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Fotocuento15
Fotografía: Jesús Massó

La recta, en su solitario itinerario hacia el infinito,  atravesó el universo de las espirales y envidió el acurrucarse de aquellas criaturas tan tiernas  y tan locas

Texto: Juan Rincón


 

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Fotocuento13
Fotografía: Jesús Massó

Lo más visible y aparatoso de su “don” era la capacidad de cambiar de tonalidad sus ropas cuando se acercaba a algún objeto de color llamativo. Con frecuencia,  le perseguía una cohorte de criaturas divertidas o de turistas que, advertidos del fenómeno por algún nativo,  observaban sus mudanzas festejándolas con aplausos.

“Elincreiblehombrecamaleón” llegó a acostumbrarse a los trastoques de color en su indumentaria y tan engorroso seguimiento diario. Lo que nunca pudo superar –algo que la gente que lo admiraba ni siquiera advertía-  era que también su personalidad, su carácter y hasta su estado de ánimo mudaban al cambiar según el entorno. Así, en un mismo paseo, podía sentirse eufórico cerca de un recreo escolar o angustiado  al pasar por la cola del banco de alimentos. Una vez, lo encontraron muerto cerca de la cafetería del tanatorio. El amigo que lo encontró tuvo la feliz idea de llevarlo en la ambulancia al “nido” del hospital más cercano, donde resucitó – renació, dicen otras voces –  con la más plácida de sus sonrisas.

 

Texto: Juan Rincón


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M melendez
Fotografía: Jesús Massó

Existe un limbo digital donde las llamadas perdidas se enseñan unas a otras la primera ecografía de su secreto.

Texto: Juan Rincón


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Fotocuento 12
Fotografía: Jesús Massó

La luz, también en su justa medida. Al fin y al cabo, el deslumbramiento es otro tipo de ceguera.

Texto: Juan Rincón


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Fotocuento 11
Fotografía: Jesús Massó

La ola que llegaba a la orilla portaba un aullido de parto de una madre neolítica y un rayo verde que produjo el último atardecer de un año bisiesto. La siguiente, depositó en la arena un suspenso en geografía, un beso primerizo y el suspiro de amor de una monja franciscana. Durante la penúltima pleamar del verano, el desfile de las olas vació en la orilla el saco del tesoro milenario de la Bahía.
Con la bajamar siguiente, cada ola fue recogiendo los presentes que aún quedaban en tierra: una se llevó el suspiro, la otra el dolor y el beso y así hasta que tras retirarse la última, sólo quedaron la orilla limpia y el agua clara.
La pausa apenas duró un segundo infinito.
Cuando el runrún mágico anunció que comenzaba la pleamar postrera, una párvula legión armada de cubitos y palas esperaba ya ansiosa la nueva lotería del mar.

Texto: Juan Rincón


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Fotocuento 7
Fotografía: Jesús Massó

Las nubes, en su deambular por el celeste, dibujan imágenes y cuentan historias. En algún lugar del Universo, un colosal bebé se entretiene con las sombras chinescas de la Tierra.

Cuando se disuelven las nubes y en la pantalla terrestre se pierden las figuras, el colosito llora y patalea hasta que su agitación provoca una nueva  borrasca; entonces,  una nueva compañía  teatral de cúmulonimbos  se apresura a aplacar la ira del párvulo creador.

Texto: Juan Rincón