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Mvilla
Fotografía: Martín Vila

58 años. Los que han pasado desde la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los países y pueblos coloniales, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas.

53 años. Los que han pasado de que la ONU proclamó el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui e instó a España a que iniciase el proceso de descolonización.

43 años. Los que han pasado desde la aprobación de la Ley de Descolonización del Sáhara Occidental, sancionada por el ya entonces Jefe de Estado y Príncipe Juan Carlos de Borbón, quien al mismo tiempo permitía que la marcha verde, auspiciada por Marruecos, iniciase la ocupación militar del territorio saharaui que dio lugar a años de guerra.

42 años. Los que han pasado desde la retirada de España del Sáhara Occidental, permaneciendo como territorio no autónomo pendiente de descolonización, pero sometido en los hechos a una ocupación ilegal por parte de Marruecos que expolia sus recursos naturales.

27 años. Los que han pasado desde la tregua entre el Frente Polisario y Marruecos, se crea al efecto la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental) y se fija una fecha para la celebración del referéndum, 26 de enero de 1992, que nunca tuvo lugar.

3 años. Los que han pasado desde que el Auto de la Audiencia Nacional dictado por el Juez Pablo Ruz calificase como genocidio las represalias del Gobierno Marroquí sobre el pueblo saharaui. Se cuentan por miles los saharauis que fallecieron en las diferentes hostilidades marroquíes durante el conflicto armado, y por cientos los que a día de hoy permanecen como desaparecidos.

3 Meses. Los que han pasado desde que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea,  sentenciase que “el territorio del Sáhara Occidental no forma parte del territorio del reino de Marruecos«, excluyendo definitivamente las tierras y aguas saharauis de los acuerdos comerciales entre Marruecos y la Unión Europea.

La situación saharaui es de las más complejas que existen en el panorama internacional, y difícil de relatar en unas breves líneas, pero este escueto cronograma sirve para recordar de forma breve los principales hitos y momentos de una historia, la del Sáhara Occidental entrelazada con la historia de España.

El Sáhara Occidental como antigua colonia no puede ser desprendido de un pasado con raíces españolas, que provocó unos lazos culturales que aún perviven – es el único país árabe de hispanoparlante – y que completa una memoria histórica, dicho sea de paso, aún por componer.

Pero los lazos no solo se quedan en el pasado, también están en el presente. Esta relación de fechas y hechos sirven para poner sobre la mesa que  la resolución jurídica y política del conflicto saharaui tiene gran parte de responsabilidad en España como país descolonizador.

La evasiva, la elusión de responsabilidades… y el sometimiento a los intereses del Reino marroquí ha sido la tónica de los diferentes gobiernos, desde los pre-constitucionales con el entonces Príncipe Juan Carlos como jefe de Estado, como los primeros de la democracia con Felipe González al frente. Ambos prometieron una solución al conflicto, y acabaron faltando a su promesa.

Ahí precisamente es donde gana importancia el papel que han tenido los movimientos de solidaridad, que desde el activismo y el compromiso ha conseguido mantener en España el conflicto saharaui latente. Sabiendo manejar dos vías,  la de la denuncia política y exigencia de soluciones al gobierno de España, y la de la cooperación necesaria para que puedan resistir en el desierto de la mejor manera posible,

Ejemplo de ello ha sido el programa de Vacaciones en Paz, por el que miles de niños y niñas saharauis han venido a España durante los meses de verano ejerciendo de embajadores de su pueblo, a la par que han impulsado proyectos de cooperación para que la vida de los saharauis en los campamentos fuese menos precaria, más digna.

Así que el hecho de aceptar la invitación de las asociaciones gaditanas pro-saharauis AMAL ESPERANZA y SALAM PAZ para viajar a los campamentos de refugiados saharauis en el pasado mes de abril, no fue sólo un acto de solidaridad. Fue un acto también de compromiso de las instituciones españolas que representábamos en el ámbito municipalista con la causa saharaui.

Tras un largo viaje desde Madrid a Tinduf con parada en Argel, vivimos cinco intensos días repartidos entre varios campamentos – 27 de Febrero (Boujadour), Rabunni y Dajla -, con una agenda cargada de reuniones y actos para aprovechar al máximo la visita.

Hubo lugar para renovar el hermanamiento de la ciudad de Cádiz con la wilaya de Dajla con motivo del 25 aniversario del mismo, para conocer los proyectos de cooperación puestos en marcha con la colaboración institucional, para conocer el día a día de las organizaciones que forman parte de la vida saharaui… y sin que estuviera previsto en el programa llevarnos una experiencia que sin lugar a dudas nos dejó marcados.

