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Marta melendez

Fotografía: Jesús Massó

Me sorprende que se sorprendan, porque sinceramente no sé de qué se sorprenden. Es que acaso ¿nadie lo sabía? O es que ¿todo el mundo lo conocía pero nadie se atrevía a contarlo?

Año y medio hemos tardado en conocer algo de lo que ocurrió. La semana pasada asistíamos atónitos –algunos más que otras- a la constatación pública de que el Partido Popular se dedicó a montar su propio negocio durante dos décadas. Sí, he dicho bien, a montar su propio negocio: el de vivir de lo público, ni más ni menos. Y para ello no escatimaron en usar los recursos municipales a su antojo. Los de aquí y los de allá. O ¿alguien creía que esto no era y es un estilo de gobernar? De hecho, la gestión de Onda Cádiz y el conglomerado asociativo-empresarial que montaron a su alrededor sirvió de ejemplo para otras televisiones locales.

Todo empezó en 2005 cuando el PP de Cádiz consideró que una televisión municipal sería la apuesta decidida para el futuro de la ciudad. Un lugar adecuado y amparado legalmente para desteñir la realidad. El espacio ideal para multiplicar a los adeptos aquí y en Pekín si fuera necesario. De hecho, durante diez años el anterior gobierno municipal nos recordó, casi a diario, que la “suya” era la TV local más vista en toda la provincia, con repetidores hasta en el Campo de Gibraltar –según contaban las buenas lenguas-. Aquello echó a rodar y cumplió con su objetivo: nadie podría discutir que Cádiz era una ciudad próspera, limpia, con inversiones, en la que todos los días sucedía algo bueno de la mano de su alcaldesa. Y mientras tanto, el PP consideró que no era suficiente. Y dio un paso más: la constitución de la radio municipal. Las ondas tenían que ser tomadas por tierra, mar y aire si fuera necesario. Con una programación absolutamente partidista, donde las odas a la excelentísima formaban parte del mensaje minuto a minuto. Con ello se convirtió en la radio de los gaditanos y gaditanas. Lo último, la versión digital con Cádiz Conecta con un coste inicial de novecientos mil euros. En 2009, el Ayuntamiento de Cádiz cerró con un remanente negativo de tesorería de casi 25 millones de euros. Y 2010 con más de diez millones de euros, también en negativo. Pero daba igual. Mientras que no se descubriera lo urdido y lo gastado, algunos seguirían siendo los dueños de Cádiz.

Ahora esa información ha sido filtrada, intencionadamente o no. Los datos aparecen negro sobre blanco. No fueron tres, sino muchos más los millones ‘desviados’ a la radiotelevisión local. Lo presupuestado, lo oficialmente ejecutado, lo abonado bajo cuerda con el sistema de “contratos programas”, lo pagado desde los organismos y empresas municipales para la emisión de anuncios propagandísticos de la ‘buena’ gestión, y lo ‘desviado’ a través de herramientas ideadas por quienes dirigían la comunicación en el PP Andaluz –me refiero a Aierta (Asociación independiente de Emisora de Radio y Televisión de Andalucía)-. El plan dio resultado. Así que ni cortos ni perezosos, cortaron y pegaron por toda Andalucía. Marbella, Fuengirola, La Línea de la Concepción, Almería, Málaga, Bollullos de la Mitación, ejemplos del mismo despilfarro propagandístico. Y finalmente, crearon Metropolitan Tv, un canal autonómico de corte competitivo con Canal Sur Tv, que utilizó indiscriminadamente, al menos durante dos años, las instalaciones y los medios de Onda Cádiz. Todo les pareció insuficiente para intentar copar el poder municipal, provincial y autonómico. Y para ello se sirvieron de las arcas públicas que gestionaban.

