Tiempo de lectura ūüí¨ 2 minutos

No puedo olvidar aquella entrevista al reci√©n nombrado concejal de Cultura de la corporaci√≥n municipal que presid√≠a Te√≥fila. El nuevo edil de Cultura afirmaba, con rotundidad, que sus aficiones culturales se inclinaban por la imaginer√≠a religiosa (l√©ase Semana Santa) y la zarzuela. A√ļn sigo convencido que lo de la zarzuela lo dijo por adornarse un poco, por darse pisto cultural.

Una demostraci√≥n, otra m√°s, de que la cultura era la ‚Äėasignatura mar√≠a‚Äô de las pol√≠ticas de la derecha, en este caso del Partido Popular. O sea, que hay que poner la cultura en los programas electorales porque queda bien y porque reparte pasta a la hora de la pi√Īata presupuestaria. Y por fin, llegado el momento de los nombramientos, cuando no se sabe qu√© dar a alguien, se opta por asignarle la cultura, que eso es f√°cil y lo hace cualquiera.

Una nueva prueba de todo ello es la designaci√≥n de Patricia del Pozo como consejera de Cultura en el nuevo gobierno andaluz. A la responsable de la cultura andaluza no se le conoce ni un trabajo ni una sola iniciativa relacionada con la cultura (en realidad no se le conoce ning√ļn otro trabajo fuera de su partido, el PP). No obstante, se reconoce aficionada ‚Äúa las tradiciones de mi tierra‚ÄĚ (l√©ase Feria de Abril) y sus colaboradores han dejado escrito que adem√°s es ‚Äúasidua al Teatro de la Maestranza y que ha estado muy atenta al ciclo de exposiciones Las Edades del Hombre‚ÄĚ. Para nota queda su declarada afici√≥n a las corridas de toros y ‚Äúespecialmente al arte del rejoneo‚ÄĚ.

Del Pozo se marca como prioridad la Ley del Flamenco y en cuanto al patrimonio cultural andaluz ha declarado: ‚ÄúNo hay nada de mayor belleza. Voy a trabajar para hacer de esa belleza que tenemos uno de los principales motores de nuestra tierra y que los andaluces puedan disfrutar de ese patrimonio tan bello‚ÄĚ.

La cultura tampax
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Sin duda todo parece bello. Aunque ya tiene mucho terreno ganado con la programaci√≥n de Canal Sur Televisi√≥n del PSOE. S√≥lo tiene que estirarla un poco para que todo sea m√°s bello a√ļn.

Y estrechar su vieja complicidad con la Iglesia y con los banqueros.

En fin, que la cultura de la derecha vuelve a lo mismo de siempre: a la cultura de sus intereses para que nada cambie. Una cultura tampax: que no se note, que no moleste, que no traspase. Y que no incomode al mercado y que agrade al poder político.

La cultura aparece siempre como sospechosa, en la medida que se la identifica con actitudes críticas.
Pero la cultura es, o debe ser, cr√≠tica, socialmente transformadora, din√°mica frente a lo est√°tico y renovadora frente a lo rutinario. La cultura debe pisar callos, meterse en charcos y que le partan la cara denunciando la desigualdad y la injusticia. La cultura es, o debe ser, comprometida, y hacer crecer en humanidad, y conectar con el mundo para que no nos enga√Īen.

Ah, pero la derecha gana las elecciones con otras cosas.
Y con Patricia del Pozo ahora todo est√° en su sitio. Nada peligra. Todo est√° bien guardado.

Tiempo de lectura ūüí¨ 3 minutos

Pettenghi post
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

El uno de enero de 2011 entr√≥ en vigor la ley que prohib√≠a fumar en bares y restaurantes. Y la patronal hostelera llam√≥ a la guerra santa: ‚Äú¬°Cerrar√°n 70.000 bares! ¬°Se perder√°n m√°s de 200.000 empleos!‚ÄĚ.

