Tiempo de lectura ‚Źį 3 minutitos de n√°

Estamos viviendo una situaci√≥n completamente dist√≥pica, inimaginable, absurda por momentos y permanentemente preocupante. Somos una sociedad aletargada e insensibilizada por la cantidad de informaci√≥n -real y ficcionada- que nos llega por infinidad de medios y, a√ļn as√≠, nos est√° sobrepasando esta situaci√≥n.

Nuestros sanitarios est√°n trabajando a destajo, d√≠a tras d√≠a y noche tras noche, sudando sobre l√°grimas y llorando bajo el cansancio. Y esto es as√≠ porque no son suficientes. Porque, desde el gobierno, se han maltratado durante a√Īos los servicios sanitarios de este pa√≠s. Porque los mismos que nos piden solidaridad y sentimiento de unidad, han perpetrado continuas violaciones a un sistema de salud p√ļblico y solidario. Porque los que salen a aplaudir todos los d√≠as a los balcones tambi√©n llenan las urnas de votos a esos partidos que socavan nuestro sistema sanitario, dej√°ndolo sostenido sobre pilares maleables y fr√°giles: la resistencia y la dedicaci√≥n de nuestros profesionales. As√≠ que, cuando quer√°is agradec√©rselo, recordad bien a qui√©nes les est√°is entregando vuestro voto.

Unidad, patria y obediencia. Esas son, al parecer, las mejores armas que tenemos en Espa√Īa para luchar contra el COVID-19. ‚ÄúSed fuertes, tened paciencia‚ÄĚ ‚ÄúUnidos saldremos de esto‚ÄĚ ‚ÄúQu√©dense en su casa‚ÄĚ y dem√°s frases que han sido tatuadas en nuestras mentes con la tinta del miedo. Sin posicionarme en contra de las medidas tomadas por el gobierno que -siendo m√°s que necesarias- han llegado algo tarde, me parece de una irresponsabilidad m√°xima concluir que, por ser Espa√Īa ‚Äúun gran pa√≠s‚ÄĚ, vayamos a superar esta crisis sanitaria global. 

Jarillo post 1
Imagen de Geralt en Pixabay

Los mismos motivos a los que aludi√≥ Felipe en su breve discurso -de siete lamentables minutos- el pasado mi√©rcoles. S√≠, a los cuatro d√≠as de decretarse el estado de alarma, el jefe del estado sali√≥ a transmitir √°nimos y condolencias, acompa√Īadas de una verborrea anticuada y protocolaria. Como Le√≥nidas en las Term√≥pilas, pidi√©ndonos unidad. Como Blas de Lezo en el fuerte de Bocachica, invocando a la patria. Como George Patton ante el Tercer Ej√©rcito, exigiendo valent√≠a. Como Alejandro Magno, ya en la India, aludiendo a la heroicidad de los suyos. Un discurso anacr√≥nico e insuficiente, en el que el rey vuelve a dar muestra de la inutilidad de la instituci√≥n en momentos de verdadera crisis. 

Quiz√° no sea el momento de retirar la mirada de la situaci√≥n actual, pero con este torbellino de informaci√≥n y lluvia masiva de terror necesitamos alejarnos un poco del ahora y pensar en el ma√Īana. Porque lo m√°s importante en el futuro ser√° la definici√≥n de la nueva sociedad que sobreviva a la pandemia. Y lo que veo ahora, no hace sino aumentar mi preocupaci√≥n por lo que est√° por venir en el terreno pol√≠tico. Teniendo claro el cambio de liderazgo geopol√≠tico que ocurrir√°, propulsando a Asia (principalmente China, Jap√≥n y Corea del Sur) a la cabeza de la econom√≠a mundial sin discusiones y dejando a Europa como un ap√©ndice que har√° de r√©mora del continente asi√°tico durante las pr√≥ximas d√©cadas, habr√≠a que atender a un auge del sentimiento nacionalista -que tanto preocupa en los √ļltimos a√Īos- no s√≥lo en nuestro pa√≠s.

