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Nataliai
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Aquí vengo de nuevo sembrando polémicas, yo, descendiente de agricultores de recoger tempestades. Y me vengo sabiendo seguro que, si mi percepción no fuera respaldada por premios nobeles, valdría menos de lo que ya valgo por mí misma para el pensamiento ilustrado occidental, globalizado, ultraliberal y aburrido.

Hoy he decidido cargarme y cagarme en la ortograf√≠a. A√ļn escribo asumiendo sus normas de cors√© clasista para que el cortocircuito de los y las integristas de su defensa ac√©rrima me sigan la lectura hasta el final de mis letras en este escrito. Y es que creo que nos estamos pasando un poco con lo de exigir la graf√≠a perfecta. Hacemos un uso del lenguaje que no nos preocupa en el fondo, pero s√≠ en las formas. Otra tonter√≠a del mundo de la imagen, que desecha el contenido cuando la primera no es bonita y normativa.

Nos hacen falta normas para un acuerdo estabilizador, pero hay que ir revis√°ndolas porque con el paso del tiempo esas normas pueden quedar obsoletas. Y lo que es peor, pueden no ser √ļtiles ni pr√°cticas. De esto se dieron cuenta Juan Ram√≥n Jim√©nez y Gabriel Garc√≠a M√°rquez y lo dejaron escrito. El de Moguer, desterr√≥ las ‚Äúg‚ÄĚ para su ‚ÄúAntoloj√≠a‚ÄĚ (y para otras tantas cuestiones) y hasta las ‚Äúx‚ÄĚ en un ‚Äúesperimento‚ÄĚ que le dio m√°s de un dolor de cabeza cuando lo propon√≠a en las imprentas. Y el Gabo discurs√≥ usando estas palabras ‚Äú‚ĶJubilemos la ortograf√≠a, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de l√≠mites entre la ge y jota, y pongamos m√°s uso de raz√≥n en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga l√°grima ni confundir√° revolver con rev√≥lver. ¬ŅY qu√© de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos espa√Īoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?‚ÄĚ

Se encierra un terror√≠fico clasismo diferenciador entre malos y buenos escribientes que se oculta y que se salva de la verg√ľenza mediante correctores en tel√©fonos m√≥viles y ordenadores. Nuestras madres siguen preguntando ‚Äú¬Ņesto se escribe con b grande o b chica?‚ÄĚ porque hemos impuesto que la persona que no lo sabe es portadora de una inferioridad. Y todo esto por unas normas que, para mejor y mayor subversi√≥n nuestra, han de ser discutidas y superadas porque apenas tienen sentido. El lenguaje no son las letras escritas, o no solo eso. Igual que la m√ļsica no son las blancas, negras y corcheas sobre un papel. El lenguaje es un mecanismo maravilloso que fuera de encorsetarnos ha de liberar pensamientos de la forma m√°s √°gil y f√°cil posible. El lenguaje es lo que se dice y se comprende de la manera m√°s cercana y sencilla. Disc√ļlpenme lo brusco de mi pr√≥xima afirmaci√≥n, pero si a ustedes no les pone nada que alguien escriba ‚Äúhaber‚ÄĚ en lugar de ‚Äúa ver‚ÄĚ antes de poner ‚Äúqu√© pasa‚ÄĚ, menos me ponen a mi la pedanter√≠a y las superioridades morales por cuatro letras. Porque ley√©ndose y dici√©ndose la frase entera, se comprende al emisor y esa es la funci√≥n principal del lenguaje. Vamos a dejar ya de echarnos en cara lo poco que nos gustan las ‚Äúfaltas‚ÄĚ de ortograf√≠a y de repetirnos que estas nos coartan hasta el deseo sexual y vamos a decirnos las cosas a la carita en vez de por escrito.¬† Y si nos las tenemos que decir por escrito, pues recib√°moslas leyendo en voz alta y no ejerciendo de censoras de un mensaje que pudiera ser el m√°s bonito recibido en nuestra vida. Prueben si no a pensar en una persona que les atraiga dici√©ndoles ‚Äúboy a comerte como si fueras mi primer alimento despu√©s de salir de una uelga de ambre‚ÄĚ. Si ese alguien que les flipa, les dijera eso flojito y al o√≠do y un calambre (aunque sea chico) no les recorre la espalda, es que ustedes no quieren a nadie. Si ese alguien se lo manda por escrito y ustedes lo leen y por faltar haches o no corresponder las bes desechan la informaci√≥n que se intenta transmitir, es que tienen ustedes el cerebro sucio y siguen aupando cadenas que les oprimen mucho e inconscientemente.