Nada pas√≥. Hoy los bares y restaurantes siguen llenos de p√ļblico y vac√≠os de humo, mientras la patronal sigue preocupad√≠sima -al menos eso dice- por la calidad del empleo.

Y es que los humanos somos as√≠, tenemos la fea costumbre de oponernos a nuestro propio progreso: la TV matar√° a la radio, los coches extinguir√°n al caballo, la imprenta acabar√° con la cultura‚Ķ De ajustarnos a este canon, todav√≠a estar√≠amos defendiendo al imperio austroh√ļngaro (no obstante, a√ļn hay algunos que lo a√Īoran).

Una forma de oponerse consiste en retrasar numantinamente la adopci√≥n de las medidas progresivas. La otra, m√°s frontal, estando en contra porque s√≠ o usando cualquier argumento. En lo de ‚Äėcualquier argumento‚Äô cabe todo, hasta lo m√°s disparatado.

Viene esto a cuento del empe√Īo peatonalizador del Ayuntamiento de C√°diz.

Algo nada revolucionario, pues ya ciudades medianas como la nuestra -Pontevedra o Vitoria- han ensayado f√≥rmulas con resultados satisfactorios. No obstante, las cr√≠ticas previas, a veces de una ferocidad lun√°tica, retrasaron su aplicaci√≥n. M√°s cerca, en Sevilla, se peatonaliz√≥ la calle San Fernando‚Ķ y se cay√≥ el cielo. Hoy es una pl√°cida v√≠a con terrazas por donde circula pac√≠fico el tranv√≠a. M√°s reciente a√ļn est√° el proyecto ‚ÄėMadrid Central‚Äô de Carmena que, tras las iniciales y consabidas cr√≠ticas, est√° siendo satisfactorio en su aplicaci√≥n.

Las ciudades y sus mun√≠cipes m√°s adelantados han entendido que, superado el furor inicial de los inmovilistas de la movilidad (curioso oximoron), la peatonalizaci√≥n, la construcci√≥n de carriles bici y el fomento del transporte p√ļblico, son reconocidos y aclamados finalmente.

Al final del proceso queda en evidencia la relación directa entre atraso y tiranía del coche.

Porque la ciudad no son los coches ni siquiera los edificios, sino las personas.

Claro, que a√ļn quedan quienes siempre estar√°n en contra y que opinan que lo de la contaminaci√≥n s√≥lo es un bulo, y viven convencidos de que eso del cambio clim√°tico no es m√°s que un complot marxista. Y les da igual que el coche est√© aparcado el 90% del tiempo, que se consuma un tercio del tiempo de la conducci√≥n buscando aparcamiento o que, de sus cinco asientos, rara vez vayan todos ocupados. Da igual, defienden el derecho de ir en coche de la cocina al sal√≥n de su casa.

Y enmara√Īan el debate p√ļblico y usan recursos pol√≠ticos y administrativos para retrasar la adopci√≥n de esas medidas progresivas. Pongamos por caso al alto comisario de Acci√≥n para el Clima y la Energ√≠a en Europa, que no es otro que el exministro Miguel Arias Ca√Īete, propietario de la empresa ‚ÄúPetrol√≠fera Ducar‚ÄĚ, dedicada a almacenar combustible f√≥sil. Lo que se conoce como bunkering. Una forma de especular, para entendernos. Que es una actividad legal, pero que resulta dif√≠cilmente compatible con un juicio recto, imparcial y dirigido al bien com√ļn y a lo que representa su cargo p√ļblico. Pienso que una motosierra tendr√≠a m√°s sentido √©tico.

Pero a√ļn peor me lo pone mi vecino, que no tiene pozos petrol√≠feros ni empresas de bunkering, pero est√° convencido de que ‚Äėel coche es necesario‚Äô y cada vez que sale el tema del carril bici me dice:

– ‚ÄúHombre, si eres pobre y tienes que ir en bici, vale, pero para ir a pasearte ¬°no, hijo, no!‚ÄĚ

Ya ves.

