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Resaca
f. Corriente marina debida al retroceso de las olas después que han llegado a la orilla.
f. Limo o residuos que el mar o los ríos dejan en la orilla después de la crecida.
f. Malestar que padece al despertar quien ha bebido alcohol en exceso.
f. Situación o estado que sigue a un acontecimiento importante. La resaca del éxito.

Dicen que para la resaca viene bien meterle al cuerpo un poco m√°s de lo que se tom√≥ la noche anterior y quise probar este remedio con la variante «electoral» de mi querida compa√Īera de domingos. Me levant√© ese lunes de resaca dispuesto a empaparme en pol√≠tica, beberme hasta la √ļltima gota de los art√≠culos de opini√≥n, ba√Īarme en la marea de publicaciones, reacciones, retweets…y eso hice.

Facebook, Twitter e Instagram supuraban euforia y odio a partes iguales nada m√°s conocerse el resultado, y segu√≠an apestando a lo mismo horas despu√©s, tras haber despertado la ma√Īana. Si bien es cierto que uno est√° acostumbrado al odio, la euforia no termino de comprenderla -imag√≠nense compartirla.

Sentirse ganadores con un resultado que otorga 24 diputados a la extrema derecha -con m√°s de dos millones y medio de votos- me parece, cuanto menos, irresponsable. Otro tanto me ocurre con los art√≠culos de opini√≥n de supuestos medios progresistas. Periodistas, historiadores, polit√≥logos…muchos de ellos coinciden en que el resultado electoral supone una victoria de la izquierda frente al totalitarismo, un foso abierto frente al avance de la extrema derecha; lo cual supone una actitud bastante m√°s irresponsable que la anterior si cabe, m√°s a√ļn teniendo en cuenta que el fascismo clava sus raices muy hondo, lentamente, poco a poco pero, una vez desarrollado, se expande r√°pido, como la peste.

Otro lunes de resaca
Ilustración: Pedripol

Sudamérica está siendo colonizada por el imperialismo capitalista estadounidense y parece que Europa pretende seguir su ascendente tendencia fascista. Bajo la luz de las 12 estrellas estamos viendo el nacimiento y auge de distintos partidos de ultraderecha, generalmente nacionalistas y antieuropeístas, que en menos de una década han conseguido tener presencia en casi todos los parlamentos de la unión. Aquí, mientras, nos enorgullecemos del país porque ha ganado el PSOE -no sé qué me asusta más- como si el PP y el PSOE fueran algo más que radios de la misma rueda que ha pasado por encima de la democracia y ha pisoteado el estado de derecho en incontables ocasiones desde la transición.

La lucha no acabó el domingo. La lucha empieza ahora. Debemos demostrar que nuestras instituciones no serán de nuevo un refugio para el fascismo. Ni las instituciones ni nuestras calles. Veinticuatro diputados dentro son muchísimas personas fuera.

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Airon post
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Llevo unos días en los que me asedia una marea de incógnitas que no soy capaz de despejar y voy a aprovechar esta ocasión para compartir mi frustración con vosotros y vosotras. Y además, gratis. Aunque antes me gustaría plantear unas cuestiones sencillas:

¬ŅOs gusta el hummus o sois m√°s de cochinillo al horno? ¬ŅUna buena pizza margarita o mejor unos ¬†rollitos de primavera y una docena de piezas de sushi? ¬ŅSois amantes del r&b, el jazz y/o el blues? ¬ŅOs cubr√≠s la garganta del fr√≠o poniente con una kufiyya -un pa√Īuelo palestino- o quiz√° us√°is un turbante como manera ‘cool’ y moderna de recogeros la melena? Si respond√©is afirmativamente a alguna(s) de estas preguntas -en mi caso, as√≠ es- pas√°is a la siguiente ronda.

