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Fran delgado1
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

¬ę… seguid as√≠ y ya ver√°s
que va a acabar el carnaval
encerraito dentro de la jaula¬Ľ
M.A. García Arguez
Los prisioneros (2018)

Afirmaba la chirigota ilegal Los que gritan en la puerta del juzgado con su particular sentido del humor que ‚Äúnada da m√°s satisfacci√≥n que el placer de llevar raz√≥n‚ÄĚ. Desde luego que se trata de una pr√°ctica placentera, pero en este carnaval se est√° produciendo una reacci√≥n que supera el regodeo de decirle a alguien ‚Äúte lo dije‚ÄĚ. Me refiero a lo que a nivel local se ha definido como ‚Äúlos ofendiditos‚ÄĚ.

Por ofendidito se entiende ese grupo que salta en las redes sociales y medios cada vez que se realiza un chiste que, desde su estrecha perspectiva, rebasa los l√≠mites de lo que debe ser permitido. Act√ļan como guardianes de las esencias del humor, Torquemadas de la moralidad vigente, Cruzados de lo pol√≠ticamente correcto, censores de una libertad limitante y abanderados del respeto mal entendido; pero, en el fondo, no dejan de ser unos meapilas sosainas de tres al cuarto (que no del tres por cuatro) incapaces de aceptar cualquier atisbo de cr√≠tica que vaya contra sus sagrados intereses o su limitada visi√≥n del mundo.

Estos nuevos indignados desconocen la propia naturaleza del carnaval como m√°xima expresi√≥n de libertad popular. En C√°diz se ha criticado a Franco, a la Iglesia, al pol√≠tico o Gobierno de turno o simplemente a lo que les ha dado la gana a las agrupaciones. Tampoco tienen conocimiento de su historia, de los represaliados durante el franquismo simplemente por ejercer la cr√≠tica pol√≠tica utilizando el humor como √ļnica arma, de su prohibici√≥n y de c√≥mo sobrevivi√≥ a las ‚Äúfiestas populares‚ÄĚ en baches y pe√Īas. La cr√≠tica social y pol√≠tica cantada como forma de exorcismo de una ciudad que no ha sido especialmente bien tratada.

Al ofendidito de susceptibilidad a flor de piel le cuesta comprender que no existe manera m√°s inteligente, y con mayor carga de profundidad , que utilizar la m√ļsica y el humor como instrumentos sobre los que construir un discurso pol√≠tico en clave popular en el que se expongan los problemas, miedos e incertidumbres que padece diariamente el pueblo. En su impostura hay, sobre todo, una doble y falsa superioridad. Por un lado, en la sociedad de la postcensura y de la dictadura de lo pol√≠ticamente correcto, ofenderse autoconfiere al ofendido una situaci√≥n de superioridad moral respecto al que ofende. Y eso es muy placentero: ‚ÄúHas traspasado los l√≠mites de lo permitido, pero no te preocupes que ya estoy yo aqu√≠ para dec√≠rtelo‚ÄĚ. Por otro, esta impostada superioridad se traslada tambi√©n al √°mbito intelectual por la despectiva consideraci√≥n general que tienen sobre el carnaval, al que ven como un evento menor, ordinario y vulgar. El populacho divirti√©ndose con letras simplonas y chistes groseros. Ya dec√≠a Galeano que los nadies no practicaban cultura, sino folclore. Son incapaces de entender el inconmensurable caudal cultural y creativo que supone el carnaval y de darle el verdadero valor que tiene como expresi√≥n art√≠stica. No.

Ser ofendidito debe ser duro, estar todo el tiempo esperando que salte cualquier cosa que atente contra su estrecha e √≠nfima jerarqu√≠a moral para lanzar toda su ira sobre ella debe de ser cansado. Aunque, m√°s que nada, ser ofendidito es parad√≥jico, porque luego son los mismos que se autoproclaman m√°ximos defensores de la libertad de expresi√≥n y suben a sus redes sociales una imagen con ‚Äúje sui Charlie‚ÄĚ. Se ofenden por una representaci√≥n sat√≠rica sobre Puigdemont, por comentarios ir√≥nicos sobre Sevilla, Catalu√Īa o cualquier otro lugar y por simples chistes de humor negro. Pero no lo hacen con la corrupci√≥n pol√≠tica generalizada, ni por el creciente patriotismo de banderas y el subyacente fascismo que conlleva, ni por el recorte de derechos sociales que se ha producido en los √ļltimos a√Īos, ni porque existan personas encarceladas por escribir un simple tuit, ni porque, en definitiva, nos mean encima y dicen que llueve. Y eso no es placentero. Ni se trata un chiste. Y, adem√°s, no hace pu√Īetera gracia.

 

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Fran delgado 2Ilustración: pedripol

Catalu√Īa ya se ha ido. Una parte importante de los catalanes ya ha desconectado de Espa√Īa. Da igual el resultado del (simulacro de) refer√©ndum del domingo. La represi√≥n policial del pasado domingo contra ciudadanos pac√≠ficos que quer√≠an votar, su repercusi√≥n en medios internacionales y la fuga hacia delante de Puigdemont anunciando que sigue el camino hacia la DUI nos lleva a una pantalla totalmente nueva en el proceso de independencia catalana. Agresiones policiales, presi√≥n vecinal con movilizaciones contra la polic√≠a y guardia civil, respuesta policial con im√°genes de ‚Äúviva Espa√Īa‚ÄĚ y cargas nocturnas de guardia civiles de paisano contra la poblaci√≥n con porras extensibles que retroalimenta y acrecienta la r√©plica ciudadana con la celebraci√≥n de una huelga y la proliferaci√≥n de protestas por toda Catalu√Īa que nos meten en un bucle del que desconocemos el final, pero que anuncian que se ha pasado un punto de no retorno y en el que la posibilidad de dialogo ahora parece imposible.