Las cifras de Onda Cádiz son escandalosas. El oscurantismo en su gestión fue de juzgado de guardia. Cualquier periodista, redactor o redactora de papel cuché pudo olerlo, pero… miraron o les hicieron mirar para otro lado. Por eso me sorprende que ahora ‘descubran’ esta realidad algunos medios de comunicación. Ejemplo, el que durante toda la semana pasada ha abierto sus informativos noticia tras noticia, o como el que tímidamente se ha hecho eco en un par medias páginas. No me sorprende que otros, los más reaccionarios, los de la intereconomía y grupos afines a la derecha, no hayan puesto ni una coma, ni un punto, a tan tamaña denuncia pública. Por cierto, ni los unos ni los otros serán capaces de decir cuánto ingresaron en publicidad de las arcas municipales. Porque si no se escatimaron esfuerzos económicos con Onda Cádiz, menos con los medios de comunicación de esta bendita ciudad. O es que ¿acaso ya nadie recuerda los martilleantes anuncios de “Con el Ayuntamiento de Cádiz, Sí” que emitieron todas y cada una de las emisoras de radio durante años? O es que ¿acaso ya nadie recuerda las contraportadas o las páginas completas a color de “A pesar de la crisis…” en toda la prensa gaditana? Lo que se llama sin tapujos, un silencio comprado.

Durante una década tuvimos que coexistir con una televisión y una radio parcial. Me aventuro a afirmar que fueron más de treinta millones de euros ‘invertidos’ en narcotizar a la ciudadanía con informaciones nada veraces y con unos mecanismos ausentes del reconocimiento de la pluralidad que requiere cualquier gestión de lo público. Once requerimientos de información realizó el grupo socialista del Ayuntamiento de Cádiz al anterior gobierno municipal. Casi todos anteriores a junio de 2012, por qué no decirlo. A duras penas, con documentos a cuenta gotas, denunciamos el perjuicio tan grave y tan irreparable que se le hacía a Cádiz. Casi perseguidas por los dirigentes del PP de Cádiz –algunas más que otros- intentamos poner el foco público en la falta de transparencia, en el uso partidista y en el despilfarro que suponía todo este aparato propagandístico. Y ni caso. Denunciamos al Consejo Audiovisual de Andalucía lo que era un insulto a la inteligencia. Que ni más ni menos las noticias generadas por la oposición o por cualquier dirigente local, provincial o autonómico que no fuera del PP, no tenían cabida en la escaleta informativa de Onda Cádiz. Una televisión pública condenada en alguna ocasión por sectarismo o por la emisión de publicidad ilegal. Sería conveniente que el actual gobierno municipal también ‘filtrara’ los gastos ‘indebidos’ abonados a quienes representaban a la entidad en los tribuales defendiendo lo indefendible. Por cierto, un dato que revelo en esta ocasión. En febrero de 2013, siendo concejala del Ayuntamiento de Cádiz quise denunciar ante el Consejo Audiovisual de Andalucía la aberrante propaganda institucional a la que se sometía a los aficionados al carnaval durante la retransmisión de las preliminares y de los cuartos del Concurso Oficial de Agrupaciones, pero… el portavoz municipal lo impidió. Por eso, ahora fuera del debate público, me rio yo de los golpes de pecho de algunos… que, por cierto, también ejercen censura en la televisión local o, mejor dicho, descuelgan el teléfono para que otros la ejerzan. Ven, ¡cuánta sorpresa en algo tan previsiblemente conocido!

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Marta melendez

Ilustración: pedripol

Un año más dirijo mi misiva hacia vosotras. Harta de tanta testosterona, no me queda otra que depositar mi ilusión en quienes considero que puedan tener mayor capacidad de gestionarla. Porque de eso se trata. De la esperanza de que al finalizar 2017, lo que aquí os transmito, se pueda ver cumplido.

Sin lugar a dudas, mi primera petición: mayor sensatez. Para quienes gestionan nuestra ciudad y para quienes se oponen a aquellos y a aquellas. Porque tiene narices que a casi dos años de haber cambiado el gobierno municipal, unos y otros –por eso de los primeros espadas- estén todo el día a ostias limpias, sin importarles no sólo las sensaciones que transmiten a la ciudadanía en general, sino lo estúpidos que parecen con esa continua pelea de gallos que tienen. Sensatez para solucionar los mayores problemas que de forma endogámica sufre nuestra ciudad y que hacen que parte de nuestra población envejezca empobrecida de forma casi irremediable con el presente al que están condenados y condenadas. Sensatez para poner las soluciones en el centro del debate del Salón Plenario y que éstas no estén, como ya hiciera el anterior gobierno municipal, sometidas al tamiz de la negativa ideológica ni a la condena de la ausencia de la inversión económica. Un poco de imaginación, acompañada de esfuerzo y de verdadero compromiso, también sería necesario que traigáis.