¬ŅSois de Oriente Medio, Segovia o N√°poles? ¬ŅHab√©is nacido en alguna parte de China o Jap√≥n? ¬ŅTen√©is un pasado como recolectores de algod√≥n esclavizados en alguna campi√Īa del noreste de los Estados Unidos? ¬ŅOs han bombardeado vuestra casa los israel√≠es o quiz√° sois seguidores del sijismo? Si respond√©is afirmativamente a alguna(s) de estas preguntas -en mi caso, no es as√≠-, enhorabuena (excepto a esclavos, bombardeados y refugiados). Llev√°is vuestras ra√≠ces, cultura y creencias all√° donde vais, con el fin de expandirlas y enriquecer al resto de vuestros coet√°neos. ¬ŅO no era tambi√©n esa una de las ventajas -por desgracia, menospreciada- de la globalizaci√≥n y el consiguiente intercambio cultural entre naciones?

Hay dos palabras que, unidas, plantean justamente lo contrario: apropiaci√≥n cultural. Su simple uso conjunto ya es una aberraci√≥n. La cultura, en general, no tiene due√Īo. Al menos, no deber√≠a tenerlo. Las composiciones, ya sean musicales, literarias, gr√°ficas y/o cualquier recurso art√≠stico creado en el desarrollo de su actividad s√≠, porque son una creaci√≥n personal. Pero la identidad cultural es -y debe ser- tan libre como la identidad sexual o la identidad de g√©nero. La posibilidad de identificarnos con cualquier cultura de otra parte del planeta no es sino una virtud de nuestra globalizaci√≥n y no debemos minimizarla, porque es la √ļnica riqueza que a√ļn podemos repartirnos libremente.

Sin embargo, no son pocas las voces que se desgarran en grito contra Rosal√≠a y dem√°s artistas contempor√°neos bajo la acusaci√≥n de mancillar la cultura y tradiciones andaluzas, por citar un ejemplo de actualidad. Este posicionamiento -siempre m√°s arraigado en entornos conservadores- se asemejar√≠a demasiado a una especie de ‘nacionalismo cultural’, en el que excluir de nuestra cultura a aquellos que no consideramos dignos. Y recuerden bien que los nacionalismos ‘de derechas’ no son constructivos porque son ‘de derechas’ y los nacionalismos ‘de izquierdas’ tampoco lo son porque son ‘de derechas’.

Dicho esto, no consigo entender cómo, en estos tiempos tan convulsos -política y económicamente-, la izquierda sigue cayendo en el error de llevar como armadura esa piel tan fina y, cómo esgrime la corrección política. Cierta izquierda plantea su lucha abanderando el bienquedismo y no parece percatarse de que está construyendo un camino moralizante hasta unos límites en los que su propia satisfacción ética se ha vuelto suicida.

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Jarillo 2
Imagen: Pedripol

Llevaba tiempo apoyando la teoría de que el próximo presidente de este país tendría un nombre catalán. Con la victoria de Pablo Casado en las primarias del PP, mi teoría se derrumba y esto que les cuento son sus escombros.

El PP se desintegraba mientras Ciudadanos se acercaba peligrosamente a la Moncloa. Los de Rivera iban dando pasos hacia el gobierno impulsados por la inercia de su defensa de la unidad nacional durante el conflicto catal√°n y su postura firme (e hip√≥crita, como buenos espa√Īoles que son) frente a los casos m√°s sonados de corrupci√≥n. En medio de ese proceso, y de forma inesperada, lleg√≥ Pedro S√°nchez; el ‚ÄúKennedy espa√Īol‚ÄĚ, el ‚ÄúObama blanco‚ÄĚ que bien podr√≠a haber acabado su carrera pol√≠tica como hicieron ellos. Me hubiera dado lo mismo que se fuera a Haw√°i a hacer esqu√≠ acu√°tico o que recogieran los restos de su cerebro de la tapicer√≠a de un coche (conste en acta, se√Īor juez, que este que escribe no le desea ni lo uno, ni lo otro). Pero no. Pedro ‚Äėave f√©nix‚Äô S√°nchez volvi√≥, resurgiendo de sus cenizas, para derrocar a Mariano e instaurar su escaparate electoral.

