicle, que quiere conocer mi opini√≥n sobre el servicio en espa√Īol de la Casa Blanca que la administraci√≥n Trump ha hecho desaparecer.

La inercia acad√©mica podr√≠a haberme empujado a recurrir al apoyo de los datos hist√≥ricos y recordar el arraigo del espa√Īol en estas tierras. As√≠, podr√≠a haber mencionado a √Ālvaro √Ālvarez de Pineda, que en 1519 reclam√≥ el territorio de Texas para la corona, o a Alonso de Le√≥n, que funda San Francisco de Texas en 1689. Incluso podr√≠a haber citado el Tratado de Adams-On√≠s, que en 1821 establece las fronteras entre Espa√Īa y EE.UU. Pero todos esos hechos hist√≥ricos, de peso indiscutible, empalidecen ante el aut√©ntico significado del gesto realizado: se trata de una falta de respeto a la que es la primera minor√≠a de este pa√≠s.

‚ÄúTenemos un pa√≠s donde, si te quieres integrar, tienes que hablar ingl√©s.‚ÄĚ ‚ÄúEste es un pa√≠s donde hablamos ingl√©s, no espa√Īol.‚ÄĚ ‚Äú[Jeb Bush] deber√≠a dar ejemplo y hablar en ingl√©s mientras est√© en Estados Unidos.‚ÄĚ Donald Trump dixit.

Habr√≠a que recordar que la constituci√≥n de EE.UU. no establece en la actualidad un idioma oficial para la rep√ļblica, pese a los numerosos intentos que se han llevado a cabo para colocar al ingl√©s en esta situaci√≥n privilegiada. No obstante, y principalmente desde finales de los 80, 31 estados han modificado sus leyes fundamentales para que as√≠ sea, poniendo en evidencia las sospechas que los inmigrantes despiertan en determinado grupo de poblaci√≥n y de qu√© forma estos son percibidos como un cierto tipo de amenaza.

Ser√≠a simple, aunque no del todo desacertado, achacar esta maniobra de escamoteo del idioma espa√Īol a la proverbial ignorancia del nuevo presidente o al arraigado sentimiento patrimonial del pa√≠s del que la comunidad angloparlante hace gala. Yo, en cambio, me inclino por una explicaci√≥n no por m√°s l√≥gica menos desasosegante. No es la primera vez que en este pa√≠s se emprenden acciones contra una lengua. Sirva de ejemplo la campa√Īa que tras la entrada de EE.UU. en la Primera Guerra Mundial se llevo a cabo contra el idioma alem√°n, llegando al punto de prohibir la publicaci√≥n de libros en esa lengua o su ense√Īanza en las escuelas, campa√Īa de enorme impacto en lugares como Pennsylvania donde todav√≠a se manten√≠a la doble nomenclatura ingl√©s-alem√°n de las calles. La marginaci√≥n del idioma espa√Īol se utiliza, tambi√©n ahora, para identificar al enemigo con claridad, y no es otro el status que le asigna la administraci√≥n Trump a M√©xico, contra el que ya proyecta beligerantes actuaciones, como la construcci√≥n del famoso muro o la repatriaci√≥n de empresas y capitales.

De cualquier manera, estoy convencido de que este gesto de desprecio hacia el idioma espa√Īol, aunque grave, pronto pasar√° desapercibido y no dudo de que la nueva administraci√≥n rectifique achac√°ndolo a un problema t√©cnico, declaraciones que se sumar√°n a los desprop√≥sitos y salidas de tono, mezcladas con desmentidos, a los que los nuevos responsables nos tienen acostumbrados. Habr√° contribuido tambi√©n a que pase desapercibido un hecho todav√≠a m√°s grave: es la primera vez desde 1988 que ning√ļn hispano forma parte del gobierno.¬†Aunque por otro lado ser√≠a bastante parad√≥jico, y a la vez frustrante, que la pol√≠tica de cuotas hubiera sido la responsable de llevar a la nueva administraci√≥n a personajes como Ted Cruz o Marco Rubio.

Le trasmito mi perplejidad a Edward Youngblood, el nativo tonkawa que habita en el destartalado taller de mantas tradicionales donde suelo concluir mi paseo, all√≠ donde el pueblo pierde su car√°cter residencial y empieza el desierto. Despu√©s de escucharme con atenci√≥n se levanta y retira uno de los cacharros desportillados en los que ha ido recogiendo las goteras de los √ļltimos d√≠as, y que todav√≠a se encuentran repartidos por todo el cobertizo. Mientras lo vac√≠a en la pileta me mira y dice ‚Äúyakona‚ÄĚ, t√©rmino que en idioma tonkawa significa ‚Äúriada‚ÄĚ.