 

Tiempo de lectura ūüí¨ 3 minutos

Pepe
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Si fue duro aceptar que el Ayuntamiento condecorara a la imagen de la Virgen del Rosario, lo que vino a continuaci√≥n result√≥ a√ļn m√°s indigesto.

La manifestaci√≥n religiosa durante la vista oral har√≠a palidecer a Berlanga. Un espect√°culo. Los fieles dando vivas al cura, a la patrona y a Espa√Īa. Todo ello amenizado con insultos y abucheos a los demandantes de Europa Laica, dignos hijos de Sat√°n, que hab√≠an recurrido la concesi√≥n de la medalla. Y con himnos piadosos: ‚ÄúReina de nuestras almas, flor de las flores, muestra aqu√≠ de tu gloria los resplandores‚Ķ‚ÄĚ.

Todo el esperpento espa√Īol en esa demostraci√≥n de neurosis eclesiog√©nica. Con famosos de C√°diz, c√©lebres cofrades y pol√≠ticos caducados amparados en ese cantar√≠n coro anacr√≥nico. Ah√≠ estaban, a la puerta del Juzgado, mostrando su apolillada ranciedad, su simpleza intelectual, felices en su domesticidad y f√°cilmente dispuestos a sentirse ofendidos.

Columnistas de la prensa local, acólitos de nacimiento, pusieron el acento en el odio a la religión. Y mezclando en difícil mejunje laicismo, comunismo y revanchismo político, llegaban a la conclusión de que los laicos no pueden imponer sus ideas. ¡Chin pón!

Con lo que hay que volver, una vez más, a insistir en que el laicismo no pretende atacar a la religión, sino que persigue una separación entre Iglesia y Estado.

‚ÄúNos pinchan donde nos duele‚ÄĚ. El p√°rroco, no obstante, sacaba a pasear el manoseado argumento del victimismo, tan eficaz durante dos mil a√Īos. Si se les recuerda que se apropian de inmuebles bajo la coartada de la inmatriculaci√≥n, se les persigue. Si se les enumeran las cuantiosas subvenciones que reciben del Estado, se les persigue. Si se les dice que el arreglo del techo de la iglesia o las campanas debe correr por su cuenta, se les persigue. Si se les se√Īalan sus continuas injerencias en la vida civil, se les persigue‚Ķ

Pero donde sólo impera la fe, se acabó el diálogo: es el momento de sacar el asunto, tan grotesco como inverosímil, de los méritos de la Virgen para obtener la condecoración: su intercesión para remediar epidemias y, sobre todo, al parar el maremoto de 1755. Si efectivamente fue así, la Virgen podía haber echado una mano en otras desgracias que afligieron a esta ciudad, como la explosión de 1947. Pudo evitarlo con un movimiento de su virginal mano, pero no lo hizo, lo que levanta sospechas acerca de su cacareada bondad y desvelos para con el pueblo gaditano.

Como lo de los milagros queda algo endeble, entonces enarbolan la tradici√≥n. ¬°Oh, la tradici√≥n! Bajo su polvorienta t√ļnica se perpetran las mayores atrocidades contra la raz√≥n. Sin ir m√°s lejos aqu√≠ os dejo una: ‚ÄĚQue las mujeres puedan vestir de nazareno en Sevilla, es una conquista mucho m√°s importante que el voto femenino.‚ÄĚ (Antonio Burgos, 8/3/2014)

Y por fin, el argumento cobardica: ‚ÄúNo, si la condecoraci√≥n se concede a los dominicos. La Virgen s√≥lo es un s√≠mbolo‚ÄĚ. Pues vaya, si se hubiera querido distinguir a los dominicos, a qu√© viene tanto milagro, tanta reina de nuestras almas, ni tantos resplandores‚Ķ Pero algo hay que decir.

A estas alturas, el resultado del juicio es tal vez lo de menos, porque la Historia ha quedado momificada en C√°diz, mientras el Progreso pasa de largo.