En el momento en el que Albert se hab√≠a ganado a los Espa√Īoles (con may√ļscula, esos de bandera en balc√≥n) con su posicionamiento en el ala derecha -por si todav√≠a alguien dudaba- del espectro pol√≠tico, llega el se√Īor S√°nchez y destroza la estrategia de Ciudadanos con un solo movimiento. Les obliga a retratarse, delante de toda la naci√≥n, d√°ndole dos opciones: apostar por una apertura democr√°tica y dialogar con el PSOE, la izquierda y los partidos nacionalistas o apoyar la permanencia de una banda de mafiosos en el gobierno. Su decisi√≥n no sorprendi√≥ a nadie. Una vez se√Īalados de esa manera, a Ciudadanos solo le quedaba la opci√≥n de seguir siendo una r√©mora y chupar todo el flujo de votantes que hu√≠an despavoridos del desastre del PP y que son muy Espa√Īoles ‚Äďy mucho Espa√Īoles- para votar a un partido que huela m√≠nimamente a izquierda.

La cosa volvi√≥ a torcerse y lleg√≥ el anuncio de la marcha de Mariano regresando a Santa Pola (a rascarse la popola unos d√≠as; Rajoy hace a√Īos que no ve una hoja de Excel) provocando la convocatoria de primarias -por primera vez- en la historia de los populares. Pablo Casado, al salir vencedor y dejar a Cospedal y Soraya bastante tocadas, se encuentra ahora una autopista por delante para acelerar en su viraje hacia la derecha m√°s reaccionaria. El nuevo l√≠der del PP defiende el respeto de las normas; las mismas normas que se ha saltado su partido durante d√©cadas para esquilmar las arcas p√ļblicas. Cuando alguien como Casado hace referencia a las normas, sus palabras vienen acompa√Īadas de tufo a arcilla, de melod√≠a lit√ļrgica; como si hiciera referencia a mandamientos que alguien grab√≥ hace siglos en una tablilla que no puede ser mancillada.

Casado se presenta con un discurso de menosprecio al oponente, carente de iniciativa de di√°logo y con la intenci√≥n de llegar a la mayor√≠a absoluta para volver a aplastar la legislaci√≥n espa√Īola con su apisonadora de decretos. Esa es la nueva cara que liderar√° la regeneraci√≥n del Partido Popular, como si tal cosa fuese posible. Una cara joven que se reconoce orgullosa de Fraga, Aznar y Rajoy y que, acto seguido, se atreve a citar a Unamuno. Una cara joven maquillada con la vejez de los ideales moribundos de una sociedad corrupta hasta su ra√≠z por la moral cristiana y de una clase aburguesada hip√≥crita y ego√≠sta que no sufri√≥ una dictadura sino que vivi√≥ de ella como √©lite en una Espa√Īa de incultura e ignorancia.

De esa ‚Äú√©lite‚ÄĚ proviene Pablo Casado, quien propone un Partido Popular apoyado en dos pilares b√°sicos: la defensa de la libertad individual y la libertad econ√≥mica. La primera es una afirmaci√≥n bastante hip√≥crita y la segunda es lo id√≥neo para continuar con esta din√°mica de crisis econ√≥micas concatenadas. Dice representar un Partido Popular que aboga por la defensa de la familia y de la vida, enfrent√°ndose al aborto, la eutanasia y la ideolog√≠a de g√©nero. Nada de esto puede ir de la mano con defender las libertades individuales, se√Īor Casado. Representa usted a menos gente de la que cree -y a m√°s de la que a m√≠ me gustar√≠a. Hasta Rajoy se ha visto obligado a estar m√°s cerca de G√©nova para que Aznar no vuelva a pasearse en babuchas por all√≠.