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Natalia
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Ya nos va sonando la palabra patriarcado. Vamos sabiendo que, a lo largo de la historia de la humanidad, la mujer ha sido relegada a un segundo plano, al √°mbito de la vida privada por conseguir el mantenimiento del poder√≠o de los hombres en cualquier ejercicio de la vida p√ļblica. Esto pasaba y pasa (ay de nuestras evoluciones) en todas las esferas humanas. El trabajo, el gobierno y la organizaci√≥n de las sociedades, la ciencia y la investigaci√≥n y por supuesto tambi√©n en la m√ļsica y las artes. Conocemos nombres de cientos de pintores, escultores, m√ļsicos, actores y cantantes, pero nos cuesta m√°s decir diez nombres de mujer expertas en estos √°mbitos. Yo voy a centrarme en el √°mbito de lo musical para exponerles una opini√≥n que me ronda desde que practico m√ļsica y carnaval que es, pr√°cticamente, toda mi vida.

La evoluci√≥n de la m√ļsica, en lo que a la incorporaci√≥n de la mujer se refiere, se ha venido desarrollando, igual que en otros √°mbitos, a velocidad lenta. Pero lenta de miles de a√Īos. Ocultamiento, el uso que se hace de nosotras en la historia, en definitiva, esos tejemanejes del patriarcado, han hecho que las mujeres no tuvi√©ramos, en general, acceso a la educaci√≥n musical o al aprendizaje autodidacta mismo. Y si en alg√ļn momento hubo algo de esto, fue en el √°mbito privado con el ejercicio de la int√©rprete ante su familia. Este ocultamiento de la mujer ha desnaturalizado y ha coartado la creaci√≥n y la interpretaci√≥n enormemente desde mi punto de vista. Piensen si no. Ahora mismo disfrutamos de una obra musical mundial excelente que ha realizado casi exclusivamente una mitad de la humanidad, piensen lo que tendr√≠amos, si la otra mitad hubiera tambi√©n ejercido.

Sigo avanzando para llegar donde quiero. En el caso de los conjuntos corales y la m√ļsica vocal en grupo, tenemos que se han practicado barbaridades. Para conseguir una armon√≠a m√°s rica en este tipo de conjuntos e incluso para conseguir tesituras de voz altas de solista, la humanidad decidi√≥ en un momento determinado que, antes de que una mujer cantara p√ļblicamente, era mejor castrar hombres. La naturaleza nos da diferencias exquisitas que pueden llegar a alcanzar una conjunci√≥n perfecta, pero decidimos en un momento dado cortar, pero cortar literalmente, por lo (in)sano antes que incorporar a las mujeres al canto.

Y sigo con el carnaval. En estos √ļltimos a√Īos, la incorporaci√≥n de la mujer en el mundo del carnaval indudablemente ha avanzado much√≠simo. Pero a mi a veces me da la impresi√≥n de que nos incorporamos al mundo adoptando y adaptando malas costumbres de nuestros compa√Īeros. Voy a entrar en terreno farragoso, aviso, pero hay que mancharse y mojarse para que todo siga y pasen cosas. Me explico. Como digo, es indudable que las mujeres, poco a poco, vamos adentr√°ndonos en el mundo del carnaval y vamos haci√©ndonos un hueco. Pero sigo sin comprender por qu√©, a excepci√≥n de en algunos coros y otras pocas agrupaciones, como¬† grupos familiares, o alguna mujer as√≠ salteada en grupos masculinos, pocos, a√ļn se defiende con rotundidad que los grupos tienen que ser o de voces masculinas o de voces femeninas sin mezcla posible. Creo que eso es un enorme error. Como apuntaba antes, de forma natural, las mujeres y los hombres poseemos cualidades vocales distintas que complementadas suenan arm√≥nicamente maravillosas. No comprendo por qu√© hay que buscar entre tres contraltos hombres enormemente prestigiosos para que una comparsa tenga m√°s cach√© si hay posibilidad de que unas pocas m√°s de mujeres hagan una octavilla perfecta porque somos as√≠ por naturaleza. Nos empe√Īamos, se√Īores y se√Īoras, en que los grupos mixtos se llamen as√≠ porque llevan orquesta masculina (con una excepci√≥n honrosa en el carnaval oficial y otras pocas m√°s en el callejero) cuando hay mujeres guitarristas o bombistas o caja que podr√≠an tocar
(o aprender porque todo se aprende) mientras hombres cantan. Pero no hay grupos mixtos de verdad pensados y organizados vocalmente de la forma que debiera ser la m√°s l√≥gica y natural posible. En definitiva, tengo la sensaci√≥n de que hemos apostado por la segregaci√≥n en el carnaval y creo que eso coarta muy mucho la creaci√≥n y las posibilidades en este √°mbito en cuanto a la interpretaci√≥n y la creaci√≥n. Nos echamos las manos a la cabeza cuando escuchamos que en los coles o en la vida se separa por raz√≥n de raza o sexo. Pero no nos espantamos de ello cuando pasa en carnavales. El carnaval ahora mismo, me parece que es como colegios de curas que son para ni√Īos y de monjas que son para ni√Īas y donde cada cual crea su obra sin considerar a la otra parte. Como en las pel√≠culas yankis cuando hay campamentos para ni√Īos y otros para ni√Īas y se juntan en el baile final, aunque no han bailado juntos nunca antes y cada cual baila por su lado.

