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Editorial
Imagen Pedripol

Vuelve El Tercer Puente. Tras un largo parón, volvemos con la idea de renovarnos completamente en el número de Enero. Lo que no cambiamos ni vamos a cambiar es en nuestra idea de colaborar al pensamiento libre, al pensamiento autónomo y no dirigido para colaborar en la formación de una ciudadanía capaz de desarrollar criterio propio. El Tercer Puente es el espacio para quienes tienen la valentía, el coraje y el tesón necesario para poner en cuestión lo que la prensa interesada y sus acólitos cuentan. Sapere aude. Así lo expresa Pedripol en su estupenda viñeta, una más, de entrada al número 38.

Contamos en esta nueva edición de ETP con incorporaciones de lujo como la profesora Leonor Acosta o el letrado Juan Domingo Valderrama, quienes reflexionan con enfoque diverso y similares conclusiones sobre la regulación o la abolición de la prostitución. Esperamos que alguien con una idea no convergente nos envíe algún texto al respecto.

Seguimos brindando la oportunidad de desarrollo a los talentos jóvenes y contamos de nuevo con Sara Lauper, antes de que la demanden en exclusiva “medios con más medios”. Igualmente incluimos una entrevista con Alba del Campo, ecofeminista y experta en energía, quien desde Cádiz se presenta a las primarias de Podemos para las próximas Elecciones Europeas.

La cultura se ha configurado como sección propia dentro de nuestra revista y con los nuevos cambios que se avecinan lo hará de manera más autónoma aún.

Ha sido un largo parón pero aquí estamos otra vez colaborando a que el pensamiento libre se convierta en agente político activo de la ciudad.

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Editorialb
Fotografía: José Montero

Mientras en España la izquierda debate eternamente si la diversidad es una trampa, si las identidades fracturan o si hay que recuperar la lucha de clase y la perspectiva obrerista como elemento unificador, en esta ciudad nuestra la parálisis afecta a aquellos gestores que permiten que los mismos de siempre, con guayabera o sin ella, marquen la agenda desde el miedo. Cádiz necesita otras voces. Sin halitosis, esta vez. Hay que perforar las estructuras del sistema para dejar entrar a quienes siempre han estado en las afueras. Si aquellos que deben cambiar las maneras se bloquean por el qué dirán, estamos perdidas. No se puede seguir validando lo oxidado. Se trata de transformar la ciudad y hay que hacerlo con ideologías de quienes han estado al margen.

Cádiz también necesita otros ámbitos, no podemos seguir dependiendo de tribunas malolientes o de púlpitos de predicadores mediocres. Y Cádiz necesita, además, otros hábitos que se adapten a las nuevas realidades. Las tradiciones no pueden ser prisiones sino hechos mutantes, dinámicos y vivos. La mayor defensa de una identidad es someterla a todo tipo de contaminaciones y fusiones. Hay que regenerar esta ciudad desde la reflexión colectiva.  Otras voces, otros ámbitos, otros hábitos.

En eso andamos en El Tercer Puente y vamos a darnos un tiempo –hasta el próximo otoño- para repensar nuestro propio proyecto y para preparar una acción de construcción colectiva de ciudad. Estén atentos y atentas, que algo grande se avecina y toda persona propositiva y constructiva será necesaria. De momento, encuentre otros enfoques de ciudad en este #ETP37.

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Editorial
Fotografía: Jesús Massó

Se buscan valientes, rezaba una pintada callejera. ¿Qué hacemos para cambiar nuestro entorno? ¿actuamos con la valentía necesaria para provocar pequeñas transformaciones cercanas que produzcan cambios mayores? ¿nos atrevemos a enfrentarnos a los agentes destructores de comunidad que nos rodean aunque estén establecidos y validados socialmente? ¿los cuestionamos?¿los avalamos en cambio? ¿somos capaces de conseguir modificar las tramas sociológicas en las que nos movemos? ¿cambiamos las instituciones y los vicios que provocan? ¿nos adaptamos a ellas? Ni las instituciones ni los referentes  impuestos en nuestro espacio de vida se transforman así por las buenas; necesitan de impulsos externos. Hay que recurrir a lo excéntrico, a lo que está fuera del centro establecido.

Lo que forma parte del sistema -la política viejuna y reumática, el periodismo con intereses empresariales por encima de la información, los blogueros huérfanos de talento buscando espacio con falacias y a codazos- es modificable desde la periferia, desde los márgenes. Aquellos que se habían reservado el poder exclusivo de producir relatos ya no tienen ese monopolio y observan con desagrado cómo aquellos que estaban en los límites osan ponerles en cuestión. Las nuevas políticas ya no tienen que bailarles el agua ni compartir fotos o eventos casposos con ellos. Es la nueva ética.

