El matriarcado patriarcal

S lauper
Fotografía: José Montero

Una de las cosas más aberrantes de este mundo es la familia. La familia puede ser maravillosa. Puede aportarte. Quererte. Hacerte ser fuerte. Protegerte. Sobreprotegerte. Ayudarte. Ser un apoyo.  Aceptarte. Estar siempre. Hacerte sentir amada. Serenarte. Crearte un soporte para que la vida no se te tambalee sobre las plantas de los pies.

Pero la familia también puede destruirte. La familia puede, más que cualquier grupo social, hacerte daño. Y si puede, y quiere, ten por seguro que lo hará. Lo hará hasta dejarte en la estacada. Lo hará mientras llores, grites o patalees. Lo hará mañana, lo ha hecho hoy y lo hizo ayer.

Si estás leyendo esto y  tienes una familia en la que los gritos, las amenazas, la envidia y el rencor son los pilares que sustentan vuestras relaciones HUYE, corre mientras tengas piernas para correr; porque puede ser que un día ya no tengas fuerzas ni para eso. Puede ser que un día te des cuenta de que te has llevado toda la vida soportando un peso que no te corresponde. Soportando un dolor que te están causando fríamente y a bocajarro. A quemarropa. Sin miramiento. Y no pierdas de vista que seguramente tú estás adquiriendo esa forma de comportarte aunque te duela. Seguramente ya hace tiempo que optaste por ojo por ojo y diente por diente. Eso no es sano.

Todo esto no es necesario. Ningún sufrimiento continúo es necesario y menos si viene dado por parte de los seres que se presupone que más deberían quererte. Lo que se aguanta por amor a la “familia”. Por ¿honor? O no se sabe muy bien porqué es total y absolutamente innecesario.  Es más, es abrumadoramente perjudicial. En el mundo hay millones de personas dispuestas a entregar amor, sin ni si quiera pedir nada a cambio. Pero nos han dotado del deber para con la familia, sea como sea esta.

A veces hemos aguantado todo tipo de abusos solo porque nos unen lazos de consanguinidad. Fijaos ¡Qué soberana estupidez! Es como decir “aguanto que mi perro me haya dejado manca de un bocado porque es mi perro” o “soporto que mi amiga me deje en ridículo delante de los demás porque es mi amiga”. Y sé que estaréis pensando que en el caso del perro y en el de la amiga es elegido en el caso de la familia no, porque la familia te toca.

Vamos a ver la familia te toca pero no le da derecho a portarse mal contigo. Al revés.

Yo, personalmente he crecido y vivido en una de las peores familias que conozco, que siempre pensé que era muy guay porque está construida casi en su totalidad por mujeres. Un matriarcado. Yo crecí y vengo de un matriarcado patriarcal.

¿Cómo funciona esto?

Lo gestionan las mujeres, mandan las mujeres, en función de la edad y de la agudeza. Somos ocho mujeres. Solo hemos tenido (en el tiempo que yo llevo viva) tres hombres. Flojos. Problemáticos. Espeluznantemente malos y ¡ah, se me olvidaba! los seres más importantes de la familia. Ellos son los intocables de las gestoras de mi matriarcado. Ellos son la creme de la creme de la familia, por ellos vivimos y morimos. Bueno, yo no.

Me duele saber que esto es así. Me duele no haber tenido unas personas con las que contar. Me duele que me hayan hecho trizas el cerebro desde bien pequeña. Me duele no importarle a nadie más que a mi madre. Me duele que una familia que se compone de mujeres custodie el machismo más rancio. Pero lo que más me duele es no haberme dado cuenta antes de que no estoy obligada a quererlos. No estoy obligada a mantener una situación que solo trae problemas, desengaños, dolor, pena, miedo… solo porque un grupo de personas compartan conmigo la sangre. Ni yo, ni nadie.

Siempre había pensado que las personas que no se hablaban con gente de su familia por una situación tóxica no estaban haciendo bien; que apartarlos de su vida no les iba a traer más que remordimiento y más dolor. No es verdad, yo estaba equivocada.