Las mujeres hemos tenido que montarnos nuestros propios grupos porque no se nos incorporó a los que ya había. No nos ha quedado más remedio para aprender y ejercitarnos. Creo que la verdadera evolución tendría que pasar por la conjunción definitiva; hombres y mujeres en un mismo grupo con segunda masculina, porque los hombres tienen voz natural de bajo o barítono, tenor de hombre o mujer, porque la tesitura media se puede alcanzar por cualquiera generalmente y octavillas mujeres ya que, naturalmente, nuestra voz es más aguda.

La cuestión es intentarlo. Créanme, no ahorraríamos muchas estridencias. Seguro que el experimento sería maravilloso, seguro que el resultado sería considerarnos verdaderamente iguales también por carnavales.

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Natalia
Imagen: Pedripol

El exterminio de pueblos es una cuestión intemporal entre personas. No es cosa del siglo XV ni del XVI, es cosa de siempre y de ahora. Es cosa del siglo XXI.

En febrero de 2009, despu√©s de la conocida como “Operaci√≥n plomo fundido”, lanzada por Israel, sin previo aviso, sobre Gaza, estuve en Palestina visitando aquel desastre en una brigada de solidaridad organizada por la “Federaci√≥n Mundial de la Juventud Democr√°tica”. Aquel viaje fue para m√≠ revelador de muchas cuestiones, por much√≠simas razones. Conocer de primera mano la situaci√≥n de personas condenadas al exterminio, aparte de hacer que se te revuelvan las tripas y que contraigas cierto odio al ser humano en general y hacia algunos humanos en particular, hace salir tambi√©n de nuestra burbuja de “malbienestar”.

Nos fue imposible entrar en Gaza por las medidas de ‚Äúseguridad‚ÄĚ (ay, el lenguaje) que instaur√≥ el gobierno israel√≠, pero a cada paso que d√°bamos por Cisjordania, las im√°genes se iban haciendo m√°s duras. Me resultaba aterrador, tremendamente desolador, horrible, pasear por las calles de Ramallah, Hebr√≥n, Bel√©n o Tulkarem viendo restos de metralla en las paredes, viendo casas palestinas partidas por la mitad porque ‚Äúpor ah√≠ ten√≠a que pasar el muro‚ÄĚ, observando c√≥mo los soldados israel√≠es nos miraban con asco cuando les d√°bamos las gracias en √°rabe, c√≥mo nos apartaban a empujones porque √≠bamos acompa√Īados por palestinos, teniendo que pasar infinitos puestos de control para poder viajar de una ciudad a otra, paseando por barrios-campos de concentraci√≥n plagados de personas totalmente abandonadas por otras. Fue un viaje doloroso, de contraer la certeza real de que la humanidad puede llegar a ser una gran porquer√≠a.

