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Fotocuento 8
Fotografía: Jesús Massó

Si ato los extremos de todas las letras de todas las palabras de todas las  frases  de todas las escrituras de todo el mundo,  y tiro de un extremo con la suficiente fuerza  e imaginación, la tensión suavizará los montes mayúsculos y las altas consonantes como las tes y las des; absorberá las  colas de las pes y las jotas; erosionará los colinas de las emes y las enes y adelgazará las oes y la aes. Poco a poco, el rocoso paisaje literario se convertirá primero en un rosario de lomas irregulares y finalmente en una línea infinita al principio levemente ondulada y luego férreamente recta  sobre la que flotarán perdidas  las nubes de tildes y  las marañas  de moñas de eñes. Bandadas de puntos y comas de todos los tipos migrarán, si son listas, al país de la Aritmética, aún no arrasado por este fotocuento.

Texto: Juan Rincón


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Fotocuento 9
Fotografía: Jesús Massó

Los polígonos irregulares… ¿son aquellos que no tienen los papeles del Ministerio de Geometría?

Texto: Juan Rincón


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Fotocuento 6
Fotografía: Jesús Massó

Exprimían sus móviles, repasaban la agenda y marcaban con ansiedad, buscando palabras amigas, quizás sólo palabras, apenas unas migajas de compañía sonora, y cosechando, una y otra vez, respuestas de vacío virtual o corteses mensajes de entes electrónicos invitándolos a volver a intentarlo. Ni siquiera una vez cruzaron un saludo, una mirada entre ellos, náufragos eternos en la misma isla de adoquines, humo y soledad.

Texto: Juan Rincón


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Fotocuento 5
Fotografía: Jesús Massó

Era  tan peculiar, tan brillante que  a nadie le extrañó que un dia, de repente, le brotaran comillas alrededor de la cabeza. Al fin y al cabo, a beatos y santas terminaba por adornarseles la testa con un aura circular y, dicen, que el mismo dios celestial porta un triágulo equilátero en semejante parte. Tan modesto como original, se sintió agobiado rapidamente por aquella irrupción y optó por el silencio y el aislamiento más absolutos para hacer desaparecer aquellos molestos signos de neón ortográfico. Dicen quienes van a visitarlo a su voluntaria clausura que le están  brotando ahora unos paréntesis o, según las voces más versadas,  dos  corchetes

Texto: Juan Rincón


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Fotocuento 4
Fotografía: Jesús Massó

Alrededor de la señal caída se celebró, al cabo de un rato, una peculiar asamblea. Pronto hubo dos bandos enfrentados que se alineaban a favor de las posturas de la obediencia ovina o de la insumisión perpetua. Tras un rato en el que las posturas se enconaban más y más y a punto estaban de florecer las bofetadas, se dieron las primeras divisiones en el seno de ambos bandos. Para la pregunta de cuál era “la otra acera” nadie tenía una respuesta concluyente y mucha gente ni siquiera tenía seguro por dónde debía circular para obedecer o, por el contrario, por cuál de las aceras debía manifestar, a golpe de pasos decididos, su desacuerdo. En el fragor de la batalla que se avecinaba, nadie advirtió que un trapero aprovechaba la confusión para cargar en su carrito el cadáver de la señal y se alejaba raudo. Quizás el sol que se ponía tras la glorieta hizo invisible su maniobra. Se fueron apagando las voces, se agacharon las miradas y los brazos y pronto, los pasos se mezclaron y las aceras dejaron de tener nombres y partidarios. “Y la vida siguió como siguen las cosas que no tiene mucho sentido…”

Texto: Juan Rincón


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El hombre preso
Fotografía: Jesús Massó

Descubrió un día que los pies se le habían tintado con las mismas rayas blancas y negras del clásico uniforme carcelario. Su inquietud, cómica en cierto sentido, no se transformó en miedo hasta que observó cómo las franjas comenzaban a subir de manera perceptible, sueño tras sueño, por las pantorrillas, los muslos, las caderas… Quizás la última sonrisa de Elhombrepreso fue al ir a mear bastantes días después y descubrir definitivamente rayado su pene. Comenzó a usar guantes cuando se le tatuaron las manos y bufanda cuando ascendieron hasta el cuello las barras. Cada amanecer se asomaba al espejo con desesperada resignación. El día que brotaron las rayas en su rostro, Elhombrepreso conoció finalmente la cárcel. O la libertad.

Texto: Juan Rincón


Teselas de ciudad.

Al principio fue la imagen. Las imágenes. Las imágenes de Jesús Massó, sin las cuales difícilmente se entendería ya El Tercer Puente. Las fotografías que ilustran la mayoría de los artículos que publicamos en ETP representan escenas independientes que, a modo de teselas de mosaico, registran antropológica, sociológica o culturalmente el paisaje y paisanaje cotidiano de Cádiz. Jesús Massó fotografía lo que conoce y las calles de Cádiz, con sus gentes, son su espacio natural.

Sin que sirva de precedente, después vino el verbo. Juan Rincón ha añadido ficción textual a unas imágenes ya de por sí narrativas. Siempre hay invención en un cuento y casi siempre intención de incidir en la realidad. En este caso, Juan Rincón añade un punctum extra a las imágenes, una recreación de espectador avezado y privilegiado. Ficción comprometida, sin enajenamientos, sin huidas. O tal vez ocurra lo contrario y sean estos cuentos los que añaden el studium a una imagen espontánea y necesitada de racionalidad. No se sabe. No importa. La ciudad es así de ambigua.

El logro de estos fotocuentos es la simbiosis que convierte la unión de imagen y texto en un juego bidireccional en el que ya no se sabe cuál es el relato ni dónde está lo inconsciente o donde lo formal intencionado. ¿Es así esta ciudad de vientos y soledades? ¿ficción y realismo social? ¿imprevista y recta a la vez?  En cualquier caso, estos son los fotocuentos gaditanos de Jesús Massó y Juan Rincón.


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