El Tercer Puente es marginal, periférico y excéntrico. Es por eso que es igualitario en cantidad, en calidad, en posicionamiento, en respeto y no pregunta quién eres o de dónde vienes sino si quieres aportar algo. El Tercer Puente es un espacio para sostenernos en equidad, para ayudarnos a producir sentido y para construir vida. Aquí seguimos. Con valentía.

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Editorial
Imagen: Pedripol

Decía Emepunto Rajoy en un artículo de 1983 que publicó en El Faro de Vigo y en el que elogiaba un libro del filonazi Moure Mariño que “estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de «buena estirpe», superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas «Leyes» nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación (…) todos los modelos, desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de riquezas -porque como con tanta razón apunta Moure Marino, la de inteligencia, carácter o la física no se pueden «Decretar»- y establecen para ello normas cuya filosofía última, aunque se les quiera dar otro revestimiento, es la de la imposición de la igualdad, son radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre” Es decir, no a la igualdad social porque para eso somos diferentes en estirpe y en naturaleza. ¡Toma ya!

En otro artículo de 1984,, publicado en el mismo periódico, y esta vez elogiando un libro del franquista e inmovilista Gonzalo Fernández de la Mora, decía: «Demostrada de forma indiscutible que la sociedad es jerárquica, engendra a todos los hombres desiguales, no tratemos de explotar la envidia y el resentimiento para asentar sobre tan negativas pulsiones la dictadura igualitaria. La experiencia ha demostrado de modo irrefragable que la gestión estatal es menos eficaz que la privada. ¿Por qué se insiste en incrementar la participación estatal en la economía? En gran medida, para despersonalizar la propiedad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria» Es decir que quien pide igualdad social (ya sea de oportunidades, de género, de razas, de responsabilidad ante la ley, etc) es un envidioso y un resentido que no acepta que haya ricos y pobres o que haya altos y bajos, rubios y morenos. Impresionante. Este es el presidente que tenemos. Un ejemplo claro de lo que, glosando a Sánchez-Cuenca, sería la inferioridad moral de la derecha.

Pues a pesar del “desigualatista” Emepunto y de lo que entienda por «envidia igualitaria» su caterva de privilegiados, desde ETP pedimos igualdad; igualdad para mujeres y hombres, para todas las razas, para acceder al conocimiento, a la educación, a la sanidad, igualdad ante la ley, ante las instituciones. Ya aprovecharemos las enriquecedoras diferencias que la naturaleza nos ha dado a cada una –diversidad natural que, por cierto, estos mismos que hablan de envidia igualitaria no respetan pues las diferencias las entienden desde la supremacía. Pero en lo que respecta a la normas de construcción de sociedad, exigimos que en esas normas convenidas, en esas leyes, no haya exclusión; igualdad para todos y todas. Queremos ser iguales a la hora de acceder a un Máster o a una cita con el médico –y atendidos sin discriminación- o a un trabajo y ser juzgados sin distinción de “estirpe”, raza o identidad. Confunde Rajoy naturalidad y normalidad, artificialia y naturalia, al igual que las confunden aquellos quienes creen que lo público, las instituciones, les pertenece por “estirpe” y entienden que pueden apropiarse de lo público para ponerlo al servicio de lo privado. Lo que se llama corrupción, vamos.

No le hubiera venido mal a Emepunto haber leído a Rosa Luxemburgo y entender que hay quien lucha “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. En este número de ETP, hablamos de eso, de corrupción, discriminación y de corruptos: en Madrid, en Barcelona o en Cádiz. Y hablamos de distinguir entre las enriquecedoras diferencias naturales y las necesarias igualdades sociales. Igualdad social, ahora y siempre.

 

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Editorial
Imagen: Pedripol

Tras las interferencias que han supuesto por un lado nuestra colaboración con CTXT, El Dobladillo dedicado al carnaval, y el Especial 8M dedicado al histórico día de la mujer que se ha celebrado este año, regresamos a la fructuosa rutina de los números mensuales. En esta ocasión, el 34.

Antes de entrar a la reflexión habitual de estos editoriales, volvemos a El Dobladillo ya que ha supuesto nuestra primera incursión en la edición en papel y la llegada a un público ajeno a las redes. Ha sido una experiencia intensa y un aprendizaje soberbio al trabajar con profesionales de la calidad de los y las que componen  el grupo de CTXT. Un lujo para nosotros que nos ha hecho quedarnos con las ganas de seguir innovando y explorando esos cauces de la publicación eventual en papel. No descartamos nuevas aventuras en ese sentido.

