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Pedro post
Fotografía: Andrés Ramírez

Pedro del Pozo (Maclein y Parker)

Pedro del Pozo nos acerca su mirada po√©tica y comprometida en su √ļltima obra ‚ÄúDe c√≥mo sangra el lobo‚ÄĚ, un poemario hondo y cargado de s√≠mbolos que habla de preguntas, de reflexiones que no eluden las dificultades y de una apuesta decidida por la poes√≠a, desde la decisi√≥n consciente de quien elige el ser salvaje. Como dice la poeta Carmen Camacho en el pr√≥logo: ¬ęEst√°s en el p√≥rtico de un lugar sagrado, sangrado. Dicho sea en su sentido criatural y fiero, pr√≠stino, humano y animal de fondo. Es bosque y margen, isla y agua‚ÄĚ.

 

EL MENSAJE IMPOSIBLE

Imagina que eres un artista
atrapado en una botella de cristal
dibujas las paredes por dentro
las llenas de poemas y de hermosos sonidos
entonces
alguien golpea la botella con sus nudillos
como sacudimos las puertas cuando queremos
que desde dentro abran urgentemente
y la botella estalla en pedazos.

 

LO NECESARIO

Es el agua
lo √ļnico necesario
para construir un barco.

 

LA CLARIDAD

No hay tiempo ‚ÄĒdijo
el guardi√°n.
No hay tiempo ‚ÄĒrepiti√≥ como un tonto
el curandero de almas.
Así se desvaneció
la claridad de la que dispusimos
durante un instante.

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Pozo
Portada del libro «Escala de Grises» de Bea Arag√≥n

Escala de grises no es un libro de ense√Īanzas, ni un libro de mapas, ni un libro de prop√≥sitos. Es un libro de libertad. Libertad sin alharacas ni puertas de entrada y salida.

Estamos ante el primer libro de Bea Aragón, andaluza de Chiclana y poeta para siempre. Menudo debut. La autora, ajena a las imposturas tan al uso, deja claro que su escritura busca sin desmayo para comunicar lo que encuentra:

Me tiemblan las entra√Īas.
El resto de mí traduce el temblor.

¬ŅY por qu√© tiemblan las entra√Īas de Bea Arag√≥n? Porque no callan, porque luchan, porque perciben el dolor, el miedo, el desaliento, la alegr√≠a, la valent√≠a y el asombro y porque se saben -a pesar de todo y gracias a todo- libres.

Y eso hay que contarlo. Hiera o acaricie, el hallazgo hay que compartirlo, hermanas, hay que conocerlo, hermanos. Sin artificios, sin boato ni ceremonias confusas. As√≠, como quien tararea una canci√≥n mientras se ba√Īa en el mar, Bea Arag√≥n anuda poemas que estallan, poemas que ara√Īan y poemas que siembran.

Mucho quehacer hay tras estos anudamientos, mucha obra bajo este hilvanar palabras con la audacia de la sencillez y la ferviente intencionalidad de quien comprende el color que tiene el cielo mientras dormimos, y en consecuencia construye poemas capaces de abrir los ojos hasta convertirlos en soles que caben en el bolsillo del pantal√≥n. Y ah√≠ habremos de guardarlos para que nos acompa√Īen, para que siembren, estallen o ara√Īen. Para que -de acuerdo a las tres partes que componen el libro- se hagan hierba, tormenta o luz ante quien los descubra. No hay muros en Escala de grises. Hay alas. No hay venenos, hay pasajeros. No hay relojes, pero s√≠ noches y ca√≠das que nos abrazan en la dicha y en la cat√°strofe.

En no pocas ocasiones olvidamos cuánto debe nuestra supervivencia a esas palabras que se empujan unas a otras hasta levantar significados comunes. Escribió la poeta danesa Inger Christensen:

‚ÄúYo‚ÄĚ no tengo ganas de m√°s decorados
‚ÄúYo‚ÄĚ no tengo ganas de m√°s an√©cdotas sobre monta√Īas pintadas
‚ÄúYo‚ÄĚ no quiero ver surgir m√°s universos dentro de los l√≠mites de lo sensato
‚ÄúYo‚ÄĚ no quiero o√≠r m√°s alarmas de incendios cada vez que sale el sol.

Ese ‚Äúyo‚ÄĚ negador y desafiante que se resiste a la imposici√≥n de lo fatuo y lo fingido recorre continuamente Escala de grises. Un ‚Äúyo‚ÄĚ que Bea Arag√≥n colectiviza con absoluta naturalidad:

Hace frío.
Sigue and√°ndonos el camino.

Versos estos de un poema de los que ara√Īan. Refractaria al coro de superficialidades que instrumentaliza la poes√≠a para no hacer nada, Bea Arag√≥n da un golpe en la mesa contundente, feroz, que combate la autocomplacencia y la desidia con disparos que apuntan a quien ella decida y, de paso, al mundo entero:

Toma el hogar,
la flamante jaula dorada
que me acoge
desde donde veo pasar
el tiempo, la vida, tu sombra
sentada cómodamente
al abrigo de un fuego que no existe.
No necesito nada de eso.

Camino, viaje, sendero. Ajetreo. Movimiento. Todos los poemas de Escala de grises están en movimiento, desde el espantapájaros que habla a la cosecha hasta la bala que llega al océano. Poemas rebeldes que se mueven y exploran por sí mismos, buscan más allá de la lógica -esa cárcel de cristal-, más allá del sí o no, del blanco o negro, más allá de las dicotomías tramposas planteadas por quienes ignoran el pulso de la calle, del barrio, del pueblo. El pulso, la voz, toda la gama de tonalidades entre el silencio absoluto y el grito desgarrado. La poesía de Bea Aragón es poesía enraizada, situada, ubicada en un lugar y un momento -su lugar, su momento-. No se presta al ejercicio de desproveer a la poesía de su entorno, que es como despojarla de su trama. No. En Escala de grises hay raíz, raíz honda, libre y alegre de una mujer que se reconoce naturaleza, sin más, y esparce palabras con esperanza de semilla:

 

Poes√≠a. Eso es lo que ha hecho Bea Arag√≥n en Escala de grises. Poes√≠a. Disfr√ļtenla y comp√°rtanla.