El mi√©rcoles parec√≠a que el mismo Ortega Smith manejara cual marionetista las cuerdas vocales del rey, aludiendo a la unidad, fortaleza e historia de Espa√Īa para vencer a una amenaza que har√° caso omiso a proclamas nacionalistas y acabar√° con lo que encuentre a su paso, tenga o no tenga bandera en su balc√≥n. ¬ŅCre√©is que el aislamiento es la soluci√≥n a los problemas -quiz√° s√≠ frente al coronavirus- que ata√Īen a una sociedad globalizada al nivel que se encuentra la nuestra? La creaci√≥n de fronteras no har√° m√°s que limitar los recursos y capacidades de todas aquellas poblaciones encerradas en ellas.

No es el momento de ahondar en diferencias ideol√≥gicas e identitarias. No es el momento de buscar en la unidad un elemento de diferenciaci√≥n frente al resto de pueblos. Es el momento de mostrarnos -de nuevo- fuertes ante un enemigo com√ļn.

 

Tiempo de lectura ‚Źį 2 minutitos de n√°

Resaca
f. Corriente marina debida al retroceso de las olas después que han llegado a la orilla.
f. Limo o residuos que el mar o los ríos dejan en la orilla después de la crecida.
f. Malestar que padece al despertar quien ha bebido alcohol en exceso.
f. Situación o estado que sigue a un acontecimiento importante. La resaca del éxito.

Dicen que para la resaca viene bien meterle al cuerpo un poco m√°s de lo que se tom√≥ la noche anterior y quise probar este remedio con la variante ¬ęelectoral¬Ľ de mi querida compa√Īera de domingos. Me levant√© ese lunes de resaca dispuesto a empaparme en pol√≠tica, beberme hasta la √ļltima gota de los art√≠culos de opini√≥n, ba√Īarme en la marea de publicaciones, reacciones, retweets…y eso hice.

Facebook, Twitter e Instagram supuraban euforia y odio a partes iguales nada m√°s conocerse el resultado, y segu√≠an apestando a lo mismo horas despu√©s, tras haber despertado la ma√Īana. Si bien es cierto que uno est√° acostumbrado al odio, la euforia no termino de comprenderla -imag√≠nense compartirla.

Sentirse ganadores con un resultado que otorga 24 diputados a la extrema derecha -con m√°s de dos millones y medio de votos- me parece, cuanto menos, irresponsable. Otro tanto me ocurre con los art√≠culos de opini√≥n de supuestos medios progresistas. Periodistas, historiadores, polit√≥logos…muchos de ellos coinciden en que el resultado electoral supone una victoria de la izquierda frente al totalitarismo, un foso abierto frente al avance de la extrema derecha; lo cual supone una actitud bastante m√°s irresponsable que la anterior si cabe, m√°s a√ļn teniendo en cuenta que el fascismo clava sus raices muy hondo, lentamente, poco a poco pero, una vez desarrollado, se expande r√°pido, como la peste.

Otro lunes de resaca
Ilustración: Pedripol

Sudamérica está siendo colonizada por el imperialismo capitalista estadounidense y parece que Europa pretende seguir su ascendente tendencia fascista. Bajo la luz de las 12 estrellas estamos viendo el nacimiento y auge de distintos partidos de ultraderecha, generalmente nacionalistas y antieuropeístas, que en menos de una década han conseguido tener presencia en casi todos los parlamentos de la unión. Aquí, mientras, nos enorgullecemos del país porque ha ganado el PSOE -no sé qué me asusta más- como si el PP y el PSOE fueran algo más que radios de la misma rueda que ha pasado por encima de la democracia y ha pisoteado el estado de derecho en incontables ocasiones desde la transición.

La lucha no acabó el domingo. La lucha empieza ahora. Debemos demostrar que nuestras instituciones no serán de nuevo un refugio para el fascismo. Ni las instituciones ni nuestras calles. Veinticuatro diputados dentro son muchísimas personas fuera.

Tiempo de lectura ‚Źį 2 minutitos de n√°

Airon post
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Llevo unos días en los que me asedia una marea de incógnitas que no soy capaz de despejar y voy a aprovechar esta ocasión para compartir mi frustración con vosotros y vosotras. Y además, gratis. Aunque antes me gustaría plantear unas cuestiones sencillas:

¬ŅOs gusta el hummus o sois m√°s de cochinillo al horno? ¬ŅUna buena pizza margarita o mejor unos ¬†rollitos de primavera y una docena de piezas de sushi? ¬ŅSois amantes del r&b, el jazz y/o el blues? ¬ŅOs cubr√≠s la garganta del fr√≠o poniente con una kufiyya -un pa√Īuelo palestino- o quiz√° us√°is un turbante como manera ‘cool’ y moderna de recogeros la melena? Si respond√©is afirmativamente a alguna(s) de estas preguntas -en mi caso, as√≠ es- pas√°is a la siguiente ronda.

