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Por una vez, y para que sirva de precedente, los que nos dedicamos a esto de la enseñanza tendríamos que ser honestos con nosotros mismos y enfrentarnos a otra de esas grandes verdades que la velocidad de este siglo XXI está dejando desnuda y en evidencia: nuestro sistema educativo (y me refiero al occidental) es un perfecto fracaso. Sí, claro, cambia de país a país, muta según los avances y nuevas teorías que se pongan en práctica de forma individual, pero el concepto de aulas monolíticas con el alumnado en el asiento y tirando de materiales impresos inoperantes sigue siendo el más común de los paradigmas. ¿Culpa o responsabilidad de los docentes? No lo creo, sinceramente. En todas las profesiones hay de todo, pero una inmensa mayoría del profesorado de cualquier nación desarrollada está bien preparado y motivado (dejemos aparte el tema de los sueldos y del prestigio). ¿Responsabilidad de los que se dedican a consensuar leyes educativas que no sirven absolutamente para nada? La experiencia nos demuestra que los gobernantes se limitan a mirar para otro lado y rezar en silencio a sus amigos imaginarios, esos que pueblan las iglesias. Desgraciadamente, los muñecotes no tienen ningún poder en el mundo real.

Son tan torpes y tan ciegos que no son capaces de comprender que ahí, precisamente en la Educación con mayúsculas, es donde está el futuro del pueblo, el pilar fundamental para la economía de los años venideros. Y créanme, aquí no tiene nada que ver la ideología ni los partidos de polos opuestos: en el fondo todos piensan y actúan de la misma manera, por muchos informes que caigan en sus zarpas, por muchas evidencias que les pongan por delante. En los noventa, los orientales descubrieron esta gran verdad, y decidieron apostarlo todo a una carta: ahí les tienen veinte años después: marcando el pulso de la tecnología mundial, y, por tanto, de los mercados.

No future
Fotografía: Jesús Machuca

Pero nosotros, ciñámonos al terruño que nos rodea. No. Qué va, nosotros somos muy españoles y mucho españoles (por tanto, europeos, que no sé qué es peor a estas alturas) y todo lo que hacen en el extranjero, así por defecto, desde los tiempos de Tito Paco, es una absoluta chorrada. ¿Qué los bárbaros del exterior investigan sobre cosas como la Clase Invertida, el Aprendizaje Basado en Proyectos, Educación Múltiple, etc.?

Chorradas, queridos ciudadanos, no hagan caso a los infieles de más allá de los Pirineos pero lo que no pueden esconder estos mandamases de pacotilla es que todas las experiencias que se llevan a cabo para desencorsetar la educación están teniendo excelentes resultados. Sería imposible dada la brevedad de este artículo exponerlas aquí… Les invito, sin embargo, a que tiren de San Google y busquen, les aseguro que quedarán gratamente sorprendidos.

Porque, aunque parezca mentira, muchos de nuestros conciudadanos docentes están apostando, con escasa o ninguna ayuda, a veces con la única ayuda de sus propios recursos, por ofrecer a nuestro alumnado una visión de la educación más ajustada al tiempo que nos rodea, una que sirva para enfrentarse a los grandes retos que todavía nos depara este siglo y los venideros. A veces creemos que son absurdeces propias de la ciencia-ficción pero lo cierto es que nuestros hijos e hijas, y con ellos sus retoños, tendrán que enfrentarse al problema de la clonación y de la modificación genética, a la singularidad que se generará cuando las Inteligencias Artificiales tomen conciencia de su propia existencia (que lo harán tarde o temprano, no les quepa la menor duda), cuando las grandes sequías cambien el clima y la superficie del planeta, cuando escaseen el agua y la comida, cuando llegue el momento de dejar esta roca atrás y comenzar la conquista del exterior.

Ocurrirá, y no podemos evitarlo.

Y para hacer frente a esos desafíos no va a servir de nada dedicar cursos completos a repetir lo que se ha repetido ya mil veces en la primaria, en todas las materias y todas las áreas de conocimiento. ¿No sería más sensato, llegados a este punto, enseñar a nuestros retoños a investigar, a desarrollar soluciones, a resolver problemas, a buscar y gestionar la información, a detectar los fakes? ¿No creen que sería mucho más necesario?

Cada minuto que perdemos intentando llenar mentes jóvenes (y aburridas) de datos imbéciles que podrían sacar de Google en un segundo es un paso atrás en el desarrollo humano. Y humanos, les guste o no, somos todos, aunque a veces no nos comportemos como tales.