Os pido moderación para quienes ejercieron el gobierno de nuestra ciudad durante veinte años y que, ahora, no paran de decir burradas que sonrojan al más “pintao”, especialmente, en asuntos urbanísticos y económicos. Y seriedad para quienes representan a la Junta de Andalucía, de tal modo, que dejen de marear perdices en proyectos tan necesarios para nuestra ciudad como la rehabilitación y puesta en valor de edificios como la Escuela de Náutica o la Residencia del Tiempo Libre, o como la estación de autobuses o el carril bici.

Queridas reinas, como obras son amores que no buenas razones, os pido que hagáis lo posible por mantener el compromiso de quienes altruistamente dedican su tiempo a los demás. De quienes bien particularmente bien a través de los distintos colectivos de la ciudad, día tras día, noche tras noche, intentan poner una solución a quienes se han visto más afectados por la crisis, en especial los menores de nuestra ciudad. Y a quienes ponen su experiencia, formación y conocimiento para que nuestra ciudad pueda sufrir un cambio radical en materias tan esenciales como educación, cultura o memoria histórica –ahora llamada democrática-, que no caigan en el desconsuelo. Sus majestades no deben olvidar que ese cambio se debe producir de una vez por todas en el trato igualitario de las gaditanas no sólo en nuestra fiesta más genuina, sino en los puestos de responsabilidad públicos y privados, es decir, en aquellos lugares en los que la toma de decisiones transforman nuestro “pequeño” mundo. Visibilizando a esas mujeres a las que la historia no hizo justicia y a aquellas que en la actualidad no reciben el apoyo necesario y en cualquier esquina chocan con el techo de cristal, los micromachismos y la desigualdad salarial.

Acordaros de traer a todos los gaditanos y gaditanas sensibilidad para con nuestra ciudad. De esa que no sólo se trata de decir que se está orgulloso de ella, sino de aquella de la que hace que uno o una sienta la necesidad de respetar su patrimonio, sus calles y sus plazas. Y de aquella, también, que apueste por la cultura –en el más amplio sentido- como recurso extrapolable al mundo.

Únicamente os haré una petición personal, una que sé que velará por los mejores destinos de mi familia y de mis amigos y amigas. Quiero, tiempo al tiempo, y que éste ponga todo en su lugar. En aquel del que nunca debió haberse apartado. Con una justicia eficaz y eficiente, que vele porque los inocentes no sean declarados culpables. Una justicia que va más allá de la terrenal y que impide que ni los primeros ni los segundos sirvan de escarnio público. Una justicia que no se dilate en el tiempo y que se mueve en la búsqueda de la verdad. Que impide que cualquier malhechor pueda hacerse pasar por víctima ejerciendo la acusación en nombre del pueblo. Una justicia que recae con fuerza sobre quienes delinquieron pero que vela por la absolución de quienes no lo hicieron.

Finalmente, solo espero que todas y cada una de mis peticiones puedan ser atendidas. Tenéis todo un año para ello, trescientos sesenta y cinco días con cada una de sus horas, de sus minutos y segundos. Para que mi carta, la dirigida a mis queridas Reinas Magas, pueda mermar en su extensión en enero de 2018. En ello confío.

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Ilustración: @pedripol

Pasamos la hoja del calendario. Un año más, 6 de diciembre. Otro día para la celebración. Esta vez, el trigésimo octavo aniversario. Casi ‘na’. Y nuevamente leemos y reelemos cada uno de los preceptos que nuestra Carta Magna incluye prestándole mayor o menor importancia, según qué cosa, según en qué momento estemos y ante qué clamor popular. Y vuelven los sainetes de su modificación, necesaria sí, pero no más aún que el reclamo de su cumplimiento en toda su extensión.

El Día de la Constitución es un día para proclamar, entre otras cuestiones, la necesaria reforma de nuestro sistema político, la innecesaria existencia de un Senado que cada día se parece más a un cementerio de elefantes, las situaciones discriminatorias que se contienen en su articulado y la necesaria inclusión como fundamentales de los derechos al trabajo y a la vivienda digna, éstos bajo la falacia del respeto inalienable que ello conlleva. Pero también es un día para poner sobre la mesa la hipócrita situación que vivimos por quienes imploran que nuestro texto constitucional es papel mojado para acto seguido saltárselo a la torera.