A los pol√≠ticos se les ha ido de las manos. Cuando el Parlament se salt√≥ la legalidad vigente, apelando a la legitimidad del pueblo y las calles, confiri√≥ la fuente de poder a la sociedad civil. Desde ese momento, las actuaciones de los ciudadanos no necesitan ya de ning√ļn tipo de legitimidad institucional, desplazando as√≠ la actuaci√≥n pol√≠tica al margen de todo el proceso. El enfrentamiento pol√≠tico se ha trasladado al √°mbito social, habit√°ndose espacios de inicios de lucha cuasi prerrevolucionaria. El Gobierno del PP, y su inmovilismo e impasibilidad ante esta realidad social, no he entendido a√ļn que esto no se soluciona con sentencias judiciales y actuaciones policiales que s√≥lo sirven para fortalecer la posici√≥n de resistencia de los ciudadanos. Ha sido incapaz de comprender la diferencia que hay cuando una persona determinada se salta la ley, que se trata de una cuesti√≥n legal, y cuando es la mitad de la poblaci√≥n de un territorio la que la desobedece, que adem√°s es una cuesti√≥n pol√≠tica. La fractura social es demasiado profunda para que la soluci√≥n al conflicto no deje secuelas dif√≠cilmente reversibles. Pero, ocurra lo que ocurra, el resultado ser√° indiferente porque parte de Catalu√Īa ya se ha ido emocionalmente de Espa√Īa.

Todo lo que est√° aconteciendo en el conflicto catal√°n est√° teniendo su efecto en el resto de Espa√Īa. En los √ļltimos d√≠as se ha podido observar un fuerte incremento del nacionalismo espa√Īol hasta l√≠mites que uno s√≥lo recuerda en el contexto de la celebraci√≥n de t√≠tulos deportivos. Muchos pol√≠ticos han promovido actos en defensa de la Constituci√≥n y la unidad de Espa√Īa, pero desde la confrontaci√≥n y el desprecio a los independentistas. Son unos inconscientes. Ese discurso sirve de transmisi√≥n de elementos de corte fascista que se sienten c√≥modos en este espacio. As√≠, se han visto manifestaciones en las que se ha cantado proclamas fascistas y en la que han participado activamente grupos de ultraderecha con la connivencia de unos pol√≠ticos miopes que siguen alimentando el odio, sin medir sus consecuencias, simplemente porque creen que estos actos les pueden ofrecer r√©ditos electorales. No se puede ser m√°s corto.

Las ondeantes banderas repletas de testosterona como s√≠mbolos de imposici√≥n y servidumbre, as√≠ como las soflamas y bravuconadas de lenguaje y conceptos guerracivilistas que est√°n utilizando algunos pol√≠ticos, s√≥lo dan alas a una ultraderecha que siempre est√° latente y que parece despertar. Porque el fascismo, y m√°s en Espa√Īa, nunca ha dejado de existir. Es un movimiento que permanece aletargado y que aparece en periodos de profundas crisis pol√≠ticas como la que estamos viviendo estos d√≠as. La crisis institucional es un caldo de cultivo propicio para el fascismo. La diferencia que existe respecto a otros momentos es la aceptaci√≥n de ese discurso que apela a falsos sentimientos colectivos, ultranacionalista e irracional, por una parte importante de la poblaci√≥n. Igualmente, resulta alarmante observar el tratamiento equidistante que otorgan los medios a la violenta demagogia fascista. Se est√° produciendo una peligrosa normalizaci√≥n de la ideolog√≠a fascista que puede poner a los partidos democr√°ticos estatales en una tesitura que tiene dif√≠cil resoluci√≥n. Si se empe√Īan en llevarnos en una escalada de la tensi√≥n, radicalizando pol√≠ticas y actuaciones, acept√°ndolo, el fascismo renacer√° imperante para ofrecer soluciones dr√°sticas a los ciudadanos que les comprar√°n sus ideas totalitarias. De esta manera, en estos d√≠as se ha visto a ciudadanos vitorear ‚Äúa por ellos‚ÄĚ a los guardias civiles que part√≠an hacia Catalu√Īa, pitadas e insultos a jugadores de la selecci√≥n por opinar diferente, propuestas de juras de bandera masivas, representantes electos que no pueden salir de un acto por una protesta nazi o mensajes de ciudadanos en las diferentes redes sociales incitando a la violencia. Frases y pensamientos ramplones que propagan un falso patriotismo fundamentado en el odio al otro. Y sigue creciendo.

La posible soluci√≥n pasa, precisamente, por no darles cancha y no asimilar sus aberraciones, excluy√©ndolos de la escena p√ļblica y pol√≠tica. De lo contrario, y ante la situaci√≥n actual, es tremendamente f√°cil que este tipo de premisas vayan calando poco a poco en la ciudadan√≠a y, quiz√°s, cuando nos queramos dar cuenta sea demasiado tarde. Mucha gente se pregunta c√≥mo existe un Trump presidente de EE.UU., o por el auge de partidos de extrema derecha en Europa. Quiz√°s analizando las circunstancias actuales se podr√≠an encontrar las claves de la expansi√≥n y consolidaci√≥n de este tipo de fen√≥menos.

Definitivamente, estamos al inicio de algo, y en el trayecto se podr√°n encontrar muchas opciones de tomar derivadas, marcha atr√°s, pararse e incluso habr√° posibilidades de recomponerse, pero, si se niega la existencia del peligro real de la deriva fascista, este camino nos puede llevar a lugares dram√°ticamente conocidos. A pesar de la madurez democr√°tica de la sociedad espa√Īola, que alguien establezca paralelismos con los a√Īos 30 es inevitable. Ya se sabe, espa√Īolito, es el renacer de la Espa√Īa que ha de helarte el coraz√≥n y a√ļn no te has dado cuenta. No nos empe√Īemos en repetir nuestra historia.

 

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Fran delgadoIlustración: pedripol

Hasta hace unos d√≠as el escenario catal√°n planteaba la dif√≠cil celebraci√≥n de un refer√©ndum ilegal que carec√≠a de las garant√≠as m√≠nimas para su √©xito. Se llegaba a esa situaci√≥n en un crecimiento exponencial de la tensi√≥n entre el Govern de la Generalitat y el Gobierno del Estado espa√Īol. Tras el encadenamiento de una serie de desprop√≥sitos mutuos, cuyo origen es com√ļnmente se√Īalado en el recurso contra el Estatut y la recogida de firmas que plante√≥ el PP de Rajoy contra el mismo, el Parlament dio un paso m√°s en esta carrera de torpezas desafiando la legalidad vigente con la aprobaci√≥n de la celebraci√≥n del refer√©ndum y la ley de transitoriedad.

El escenario de desatinos políticos acumulados se ha elevado debido al planteamiento de las posturas falaces que defienden cada una de las partes contendientes en el conflicto.