Tiempo de lectura ūüí¨ 3 minutos

Federico sopranis

Ilustración: pedripol

Ayer, durante mi paseo diario, mientras observaba con curiosidad el nido que un ave que no pude identificar había fabricado en uno de los viejos saguaros que bordean el camino, fui abordado por William Brown. Mi vecino es originario de Fort Worth, y ha trabajado toda su vida en la Trinity River Authority hasta su jubilación. Por aquí estamos casi todos jubilados y poca diferencia hay en nuestros estilos de vida, salvo que yo jamás utilizaré el atuendo deportivo-chandal que casi se ha convertido en el uniforme oficial y que nunca me calaré la gorra azul, roja y blanca de los Houston Texans.

Le se√Īalo el nido en lo alto del cactus y lo observamos silenciosos durante un rato. Noto como remolonea, sin querer despedirse. Finalmente termina por transmitirme su preocupaci√≥n ante los resultados de las √ļltimas elecciones. Me consta que es un dem√≥crata militante y que estuvo muy comprometido en el proyecto del corredor verde del r√≠o Trinidad. Est√° preocupado por que el nuevo presidente de EEUU deje de ser una referencia moral para el mundo.

No conozco tanto a William Brown, ni tampoco tengo la intenci√≥n de aumentar su pesadumbre, como para decirle que la visi√≥n que el resto del mundo tiene de este pa√≠s dista mucho de ser la de ‚Äúla tierra de los libres y el hogar de los valientes‚ÄĚ que proclama su himno nacional y que √©l, en un alarde de ingenuidad, acrisola en la expresi√≥n ‚Äúreferente moral de la humanidad‚ÄĚ. A fin de cuentas, es un ciudadano estadounidense y, por lo tanto, una de las principales v√≠ctimas de la propaganda de su propio pa√≠s, de manera que procuro ser lo m√°s elusivo posible. Se despide llam√°ndome ‚Äúdoctor‚ÄĚ y record√°ndome la asamblea vecinal que se llevar√° a cabo el d√≠a 27 en el Misalito Council Hall.

He sido incapaz de dejar de reflexionar sobre sus palabras durante el resto de mi paseo. Si bien el voto a Donald Trump puede considerarse como un desaf√≠o a la convenci√≥n moral dominante del momento, no creo que la contienda electoral se haya desarrollado en t√©rminos de moralidad. No creo que los votantes del republicano buscaran en el nuevo presidente una figura que encarnara su corpus ideol√≥gico, un l√≠der ejemplar que guiara a una naci√≥n unida. Cuanto m√°s reflexiono m√°s me inclino a pensar que ansiaban encontrar a un caudillo que les procurara espacio y les ofreciera protecci√≥n. Una personalidad lo bastante agresiva para materializar sus deseos de revancha. Un √°ngel vengador. ‚ÄúEl mundo nos ve como est√ļpidos‚ÄĚ, ha dicho DT, ‚Äúpero no vamos a seguir siendo est√ļpidos durante mucho tiempo‚ÄĚ.

Y el momento de la revancha ha llegado. No de otra forma pueden explicarse los nombramientos del nuevo equipo presidencial: Steve Bannon (portavoz de la derecha radical a trav√©s de su portal de noticias Breitbar News), m√°ximo asesor; Rex Tillerson (que ha liderado el consorcio internacional de energ√≠a Exxon Mobil desde 2006), secretario de Estado; Steven Mnuchin (inversionista y exejecutivo de Goldman Sachs), secretario del Tesoro; Wilbur Ross (el denominado ‚Äúrey de la bancarrota‚ÄĚ), secretario de Comercio; Andrew Puzder (magnate de la comida r√°pida), secretario de Trabajo; Tom Price (feroz cr√≠tico de Obamacare), secretario de Salud; Jeff Sessions (opuesto a todo tipo de inmigraci√≥n y partidario de prohibir la entrada de musulmanes¬†a Estados Unidos), fiscal general; Betsy DeVos (enemiga declarada de la ense√Īanza p√ļblica), secretaria de Educaci√≥n y, finalmente, parece que la amenaza de desmantelar la Agencia de Protecci√≥n del Medio Ambiente (EPA) que Trump lanz√≥ durante su campa√Īa cobra cuerpo poniendo al frente de esta instituci√≥n a Scott Pruit (esc√©ptico del cambio clim√°tico y defensor de la industria de los combustibles f√≥siles). A partir de ahora ser√°n los zorros los que cuiden del gallinero.