Pablo es el Albert Rivera 2.0 (Aznar 3.0) de la pol√≠tica espa√Īola y estoy seguro de que ambos van a entenderse bien. ¬ŅC√≥mo afectar√° esto a la izquierda, que en estos instantes se encuentra con una situaci√≥n ca√≥tica?. De momento solo puedo pensar en la cara de Albert, que cre√≠a ver v√≠a libre hacia la presidencia y a quien tras los resultados de las primarias del PP, se la ha quedado cara de ‚Äėprimo‚Äô. ‚ÄúEl primo de Rivera‚ÄĚ. No le viene nada mal.

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Jjarillo
Imagen: Pedripol

Nac√≠ en el 87. Pertenezco a la generaci√≥n ‚ÄėY‚Äô. Seg√ļn muchos dem√≥grafos, pod√©is denominarme millennial, aunque no s√© exactamente qu√© narices significa eso. Un denominador com√ļn entre mis coet√°neos es la huida y aunque nadie sepa muy bien hacia d√≥nde, lo que s√≠ sabemos es de qu√©.

Es l√≥gico pensar que, viviendo en C√°diz, todo aquel que decida escapar de semejante para√≠so terrenal debe haber sufrido un buen golpe de levante. Pero ya son demasiados los que se han marchado sin necesidad de ser empujados por los vientos. Muchos huyeron de la precariedad, otros tantos de la monoton√≠a. El resto posiblemente se fue al sentirse inc√≥modo en el sof√° de la desidia donde la mayor√≠a pasa su tiempo libre. Algunos lo hicieron corriendo, de forma alocada, mientras agitaban sus brazos en un incomprendido af√°n por despedirse de todo y de todos. Otros se fueron a hurtadillas, creyendo que nadie lo notar√≠a, sin pensar en el vac√≠o que dejaban atr√°s. Ni que decir tiene sobre el que se llevaban consigo. Yo mismo escribo esto a 1200 kil√≥metros de mi casa. Como buen millennial, tambi√©n hu√≠. Ten√≠a que haberlo hecho hace a√Īos pero C√°diz, con sus cosas, te atrapa.

La precariedad no es el √ļnico motivo. Solamente es la base donde el resto de problemas se apoyan, unos sobre otros, en un equilibrio cruel. Es la ra√≠z de un √°rbol que se ancla hondo en tu cuerpo y cuyas ramas acaban por destrozarlo, al comp√°s del crecimiento. Y para una planta as√≠ de destructiva no hay mejor abono que la gentrificaci√≥n. Las ra√≠ces de la escasez beben de ella y se fortalecen, d√°ndole altura al tronco para que sus primeras ramas se claven en tus √≥rganos y presionen tus costillas, haciendo cada vez m√°s dif√≠cil tu respiraci√≥n. Esa palabreja que tiene apenas 50 a√Īos nos expulsa a nosotros, los j√≥venes, fuera de nuestros barrios. Nos echa poco a poco a aquellos que conocemos cada una de sus esquinas. Esas con las que re√≠mos y lloramos al mirarlas, por las mil historias que nos cuentan. Nos invitan a salir de lugares en los que hemos crecido. Bebi√©ndonos sus calles, comi√©ndonos sus plazas. Barrios cada vez m√°s irreconocibles y no por el paso del tiempo en sus fachadas.

Ahora, en otro de los puntos calientes de la gentrificaci√≥n en Espa√Īa -como es Barcelona- todo me resulta cercano. Tampoco es que haya elegido la mejor √©poca para buscar trabajo de calidad en el litoral -hasta el momento- espa√Īol. Aqu√≠ ya he sufrido la peor entrevista de trabajo de mi vida, me han ofrecido trabajos casi tercermundistas y me han rechazado de empleos por motivos dudosamente legales. No solo esto. Muchas otras cosas que aqu√≠ veo me traen aromas de mi ciudad, mi gente. Callejones estrechos con inesperados arcos en su medular que te ocultan entre claroscuros. Ropa tend√≠a en ventanas y balcones, sec√°ndose al aire y coloreando las grises callejuelas del Raval. La econom√≠a sumergida como pilar indiscutible de la ‚Äėriqueza‚Äô del barrio. Construcciones hoteleras a medio terminar donde encuentran descanso los vagabundos que durante el d√≠a saltan de sombra en sombra por el barrio.