Y hubo, por encima de todos los horrores que vi y escuch√©, un horror, que me pareci√≥ el peor de todos, una verdad de cruel (des)consuelo. Tuvimos la oportunidad de visitar uno de los departamentos de la Universidad en Ramallah y all√≠, una de las profesoras nos explic√≥ que se dedicaban al estudio y a la comprensi√≥n de un mecanismo psicol√≥gico que desarrollamos las personas ante el desastre. Sucede, que, tras a√Īos de represiones, los seres humanos somos tendentes a aceptar y asimilar como normales cualesquieras terrores que se nos apliquen. Y m√°s, si estos se transmiten y asumen de generaci√≥n en generaci√≥n, como pasa en Palestina. Este perverso mecanismo psicol√≥gico de adaptaci√≥n y asimilaci√≥n del desastre sucede como reacci√≥n al desastre mismo y como forma de soportar una existencia denigrante. Desde entonces, me pregunto en muchas ocasiones c√≥mo medir, hasta d√≥nde hay que soportar, o hasta d√≥nde podemos y/o debemos hacerlo. Me pregunto si es preferible aceptar una situaci√≥n injusta como normal o es preferible caer en la locura de su no posible resoluci√≥n. Me pregunto si es mejor dejarse manipular o es mejor vivir en una frustraci√≥n eterna. Me pregunto si es mejor normalizar y asumir una injusticia que no va a ser resuelta por los que pueden arreglarla o es preferible una agon√≠a vital en nuestra breve eternidad. Me pregunto, en muchas ocasiones, hasta d√≥nde es l√≥gico o natural o sano el aguante.

Yo eleg√≠ ir a Palestina despu√©s de aquellos bombardeos. Escog√≠ ver el dolor y tra√©rmelo por siempre a mi ‚Äúmalbienvivir‚ÄĚ de occidente. Y volver√≠a a hacerlo. Yo s√© que Palestina est√° lejos de C√°diz. S√© que no es f√°cil practicar solidaridad a tantos kil√≥metros y que no podemos desde aqu√≠ cargar con ese peso que intentan esquivar sus sufridores y sufridoras. Pero he querido escribir sobre aquel viaje a Palestina y su desastre porque, mientras ese pueblo intenta respirar en una situaci√≥n insostenible, creo que desde aqu√≠ debemos seguir explicando todo como un horror y un error en contra de la vida. Nosotras tambi√©n tenemos nuestros dolores de sociedad y tambi√©n los esquivamos por miedo o por soportar esta existencia. ¬†Supongo que es leg√≠timo ese pensamiento, ya digo que no lo tengo claro. Creo que hay exterminios y miedos lejanos que, mientras resuelvo mis preguntas, me niego a normalizar y me reiterar√© en ellos aunque me piensen loca o aunque, por no quitarme estos pesos de solidaridad y ternura, llegue a estarlo realmente.

Y por todo eso de arriba, me alegro enormemente de la decisi√≥n que han tomado los jugadores de la selecci√≥n Argentina. Porque cualquier reconocimiento a un gobierno genocida es normalizar ese genocidio y esa normalizaci√≥n s√≥lo se la debemos permitir, por descanso para soportar el d√≠a a d√≠a, al pueblo palestino. A las personas que recuerdan frecuentemente que el deporte no es pol√≠tica y que hay cosas que es mejor no mezclar, les dir√≠a que eso vayan a cont√°rselo a los negros y negras de Soweto, que, por cierto, acompa√Īan las ‚ÄúHabaneras de C√°diz‚ÄĚ con unas palmas exquisitas. Pero esto ya es otra historia de mis internacionalismos que, por ahora, me guardo.

Ojal√° alguna vez se nos acaben las represiones y el odio.

Ojal√° Palestina y su gente puedan llegar alguna vez a ser libres.

Ojal√° alg√ļn d√≠a no sea necesario esquivar el terror y el dolor como normalidad para seguir soportando unas vidas de mierda.

Viva Palestina libre.

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Natalia
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Yo he venido a controlar el tiempo y voy a empezar por el principio. Por el principio del tiempo. Con esto pasa como con otras trascendencias: no le tenemos la consideraci√≥n que precisa. Nos movemos por √©l. √Čl por nuestros cuerpos. Amamos y festejamos nacimientos porque son el comienzo de tiempos. Tememos o festejamos la muerte, realmente, por ser fin del tiempo de cualquiera.