Las personas que te pegan no te quieren. Las personas que no te llaman nunca no te quieren. Las personas que no hacen por verte no te quieren. Las personas que no se alegran por ti no te quieren. Las personas que no sienten nada cuando te están haciendo daño y lo saben no te quieren. Las personas que te maltratan psicológicamente no te quieren. Las personas que te hacen chantaje emocional no te quieren. Sean esas personas Jesucristo, tu prima, tu tío o tu abuela. Sean quiénes sean. Rotundamente no te quieren.

Y yo tampoco quiero a esas personas. Pero tampoco me comportaría como ellas, no les guardaría rencor, no les tendría odio, simplemente me son indiferentes.

Aunque si han dejado algún atisbo de humanidad en mi ser les deseo lo mejor. Lejos de mí. Lejos de mi madre. Y lejos de todo lo que quiero.

Dejarse marchar. Quitarse la culpa. Quererse más. Romper el remordimiento. Curarse el alma. Mantener la calma. Y echar a volar lejos del nido de víboras que te atrapa. Ceder el aquelarre a las brujas. Se acabó el tiempo de soportar. Tu vida es tuya y de nadie más.

Por eso ¡vive!, sin necesidad de relacionar la sangre. Sin aprobación. Sobre todo, sin sufrir. Creedme, hay vida más allá de las familias tóxicas.

No jodáis más

Sara
Fotografía: Jesús Massó

Cuando empezaba yo a salir de noche sola tenía 16 años.

Acababa de llegar a Cádiz, y los primeros meses tenía novio. Así que me acompañaba a casa, me recogía del Drago, me llamaba antes de dormir, me mandaba un sms, porque no existía WhatsApp, y no nos dimos nuestras contraseñas de Facebook porque no había. En general, un chico muy respetuoso y caballeroso, y más cosas que terminan en oso. Pero lo dejé, y tenía que ir a los sitios sola, y ahora esta situación se me hacía un mundo.

Tenía que volver sola andando a San Severiano desde la punta de San Felipe. Claro, no siempre iba alguien para tu zona a la misma hora que tú tenías que regresar a casa. Eso era cuando tenía 16 años. Algo más de una década después, con 27, voy con mi perra por la calle, para que me proteja. Vuelvo a casa sola por la noche y lo hago aterrorizada. No sé quién puede salir de un rincón, no sé si el hombre que viene detrás viene muy rápido, no sé si me lo estoy inventando todo, y no sé si voy a tener que estar toda mi vida haciendo como la que llama por teléfono cuando viene algún individuo cerca de mi… en definitiva, yo de mi casa a la punta tardaba menos andando que del Falla al Parque Genovés. Yo andaba que me las pelaba. Una vez llevaba unos tacones altos y se puso un hombre a decirme cosas, no recuerdo ni qué, a las 4 de la madrugada, a la altura de la iglesia de San Severiano, no había ni un alma en la calle, y me quité los tacones y corrí hasta mi casa, tanto que a mitad de la escalera, subiendo me quedé ya sin aliento. Más de una vez me quité los tacones y salí corriendo, no sé si el peligro era real o era en parte sugestión de verme desprotegida pero, me gustaría saber cuántos chicos de mi edad se quitaban los náuticos para salir corriendo porque una mujer le decía cosas a la altura de la iglesia de San Severiano.