Le trasmito mi perplejidad a Edward Youngblood, el nativo tankawa que habita en el destartalado taller de mantas tradicionales donde suelo concluir mi paseo, allí donde el pueblo pierde su carácter residencial y empieza el desierto. Reflexiona concentrado en lo que acabo de exponer y termina por decirme que los zorros no le preocupan, que el auténtico problema son los coyotes, y que esta semana ya ha disparado a dos de ellos que se acercaban demasiado a sus gallinas.

 

Federico Sopranis Calandria

:

 

Tiempo de lectura ūüí¨ 3 minutos

Sopranis completa

Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

‚Äú¬°Que fragor el del sol entre los √°rboles!‚ÄĚ, dec√≠a √Āngel Gonz√°lez del oto√Īo texano. Y es verdad que el sol sigue reverberando entra las altas copas mientras doy mi habitual paseo de media tarde (cada vez m√°s corto) a las afueras de Misalito. Mis vecinos son gente amable y afectuosa que tras las √ļltimas lluvias torrenciales nos ayudaron a sacar del barro el coche de Elena, que cuelgan en su porche la bandera de las barras y estrellas, y que cuando me preguntan por mis or√≠genes no saben identificar muy bien en qu√© parte de M√©xico se encuentra Espa√Īa.

Mientras me detengo a observar las flores de cactus que bordean el camino, y que ya empiezan a languidecer despu√©s de su ef√≠mera eclosi√≥n, no puedo dejar de pensar en el √ļltimo sondeo electoral que la cadena local Univision ha realizado en la que ahora se ha convertido en mi peque√Īa comunidad. En Misalito, con una poblaci√≥n de 3786 almas, el porcentaje estimado de voto a Ms. Clinton es el 34 %, mientras que Mr. Trump obtiene el 63 %. Las cifras de la emisora desmienten las estad√≠sticas de Real Clear Politics o de The Washington Post, que auguraban un progresivo desplazamiento del estado de Texas desde el rojo republicano al azul dem√≥crata.

Mis vecinos son gente amable y afectuosa en los que me cuesta descubrir el menor rasgo del matonismo que caracteriza al candidato emergente. La mayor parte de ellos son apacibles jubilados que tienen a sus hijos repartidos por todo el país como consecuencia de la movilidad laboral estadounidense y ese laxo sentido de la familia propio del carácter anglosajón.

Mis vecinos son gente amable y afectuosa que nos invitan a sus ‚Äúcheese and wine parties‚ÄĚ, y que despu√©s de la primera botella de vino californiano hablan con cierta amargura del sue√Īo americano. Dicen que ya no reconocen su pa√≠s, y hablan de la grandeza perdida y de la debilidad ante las amenazas exteriores. Desconf√≠an profundamente del estado, que utiliza sus impuestos para privilegiar a las minor√≠as y a los extranjeros. Pero yo no detecto en la comunidad tensiones raciales: no recuerdo haber conocido nunca a ning√ļn residente afroamericano y los jardineros (los Emilio, Juan o Benito) tras acabar la jornada retornan a sus casas en Santa Mar√≠a de las √Ānimas o en Oxxville, despu√©s de haber sido amable y afectuosamente tratados. Cuando les digo a mis vecinos que soy extranjero se sorprenden e insisten en se√Īalar que no se nota lo m√°s m√≠nimo. Luego me palmean el hombro y me preguntan con una magn√≠fica y azarada sonrisa: ‚Äú¬ŅA que este es un gran pa√≠s?‚ÄĚ, aunque lleve viviendo en estas tierras m√°s de cuarenta a√Īos.

Federico sopranis articulo

Le trasmito mi perplejidad a Edward Youngblood, el nativo tankawa que habita en el destartalado taller de mantas tradicionales donde suelo concluir mi paseo, allí donde el pueblo pierde su carácter residencial y empieza el desierto. Durante un buen rato permanece silencioso, como es habitual en él antes de dar cualquier tipo de respuesta. Finalmente me dice que lo que realmente le preocupa es la carta que ha recibido del Misalito Council Office, que le insta a encerrar las gallinas para impedir que deambulen a su antojo por los caminos.