Tiempo de lectura ūüí¨ 2 minutos

Pettenghi
Imagen: Pedripol

La familia de José Utrera Molina ha demandado a Teresa Rodríguez por atribuirle, en un tuit, responsabilidad en la condena y ejecución del anarquista Salvador Puig Antich en 1974.

Ruiz Gallard√≥n est√° casado con una hija de Utrera, padre de otros siete hijos. As√≠ que Gallard√≥n y los siete cu√Īados acusan a Teresa de perjudicar la imagen, el honor y el buen nombre de su padre. Mi sorpresa es que Gallard√≥n y los siete tratan de eximir de responsabilidad a Utrera diciendo que s√≥lo era ministro en esos momentos. S√≥lo. Yo pensaba que dir√≠an que s√≥lo fue recogepelotas en el IX Trofeo Carranza o algo as√≠, pero no: Utrera ‚Äės√≥lo‚Äô era ministro franquista. Y as√≠ lo enterraron el a√Īo pasado en una tumba muy digna -no en una cuneta- a los sones del Cara al Sol.

La postransici√≥n es lo que tiene, que comienza a tener un regustillo a nostalgia azucarada del franquismo. Es como el franquismo puesto a escurrir para que suelte toda la sangre y la crueldad, y despu√©s puesto al ba√Īo mar√≠a. Lo que sale es un franquismo al estilo de ‚ÄėCu√©ntame‚Äô, una versi√≥n sin nicotina ni cafe√≠na, un franquismo edulcorado en el que la represi√≥n fue apenas una incomodidad hist√≥rica, y la falta de libertades, algo simplemente¬† molesto.

El papel couch√© en el que est√° escrita la Transici√≥n ha ido depurando esta versi√≥n de las ‚Äėincomodidades‚Äô y otras ‚Äėmolestias‚Äô, hasta convertir la amnesia en virtud.

En fin, que uno se pasa media vida pensando que el franquismo no se acabaría nunca, y ahora llevo la otra media temiendo que vuelva.

Y no sólo por ver a esos franquistas haciendo payasadas franquistas en el Valle de los Caídos: legionarios mellados, tipos crepusculares con capas transilvánicas, jóvenes caducados y abuelitas preconciliares, todos con la bandera del pollo y rodeando a Luis Alfonso de Borbón, el más depurado producto de la fecundación cruzada entre Franco y los borbones.

Pero sobre todo por o√≠r a Pablo Casado decir que hay que salir del monotema de: ‚Äúa qui√©n hay que desenterrar, la guerra del abuelo y la fosa de no s√© quien‚ÄĚ. Este monotema le parece a Casado la mayor de las desgracias patrias. Y a√Īade que eso es una antigualla. Ya ves, igual no le parecen antiguallas las cosas beatas y eclesiales que tienen 2.000 a√Īos. Eso s√≠ que es un monotema. Y homenajear al Dictador ¬Ņno es antiguo? A ver si cantar ‚ÄėEl novio de muerte‚Äô ahora es moderniqui.

Aunque tal vez Pablo Casado se ha equivocado y quer√≠a decir ‚Äėmonotrema‚Äô, ese grupo de animales como el ornitorrinco que posee pico y pone huevos y sin embargo, aunque √©l lo ignore, es un mam√≠fero. As√≠ Casado lo mismo es un monotrema: vota en las primarias y vive en el Siglo XXI pero, aunque √©l lo ignore, es un retr√≥grado de lo m√°s rancio, que va a adelantar a Vox por la derecha.

Adem√°s ¬Ņpor qu√© se enfada tanto con el asunto de la memoria hist√≥rica? No s√©, es como si tuviera que ver con aquello.

Por cierto, hace mucho que no sabemos nada de Venezuela. Una lástima, eso sí que era un monotema.

Tiempo de lectura ūüí¨ 3 minutos

Pettenghi
Imagen: Pedripol

Mientras ve√≠a el documental ‚ÄúLos mejores saques de banda del Mundial‚ÄĚ, que echaban entre partido y partido, le daba vueltas a la idea de que sin patriotismo el f√ļtbol pierde mucho. Los goles son el condimento ideal para tragar banderas.