Pero aqu√≠ la respuesta social es potente, es una ciudad que grita cuando la pisan. Aqu√≠ hay muchos comercios locales que todav√≠a levantan sus escudos contra los alquileres abusivos y esgrimen sus armas frente a las grandes cadenas de hosteler√≠a y alimentaci√≥n. Los inmigrantes, que conforman la mayor√≠a social del barrio, luchan por esto como si fuera suyo. Luchan por estos adoquines como si se hubiera echado los dientes en ellos. De hecho, luchan mucho m√°s que algunos aut√≥ctonos que se engrandecen a s√≠ mismos colgando esteladas en su balc√≥n para luego alquilar su piso a precios de oro. Catalanes e inmigrantes. Ellos mismos se organizan de manera ejemplar. Hay reuniones peri√≥dicas en cada barrio -y asociaciones de vecinos- en las que se estudia la situaci√≥n actual del mismo y las posibles mejoras a implementar, ya sea desde un enfoque p√ļblico o privado. Se empapelan fachadas ‚Äďliteralmente- con carteles de llamada para que acudan las personas residentes. Durante estos d√≠as he visto ejemplos brillantes de autogesti√≥n de suelo p√ļblico, con diferentes finalidades productivas, culturales y sociales. Una resistencia a lo inevitable, con u√Īas y dientes en forma de identidad y arraigo. Y me da rabia, porque es lo √ļnico que no me trae recuerdos de casa. All√≠ ha ahondado con tanta profundidad entre nosotros el ‚Äėsudapollismo/co√Īismo‚Äô que cada vez se oyen menos voces que reivindiquen nuestra identidad. Mientras que aqu√≠ todav√≠a hay gente que lucha y que lleva haci√©ndolo muchos a√Īos, en el sur, como siempre, nos ha cogido el toro. O nos pudo la cobard√≠a.

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Jarillo
Fotograf√≠a: Jes√ļs Machuca

Seguro que alguna vez has sentido algo parecido. Un fuerte golpe en la espalda. Un trago de algo que decidi√≥ explorar conductos extra√Īos. Un recuerdo que regresa para atormentarte mientras est√°s intentando apagarte sobre la cama. Algo que te deja, literalmente, sin respiraci√≥n. Es la peor sensaci√≥n que puedes sentir jam√°s. Sentir que tus pulmones no responden. Es horrible. Entiendes que la muerte se acerca y la angustia te inunda completamente.

Imagina, ahora, que esa sensaci√≥n de angustia se alarga hasta lo insoportable y sigue ah√≠, d√≠a tras d√≠a. Desde dentro de ti, una mano sucia oprime tus pulmones y no te deja inhalar aire. Te vas llenando de la tierra que luego vomitar√°s a tu entorno en forma de cristales, destruyendo aquello que aparece a tu paso. La frustraci√≥n arrasa con todo tu ser mientras intentas salir de ti. No eres capaz de respirar. No eres capaz de ser. Nada. Te amarras a la rutina esperando que, en alg√ļn momento, termine. Pero es imposible seguir aguantando y un d√≠a ya no puedes m√°s.

La situación actual está acabando con nosotros. No solo económica sino vitalmente. Nos arrastra por un tortuoso camino de trabajo continuo para ni siquiera poder sobrevivir. Poder vivir de verdad, sentirnos vivos. Ya no somos, estamos. O somos simples carcasas corroídas por la precariedad que deambulan por las plazas y calles hasta que caen ciegas en sus propias oscuridades. Olvidamos las cosas que nos gustan. Olvidamos las cosas que no nos gustan. Incumplimos las promesas que nos hicimos. Nos olvidamos de nosotros mismos. Nos traicionamos. Y cuando alguien se traiciona a sí mismo, ya no le queda nada.