¬ŅSois de Oriente Medio, Segovia o N√°poles? ¬ŅHab√©is nacido en alguna parte de China o Jap√≥n? ¬ŅTen√©is un pasado como recolectores de algod√≥n esclavizados en alguna campi√Īa del noreste de los Estados Unidos? ¬ŅOs han bombardeado vuestra casa los israel√≠es o quiz√° sois seguidores del sijismo? Si respond√©is afirmativamente a alguna(s) de estas preguntas -en mi caso, no es as√≠-, enhorabuena (excepto a esclavos, bombardeados y refugiados). Llev√°is vuestras ra√≠ces, cultura y creencias all√° donde vais, con el fin de expandirlas y enriquecer al resto de vuestros coet√°neos. ¬ŅO no era tambi√©n esa una de las ventajas -por desgracia, menospreciada- de la globalizaci√≥n y el consiguiente intercambio cultural entre naciones?

Hay dos palabras que, unidas, plantean justamente lo contrario: apropiaci√≥n cultural. Su simple uso conjunto ya es una aberraci√≥n. La cultura, en general, no tiene due√Īo. Al menos, no deber√≠a tenerlo. Las composiciones, ya sean musicales, literarias, gr√°ficas y/o cualquier recurso art√≠stico creado en el desarrollo de su actividad s√≠, porque son una creaci√≥n personal. Pero la identidad cultural es -y debe ser- tan libre como la identidad sexual o la identidad de g√©nero. La posibilidad de identificarnos con cualquier cultura de otra parte del planeta no es sino una virtud de nuestra globalizaci√≥n y no debemos minimizarla, porque es la √ļnica riqueza que a√ļn podemos repartirnos libremente.

Sin embargo, no son pocas las voces que se desgarran en grito contra Rosal√≠a y dem√°s artistas contempor√°neos bajo la acusaci√≥n de mancillar la cultura y tradiciones andaluzas, por citar un ejemplo de actualidad. Este posicionamiento -siempre m√°s arraigado en entornos conservadores- se asemejar√≠a demasiado a una especie de ‘nacionalismo cultural’, en el que excluir de nuestra cultura a aquellos que no consideramos dignos. Y recuerden bien que los nacionalismos ‘de derechas’ no son constructivos porque son ‘de derechas’ y los nacionalismos ‘de izquierdas’ tampoco lo son porque son ‘de derechas’.

Dicho esto, no consigo entender cómo, en estos tiempos tan convulsos -política y económicamente-, la izquierda sigue cayendo en el error de llevar como armadura esa piel tan fina y, cómo esgrime la corrección política. Cierta izquierda plantea su lucha abanderando el bienquedismo y no parece percatarse de que está construyendo un camino moralizante hasta unos límites en los que su propia satisfacción ética se ha vuelto suicida.

Tiempo de lectura ‚Źį 3 minutitos de n√°

Jarillo 2
Imagen: Pedripol

Llevaba tiempo apoyando la teoría de que el próximo presidente de este país tendría un nombre catalán. Con la victoria de Pablo Casado en las primarias del PP, mi teoría se derrumba y esto que les cuento son sus escombros.

El PP se desintegraba mientras Ciudadanos se acercaba peligrosamente a la Moncloa. Los de Rivera iban dando pasos hacia el gobierno impulsados por la inercia de su defensa de la unidad nacional durante el conflicto catal√°n y su postura firme (e hip√≥crita, como buenos espa√Īoles que son) frente a los casos m√°s sonados de corrupci√≥n. En medio de ese proceso, y de forma inesperada, lleg√≥ Pedro S√°nchez; el ‚ÄúKennedy espa√Īol‚ÄĚ, el ‚ÄúObama blanco‚ÄĚ que bien podr√≠a haber acabado su carrera pol√≠tica como hicieron ellos. Me hubiera dado lo mismo que se fuera a Haw√°i a hacer esqu√≠ acu√°tico o que recogieran los restos de su cerebro de la tapicer√≠a de un coche (conste en acta, se√Īor juez, que este que escribe no le desea ni lo uno, ni lo otro). Pero no. Pedro ‚Äėave f√©nix‚Äô S√°nchez volvi√≥, resurgiendo de sus cenizas, para derrocar a Mariano e instaurar su escaparate electoral.