Por un lado, el Gobierno de Rajoy expuso un relato pol√≠tico simplista, falso e inconsistente pero que puede ser entendido por cualquiera: ‚ÄúEl refer√©ndum no es legal y, por lo tanto, no es democr√°tico‚ÄĚ. Esta afirmaci√≥n lleva impl√≠cito que lo legal es democr√°tico y que, por consiguiente, lo ilegal no lo es. Y eso es una falsedad rotunda. La legalidad es un requisito para la existencia de democracia, pero no funciona de igual manera en sentido contrario. De hecho, todas las dictaduras tienen un ordenamiento jur√≠dico sobre el que se sustentan, pero no por ello son precisamente democr√°ticas. Igualmente, la afirmaci√≥n del Gobierno conlleva un status quo en el que prevalece la ley como elemento legitimador de s√≠ misma. Un argumento que parece propio del positivismo kelseniano, totalmente formalista, que se aleja de cuestiones pol√≠ticas o sociol√≥gicas y lo lleva a un callej√≥n sin salida. Porque el derecho fundamentado s√≥lo en el propio derecho tiene una l√≥gica perversa. La ley debe ser flexible y din√°mica y tener la capacidad de adaptarse, y cambiarse si fuera necesario, para acometer los diferentes cambios sociales, pol√≠ticos y de valores a los que pueda someterse una sociedad. Desligar la fundamentaci√≥n de elementos morales, sociales y pol√≠ticos es tramposo. La consecuencia inmediata de ello, es decir todo lo que entienda la legalidad de la manera descrita, no es sino una forma de encubrir algo muy espa√Īol como decir ‚Äúaqu√≠ las cosas se hacen as√≠ porque yo lo digo‚ÄĚ, por decirlo de manera suave.

Por otro lado, el Govern de la Generalitat articula su discurso para defender el refer√©ndum sobre la siguiente afirmaci√≥n: ‚Äúvotar es sin√≥nimo de democracia‚ÄĚ. Este argumento est√° al mismo nivel que el del Gobierno del Estado en cuanto a su falsedad. Es cierto que para que exista democracia es necesario que se pueda votar, pero por el mero hecho de votar no puede considerarse un r√©gimen democr√°tico. La democracia necesita, entre otras cosas, las garant√≠as legales m√≠nimas necesarias para que el ejercicio de ese voto se haga en libertad. Como en el caso anterior, existen ejemplos m√°s que conocidos de dictaduras en las que se votaban (incluso refer√©ndums y, curioso, siempre ganaban) y no por ello eran consideradas democr√°ticas. Adem√°s, lo que tambi√©n se sustrae del planteamiento del Govern es que, al ser conocedores de que no existe un choque de legalidades ya que una no lo es, deben de trasladar el √°mbito de la legalidad al de la legitimidad, dando un paso hacia el terreno pol√≠tico, el que siempre han reclamado. Es decir, situando a la democracia por encima de la ley se incita a la desobediencia de cargos electos, funcionarios y ciudadan√≠a en general. La desobediencia civil tiene fuerte tradici√≥n en la historia de las ideas pol√≠ticas desde el tiranicidio y puede ser una manera de buscar legitimidad de las acciones pol√≠ticas y legislativas, pero si se quiere apostar por la desobediencia lo coherente ser√≠a que siguieran esa l√≠nea, asumiendo las consecuencias que conllevan. Intentar una confrontaci√≥n de legalidades inexistente e incitar a la desobediencia al mismo tiempo es hacer trampas al solitario.

El estado de las cosas se vio alterado dr√°sticamente los d√≠as pasados con la actuaci√≥n desproporcionada del Estado espa√Īol en Catalu√Īa. Los contrarios al refer√©ndum podr√°n decir que simplemente se est√° aplicando la ley, pero la aplicaci√≥n de la misma en el √°mbito de un conflicto pol√≠tico de estas magnitudes debe llevar necesariamente un elemento de ponderaci√≥n y proporcionalidad en las acciones, y esta circunstancia, parece evidente, ha sido sobrepasada. Con sus actuaciones, el Estado ha conseguido convertir la cuesti√≥n independentista en una lucha por los derechos y libertades en Catalu√Īa. Y eso es un grave error porque supone asumir el paso del √°mbito pol√≠tico al social. La respuesta no se hizo esperar y miles de personas salieron a la calle, no ya pedir el refer√©ndum y la independencia sino pidiendo que se respetaran sus derechos y las instituciones catalanas para defender lo que entiende que est√° siendo atacado. Se ha producido una expansi√≥n en la socializaci√≥n de un conflicto que divid√≠a a los catalanes en dos y que trasciende a la celebraci√≥n del refer√©ndum y que habr√° que afrontar pase lo que pase el 1 de octubre. El planteamiento desde la sociedad catalana ya no se proyecta sobre la dicotom√≠a refer√©ndum s√≠ o refer√©ndum no, sino sobre defender la democracia frente a la represi√≥n. A la cuesti√≥n emocional y sentimental de pertenencia colectiva, se a√Īade ahora una serie de valores relacionados con la defensa de la justicia y la democracia. El terreno est√° justo donde pretenden los independentistas, con una movilizaci√≥n ciudadana sin precedentes y la recuperaci√≥n de una atenci√≥n internacional, e incluso alguna simpat√≠a, de la que antes carec√≠an. Es m√°s, la protesta se extendi√≥ a diferentes ciudades de Espa√Īa que, con independencia de la posici√≥n de los ciudadanos respecto al asunto independentista, se posicionaron solidariamente a favor de de los derechos y libertades. Se hab√≠an pasado l√≠neas rojas, aplicando de facto el art.155 CE sin asumirlo p√ļblicamente. Nuevas trampas al solitario.

A pesar de lo que pueda acontecer en los pr√≥ximos d√≠as, la realidad catalana ser√° lo que ocurra a partir del 1-O. Habr√° que superar los falsos dilemas que plantean los actores en disputa. Ni la desobediencia es un acto totalitario, como afirma Rajoy, ni querer que Catalu√Īa no se independice lo convierte a uno autom√°ticamente en un fascista, como pueden defender los independentistas. Entrar en ese juego no s√≥lo es peligroso, sino que sirve √ļnicamente para distanciar m√°s a unos bloques que est√°n atrincherados, inm√≥viles, y acrecentar la divisi√≥n de una sociedad que merece y necesita otras alternativas. Con independencia de lo que ocurra el 1-O, lo que parece seguro es que se celebrar√°n elecciones y, gracias a la incapacidad para la negociaci√≥n (o la negaci√≥n de la misma directamente) del Gobierno de Rajoy, los independentistas podr√≠an ir como bloque con un programa pol√≠tico en el que el refer√©ndum ser√° un elemento del pasado, ya superado, amortizado y dejado atr√°s, y se entrar√≠a en un nuevo estadio m√°s avanzado del proc√©s a la independencia.