Otra vez, ya con 17, en el KM (conocidísimo bar de la punta) estaba yo con unos amigos, eran todos chicos así que iba al cuarto de baño sola. Esa noche entendí porque más mujeres íbamos al baño de dos en dos. Entré y la puerta estaba estropeada, había un chico fuera que me miraba mucho, y yo pensando pues que yo le gustaría, el caso es que la última vez que entré en el baño ese día el chico se metió. Me empezó a preguntar muy cerca de mi que de qué zona era, que si era de Cádiz, que nunca me había visto. Claro, yo le contestaba, no creía que la situación se fuese a agravar puesto que la puerta del baño daba a la pista de baile y al estar rota se dejaba entrever lo que allí acontecía. No estaba de par en par pero se veía, tanto es así que un amigo de él lo vio y se metió en el baño también. Que qué estábamos haciendo quería él saber, y yo pues le dije que nada que ya nos íbamos que me estaba preguntando cosas. A todo esto, uno de mis amigos entra y pregunta que qué pasa. Yo le intentaba decir con mi cara que estaba acojonada que se los llevase de ahí y que me sacase. Los chicos le dijeron a mi amigo que estaba todo bien, mi amigo preguntó “¿Seguro?” e insistió “¿Sara seguro?”. Y yo le dije no con la cabeza. Los chicos se pusieron histéricos, dijeron que yo de qué iba que estaba allí queriendo liarme con los dos y ahora le decía a mi amigo eso. A lo que uno de ellos me da un beso en la boca y le dice a mi amigo, “¿ves? estamos bien déjala, déjanos”. Mi amigo se queda con la cara de póker y se va. Mientras mi amigo se iba el segundo en discordia también me plantó un beso en la boca. Yo estaba literalmente en un rincón en el baño parada, en shock, uno le dijo al otro “aguanta la puerta”. Cuando este se puso en la puerta empezaron a dar golpes “abrid, abrid” y abrieron. Era mi amigo Jesús “¿Qué coño estáis haciendo?” Ellos dijeron que estaban liándose conmigo, así, y punto, que si él era mi novio preguntaron. Él dijo que era su amiga y que estaba seguro de que eso no era así, y me dijo “dime qué estáis haciendo aquí Sara”. Le dije que estaba echándome agua que había terminado de mear. Que se metió uno y luego el otro, y que yo no estaba allí porque quería. Mi amigo me dijo “sal”, con determinación; salí y Jesús llamó a los porteros mientras Germán, mi amigo que entró primero, los mantenía dentro del baño porque intentaban escaparse.

Mis amigos me salvaron de un jodido abuso sexual en el KM, en la punta de San Felipe. En Cádiz, donde nunca pasa nada ocurren estás cosas sí…

Imaginaos que podría ocurrir en San Fermínes el año pasado, cuando una mancha de inútiles y cobardes que se creen que son una manada violan en grupo a una chica. ¡Por favor! ¿Qué manada ni  mandada? Vosotros no llegáis ni a lobos solitarios, vosotros solo podéis ser hombres porque es de los hombres la condición de maldad, de crueldad, de disfrutar del sufrimiento de los otros, es condición de nuestras especie, y de vuestro género. Las mujeres no violamos a nadie. No imponemos nuestro género. No os decimos cosas por la calle a las 4 de la madrugada. No nos metemos de dos en dos en los baños a comerle la boca a un hombre que no quiere. No violamos en grupos de cinco a chicos en los San Fermínes. No somos las que mandamos, ni queremos eso. No estamos obsesionadas con el sexo oral. No somos unas cobardes, y sobre todo no nos creemos una manada, si no que somos La Manada.

Somos la única manada real del momento, vosotros no sois más que un saco de mierda, con una vida de mierda, que ya sólo puede seguir adelante odiando, violando y haciendo polvo a los otros seres humanos. No todos los seres humanos tenemos esa condición, pero solo los seres humanos somos capaces de desarrollarla. Un lobo no se plantea hacerle mal a los otros lobos por satisfacción personal, un lobo solo hace algo atroz por supervivencia.

Pongamos que las autoridades pertinentes empiezan a hacer algo de una puñetera/puta vez contra la violencia de género. Pongamos que eso pasa antes de que nos invadan los extraterrestres. Pongamos que sí hombre. Seamos optimistas, que ya se ha Igualado la brecha salarial un 25%. Ya somos medio tíos. Ya no nos queda nada para que nos ayuden en las tareas del hogar… hemos avanzado mucho, a pesar de que desde 2009 la cifra de violaciones en España al año haya superado el millón de víctimas, si sí, la igualdad no is coming ¡Par favar! La igualdad is here.

No jodáis más, no jodáis más a las mujeres. No jodáis más con que el feminismo no es necesario.

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