Reclamamos la necesidad de un mejor Estado de Derecho, mientras vulneramos con demasiada asiduidad sus derechos fundamentales. Las últimas limitaciones a la libertad de expresión, al derecho de reunión o de manifestación, son un claro ejemplo de ello. Reclamamos la posibilidad de defendernos frente a las injusticias, mientras convertimos la presunción de inocencia en presunción de culpabilidad. Todo vale para vender papel cuché, incluidas las palabras huecas. Porque asistimos a la insoportable moda de hacer arder en la hoguera a cualquiera, que en cualquier momento y de cualquier modo sea investigado. Un peligroso juego que desmorona nuestro sistema democrático.

Rita Barberá murió inocente ante unos tribunales que administran justicia que eterniza cada una de sus actuaciones. Pero murió culpable en la memoria inquisidora de la sociedad. No tuvo juicio, pero fue repudiada por los propios y por los ajenos. La lloraron en su desgracia y se culpabilizó en su obituario a quienes durante meses la habían perseguido mediáticamente. Rita, rica hasta las trancas, murió repudiada, acosada por la justicia de los medios de comunicación y por la terrenal, la que desespera al más “pintao”. La que te hace levantarte cada mañana con el pavor del escándalo magnificado con el que se cuentan estas cosas y que permiten, aún siendo inocente, que te señalen por la calle o que te retiren cualquier posibilidad de expresarte. Porque ahora, ser investigada es sinónimo de tener que permitir que tu dignidad se vea esfumada de un plumazo, de no poder alzar la mirada cuando paseas, de que te impidan cualquier atisbo de opinión o de expresión como si tuvieras que aceptar que eres un ciudadano limitado en tus derechos. Mientras luchas y sigues luchando para que se respete tu presunción de inocencia y conseguir que, finalmente, la sospecha se convierta en exculpación total y absoluta. El escupitajo en la cara es lo que llena de valentía a aquellos que prenden la mecha del escarnio público. Sí, a los que se han olvidado que tal y como pintan las cosas, más pronto que tarde dejarán de ser héroes de plazas para pasar a ser objeto de la inquisición social, de esa misma que ellos y ellas alimentan. Y ello porque sustentan el descontento de la ciudadanía en los casos investigados, obviando que la ciudadanía está cansada no sólo de esto, sino también de la ausencia de cumplimiento de lo comprometido, de que la política se haya convertido en el refugio de quien no tiene nada fuera de ella y de que al final todo su objetivo se haya reducido al sustento propio de quienes la ejercen, imperando el interés más personalísimo frente al de la colectividad.

Supongo que Rita tendría ganas de gritar a los cuatro vientos que era inocente. No sé si lo sería, una duda que ya no podremos disipar. Mientras tanto, yo defiendo hasta la extenuación el necesario respeto de todos y cada uno de los artículos de nuestra Constitución y repudio por fariseos a todos aquellos que la desvirtúan y no la respetan, también en lo referente a las garantías procesales, al derecho de defensa y a la presunción de inocencia. Porque “odia el delito, compadece al delincuente”, como expresaba Concepción Arenal, eso sí cuando éste lo sea declarado por sentencia firme.   

Reformemos la Constitución, modifiquemos nuestro sistema político previo refrendo ciudadano, plasmemos una nueva organización para nuestro país con un mayor reconocimiento a aquellos territorios que sienten de forma inclusiva, incorporemos al capítulo de los derechos fundamentales el derecho a la salud, a la dependencia, a la protección social, al trabajo y a una vivienda digna. Pero, mientras tanto, mientras se decide si se corta o no el melón, utilicemos papel secante para que nuestros derechos, los de todos y todas, no se vayan más al traste.

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Alternativa

Ilustración: Pedripol

Rajoy será presidente –en minúsculas, como es él-. Nos sangran las heridas. ¡Y lo que nos queda! A estas alturas de la tragedia, ¿cuántos millones de votantes socialitas deben sentirse, cuanto menos, ignorados? Finalmente, la opinión de ellos y de ellas tuvo vigencia mientras depositaban la papeleta en la urna –en la de junio y/o en la de diciembre-. Menudo chasco. Menudo engaño. Menudo paso atrás en la interpretación de la participación en democracia.