No hay marcha atr√°s, pero alguno a√ļn no se ha dado cuenta. Si piensan que las miles de personas que han salido a la calle estos d√≠as se van a echar atr√°s por intervenciones judiciales o policiales es que no han entendido nada. No es casualidad que los que se oponen m√°s en√©rgicamente a la celebraci√≥n del refer√©ndum sean las mismas personas que se refieren a los catalanes como ‚Äúpolacos‚ÄĚ o se ven representados por los grupos pol√≠ticos que gritaban con desprecio a los diputados catalanes ‚ÄúNo volv√°is‚ÄĚ. No los quieren, pero no soportan la idea de que puedan independizarse. No es una cuesti√≥n de paisanaje sino de poder y subordinaci√≥n. En cualquier relaci√≥n, en la que hay dos partes enfrentadas, este tipo de planteamientos no deber√≠an tener cabida si se desea que ambas la vean como satisfactoria. Por el contrario, en vez de ese patriotismo sectario, lo que deber√≠an realizar es una estrategia de seducci√≥n que ofreciera alternativas posibles a los catalanes para sentirse parte de una Espa√Īa que respete honestamente su singularidad. Porque lo que parece indudable es que, visto lo acontecido, la √ļnica salida viable que no incremente m√°s la divisi√≥n social y pol√≠tica catalana es la realizaci√≥n de un refer√©ndum pactado con garant√≠as para ambas partes. Y si es necesario, como es el caso, que se cambie la legalidad para que los catalanes puedan decidir su futuro. Es m√°s, los partidos pol√≠ticos no nacionalistas deben ayudar a ello y no negar una realidad social y pol√≠tica que les desborda. El principal problema existente para poder llevar a cabo esta pol√≠tica mutua de persuasi√≥n es ese patriotismo de hojalata que se esconde tras todo ese c√ļmulo de falsedades. Como afirmaba en Senderos de Gloria el Coronel Dax (interpretado por Kirk Douglas) ‚ÄúEl patriotismo es el √ļltimo refugio de los canallas‚ÄĚ, y para solucionar la situaci√≥n se necesita de pol√≠ticos valientes y de alta talla intelectual, y la verdad es que los que hay ahora mismo en la vida pol√≠tica actual, por mucho que se escondan tras su patri√≥tica bandera, no dejan de ser meros canallas.

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Fran delgado

Imagen: Pedripol

Afirmaba Atticus Finch que ‚Äúnunca llegar√°s a comprender a una persona hasta que no veas las cosas desde su punto de vista (‚Ķ), hasta que no logres meterte en su piel y sentirte c√≥modamente‚ÄĚ. Me viene merodeando por la cabeza esta frase de Matar a un ruise√Īor en el transcurso de estos d√≠as en los que vivimos azotados por la barbarie de la sinraz√≥n del terrorismo y la proliferaci√≥n de comentarios y memes demag√≥gicos, racistas y xen√≥fobos que se han publicados en redes y medios tras los atentados de las Ramblas de Barcelona. No son tiempos en los que se admitan sutilezas, pero en la sencillez, que no simplicidad, de esa frase se encuentran varias claves que no deber√≠amos pasar por alto.

Hoy día te pueden tachar de mojigato si hablas de empatía, la capacidad de sentir lo ajeno como algo propio, que es la base sobre la que se edifica el concepto de solidaridad: un elemento de relación horizontal, de respeto y reconocimiento del otro en igualdad de condiciones y que es pilar necesario para construir una idea mayor que va de lo individual a lo social, la justicia. Además, existe la necesidad de conocer lo ajeno para poder comprenderlo, es decir el conocimiento como sujeto desmitificador del otro, desmontador de miedos y prejuicios.

Simplificando, eso es lo que estamos viendo en las pantallas de nuestros ordenadores, móviles y televisiones. Existe una falta de empatía, de compresión y conocimiento de lo que nos rodea que lleva a conclusiones disparatadas y, esto es lo delicado, fascistas cuando buscan un objetivo político. Una deriva que se ve multiplicado por el miedo. Ya se sabe que no existe un instrumento político más potente que el miedo. Pero no nos llevemos las manos a la cabeza ahora, porque lo que está pasando no es nuevo, ni nació ayer, sino que es el resultado de un proceso que viene de lejos.

Recuerdo que en la universidad, en la asignatura ‚ÄúHistoria de las ideas y de las formas pol√≠ticas‚ÄĚ, ten√≠a un profesor que repet√≠a de manera constante que nunca deb√≠amos olvidar que las ideas siempre preceden a los hechos (me encantan las frases obvias que dicen m√°s de lo que parecen). Es en el √°mbito de las ideas en el que se est√° perdiendo la batalla. Hace a√Īos nadie cuestionaba la defensa de los derechos humanos, de la libertad e igualdad de las personas, el respeto, la tolerancia, la riqueza de la diversidad cultural o la necesidad de justicia social como valores que nos un√≠an como sociedad. En la actualidad eso ha cambiado, los que antes defend√≠an opiniones contrarias estaban agazapados, bajaban la cabeza, sus ideas eran residuales, estaban mal vistas y s√≥lo eran un reducto social √≠nfimo. Hoy, por el contrario, no s√≥lo sacan pecho sino que acusan al resto que no las comparte de buenistas, trasnochados o, en el peor de los casos, incluso de ser partidario del horror. Gozan de aceptaci√≥n social y se otorgan una superioridad moral rancia con olor a naftalina falsamente renovada por im√°genes y logos pop. Se est√° llegando al paroxismo de tener que ir condenando y justificando p√ļblicamente las opiniones de cualquiera ante algo tan obvio como estar del lado de las v√≠ctimas y no de los verdugos. Se est√° creando una nueva hegemon√≠a cultural, un nuevo sentido com√ļn construido por prejuicios, ideas racistas, xen√≥fobas y fascistas.