Este sistema precario y desalmado est√° llevando a una generaci√≥n completa a perderlo todo. Est√° provocando que millones de personas tengan que arder en las llamas de la angustia y la necesidad hasta que, si pueden, intenten resurgir de sus cenizas. No ser√° un precioso F√©nix lo que salga de ellas. No. El sistema est√° creando seres enajenados y carentes de sentimientos que, antes a√ļn de haberse sacudido las cenizas, s√≥lo piensan en una cosa: venganza. Y se cumplir√°. Porque aquello que les han quitado, que nos han quitado, no puede ser devuelto. Ya no somos nosotros. No pueden devolvernos nuestro ser. Es demasiado tarde.

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Jajarillo
Imagen: Pedripol

‚ÄúEn algunos instantes aparec√≠a revuelto de una manera enteramente extra√Īa lo antiguo y lo nuevo, el dolor y el placer, el temor y la alegr√≠a. Tan pronto estaba yo en el cielo como en el infierno, la mayor√≠a de las veces en los dos sitios a un tiempo. El viejo Harry y el nuevo viv√≠an juntos ora en paz, ora en la lucha encarnizada. De cuando en cuando el viejo Harry parec√≠a estar totalmente inerte, muerto y sepultado, y surgir luego de pronto dando √≥rdenes tir√°nicas y sabi√©ndolo todo mejor, y el Harry nuevo, peque√Īo y joven, se avergonzaba, callaba y se dejaba apretar contra la pared. En otras horas cog√≠a el nuevo Harry al viejo por el cuello y le apretaba valientemente, hab√≠a grandes alaridos, una lucha a muerte, mucho pensar en la navaja de afeitar»

-El Lobo Estepario-

Herman Hesse

La muerte es siempre un hecho traum√°tico, no ya para el sujeto en s√≠, sino para su entorno. Nuestra sociedad tiene muy arraigado el temor a morir as√≠ que no est√° bien considerado quitarse la vida aunque √©sta, en √ļltima instancia, nos pertenezca exclusivamente a nosotros. Esto se debe a los efluvios de moral cat√≥lica que ba√Īan el mundo occidental meridional ya que culturas como la n√≥rdica y la celta consideraban el suicidio la manera m√°s honorable de huir de la vejez o la enfermedad. Tambi√©n lo hac√≠a de manera similar la cultura japonesa, aunque √©sta cre√≠a que era la √ļnica forma de morir con honor tras -o antes de- un acto deshonroso.

Existen diversas maneras de cometer suicidio. El tema en s√≠ ha sido tratado por artistas y pensadores en un sinf√≠n de obras pict√≥ricas, musicales y literarias. Harry Haller viendo su lobuno reflejo en la navaja de afeitar. Romeo y su envenenamiento por amor. Metallica y su balada ‚ÄúFade to Black‚ÄĚ. Ese cad√°ver tirado en la cama sosteniendo a√ļn el arma en ‚ÄúLe Suicid√©‚ÄĚ del gran √Čdouard Manet.

Aunque gracias al arte nos hayan llegado maneras inverosímiles de suicidarnos, aquellos que se deciden, por norma general, optan por aquella manera que parece ser la más rápida y la menos dolorosa; suelen buscar una muerte rápida y lo menos agónica posible. No es ése el tipo de suicidio que me lleva a escribir estas líneas.

Los espa√Īoles estamos presenciando -unos con desdicha, algunos con rabia y otros sin poder ocultar una sonrisa- como, a pesar de sus posiciones conservadoras y creencias cat√≥licas, el Partido Popular se est√° suicidando. Y digo bien, suicidando, en gerundio. Y es que ya llevan tiempo en ello. Hubiera sido m√°s sencilla -aunque menos digerible para sus votantes- una muerte r√°pida. Que, de un d√≠a para otro, desapareciera de la plana pol√≠tica disolvi√©ndose como partido. Pero no, ellos han decidido envenenarse y no de forma r√°pida como aquel protagonista shakespeariano. Llevan llenando su boca con chupitos de ponzo√Īa desde aquel ‚ÄúLuis, s√© fuerte‚ÄĚ hasta el √ļltimo trago, que ya ha sido en vaso ancho y con dos hielos: el M√°ster de Cristina Cifuentes.