La mitad de los socialistas estamos de luto. El comité federal decidió la peor de las alternativas –todo ello sin la participación de la militancia-. Sacrificaron el cambio por la continuidad de la opresión, traducido en recortes. El sostenimiento de un sistema que persigue el bien de unos pocos frente a la miseria de muchos. El “ande yo caliente” y me río de la gente. Lo mismo da que da lo mismo. Aceptar la corrupción de un partido que está en estos momentos sentado en el banquillo, habiendo repudiado a los tuyos, culpables e inocentes, todo ello para dar ejemplo. ¿Qué ejemplo? Si ahora nos entregamos en cuerpo y alma sin haber acordado ni una sola condición que tenga como objeto evitar mayor sufrimiento. ¿O es que mi partido no es consciente que éste se producirá? Por lo pronto, cinco mil quinientos millones de euros será su cuantificación.

¡Qué indignación! Ni uno de los defensores y defensoras de la abstención fue capaz de mirar a la gente, a su gente, a la que ha sufrido y volverá a sufrir con las decisiones políticas de la derecha. Su argumentario consistió en hablar de “lo mejor y de lo peor para el partido socialista” y en hacer todo lo posible para que en el ideario socialista la única realidad visible fuera el número de escaños que presumiblemente –encuestas cocinadas en mano- se hubieran perdido con una nueva cita electoral, como si esto fuera lo más importante. De repente, algunos socialistas se muestran temerosos de la participación y ponen todas las trabas habidas y por haber. Un hecho más: la presión que ha ejercido la comisión gestora sobre quienes piensan que la abstención agrede de forma muy grave su conciencia, cortando las alas a la participación en libertad.

Algunos han defendido que se trataba de una decisión “política”. Será de ¡mala política! Lo contrario sería entender que el extinto gobierno del PP fue ¿intachable? Porque para darle el valor de nuestro voto, el de los nuestros, ¿se ha entendido que la gestión de PP fue tan perfecta que no admite ni admitía el más mínimo reproche? Pues no. Ha sido terrible para la ciudadanía, para el desarrollo de nuestro país, para los intereses de la buena gente, de quienes se solidarizan con todos y se desprenden de lo poco. Y lo peor es que lo seguirá siendo. Que no nos cuenten lo contrario. Se ha tomado la más letal de las decisiones, por quienes se muestran como “judas” de la ideología, desechando el poder que tiene la palabra dada, el compromiso adoptado, en definitiva, el contrato firmado con la ciudadanía.

Y si no lo creen así, recomiendo al presidente de la gestora socialista dirija su mirada a la calle. Porque mientras Rajoy proclamaba a los cuatro vientos sus perversas intenciones políticas en su discurso de investidura, miles de estudiantes reclamaban contra la LOMCE, porque diseña un sistema educativo que segrega y discrimina en sus oportunidades a las próximas generaciones. Un claro ejemplo de la brecha generacional entre nuestras instituciones y la juventud.

No me gusta el PP, no me fío de sus dirigentes y me pone los pelos de punta pensar en lo que son capaces de hacer bajo las consignas de la recuperación y de la estabilidad. Pero ahora tampoco me gustan algunos y algunas dirigentes del PSOE que son capaces de trastocar las bases de mi partido, faltando a su palabra, con la cantinela de la supuesta necesaria gobernabilidad, poniendo a los diputados y diputadas socialistas en el continuo abismo. Y es que en los tiempos que corren asusta el imperialismo con el que algunas “manejan” al partido socialista. A la conquista del poder bajo la consigna del fin justifica los medios. Asusta la “dictadura” encubierta con la que se mueven los hilos en el partido socialista. Y si no que se lo cuenten a quien un día alzó la mano a favor del “No es No” para al día siguiente desdecirse alabando la labor “intachable” de la Presidenta de la Junta de Andalucía. Gente con principios, se llama. No vaya a ser que la “incuestionable” pase de Madrid a Cádiz guillotina en mano.

Se me nota enfadada, ¿verdad? Ello es porque corren malos tiempos para la participación. No somos nadie, o sí.

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El tercer puente 12 04

Fotografía: José Montero

Entre sapos anda la cuestión cuando se trata de asuntos relacionados con la gestión del anterior gobierno municipal. No me digan que no. ¡Pobres anfibios! ¿Qué habrán hecho para merecer eso?