Ese es el problema. Porque el fascismo es una ideolog√≠a latente, que nunca desaparece del todo, que aparece normalmente en momentos de crisis econ√≥micas, pero tambi√©n en graves momentos de dificultades sociales y pol√≠ticas. Que el fascismo forme parte de la sociedad no como algo residual sino como un horizonte en el que los ciudadanos compren sus argumentos discriminatorios y racistas es un camino peligroso. Entras en las redes sociales y parece que, de pronto, el discurso del odio, demag√≥gicamente patriota, que envuelve celosamente la perorata fascista se ha apropiado de la gente que conoces. Y son tus vecinos, con los que te cruzas por la escalera, tus compa√Īeros de trabajo, con los est√°s todos los d√≠as codo con codo, tus amigos o pareja, los que te conocen y con qui√©nes compartes tu vida, y tus familiares, los que te quieren, los que difunden unas soflamas que jam√°s creer√≠as. Y, adem√°s, lo hacen de forma exacerbada, estableciendo causalidad y correlaciones sin sentido cuya √ļnico argumento se basa en un fanatismo desproporcionado e irracional. No importa la verdad ni preguntar por la ra√≠z de los problemas porque no se busca el debate de ideas sino su imposici√≥n. Raz√≥n y fascismo son t√©rminos que no pueden ir juntos. Nada m√°s dogm√°tico que un necio motivado, sus prejuicios lo aguantan todo.

Todo esto se ve multiplicado por la labor de unos medios de comunicaci√≥n propagand√≠sticos que tratan desigualmente la informaci√≥n ayudando a fomentar una ignorancia que acrecientan los prejuicios y el odio. Con la informaci√≥n sucede como en pol√≠tica, la equidistancia no es el centro, ni el centro es la virtud, sino que supone tomar partido por una parte determinada y nuestros medios lo han hecho. Han tratado de la misma manera a fascistas y antifascistas, dando p√°bulo en medios a nazis por su ‚Äúlabor social para espa√Īoles‚ÄĚ, banalizado el terrorismo para acusar del mismo a cualquier tipo de manifestaci√≥n contraria a sus intereses, promovido titulares xen√≥fobos que acent√ļan la raza o religi√≥n de los protagonistas en algo que no incide en el contenido de la noticia, difundido informaciones err√≥neas sobre supuestos beneficios sociales que se otorgan a inmigrantes por el mero hecho de serlo o, en el peor de los casos, han publicado noticias falsas que atentan contra el m√≠nimo de √©tica period√≠stica necesario para ejercer la profesi√≥n. Y todo eso crece exponencialmente en la guerra de ruido en las redes sociales, en la que aparecen mensajes miserables, datos descontextualizados, verdades a medias y mentiras que se difunden como verdad y calan en la sociedad. Dec√≠a Galeano que la televisi√≥n es la realidad, nada ocurre si la televisi√≥n no lo muestra. Esa realidad ha cambiado, ahora es tambi√©n lo que aparece en Facebook o Twitter.

Por otro lado, nuestros políticos intentan instrumentalizar como pueden el horror políticamente. Utilizan palabras de brocha gorda y patrioteras, de reminiscencias pasadas como cruzadas, guerra contra occidente…etc. La izquierda mira perpleja sin saber dar soluciones en una guerra ideológica que pierde por minutos mientras la derecha se fuma un puro y va dejando sacar, poco a poco, lo peor de su discurso ideológico. Cuando llegue el día que nos encontremos con un fenómeno tipo Trump, Le Penn, Nigel Farage o aparezca con fuerza un partido como Amanecer Dorado no pienses que son unos locos que desvarían sino que habrán llegado aquí para quedarse. Están aprovechando eficazmente la ignorancia y el rechazo que suscitan los atentados terroristas, la inmigración o, simplemente, lo diferente para mezclarlo todo en un coctel de elementos que no tienen conexión entre sí pero que construye un espacio de lugares comunes que fomentan el odio, que es su caldo de cultivo, desarrollo y permanencia. Ha crecido la intolerancia y hemos estado mirando para otro lado. Ahí sí hemos sido buenistas, porque no se puede ser tolerante con la intolerancia.

Mientras tanto uno sigue angustiado por un mundo que ha iniciado un viaje hacia un destino al que no quieres ir. S√≥lo quedan como opciones convertirse al nuevo sentido com√ļn fascista, agachar y callar (por aquello de la poscensura, que no es sino el paso previo para abrazar el nuevo discurso dominante) o seguir adelante mostrando los principios, presentando batalla cada vez que insin√ļen cualquier cosa que no has dicho, frente a la mentira y la injusticia. Hay que prepararse porque en los tiempos de los memes, la posverdad y los tertulianos apesebrados la sutileza no tiene cabida, como he dicho. No obstante, si esta √ļltima opci√≥n es la tuya, haz como dice Atticus y no olvides nunca ponerte en los zapatos del otro, camina con ellos y si√©ntete c√≥modo, compr√©ndelo, si√©ntelo, con√≥celo e incluso llega a amarlo para, desde all√≠, tratar de construir una sociedad mejor, le pese a qui√©n le pese.

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‚ÄúEl buen periodismo es aquel que entiende que la informaci√≥n es una herramienta al servicio de los ciudadanos‚ÄĚ

Entrevista miguel santiago

Fotografía: Miguel Santiago

‚ÄúEl parlamento representa hoy mejor las diferentes sensibilidades ciudadanas que nunca‚ÄĚ

‚ÄúLa posverdad ya exist√≠a. Son las mentiras de toda la vida‚ÄĚ

‚ÄúLa corrupci√≥n es un drama moral ante el que todav√≠a no estamos vacunados‚ÄĚ

‚ÄúSe hab√≠a intentado hacer creer que la victoria de los ayuntamientos del cambio pod√≠a suponer poco menos que el Apocalipsis‚ÄĚ

Dec√≠a Galeano que la pol√≠tica se hab√≠a ‚Äúmanoseado tanto que significaba todo y no significaba nada‚ÄĚ, por lo que ‚Äúdesconfiaba mucho de esa etiqueta‚ÄĚ. Algo as√≠ pasa en Espa√Īa con el periodismo. Con la irrupci√≥n de las nuevas tecnolog√≠as la informaci√≥n se acerca y muestra de nuevas y diversas formas al ciudadano, hoy todo es periodismo, pero, al mismo tiempo, cada d√≠a son m√°s las personas que desconf√≠an de unos medios que parecen empe√Īados en construir una realidad acorde a unos intereses que distan mucho de los de los ciudadanos. Afortunadamente existen excepciones, personas y medios que con su trabajo se ganan el respeto y la credibilidad de la ciudadan√≠a.