En el momento en el que Albert se hab√≠a ganado a los Espa√Īoles (con may√ļscula, esos de bandera en balc√≥n) con su posicionamiento en el ala derecha -por si todav√≠a alguien dudaba- del espectro pol√≠tico, llega el se√Īor S√°nchez y destroza la estrategia de Ciudadanos con un solo movimiento. Les obliga a retratarse, delante de toda la naci√≥n, d√°ndole dos opciones: apostar por una apertura democr√°tica y dialogar con el PSOE, la izquierda y los partidos nacionalistas o apoyar la permanencia de una banda de mafiosos en el gobierno. Su decisi√≥n no sorprendi√≥ a nadie. Una vez se√Īalados de esa manera, a Ciudadanos solo le quedaba la opci√≥n de seguir siendo una r√©mora y chupar todo el flujo de votantes que hu√≠an despavoridos del desastre del PP y que son muy Espa√Īoles ‚Äďy mucho Espa√Īoles- para votar a un partido que huela m√≠nimamente a izquierda.

La cosa volvi√≥ a torcerse y lleg√≥ el anuncio de la marcha de Mariano regresando a Santa Pola (a rascarse la popola unos d√≠as; Rajoy hace a√Īos que no ve una hoja de Excel) provocando la convocatoria de primarias -por primera vez- en la historia de los populares. Pablo Casado, al salir vencedor y dejar a Cospedal y Soraya bastante tocadas, se encuentra ahora una autopista por delante para acelerar en su viraje hacia la derecha m√°s reaccionaria. El nuevo l√≠der del PP defiende el respeto de las normas; las mismas normas que se ha saltado su partido durante d√©cadas para esquilmar las arcas p√ļblicas. Cuando alguien como Casado hace referencia a las normas, sus palabras vienen acompa√Īadas de tufo a arcilla, de melod√≠a lit√ļrgica; como si hiciera referencia a mandamientos que alguien grab√≥ hace siglos en una tablilla que no puede ser mancillada.

Casado se presenta con un discurso de menosprecio al oponente, carente de iniciativa de di√°logo y con la intenci√≥n de llegar a la mayor√≠a absoluta para volver a aplastar la legislaci√≥n espa√Īola con su apisonadora de decretos. Esa es la nueva cara que liderar√° la regeneraci√≥n del Partido Popular, como si tal cosa fuese posible. Una cara joven que se reconoce orgullosa de Fraga, Aznar y Rajoy y que, acto seguido, se atreve a citar a Unamuno. Una cara joven maquillada con la vejez de los ideales moribundos de una sociedad corrupta hasta su ra√≠z por la moral cristiana y de una clase aburguesada hip√≥crita y ego√≠sta que no sufri√≥ una dictadura sino que vivi√≥ de ella como √©lite en una Espa√Īa de incultura e ignorancia.

De esa ‚Äú√©lite‚ÄĚ proviene Pablo Casado, quien propone un Partido Popular apoyado en dos pilares b√°sicos: la defensa de la libertad individual y la libertad econ√≥mica. La primera es una afirmaci√≥n bastante hip√≥crita y la segunda es lo id√≥neo para continuar con esta din√°mica de crisis econ√≥micas concatenadas. Dice representar un Partido Popular que aboga por la defensa de la familia y de la vida, enfrent√°ndose al aborto, la eutanasia y la ideolog√≠a de g√©nero. Nada de esto puede ir de la mano con defender las libertades individuales, se√Īor Casado. Representa usted a menos gente de la que cree -y a m√°s de la que a m√≠ me gustar√≠a. Hasta Rajoy se ha visto obligado a estar m√°s cerca de G√©nova para que Aznar no vuelva a pasearse en babuchas por all√≠.