El Tiempo nos apasiona, nos fascina desde el principio de nuestros pocos d√≠as de existencia como especie. Haber pasado tiempo es garant√≠a, pero tambi√©n lo es tener poco. Nos embauca esa contradicci√≥n que lo envuelve. No queremos perderlo de ninguna forma, pero se nos escapa. Volvemos por la memoria en la necesidad de saber de todo el tiempo anterior del que estamos hechos. Queremos permanecer en esa memoria porque as√≠ se nos proyecta a trav√©s del tiempo. Queremos tener memoria, pero tambi√©n la capacidad de anular el tiempo a trav√©s del olvido. El tiempo es la certeza de los tres mil a√Īos de Historia de C√°diz. Un diamante fascina porque condensa tiempo. El tiempo es oro, el oro es tiempo. La juventud tambi√©n es divino tesoro. El tiempo es la unidad de medida m√°s absoluta de cada vida y de cada objeto y lo es desde la forma m√°s concreta, pero tambi√©n desde la m√°s abstracta posible.

Nos pasa que, aunque sabemos que est√°, tambi√©n lo olvidamos con frecuencia. Hemos de aprender a medirlo sin gasto urgente y sin obviar su lecho. En muchas ocasiones, surcamos por √©l sin conciencia, sobre todo cuando se nos cruza con una alegr√≠a, pero de repente se hace imprescindible y consagramos a √©l la cura de nuestros peores males y desenga√Īos.

No hemos conseguido hacer m√°quinas del tiempo, aunque tenemos m√©todos para controlarlo de alguna forma. Hemos encontrado una forma para dise√Īar las relaciones entre nosotros y ¬†nuestro medio, una forma de colocarnos en una coyuntura para hacer nuestro tiempo mejor. ¬†Esta primera forma de control del tiempo es la pol√≠tica. Ese af√°n por crear oportunidades similares, justas, nos sirve para mejorar nuestro devenir en lo que nos dure el cuerpo. Por eso, creo, sucede la necesidad de exigir derechos. Cada avance social que se logra, repercute en el mejor control de nuestro tiempo.

Y hay otras formas. Tenemos manifestaciones art√≠sticas para controlar el tiempo. Mediante el cine y el teatro se puede controlar el tiempo. Tambi√©n en la literatura, en la palabra viva, hay una forma de control del tiempo sublime. Y donde se hace m√°s aparente es en la m√ļsica. Con una pieza musical se recorre un tiempo concreto en el que se desenvuelve un proceso f√≠sico organizado de la forma en que queremos que sea y hacemos que as√≠ resulte. Ese poder de control del tiempo que se da con la m√ļsica es una cualidad maravillosa. Cuando m√°s se nota ese poder es cuando se ejecuta. Hacer m√ļsica es, rotundamente, controlar el tiempo.

Hemos venido a controlar el tiempo y estamos en ello. Hemos venido a hacer que nuestro tiempo sea bueno y en ese empe√Īo nos ejercitamos. Hemos de saber que queremos ganarlo y ejercerlo. Aun no lo tenemos, pero se puede conseguir a trav√©s del arte. Y tambi√©n, a trav√©s de la pol√≠tica.

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Robles
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Cuando la alegría es un deber, tenemos que exigir el derecho a la tristeza. La síntesis es la vida. Por eso si falta alguna de las dos, todo es antinatural. Por más que el mundo cambie, tendrá que haber bienestar y dolor. Físico o del otro. Por mucho que nos limpiemos las ideas y los hechos, habrá de las dos cosas. Es un estado intermitente e interno pero universal. Arreglar la política para equilibrar y equiparar las oportunidades es otra cosa. Luego está el ser humano.

Quiero que quede claro que esto no es derroteo. Que no es defensa de una pena eterna y permanente. Que me parece perfecto eso de la defensa de la alegría como trinchera. Pero esto no se nos puede ir de las manos hasta la falsedad y la negación de la verdad.

Hago esta defensa de la tristeza desde la pr√°ctica de la misma alternada con euforia. O sea, desde el devenir com√ļn de una vida cualquiera. La m√≠a. Y esta defensa resulta del enfrentamiento a estos estadios en los √ļltimos tiempos por cuenta propia y ajena. Tambi√©n hago esta rara apolog√≠a porque me parece que este tipo de vivencias pasan desapercibidas o se rechazan, pero creo que a partir de las crisis y sus resoluciones es como se forjan la vida y sus cuestiones.