Fernando Berl√≠n (Madrid, 1974) es una de estas esperanzadoras anomal√≠as. Se trata de un claro exponente del periodismo comprometido en nuestro pa√≠s. Con un programa de radio propio y una manera personal de entender la relaci√≥n del periodista con la sociedad, desde ‚ÄúLa Cafetera‚ÄĚ establece un di√°logo con los oyentes al margen de los titulares de las principales cabeceras period√≠sticas del pa√≠s. En torno a esa idea, re√ļne todos los d√≠as a los miembros de ‚Äúla resistencia‚ÄĚ, un grupo de ciudadanos √°vidos de informaci√≥n, pero, sobre todo, de un periodismo que los escuche y los respete como √©l hace. Apasionado con su trabajo, defensor de la necesidad de honestidad en el desempe√Īo profesional del periodista, se ha convertido en una referencia de independencia en el ecosistema medi√°tico, demostrando c√≥mo desde un medio humilde se pueden hacer grandes cosas. Sus m√ļltiples premios y la participaci√≥n en programas de televisi√≥n no han cambiado al intr√©pido joven que comenz√≥ su andadura period√≠stica a finales de los noventa. Al contrario, sus apariciones e intervenciones en medios como La Ser o La Sexta consolidan y refuerzan el discurso de un periodista que transmite sinceridad, pasi√≥n y en el que muchos ciudadanos se ven reflejados.

Tras su paso por la Universidad de Podemos en C√°diz el pasado 8 de julio, aprovechamos para que nos diera su opini√≥n sobre el estado actual del periodismo, la emergencia de la redes sociales y su impacto en los medios de comunicaci√≥n, as√≠ como la situaci√≥n pol√≠tica en Espa√Īa.

As√≠ que‚Ķ ¬°Buenos d√≠as mundo! ¬ŅQuieres un caf√©?

Despu√©s de una dilatada trayectoria en diferentes medios, de haber obtenido importantes premios y de convertirte en un periodista de referencia para muchos ciudadanos ¬ŅQu√© queda hoy del periodista joven e ilusionado que comenz√≥ con radiocable en 1997?

Lo que nunca he perdido es la capacidad para ilusionarme con cualquier proyecto como si fuera un ni√Īo. Algunos de los periodistas que m√°s admiro como Garc√≠a Ferreras, Ana Pastor , √Ängels Barcel√≥ o I√Īaki Gabilondo tienen como cualidad com√ļn la extraordinaria pasi√≥n con la que viven este trabajo. Intento que eso no se me olvide.

Unos de los pilares sobre los que se construye el √©xito de ‚ÄúLa Cafetera‚ÄĚ es la especial relaci√≥n de cercan√≠a que tienes con los oyentes. ¬ŅHasta qu√© punto existe en Espa√Īa un periodismo que informa sobre cuestiones que est√°n alejadas de las necesidades de los ciudadanos simplemente porque no tiene apego alguno con la realidad de los mismos?

En t√©rminos generales en Espa√Īa no se hace mal periodismo, por lo menos comparativamente con otros pa√≠ses. Aqu√≠ hay importantes referentes profesionales de los que podemos presumir. S√≠ que es cierto, sin embargo, que hay intereses en los grandes medios de comunicaci√≥n que los alejan de los intereses ciudadanos. La razones son diversas: comerciales, demasiados v√≠nculos con los partidos pol√≠ticos y tambi√©n algo de desidia….

El otro d√≠a comentabas que ‚ÄúLa agenda no debe marcarla la prensa sino los ciudadanos‚ÄĚ ¬ŅNos explica brevemente en qu√© consiste la agenda setting?

En la profesi√≥n existe la inquietante creencia de que el periodismo es positivo si es capaz de marcar la agenda pol√≠tica, la agenda p√ļblica. Es una visi√≥n poco comprensiva del funcionamiento de la democracia. Cada uno tiene un papel asignado. Los medios de comunicaci√≥n son un contrapeso pero quien tiene la legitimidad emanada de las urnas es la pol√≠tica. As√≠ que ambos mundos tienen que aprender a convivir pero sin Injerencias.

Precisamente, en tu programa de radio trat√°is noticias que se encuentran fuera de la agenda medi√°tica y con la que est√°is especialmente comprometidos, como la memoria hist√≥rica. Sobre este asunto, ¬ŅC√≥mo explicas que tras 40 a√Īos de periodo democr√°tico todav√≠a existan miles de ciudadanos en las cunetas de nuestro pa√≠s? ¬ŅC√≥mo crees que nuestra sociedad permite que ocurra esta circunstancia?

Esto está relacionado con una escasa cultura democrática, con la forma en la que se pactó la transición y con el miedo estructural a repetir la guerra civil. Por fortuna esa percepción está cambiando entre una nueva generación que empieza ocupar cargos de responsabilidad

¬ŅC√≥mo explicar√≠as la posici√≥n pol√≠tica del Partido Popular en este asunto?

El Partido Popular siempre ha vivido esto con una gran contradicción. Por una parte la condena explícita y contundente de la dictadura y sus delitos homologaría al PP con el centro derecha europeo sensato. Sin embargo, al partido le cuesta distanciarse de su propia historia sin romper con sus mayores.

Los que formamos parte de la resistencia desconfiamos de unos medios de comunicaci√≥n que se encuentran cautivos en manos de unos poderes econ√≥micos y financieros m√°s inclinados hacia la construcci√≥n una realidad acorde a sus intereses que en informar sobre lo que de verdad ocurre…Y de pronto aparece un t√©rmino como posverdad, que te lo encuentras ‚Äúhasta en la sopa‚ÄĚ… ¬ŅQu√© opinas del significado del t√©rmino y su irrupci√≥n en los medios?

Para ser sinceros, la posverdad ya existía. Son las mentiras de toda la vida. Los medios no eran ajenos a ella. Pero de la misma manera que la comunicación se ha universalizado más allá de los medios de comunicación con la verdad y la mentira ha ocurrido lo mismo. Por fortuna los ciudadanos tienen ahora una extraordinaria capacidad para acudir a las fuentes originales. Además el espíritu crítico ha crecido notablemente.

¬ŅQu√© importancia le otorgas a la √©tica y compromiso profesional en la labor period√≠stica? ¬ŅSi tuvieras que destacar una sola caracter√≠stica/cualidad que debe tener todo buen periodista ser√≠a‚Ķ?

El buen periodismo es aquel que entiende que la información es una herramienta al servicio de los ciudadanos, no de las grandes empresas ni de los partidos políticos. De esa manera, la ética y el compromiso profesional tienen que estar al servicio de los ciudadanos. Por tanto la cualidad que tiene que tener es la responsabilidad para cumplir con ese objetivo.

Programas como ‚ÄúLa Cafetera‚ÄĚ y otras experiencias demuestran que se puede hacer periodismo alternativo, comprometido, al margen de los grandes poderes econ√≥micos. Pero ¬Ņes posible la creaci√≥n de un gran medio independiente de estos poderes?