El Dobladillo se ha publicado en un Carnaval, el de este año, abundante en debates que han hecho que las redes y los corrillos despertaran, por un lado, conciencias habitualmente ajenas al hecho carnavalesco y, por otro, dieran el espacio adecuado a opinadores de titulares y eslóganes poco dados a la reflexión y al pensamiento autónomo. El Especial 8M -y las derivas que la incuestionable y necesaria igualdad de la mujer y el hombre, desde una perspectiva normativa, conlleva- ha servido para que nos planteemos como imprescindible e ineludible todo el trabajo que hay que poner en marcha para conseguirla y también para que aquellos que tienen situadas sus cabezas en el pleistoceno visibilicen sus posiciones ajenas al mundo actual. A estas circunstancias hay que añadirles las aberrantes manifestaciones que se han desatado tras el asesinato infantil de Almería y que contrastan con la llamada que han hecho los padres afectados a sacar lo mejor de nosotros. Y, finalmente, los terribles acontecimientos policiales –porrazo en la cabeza grabado y ocultado incluido- de Lavapiés han resultado ser la excusa perfecta para que el pensamiento más zafio y minusracionalista tuviera unas posibilidades inimaginadas de exhibición bochornosa.

Exabruptos españolistas, machistas, homófobos, racistas, odio exacerbado, instintos asesinos desatados a través del grito de “pena de muerte”; sentimientos y palabras, todos ellos, que componen, por desgracia, la atmósfera donde vivimos y el aire que respiramos cada día. La destrucción nos rodea. Nos rodean. Se entiende así por qué se sigue votando a partidos ultracorruptos, por qué el debate se ha reducido a refranes y frases hechas, por qué se construye la  verdad oficial desde el engaño y desde la hegemonía de los medios, la educación, la religión y desde la anestesia del ocio vacuo y eventual. Los sembradores del vómito facilón y mediocre nunca habían encontrado tan abonado el terreno

¿Quién construye esa verdad oficial, quién diseña esos eslóganes del odio, quién trabaja expandiendo el sometimiento y el miedo? En definitiva, ¿quién alimenta el borreguismo y sus graves consecuencias? Pues están en los colegios y en la universidad, en las salas de justicia, en los partidos al servicio del capital, en las iglesias y en los medios. Todos aquellos que tienen miedo a perder lo que, en verdad, es de todos. En Cádiz, escriben en los diarios de siempre y en sus malolientes blogs, defienden judicialmente a asustaviejas, dictan sentencias al hedor de croquetadas gratuitas en fundaciones donde exhiben su carroñería y donde comparten el miedo a que algo cambie y salga a flote sus propias mediocridades. Políticos, obispos, pseudoperiodistas, pseudoartistas. Nos rodean. Por eso, ahora más que nunca debemos  invisibilizarles, aislarles, ignorarles. Quienes dinamitan esta ciudad, este país, desde dentro son el mechero, nosotros debemos dejar de ser la mecha.

 

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Javi baron
Imagen: Pedripol

Llegamos al número 33 de ETP, con más de trescientas mil visitas en el año y medio de existencia que tenemos y más de treinta y tres mil en lo que va de 2018. Impresionante.

Y todo eso, sin medios y desde Cádiz, esta ciudad domesticada pero con islas rebeldes, esta ciudad anestesiada aunque con lagunas de lucidez crítica, esta vaca multicolor que diría Nietzsche, la Kalmasadalmyra de Buda. Una ciudad cuyo policromado se va perdiendo o solo se encuentra en alguno de sus lados izquierdos.
Nadie mejor que García Argüez para ubicarnos en esta polaridad que se está imponiendo; los matices los ponemos los que estamos en un margen, el resto es granito, ceguera, caspa y odio.

Tú dices Patrona, yo digo vecina / Tú dices la Patria, yo digo el poniente / Tú dices la historia, yo digo la gente / Tú dices ilustre, yo digo corriente / Tú dices Partido, yo digo pandilla / Tú dices Pemán, y yo digo Fletilla / Tú pides hoteles, yo pido más casas / Tú pides turistas, yo pido valientes / Tú pides negocio, yo pido más gente / Tú pides futuro, yo pido presente / Tú quieres banderas, yo ropa tendía / Tú quieres limpieza y yo dignidad / Tú quieres más leyes ¡po yo libertad! / ¡Tú dices mi Cádiz, yo digo mi jaula!

En definitiva: tú dices Diario y yo Tercer Puente! ¿Y ustedes qué dicen?