Algo que viene amplificado por el fanatismo con que se emplea, en general, el periodismo deportivo en uno de los más groseros ejercicios de propaganda, enajenación y fomento del consumismo.

El f√ļtbol o el water polo sobre patines se presenta como un asunto de inter√©s nacional y se hace un esfuerzo en poner en juego el orgullo de toda una naci√≥n: ‚ÄúLo bien que lo est√°n haciendo los nuestros‚ÄĚ o ‚ÄúNuestros representantes superan la eliminatoria‚ÄĚ. Nuestros representantes pueden conformar, en el mejor de los casos, una confusa panda de mercenarios que tributan en otros pa√≠ses por sus ganancias millonarias‚Ķ

Pero no importa, el patriotismo es ciego: en el primer siglo de nuestra era, Plutarco ya se burlaba de los que defendían que la luna de Atenas era mejor que la de Corinto. No aprendimos nada, pues en el siglo XVII, Milton notó que Dios tenía la costumbre de revelarse primero a los ingleses.

Llegados a hoy, tampoco: el patriotismo deportivo, adem√°s de ciego, se ha vuelto est√ļpido. No hay m√°s que o√≠r el tono grit√≥n de esos comentaristas que retransmiten como si los oyentes fueran sordos. Y es que la retransmisi√≥n deportiva se narra como una epopeya con un trasfondo, donde el buen nombre de la patria est√° en juego. Veamos, si el atleta espa√Īol va el √ļltimo, se dice que ‚Äúest√° luchando por el s√©ptimo puesto‚ÄĚ. Si fatalmente resulta eliminado, se justifica con que ‚Äúha batido su marca personal‚ÄĚ, y si ni siquiera eso, se recurre al ‚Äúbuen papel de nuestro representante‚ÄĚ.

Los deportistas espa√Īoles son espa√Īoles y mucho espa√Īoles, aunque hayan nacido en Cuba, tengan inequ√≠vocos rasgos asi√°ticos o se llamen Johann, que ya le pondremos ‚ÄúJuanito‚ÄĚ. Ahora bien, se resalta que los otros pa√≠ses recurren a fichajes con los que se sugiere que pueden obtener ventaja. As√≠ es posible escuchar: ‚ÄúEl congole√Īo Andaken√≥ que corre bajo pabell√≥n holand√©s‚Ķ‚ÄĚ.

Por cierto, la nacionalidad de los √°rbitros desempe√Īa un importante papel en el universo del patriotismo deportivo: ‚ÄúComo era de esperar, el colegiado holand√©s no ha visto la clar√≠sima falta que han hecho al jugador espa√Īol‚ÄĚ. As√≠ nunca cae en el olvido el viejo recurso de que existen naciones que le tienen una tirria ancestral a nuestro pa√≠s, y los √°rbitros se aprovechan de eso para pitar inexistentes penaltis y perjudicar a Espa√Īa‚Ķ

Pero, al fin y al cabo, es lo que el espectador espera y lo que en definitiva da audiencias, bien sea tenis, automovilismo o f√ļtbol. Ya que los espectadores no podemos participar, ni siquiera influir, lo que nos queda es identificarnos con unos colores bajo la bandera del patriotismo.

Y para esa identificaci√≥n, el lenguaje utilizado en absoluto es inocente. Es la met√°fora b√©lica como sublimaci√≥n de una guerra en pantal√≥n corto, para defender ‚Äúel prestigio de nuestro pa√≠s‚ÄĚ: posici√≥n de tiro, abrir brecha, zona de peligro, disparo, p√≥lvora mojada, contienda, ca√Īonazo, fusilar al portero, se ataca, se contraataca‚Ķ El lenguaje b√©lico es el veh√≠culo perfecto del patriotismo en la cr√≥nica futbolera. Grandilocuente, a menudo irrespetuoso con el adversario y en ocasiones sexista.