Por fortuna vivimos un tiempo en el que un medio de comunicaci√≥n de menor tama√Īo puede tener un enorme impacto. El reto para los medios, en todo caso, est√° en conciliar la relaci√≥n entre anunciantes e independencia. Y ese nunca ha sido un reto sencillo ni est√° exento de riesgos.

¬ŅC√≥mo relacionas la aparici√≥n de nuevos medios, nuevas estructuras de asociaci√≥n ciudadana y los nuevos partidos pol√≠ticos? ¬ŅCrees que se est√° produciendo un cambio integral de paradigma social, pol√≠tico y period√≠stico?

La catarsis que se está produciendo en todo el país afecta no solamente a los partidos políticos sino también a estructuras empresariales y desde luego a los medios de comunicación. El cambio de paradigma no solamente tiene raíces en la transformación que vive una sociedad cada vez más exigente, sino que está derivado de los cambios tecnológicos.

¬ŅQu√© papel crees que juega en este proceso las redes sociales, la tecnolog√≠a y el cambio hacia una comunicaci√≥n multidireccional (sobre todo en el nuevo periodismo)? ¬ŅQu√© te parece la aparici√≥n del llamado periodismo ciudadano, en el que cada persona con un mero dispositivo m√≥vil puede convertirse en informador en cualquier momento? ¬ŅCu√°les crees que son las consecuencias de este nuevo modelo sobre el periodismo tradicional?

La revoluci√≥n tecnol√≥gica ha cambiado el acceso que ten√≠amos a los lugares donde se est√° produciendo la informaci√≥n, y a tiempo real. Tambi√©n ha cambiado la manera en la que podemos ser testigos de los sucesos, incluso con videos de asuntos antes alejados de los ojos de los ciudadanos. Indudablemente eso cambia radicalmente la profesi√≥n. Y l√≥gicamente esta transformaci√≥n tecnol√≥gica tiene consecuencias, riesgos y beneficios. A√ļn es pronto para saber c√≥mo impacta finalmente en el servicio que merecen recibir los ciudadanos.

Entrevista fran delgado

Fotografía: Fran Delgado

Parece algo obvio que, tras las movilizaciones y reivindicaciones que se dieron en el 15M, Espa√Īa ha cambiado, ¬ŅCu√°les crees t√ļ que son los principales cambios que se han producido a nivel social y pol√≠tico?

Los ciudadanos han elevado el grado de exigencia. Esto tiene consecuencias inmediatas para la democracia y por tanto afecta al funcionamiento de los partidos políticos. Está por ver cómo de profundos son esos cambios pero es evidente que uno de los efectos inmediatos ha sido la irrupción de nuevos partidos políticos. El parlamento representa hoy mejor las diferentes sensibilidades ciudadanas que nunca.

A nivel de partidos pol√≠ticos, ¬Ņpodr√≠as definir en una palabra a los siguientes partidos…

PP?

Nihilista

PSOE?

Dicotómico

Podemos?

Disruptivo

IU?

Idealista

Ciudadanos?

Ambicioso

ERC?

Contumaz

Partido Demócrata Catalán?

Nost√°lgico

¬ŅY si te preguntara por los siguientes l√≠deres pol√≠ticos?

Rajoy

Impasible

Pedro S√°nchez

Tenaz

Susana Díaz

Decidida

Pablo Iglesias

Arrojo

Alberto Garzón

Conciliador

Albert Rivera

Transversal 

‚Ķ¬Ņy si te dijera corrupci√≥n?

Te diría que es un drama moral ante el que todavía no estamos vacunados

Como sabes, nuestro medio es de √°mbito local, gaditano, y en las √ļltimas elecciones municipales, al igual que en otras ciudades, se produjo un cambio de gobierno en el ayuntamiento que llev√≥ a Kichi a la alcald√≠a. ¬ŅCu√°l es la visi√≥n pol√≠tica que se tiene de C√°diz como ayuntamiento de los denominados del cambio, desde Madrid?

Se había intentado hacer creer que la victoria de los ayuntamientos del cambio podía suponer poco menos que el Apocalipsis. Esa caricaturización ha hecho que la normalidad domine el debate. Sin embargo tampoco da la impresión de que hayan revolucionado las prácticas políticas.

¬ŅAlguna vez te ha tentado alg√ļn partido pol√≠tico para participar en sus listas electorales? De ser as√≠, ¬Ņnos podr√≠as explicar el motivo de tu decisi√≥n al respecto?

No. Creo que me conocen lo suficientemente bien como para saber que tengo muy claro mi papel en el mundo.

Puedes seguir a Fernando Berl√≠n en twitter en @radiocable y escuchar su programa ‚ÄúLa Cafetera‚ÄĚ en http://www.radiocable.com/

Tiempo de lectura ‚Źį 5 minutitos de n√°

Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥Bea aragon

El pasado 16 de abril Pepe Pettenghi en su imprescindible serie de Facebook ‚ÄúCalendario Ateo‚ÄĚ ensalzaba la figura de Anatole France como ateo impenitente y defensor de causas humanitarias. El post me record√≥ uno de sus libros m√°s conocidos, ‚ÄúLa isla de los ping√ľinos‚ÄĚ, en el que se narra, con una fuerte dosis de humor y de manera cr√≠tica, la creaci√≥n de una sociedad de ping√ľinos, describiendo la emergencia de sus estructuras sociales, religiosas, la creaci√≥n de sus mitos y las relaciones de poder desde su origen, las luchas por el mismo, pasando por su realidad contempor√°nea y llegando a plantear un futuro en el que predice algunos de los problemas actuales. Record√© el pasaje del Drag√≥n de Alca, Kraken y la santificaci√≥n de la Virgen Orberosa. Sin √°nimo de hacer spoiler sobre el libro, b√°sicamente, en esas p√°ginas se explica c√≥mo se construye de la nada una santidad y se vincula al origen del poder pol√≠tico, bas√°ndose en la mentira y el oportunismo hist√≥rico de los personajes que deambulan en ese momento por la novela. Sin duda es un claro ejemplo de como la religiosidad y el poder pol√≠tico emergen juntos y se asocian a lo largo de la historia. Ante esta circunstancia, los ateos como France, siempre lucharon por la separaci√≥n de la iglesia del poder pol√≠tico reclamando la laicidad del Estado, dejando los asuntos p√ļblicos fuera de la esfera de las confesiones religiosa que deber√≠an ocupar un √°mbito meramente privado.¬†

Este proceso de secularizaci√≥n, fen√≥meno necesario en las sociedades democr√°ticas y elemento caracter√≠stico de las sociedades contempor√°neas, no se ha producido a√ļn en Espa√Īa. El nuestro es un pa√≠s que muestra con orgullo en su historia a unos Reyes que se denominan cat√≥licos, en el que existi√≥ un r√©gimen fascista que sacaba pecho de su nacionalcatolicismo y una transici√≥n que no recort√≥ ni uno solo de los privilegios de una Iglesia que hab√≠a sacado bajo palio al dictador. Solamente as√≠ se explica, entre otras cuestiones, este catolicismo de capillitas meapilas con procesiones que invaden las ciudades de manera desproporcionada, romer√≠as salvajes y sinsentido que dejan ristras de animales muertos o condecoraciones y medallas a v√≠rgenes y alcaldes perpetuos con olor rancio a sotanas e incienso.