Pablo es el Albert Rivera 2.0 (Aznar 3.0) de la pol√≠tica espa√Īola y estoy seguro de que ambos van a entenderse bien. ¬ŅC√≥mo afectar√° esto a la izquierda, que en estos instantes se encuentra con una situaci√≥n ca√≥tica?. De momento solo puedo pensar en la cara de Albert, que cre√≠a ver v√≠a libre hacia la presidencia y a quien tras los resultados de las primarias del PP, se la ha quedado cara de ‚Äėprimo‚Äô. ‚ÄúEl primo de Rivera‚ÄĚ. No le viene nada mal.

Tiempo de lectura ‚Źį 3 minutitos de n√°

Jjarillo
Imagen: Pedripol

Nac√≠ en el 87. Pertenezco a la generaci√≥n ‚ÄėY‚Äô. Seg√ļn muchos dem√≥grafos, pod√©is denominarme millennial, aunque no s√© exactamente qu√© narices significa eso. Un denominador com√ļn entre mis coet√°neos es la huida y aunque nadie sepa muy bien hacia d√≥nde, lo que s√≠ sabemos es de qu√©.

Es l√≥gico pensar que, viviendo en C√°diz, todo aquel que decida escapar de semejante para√≠so terrenal debe haber sufrido un buen golpe de levante. Pero ya son demasiados los que se han marchado sin necesidad de ser empujados por los vientos. Muchos huyeron de la precariedad, otros tantos de la monoton√≠a. El resto posiblemente se fue al sentirse inc√≥modo en el sof√° de la desidia donde la mayor√≠a pasa su tiempo libre. Algunos lo hicieron corriendo, de forma alocada, mientras agitaban sus brazos en un incomprendido af√°n por despedirse de todo y de todos. Otros se fueron a hurtadillas, creyendo que nadie lo notar√≠a, sin pensar en el vac√≠o que dejaban atr√°s. Ni que decir tiene sobre el que se llevaban consigo. Yo mismo escribo esto a 1200 kil√≥metros de mi casa. Como buen millennial, tambi√©n hu√≠. Ten√≠a que haberlo hecho hace a√Īos pero C√°diz, con sus cosas, te atrapa.

La precariedad no es el √ļnico motivo. Solamente es la base donde el resto de problemas se apoyan, unos sobre otros, en un equilibrio cruel. Es la ra√≠z de un √°rbol que se ancla hondo en tu cuerpo y cuyas ramas acaban por destrozarlo, al comp√°s del crecimiento. Y para una planta as√≠ de destructiva no hay mejor abono que la gentrificaci√≥n. Las ra√≠ces de la escasez beben de ella y se fortalecen, d√°ndole altura al tronco para que sus primeras ramas se claven en tus √≥rganos y presionen tus costillas, haciendo cada vez m√°s dif√≠cil tu respiraci√≥n. Esa palabreja que tiene apenas 50 a√Īos nos expulsa a nosotros, los j√≥venes, fuera de nuestros barrios. Nos echa poco a poco a aquellos que conocemos cada una de sus esquinas. Esas con las que re√≠mos y lloramos al mirarlas, por las mil historias que nos cuentan. Nos invitan a salir de lugares en los que hemos crecido. Bebi√©ndonos sus calles, comi√©ndonos sus plazas. Barrios cada vez m√°s irreconocibles y no por el paso del tiempo en sus fachadas.

Ahora, en otro de los puntos calientes de la gentrificaci√≥n en Espa√Īa -como es Barcelona- todo me resulta cercano. Tampoco es que haya elegido la mejor √©poca para buscar trabajo de calidad en el litoral -hasta el momento- espa√Īol. Aqu√≠ ya he sufrido la peor entrevista de trabajo de mi vida, me han ofrecido trabajos casi tercermundistas y me han rechazado de empleos por motivos dudosamente legales. No solo esto. Muchas otras cosas que aqu√≠ veo me traen aromas de mi ciudad, mi gente. Callejones estrechos con inesperados arcos en su medular que te ocultan entre claroscuros. Ropa tend√≠a en ventanas y balcones, sec√°ndose al aire y coloreando las grises callejuelas del Raval. La econom√≠a sumergida como pilar indiscutible de la ‚Äėriqueza‚Äô del barrio. Construcciones hoteleras a medio terminar donde encuentran descanso los vagabundos que durante el d√≠a saltan de sombra en sombra por el barrio.