A Esperanza Aguirre le salieron en su larga carrera política unas cuantas ranas y a la ex alcaldesa le han salido unos cuantos sapos. Por lo pronto se los tendrá que tragar y además digerirlos. La querella archivada conlleva no sólo los lamentos de los concejales del PP, los anuncios de interposición de recursos, las declaraciones de “no cantes victoria” y de “se prudente porque en la calle nos vemos” –todo ello con tono amenazante-, sino también la imposibilidad de pedir la dimisión del alcalde. Se han de parar los contubernios, las mesas camillas de reparto de concejalías, los castillos en el aire de la moción de censura. Cuentan las paredes de la Casa Consistorial que los concejales del PP están “tiesos” y esto es lo que más ilusión les haría.

A lo que voy. Se cierra el caso con un simple recurso de reforma y es la propia jueza, la misma que en un principio dijo sí, la que cocina el primer sapo que Teófila Martínez se tendrá que tragar. Porque de buen seguro podrán venir más. ¡Menudo repaso le da la jueza a los querellantes! Lo siento Juancho, ‘pa’ que veas un mogollón de querella con treinta y cinco páginas y ‘pa’ ‘na’.

No caben imputaciones genéricas para considerarse calumniado y lo expresado ha de venir acompañado de un desprecio temerario a la verdad, llega a decir la jueza. Ni lo uno ni lo otro se da en este asunto. ¡Que los del Partido Popular son muy sensibles y exquisitos cuando se trata de lo suyo! En nada mintió el actual equipo de gobierno. Prueba de ello no sólo en el padecimiento que durante el mes de octubre de 2014 sufrieron los vecinos de Loreto, sino también en el anunciado del segundo sapo que pudiera estar por venir. Y es que parece que el Ministerio Fiscal tiene serias dudas de las responsabilidades penales y/o administrativas que pudieran conllevar la gestión de la crisis del agua. Y focaliza esta cuestión en los “gestores de Aguas de Cádiz”. Una expresión genérica que puede ser concretada en el Presidente de esa empresa municipal: el concejal popular Ignacio Romaní. Así que sólo falta que el fiscal le dé un codazo a su compañero, sí a ese que abrió diligencias informativas tras presentar la denuncia en Fiscalía el actual concejal de Medio Ambiente, y se ponga manos a la obra. A ver si de ese modo alguien nos relata qué pasó y cuál fue el origen de la contaminación. ¡Qué recuerdos de aquella propaganda goebbeliana repartida a ‘tutiplen’ por ‘to’ el barrio sin coste alguno para los gaditanos! De poca vergüenza y de mamarrachos.

“Frases o expresiones sacadas de contexto”, todo “enlazado con la diligencia periodística exigible”. Así ventila su señoría las injurias. Las expresiones vertidas por el alcalde y su equipo no pueden ser tenidas como tal porque realmente no se supo qué se dijo. ¡Tirón de orejas a la prensa local! Y van dos en menos de un año. Porque ahora el auto judicial viene a poner negro sobre blanco aquello que el equipo de gobierno vino a decir cuando exigió rigor a los medios de comunicación. De aquellos barros estos lodos. ¡A ver si aprenden de una vez! Ellos, los dirigentes de los medios de comunicación, y ellos y ellas redactores y redactadas que se parten la cara todos los días en la calle y ante el ordenador. Sesgados, “con orientación política”, tergiversadores de los hechos “con el único objetivo de conseguir un titular impactante que permita el incremento de las ventas”, con “intentos de manipular u obstaculizar la información”, etc, etc. ¡Pura mafia! Le ha faltado a su señoría concretar la falta de ética profesional que impera en algunas redacciones, que de eso algunas sabemos un rato.

¡Qué hartazgo de judicialización de la política! ¡Qué hartazgo de criminalizar cualquier situación que se produce en el debate político! Principio de intervención mínima del Derecho Penal que se llama, ni más ni menos. Un grito de lamento se puede leer entrelíneas en el auto judicial. A ver si crecen políticamente de una vez por todas. A ver si el Partido Popular se ubica de una vez por todas. A ver si dejan de hacer pamplinas, de ocupar las páginas de tribunales unos y otros de una vez por todas. ¡A ver si cuentan la verdad! ¡Unos y otros! ¡Medios de comunicación incluidos!