Es muy extra√Īo encontrar rasgos de modestia y sencillez en el universo f√ļtbol. As√≠, es una rareza el himno del C√°diz C.F. que dice: ‚ÄúEl C√°diz llegar√° a ser campe√≥n‚ÄĚ. Llegar√°, s√≥lo llegar√°, apenas se ve pr√≥ximo, pero alg√ļn d√≠a tal vez‚Ķ No ofende y es realista.

Y voy a terminar, porque ahora ponen otro partido y despu√©s un documental que parece interesante: ‚ÄúJueces de l√≠nea legendarios‚ÄĚ.

 

Tiempo de lectura ūüí¨ 2 minutos

Pepepettenghi
Imagen: Pedripol

Creo que he dejado de ser espa√Īol. Quiero decir que si me comparo con un espa√Īol de hoy, un espa√Īol actual, no lo soy.

Un espa√Īol de hoy no se da cuenta de la p√©rdida de libertades y de democracia, y sin embargo yo s√≠ lo percibo. Tal vez porque soy un ‚Äėno espa√Īol‚Äô.

Del mismo modo que a un espa√Īol actual, lo que se dice un patriota, no le importa que el abus√≥n, el corrupto o el hip√≥crita le mientan en la cara. Como yo no soy buen patriota, es algo que me indigna. As√≠ que un espa√Īol aut√©ntico no protesta y yo, que he dejado de ser espa√Īol, sostengo que la indiferencia conduce a la injusticia, y alimento la ilusi√≥n de echar del poder a los abusones y a los corruptos. Aunque de momento sea una vaga esperanza‚Ķ

A un espa√Īol de verdad, de esos de bandera en el balc√≥n, no le preocupa que los poderosos se apropien de la riqueza com√ļn o que se pisoteen los derechos de los trabajadores y de los jubilados. Debe ser que los espa√Īoles como Dios manda est√°n narcotizados por el mensaje que emite ese ‚Äúaparato de justificaci√≥n‚ÄĚ, conformado por la prensa corporativa, los grupos de presi√≥n, la colonizaci√≥n de las columnas y espacios de opini√≥n‚Ķ

As√≠ que yo no pertenezco, ni puedo pertenecer, a un un pa√≠s en el que lo √ļnico que importa es el dinero. Un dinero que llama al dinero, del mismo modo que la pobreza llama a la pobreza. Dos caminos que conducen a una sociedad tan cruel como real. Y cuyo pedestal es: ‚ÄúCuanto m√°s rico sea yo, m√°s sobras os echar√© en el plato‚ÄĚ. Algo que inexplicablemente ha proporcionado mayor√≠as absolutas.

Pero como yo no soy espa√Īol hago frente, en la medida de mis fuerzas, a esos grumos pegajosos del poder, reclamo decencia p√ļblica y no transijo con la injusticia.

¬ŅC√≥mo voy a ser espa√Īol si los ministros espa√Īoles cantan emocionados que son los novios de la muerte? Claro que no soy espa√Īol fet√©n, porque no confundo Espa√Īa con mis man√≠as o mis negocios.

A un espa√Īol de verdad no le sorprende que haya gente con carrera sirviendo copas, y gente que falsifica sus notas dirigiendo el pa√≠s. No pertenezco a un pa√≠s donde la Educaci√≥n no interesa a nadie, salvo a los que tienen intereses pol√≠ticos o econ√≥micos en ella. No soy de esta Espa√Īa reaccionaria, ego√≠sta y beatona, que ya retrat√≥ Blas de Otero: ‚ÄúRetrocedida Espa√Īa, vaso sin agua cuando hay agua; agua sin vaso cuando hay sed‚ÄĚ, y en la que poco o nada ha cambiado.

No, no puedo pertenecer a un pa√≠s en el que, entre una infame clase dirigente y un pueblo que lo consiente todo, se abre un abismo de verg√ľenza y complicidad.

Ser√° que protestamos poco.