Yo exijo poder tener un tiempo de tristezas para no caer en una esquizofrenia de la alegr√≠a. Exijo el derecho a la tristeza. En estos tiempos de contenturas de imagen y selfie hemos de mantenerla, pero de verdad. Con ojeras y despeine. Como es porque es lo que hay y tampoco pasa nada porque es normal. Sinceramente, no comprendo en absoluto cuando se comparte una pena y la respuesta del receptor de la historia melanc√≥lica es ‚Äúno est√©s triste‚ÄĚ. Porque hay veces en las que hay que estarlo. Desenga√Īos de amores, enfados por situaciones del mundo, pena por dolores f√≠sicos o por p√©rdidas irreparables por nuestra naturaleza finita son justos y necesarios. Todo esto nos da la posibilidad del conocimiento de una misma.

Y es también todo esto lo que puede llevarnos al descontento y al enfado y, finalmente, al cambio. A una revolución interna o externa porque todas estas sensaciones nos pueden llevar a intervenir en una realidad que no consideramos favorable.

Hemos dejado que se use nuestra tristeza en nuestra contra porque la hemos apagado y rechazado con conformismo. Por no saber entristecernos y enfadarnos, se nos han impuesto miedos y hemos cedido a intereses que no son los nuestros. Se ha usado en nuestra contra. Y debemos recuperarla.

En segundo lugar, me resulta inexcusable que se sienta melancol√≠a por el hecho de que consigue expresarse de formas sublimes. Con esto no excuso la necesidad de la t√©cnica, pero, a lo largo de la historia, se ha considerado que el padecimiento de esta enfermedad generadora de la “bilis negra” (cuyo ant√≠doto m√°s poderoso parece ser que es la m√ļsica), era la culpable de la creaci√≥n de determinadas obras art√≠sticas.

Independientemente de la existencia de esta sustancia generada por el cuerpo, es cierto que las tristezas han determinando de una forma casi imprescindible gran parte de la generaci√≥n de obras fundamentales en la historia del arte. Existe un texto, llamado ‚ÄúProblemata XXX”, atribuido a Arist√≥teles en el que se nos habla de la relaci√≥n del genio y la melancol√≠a y V√≠ctor Hugo advirti√≥ que ‚ÄúLa melancol√≠a es la felicidad de estar triste‚ÄĚ. Conozco un poema usado por Bellini en una de sus ariettas en el que el autor (I. Pindemonte, 1789) se consagra directamente a la ninfa Melancol√≠a. M√°s pistas desde mi percepci√≥n para explicarme mejor: Si no hubiera penas, no habr√≠a un hachazo homicida. Si no hubiera ansias de olvido, no existir√≠an los disparos de nieve. Si no hubiera desasosiego, no habr√≠a suspiros escapando por bocas de fresa. Si no hubiera desconsuelo no existir√≠a el Laoconte. Si no hubiera corazones rotos, no habr√≠a botellas con un √ļltimo trago. Si no hubiera nostalgia, no se sentir√≠an respiraciones de fuego. Si no hubiera angustia, no existir√≠a “El grito”. Si no hubiera despedidas, no habr√≠a siempre nos quedar√° Par√≠s. En definitiva, si no hubiera males, no habr√≠a cantes pa espantarlos.

Rechazar la tristeza es rechazar todo lo anterior y todo lo anterior es fundamental. No caigamos en el manique√≠smo del falso entusiasmo. Asumamos y comprendamos que decir ‚Äúan√≠mate‚ÄĚ ante las penas grandes es coartar el descubrimiento. No cedamos a las falsas alegr√≠as. Compartamos el tiempo, porque es irremediable, entre la pena y el gozo. Y hag√°moslo sin pena.

Vivamos en la certeza de que la mayor tristeza puede dar como resultado Revolución o Belleza.

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N robles
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Ehte lo ehcribo en gaditano. Ehte lo ehcribo en andal√ļ porque en er fondo me he cent√≠o la pobrecita manten√≠a y chuhma como ciudadana‚Ķ Ji. Zoy andaluza. Andaluza de Con√≠. Y me he propuehto, por ehtah efem√©rideh que noh rodean, ehcrib√≠ como yo hablo. Porque una lee de to por ah√≠. Y he le√≠o que ehto que nozotro hacemo cuando hablamo e una varied√° or√° del ehpa√Ī√≥ o pe√≥ a√ļn, der cahtellano. Y yo digo que ci el andal√ļ e una varied√° or√°, el cahtellano, el italiano y el franc√© tambi√© lo fueron. Variedade orale del lat√≠n. Amo, que me digan a m√≠, que ezo que ce entiende como norma, no empez√≥ ciendo m√°h que unoh apunte en unoh m√°rgene de un libraco. Tot√°, que quiero pon√© mi grano d`arena en la evoluci√≥n y er dezarrollo por ehcrito de nuehtrah habla. Y por ello, y como todav√≠a no tenemo norma, ehtoy inventando reglah ortogr√°ficah a la p√° que voy ehcribiendo. Ceguro que ar principio cuehta trabajo le√© to ehto. Pero ci zomo capace de le√© ‚Äújelou‚ÄĚ donde pone ‚Äúhello‚ÄĚ, ceguro que cuando cigai leyendo, ar fin√°, lozojo y er cerebro ce acaban haciendo.