Nos encontramos a un pueblo que sigue resistiendo en medio del desierto en condiciones inhóspitas. Y que ante la visita nos abrió las puertas de sus casas recibiéndonos y tratándonos como si fuéramos unos saharauis más.

Un desierto como ellos mismo decían “que les expulsaba no más llegar” tras refugiarse allí de las hostilidades del ejército marroquí. Nos relataban que los inicios fueron muy duro, y más aun huyendo de los bombardeos y emboscadas militares marroquíes, pero la esperanza, la determinación, la justicia de su propia causa y el trabajo comunitario fue capaz de hacer que la vida se abriera paso donde antes no la había.

Un pueblo que ha sido capaz de resistir en pleno desierto viviendo en condiciones precarias, sin apenas electricidad hasta hace poco y sin cubas de agua en numerosas jaimas, y que sigue venciendo día tras día a la resignación.

Una población aislada del resto del mundo, con el apoyo tan solo de la cooperación internacional (que día a día disminuye) y de pocos países, como la vecina Argelia o Cuba, que han mantenido y mantienen vías de colaboración en materia de educación, formación…

Y pese a todo, pese a los cuarenta y dos años de espera del tan ansiado referéndum, desde la precariedad material, es capaz de dar lecciones de entrega, de esfuerzo, de resistencia y de dignidad al mundo entero.

Esta fue la lección que nos trajimos de vuelta.

El esfuerzo colectivo, viviendo en comunidad compartiendo la escasez que reciben de la cooperación internacional o ayuda humanitaria, y lo poco que pueden producir mediante la mínima ganadería que disponen o pequeños huertos recién puestos en marcha.

Y una entrega individual que se suma al esfuerzo colectivo, vivencias concretas que son lecciones de compromiso al bien común saharaui en todos los sentidos. Un compromiso que es el verdadero motor de la resistencia, perfectamente palpable en historias personales que nos dejaron huella

Como la del joven de apenas una veintena de años al cual que no le importó irse durante casi doce años a Cuba, sin poder ver en ese periodo a su familia, porque entendía que su obligación era formarse como médico y volver a su wilaya para atender a sus vecinos para evitar que una peritonitis, por ejemplo, fuera motivo de fallecimiento en su campamento.

Como la del mayor que te abre su hogar de par en par y se desvive por contarte su vida porque es la vida de un pueblo que necesita transmitir para que no se pierda. Que se preocupa porque quiere evitar que el integrismo religioso o la droga entre por los campamentos y destruya todo lo que han construido en este tiempo esperando el tan ansiado y necesario referéndum. Que se contraria porque ve como algunos jóvenes pueden pensar que la vía pacífica está agotada, que no soluciona el conflicto.

Como la de la pedagoga que hace todo lo posible por integrar en el día a día de los campamentos a niños con dificultades y trastornos específicos dándolo todo en el recién creado Centro de Atención Temprana.

Como la del hombre, que en medio del desierto es capaz de poner en marcha un huerto en el que seguir resistiendo de la mejor manera posible cultivando sus propias verduras para compartir con sus vecinos.

Como la del comisario del museo de la resistencia, que sigue completando y documentando la historia de un pueblo y de sus desaparecidos para que no caiga en el olvido. Y que te recuerda, que miles de saharauis resisten en los territorios ocupados sufriendo día tras día vejaciones y torturas por parte del gobierno marroquí ante la inacción de Naciones Unidas. Que hay presos políticos saharauis en Marruecos.

Como la de la mujer que en un mundo como el árabe donde está relegada a un tercer o cuarto plano, se abre brecha en la sociedad saharaui, siendo protagonista y vanguardia, aunque tenga aún mucho camino por recorrer.

Como la del adolescente que no conoce otra vida que la de un campamento de refugiados y siente que la Comunidad Internacional les ha dado de lado para siempre.

Como la del responsable político del Polisario, de la UJSario y de la RASD, que tiene ante sí la responsabilidad de continuar liderando un proceso político que acumula cuatro décadas y que debe resolverse cuanto antes.

El término pueblo, comunidad… allí recobra sentido en toda su amplitud. Una lección de dignidad y de ejemplo de la cual aprender. Un pueblo que vive bajo la misma jaima, como reza el pórtico de entrada a la wilaya de Dajla.

Iniciamos el viaje siendo sensibles y cómplices con la causa saharaui, pero volvimos haciéndola nuestra. Sintiendo su dolor como nuestro, su resistencia como nuestra, y la necesidad de volver a su país como propia. Volvimos sin dejar de estar en su misma jaima.

¡Viva el Sahara Libre!

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