Pero aqu√≠ la respuesta social es potente, es una ciudad que grita cuando la pisan. Aqu√≠ hay muchos comercios locales que todav√≠a levantan sus escudos contra los alquileres abusivos y esgrimen sus armas frente a las grandes cadenas de hosteler√≠a y alimentaci√≥n. Los inmigrantes, que conforman la mayor√≠a social del barrio, luchan por esto como si fuera suyo. Luchan por estos adoquines como si se hubiera echado los dientes en ellos. De hecho, luchan mucho m√°s que algunos aut√≥ctonos que se engrandecen a s√≠ mismos colgando esteladas en su balc√≥n para luego alquilar su piso a precios de oro. Catalanes e inmigrantes. Ellos mismos se organizan de manera ejemplar. Hay reuniones peri√≥dicas en cada barrio -y asociaciones de vecinos- en las que se estudia la situaci√≥n actual del mismo y las posibles mejoras a implementar, ya sea desde un enfoque p√ļblico o privado. Se empapelan fachadas ‚Äďliteralmente- con carteles de llamada para que acudan las personas residentes. Durante estos d√≠as he visto ejemplos brillantes de autogesti√≥n de suelo p√ļblico, con diferentes finalidades productivas, culturales y sociales. Una resistencia a lo inevitable, con u√Īas y dientes en forma de identidad y arraigo. Y me da rabia, porque es lo √ļnico que no me trae recuerdos de casa. All√≠ ha ahondado con tanta profundidad entre nosotros el ‚Äėsudapollismo/co√Īismo‚Äô que cada vez se oyen menos voces que reivindiquen nuestra identidad. Mientras que aqu√≠ todav√≠a hay gente que lucha y que lleva haci√©ndolo muchos a√Īos, en el sur, como siempre, nos ha cogido el toro. O nos pudo la cobard√≠a.

Tiempo de lectura ‚Źį 2 minutitos de n√°

Jarillo
Fotograf√≠a: Jes√ļs Machuca

Seguro que alguna vez has sentido algo parecido. Un fuerte golpe en la espalda. Un trago de algo que decidi√≥ explorar conductos extra√Īos. Un recuerdo que regresa para atormentarte mientras est√°s intentando apagarte sobre la cama. Algo que te deja, literalmente, sin respiraci√≥n. Es la peor sensaci√≥n que puedes sentir jam√°s. Sentir que tus pulmones no responden. Es horrible. Entiendes que la muerte se acerca y la angustia te inunda completamente.

Imagina, ahora, que esa sensaci√≥n de angustia se alarga hasta lo insoportable y sigue ah√≠, d√≠a tras d√≠a. Desde dentro de ti, una mano sucia oprime tus pulmones y no te deja inhalar aire. Te vas llenando de la tierra que luego vomitar√°s a tu entorno en forma de cristales, destruyendo aquello que aparece a tu paso. La frustraci√≥n arrasa con todo tu ser mientras intentas salir de ti. No eres capaz de respirar. No eres capaz de ser. Nada. Te amarras a la rutina esperando que, en alg√ļn momento, termine. Pero es imposible seguir aguantando y un d√≠a ya no puedes m√°s.

La situación actual está acabando con nosotros. No solo económica sino vitalmente. Nos arrastra por un tortuoso camino de trabajo continuo para ni siquiera poder sobrevivir. Poder vivir de verdad, sentirnos vivos. Ya no somos, estamos. O somos simples carcasas corroídas por la precariedad que deambulan por las plazas y calles hasta que caen ciegas en sus propias oscuridades. Olvidamos las cosas que nos gustan. Olvidamos las cosas que no nos gustan. Incumplimos las promesas que nos hicimos. Nos olvidamos de nosotros mismos. Nos traicionamos. Y cuando alguien se traiciona a sí mismo, ya no le queda nada.

Este sistema precario y desalmado est√° llevando a una generaci√≥n completa a perderlo todo. Est√° provocando que millones de personas tengan que arder en las llamas de la angustia y la necesidad hasta que, si pueden, intenten resurgir de sus cenizas. No ser√° un precioso F√©nix lo que salga de ellas. No. El sistema est√° creando seres enajenados y carentes de sentimientos que, antes a√ļn de haberse sacudido las cenizas, s√≥lo piensan en una cosa: venganza. Y se cumplir√°. Porque aquello que les han quitado, que nos han quitado, no puede ser devuelto. Ya no somos nosotros. No pueden devolvernos nuestro ser. Es demasiado tarde.