Los recientes cambios pol√≠ticos y sociales, con el 15M y la emergencia de nuevos partidos pol√≠ticos a la cabeza, abr√≠an una ventana de oportunidad para debatir sobre el espacio que debe ocupar la religi√≥n en los asuntos p√ļblicos. As√≠, esta antorcha de libertad que separa pol√≠tica y religi√≥n, que hab√≠a sido abanderaba tradicionalmente por la izquierda cuando estaba en la oposici√≥n y escondida cuando llegaba al poder, fue recogida por Podemos y, en C√°diz, por la agrupaci√≥n de electores¬†Por C√°diz S√≠ se Puede¬†(PCSSP) que en su propio C√≥digo √Čtico recoge que sus miembros deber√°n ‚Äúpromover y defender la laicidad en todos los √°mbitos‚ÄĚ. La realidad se ha encargado de demostrar a las primeras de cambio que se trataba s√≥lo de un burdo espejismo, como pudo verse recientemente cuando los miembros de PCSSP (y del PSOE) votaron a favor de otorgar la medalla de oro de la ciudad a la Virgen del Rosario.¬†

Nuestros representantes no han entendido que un hecho de estas caracter√≠sticas trasciende de lo concreto, del mero hecho en s√≠. Lo simb√≥lico es un espacio de lucha pol√≠tica en la que los actos superan sus propios acontecimientos para trascender al campo de las ideas, lanzando un mensaje que permanece aun cuando el hecho ha sido olvidado. Que alguien no se levante cuando desfilen las tropas americanas no es igual a que Zapatero no lo haga. Que el ayuntamiento de PCSSP otorgue una medalla a una virgen no es lo mismo que si lo hace uno del PP. Que un ayuntamiento gobernado por las nuevas fuerzas pol√≠ticas se hubiera opuesto a esta concesi√≥n demostrar√≠a que, en pol√≠tica, las cosas se pueden hacer de otra manera. Lanzar√≠a el mensaje de que la posibilidad de construir espacios p√ļblicos laicos para los ciudadanos era algo real y no mera ret√≥rica. Habr√≠a sido una ocasi√≥n perfecta para delimitar espacios y que podr√≠a haber servido de precedente en futuros litigios similares. Pero no. Por alg√ļn motivo que s√≥lo puede tener una explicaci√≥n electoralista (en C√°diz si se quiere ganar no se deben partir peras con el futbol, las cofrad√≠as y el carnaval) PCSSP (y PSOE) antepusieron esos intereses a los propios principios de laicidad que preconizaban. Una mala jugada que los retrata delante de sus ciudadanos (y votantes) y que el Partido Popular (y su infanter√≠a medi√°tica) no ha desperdiciado para poner en evidencia las propias contradicciones de la izquierda en Espa√Īa.

No han sabido enfocarlo. Si alguien cambia de opini√≥n sobre cualquier punto de vista pol√≠tico, por lo que sea, o simplemente se equivoca en algo con una sincera explicaci√≥n podr√≠a ser suficiente. Los ciudadanos estamos cansados de pol√≠ticos que cambian su discurso en funci√≥n del auditorio que tienen delante y deben entender que admitir errores o cambios, si se explican con naturalidad, supone un ejercicio de rendici√≥n de cuentas que los electores pueden apreciar. Los ciudadanos quieren representantes que defiendan los intereses colectivos a√ļn a riesgo de equivocarse, no a una especie de entes infalibles que siempre tienen raz√≥n. De eso deber√≠a tratar la nueva pol√≠tica, de tratar a los ciudadanos como adultos. Pero tampoco fue as√≠.

En Espa√Īa, una vez se mete la pata, parece que la √ļnica soluci√≥n posible que encuentran nuestros pol√≠ticos es una inconsciente (e inconsistente) huida hacia delante. Porque si hace da√Īo este reconocimiento confesional, no ayudaron los intentos de explicaciones que los diferentes l√≠deres de Podemos ofrecieron al respecto. Otorgar una medalla a una virgen no es de fachas cuando lo hace un ministro del PP ni se hace manera ‚Äúmuy laica‚ÄĚ cuando lo hace un ayuntamiento gobernado por Podemos, como dice Pablo Iglesias. Ni los s√≠mbolos de la Iglesia pertenecen al pueblo por mucho que venga avalada por 6000 firmas, ni es un hecho postcolonial reivindicar la laicidad para oponerse a ello, como afirma Teresa Rodr√≠guez. No se trata de ser¬†urbanitas de izquierdas, sino de coherencia. No se trata de justificar algo que tiene dif√≠cil justificaci√≥n, sino de explicar los motivos que llevan a tomar este tipo de decisiones y asumir las consecuencias de las mismas. Transparencia.

Y es que la izquierda debe de quitarse ese complejo anticlerical de encima. No es cuesti√≥n de ir contra la Iglesia Cat√≥lica ni contra nadie. Al contrario. El asunto es respetar a todas las confesiones, y la √ļnica manera de hacerlo es desvincular lo religioso de lo pol√≠tico. Por eso cuesta comprender a Monedero cuando formula la justificaci√≥n de la acci√≥n de PCSSP en el respeto a los humildes, al pueblo, ya que no existe mayor aval para garantizar la libertad religiosa del pueblo y respetar sus creencias y sentimientos que asegurar la laicidad de los espacios p√ļblicos, de lo pol√≠tico. Porque, como dec√≠a Anatole France, ‚Äúaunque 50 millones de personas crean una tonter√≠a, sigue siendo una tonter√≠a‚ÄĚ,¬†por mucho que venga avalada por una ristra de firmas recogidas en una farmacia en Santa Mar√≠a.