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Con la a

El lenguaje sirve para comunicarnos. A través de él expresamos nuestros pensamientos, sentimientos y opiniones. Describimos, cualificamos y cuantificamos lo que encontramos a nuestro alrededor, y determinamos cada objeto en femenino o masculino. Es por eso que no comprendo el rechazo y la sorna que provoca que algunas –más que algunos- queramos expresarnos a través del lenguaje inclusivo o no sexista, como quieran llamarlo.

La Consejería de Educación, en su II Plan de Igualdad, ha establecido la obligada utilización del lenguaje inclusivo en todos los centros educativos. A regañadientes algunos y algunas lo han incorporado en sus documentos administrativos. Queda por saber si la comunicación se realizará también de forma inclusiva dentro de las aulas. Un dato a tener en cuenta: ésta no es la única medida establecida en este plan, que abarca también iniciativas encaminadas, por ejemplo, al favorecimiento de la incorporación de la mujer a los ciclos formativos masculinizados o que concibe protocolos frente a la violencia de género o el acoso en las aulas.

Quieran o no sus detractores, y con independencia de lo que vengan a establecer las distintas normas, ya es imparable la transformación del lenguaje en este sentido. Y eso se puede ver en las nuevas generaciones de jóvenes. En las aulas, por ejemplo, cada día es más común que el alumnado utilice para dirigirse a su grupo el femenino y el masculino. En mi caso también lo percibo en mi entorno familiar, en mis hijas. Para muestra un botón. No hace mucho mi hija la “mayor”, mirándose al espejo, preguntó sobre una cuestión de su cuerpo. La respuesta que recibió fue: “los hombres somos así”. Ella miró extrañada e inmediatamente contestó: “pero si soy una niña”. ¡Ahí está! La alusión “genérica” fue claramente confusa para ella. ¿Cómo alguien podía darle una respuesta en referencia al sexo masculino? “¡No tiene sentido!”, debió pensar. Ambas –mis hijas- mencionan en sus conversaciones el femenino y el masculino cuando el grupo está formado por niños y niñas. Y no pasa nada. Absolutamente nada.

Porque esto es tan simple como darnos cuenta de cómo nos sentimos, o al menos, nosotras, y de no caer en las trampas del sistema patriarcal que sigue empeñado en invisibilizar a las mujeres. Una de sus formas a través del lenguaje. No se trata de reglas gramaticales u ortográficas o de ‘mega’ estudios lingüísticos, es simplemente si me doy o nos damos por aludidas cuando alguien refiere ese mal llamado –al menos para mí- genérico masculino. Porque si estoy en un claustro de mi centro escolar y el Director o Directora refiere lo que debemos hacer los “profesores”, que quieren que les diga, entenderé que la orden no va dirigida a mí. Y si estoy en mi aula y anuncio a mis “alumnos” que deben hacer unos ejercicios, comprenderé que ellas –las alumnas- no se pongan manos a la obra. Y claro en estos momentos alguien pensará menuda estupidez. Sí, es verdad, lo será para ti, que o bien eres hombre y por lo tanto siempre has estado integrado en el lenguaje, o lo es para ti –mujer- que quieres mantener las reglas ancestrales inventadas por hombres y que vienen “machaconamente” a impedir que la mujer sea visualizada.

¡Qué importante es el lenguaje! Y si no que se lo digan a las deportistas que estos días dan lo mejor de sí en los Juegos Olímpicos representando a sus países para que algunos sólo tengan palabras sobre su aspecto físico o su estado civil, y de soslayo hablar sobre el tiempo que emplearon en la prueba. O que se lo digan a las mujeres que luchan día tras día por la materizalización de la corresponsabilidad en las tareas domésticas, y se encuentran con el “te ayuda”.

Los tiempos cambian y el lenguaje también. Se suprimen palabras. “Señorita” debería ser una de ellas, como ya ocurriera en francés, por su connotación peyorativa y por suponer una intromisión en nuestra intimidad.

Hasta no hace mucho me sentía una mujer acomplejada en el uso del lenguaje inclusivo y ello porque siempre quise que me llamaran como lo que soy y me enfadaba cuando no lo conseguía. Ciudadana, trabajadora, profesora, madre, hermana, hija y, en un tiempo atrás, concejala. Ahora, sin complejos, exijo que si quieren que les oiga deben dirigirse a mí, y ello pasa por el uso del femenino, de la A –que no de la “arroba”-. Sororidad, señoras, sororidad.

Fotografía: María Alcantarilla