Zoy una apacion√° del lenguaje y lah palabrah, ya lo he comentao por ehtoh lareh en otrah ocacione. Y zoy tambi√© una ferviente defenzora de loh pohtulao ling√ľ√≠htico que hac√≠a el gran Joc√© Mar√≠a P√©re Orohco. La riqueza curtur√° der pueblo andal√ļ, ce reprecenta en to zu territorio tambi√© mediante nuehtrah hablah. Er modo en que noh ehprezamo denota un dezarrollo del lenguaje m√°h avanzao que en otroh cazoh, porque la gente d¬īAndaluc√≠a, zomoh capace de dec√≠ m√° con meno y ezo, nozotro lo hacemo caci cin dahno cuenta. No ni n√°. Cuando arg√ļn perzonahe cahtellano ce mete con nuehtrah formah de habl√°, ce mete con mileh de a√Īoh de curturah entrelaz√°h. Ce mete con nuehtro ‚Äúno ni n√°‚ÄĚ. Y ezo ci que e de cateto. Y pe√≥ a√ļn. Cuando zomo nozotro loh que concideramo que nuehtra forma de ehpreci√≥n eh pe√≥ que cuarquier otra, ehtamo negando nuehtra identid√° y nuehtra memoria. Y ezo no pu√© ce. No ten√© identid√° ni memoria eh no ce. Y no podemo no ce. Tenemo que zab√© que zomo y qu√© zomo.

Lo √ļnico que diferencia un dialehto de una lengua o un idioma, pue que cea que er primero no c√© ehcribe y tambi√© que no tiene un rehpardo pol√≠tico zuficiente. Y me da la impreci√≥n ciempre de que nozotroh mihmo noh echamo tierra encima. Ce√Īore y ce√Īora, lo digo ya, hablamoh ehtupendamente pa entendehno entre nozotra. Y pa ezo e pa lo que vale el lenguaje. Y ci arg√ļn d√≠a tenemo que empez√° a ehcrib√≠ como hablamo, po tampoco paza na. Que ac√≠ ha pazao de ciempre. Vamo a relajahno y vamo a le√© ‚ÄúEr principito‚ÄĚ en andal√ļ y to lo que haga farta. Y er tiempo, y la Hihtoria y nuehtra forma de defend√© lo nuehtro, ya noh dar√°n o quitar√°n razone. Pero no vayamo a ponehno mijita y a empez√° con √Īi√Īi√Ī√≠s, porque ac√≠ no vamo a lleg√° a nung√ļn lao.

Y vamo a dej√° tambi√© de ofendehno por pamplina y vamo a empez√° a ofendehno por lah cozah importante. Que miruht√©, que lo de loh zuht√≠tulo en la tele ehpa√Īola pa mi no e ning√ļn inzurto. E la ratificaci√≥n de que hablamo otra coza y de que pa entendehno lah criatura de la meceta y de m√°h pa’ll√°, tienen que recurr√≠ a ezah cocita. Igu√° que cuando una va a la √≥pera y nontiende el italiano antiguo aj√≠n en ceco y tiene que le√© loh zuht√≠tulo d`arriba der tel√≥n. Y ezo no eh malo. No ce pu√© zab√© de to. Por ezo noh tienen que zuhtitul√°. Porque no entienen la maravilloza forma de ehpreci√≥n que tenemo. Que Madr√≠ y loh zuht√≠tulo no zon er problema. Europa ci que eh un problema pa nozotro, que loh gachoneh ezo zon loh que noh hacen lah perrer√≠ah con nuehtro campo y con nuehtra pehca y con to lo importante. Ezo c√≠ que tiene que cabreahno. Tot√°, que hay una jart√° de coza que noh tenemo que hac√© mir√° y ehta e una de ella.

Y viá pará porque er correctó del ordenadó me lahtá dando mortá. Andaluceh levantao, pedí tierra y libertá.