En las √ļltimas semanas hemos acudido a uno de los espect√°culos m√°s bochornosos en la escena pol√≠tica moderna de nuestro pa√≠s. En cualquier Estado con una democracia moderna, un partido en el que un dirigente comete una torpeza tal habr√≠a expulsado de manera inmediata a dicho pol√≠tico o, al menos, habr√≠a pedido formalmente su dimisi√≥n. Pero como el PP se encuentra en pleno gerundio suicida, ha seguido con la maniobra -menos explicable aunque tambi√©n menos sorprendente- de mirar para otro lado e intentar cubrir sus espaldas derramando corrupci√≥n hasta el escal√≥n m√°s bajo del funcionariado universitario. Cuando ya era evidente que Cifuentes no pensaba irse por las buenas, quiz√° por su apariencia afectada y cansada, su propio partido le puso debajo de las s√°banas dos botes de crema antienvejecimiento, cual cabeza de caballo. Han tenido que salir las ratas de las alcantarillas m√°s inmundas de este pa√≠s para provocar la dimisi√≥n de Cristina Cifuentes por haber robado esos botes hace 7 a√Īos.

As√≠ es la sociedad espa√Īola. No nos preocupa que los roedores hayan ocultado ese video y hayan esperado el momento id√≥neo para salir de la oscuridad en la que se esconden. Lo nuestro roza el surrealismo. Que haya tenido que filtrarse desde las cloacas del estado ‚Äúno sabemos d√≥nde‚ÄĚ el famoso video de Cifuentes para que esta dimita, roza el esperpento m√°s ir√≥nico y absurdo imaginado. Parece un cap√≠tulo de ‚ÄėBlack Mirror‚Äô pero es que somos as√≠, no sorprende. No nos basta con que el Partido Popular haya transformado gran parte del sistema educativo espa√Īol en un mercadillo donde pol√≠ticos -por no hablar de la religi√≥n- han hecho y desecho cuanto han querido en nuestro pa√≠s. Aqu√≠ son m√°s importantes los botes de crema, venga esa sucia jugada de donde venga. Total, sobre nuestro Ministerio del Interior apenas hay un par de grabaciones donde sobrevuela un uso partidista de la instituci√≥n.

Ya puede despedirse, el Partido Popular, de ser el brazo fuerte del gobierno en la Comunidad de Madrid. Este √ļltimo ‚Äúcaso aislado‚ÄĚ confirma que est√° en plena vor√°gine¬† suicida y que, m√°s temprano que tarde, los buitres naranjas vendr√°n a comerse la carro√Īa pestilente dejada por los populares en sus lugares de poder; tal y como hizo Alianza Popular durante la transici√≥n con los restos del gobierno franquista. La clara diferencia entre una banda de bajo rango y una organizaci√≥n poderosa y bien estructurada es el nivel de sofisticaci√≥n del crimen que cometen. La corrupci√≥n del PP de Madrid es una lacra pero es innegable que ha mantenido un orden y una forma de actuar criminalmente ejemplares; dignas de estudiarse en Crimen Organizado II, de segundo de Ciencias Pol√≠ticas en la Universidad Rey Juan Carlos (el nombre apuntaba maneras).

La situaci√≥n suicida del PP avanzar√° de manera exponencial pero, como su raza y casta suelen hacer, buscar√° venganza. Como bien dijo Francisco Granados al preguntarle la prensa por la dimisi√≥n de Cifuentes, ‚Äúsi buscas venganza, cava dos fosas‚ÄĚ. Puede decirse m√°s alto pero m√°s claro es imposible. Compren palomitas que la guerra abierta acaba de empezar y a√ļn queda un a√Īo hasta las elecciones.