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Joost Swarte firma la portada de la revista The New Yorker del 29 de Julio de 2019. Una pareja corriente destroza a pisotadas un pueblo. Son gigantes que van dejando ruinas a su paso mientras el resto de los diminutos habitantes intentan, con poco éxito, escapar de sus pisadas. Ella mira un smartphone y él consulta un mapa. Incapaces de levantar la cabeza y ver realmente dónde están, qué es y qué fue ese lugar, qué lo hace especial y qué quieren conseguir viajando hasta allí. Los motivos pueden ser diversos: capital social, muchos likes en Instagram, conocer la cultura local o, quizás, simplemente no hacer absolutamente nada, descansar, no pensar y durante unas semanas sentir la libertad de jugar a ser un flâneur sin perder de vista la cadena que les va a atar al escritorio de la oficina hasta que cumplan, con suerte, sesenta y cinco años. Quizás ese es parte del problema, no se puede ser un flâneur si bajas de un crucero o de un bus y visitas una ciudad en menos de cuatro horas como sucede desde hace años con la gran mayoría de los turistas que llegan a Brujas.

El caso de Brujas es especialmente curioso. Todos los blogs de viajes repiten como un mantra: «Ciudad de cuento, la Venecia del Norte», término sin ninguna duda ofensivo para los cuentos, Venecia, el Norte y la propia Brujas. En neerlandés Brugge (puentes) y, de ahí, por asimilación fonética al castellano: Brujas.

Brujas o la invasion de los day trippers
Fotografía: Salvador J. Tamayo

El recorrido de los turistas no es nada original, suele ser siempre el mismo para todos. Empieza en el sur, al otro lado de la autovía donde está la estación de tren o el parking de los autocares y caminan hasta el Minnewater, lago lleno de cisnes desde 1488. En ese año una revuelta contra la subida de impuestos y por el control del poder en la ciudad acabó cortándole la cabeza al gobernador y mejor amigo del emperador Maximiliano, Pieter Lanchals. Su nombre significa en neerlandés cuello largo. Para que nunca se olvidara la ofensa, y en honor su memoria, colocaron varias decenas de cisnes y la ciudad fue condenada a cuidar y proteger a las aves eternamente. Esos cisnes que resistieron hasta el ataque de las tropas de Napoleón y la invasión de Hitler en la II Guerra Mundial, ven cada día manadas de turistas que avanzan de un punto a otro del itinerario como zombis sedientos de selfies, que buscan engullir una sensación estética evidente, efímera y para la que no tienen que hacer ningún esfuerzo previo. Mientras consumen el instante mirando cada rincón de la ciudad a través de la pantalla de sus teléfonos móviles, otra horda de espera su turno, hambrientos, para continuar con el banquete de la carroña.

Seguimos hacia el norte, hasta la Iglesia de Nuestra Señora. Mientras caminan, avanzan por callejones estrechos llenos de tiendas de chocolate al mismo tiempo que se quejan entre ellos de que es inaceptable la enorme cantidad de turistas que hay por todas partes.
La iglesia de Nuestra Señora tiene la única escultura de Miguel Ángel que está fuera de Italia, La Madonna e bambino, robada por los nazis y recuperada por los Monuments Men cuando los fascistas estaban en retirada. Nuestros adorables zombis, ni siquiera saben de la existencia de la escultura porque aunque algunos guías hablan de ella, no tienen tiempo ni quieren pagar la entrada para verla, el bus o el crucero no esperan a nadie. A pocos metros de la estatua, la tumba de la mujer más hermosa de la Europa del siglo XV. María de Borgoña. Madre de Felipe el Hermoso, esposa de Maximiliano, que murió con veinticinco años al caerse de un caballo mientras practicaba la cetrería. Su hijo Felipe, muerto a los 27 años como Kurt Cobain, Avici y Amy Winehouse, ordenó que le arrancaran el corazón y lo llevasen desde España hasta Flandes en una caja de plomo. El resto de su cuerpo está en la catedral de Granada, en la capilla de los Reyes Católicos, junto a su esposa, pero su corazón en Flandes, en Brujas, con su madre.
Mármol de Carrara. Caja de Plomo.

El recorrido continúa hasta la torre de Belfort pasando por el Colegio de Europa, el antiguo muelle de los curtidores, el ayuntamiento… Todo ello sintiendo en todo momento que no se está en una de las ciudades más prosperas y bellas de la Edad Media, sino que se está recorriendo un parque temático.

El nuevo alcalde, el conservador Dirk De fauw, ha decidido que ya ha tenido bastante y ha tomado la decisión de no promocionar, como se venía haciendo desde la propia ciudad, las visitas de un día desde Bruselas (a una hora), Ámsterdam o París (a poco más de 3 horas de distancia cada una). Una ciudad de 166 mil habitantes que tiene más de 8 millones de turistas al año, de los cuales 6 millones son visitantes de un solo día. «Si no queremos convertirnos en un completo Disneyland, tenemos que apuntar hacia el turismo de calidad, gente que se quede aquí por unos días, coma bien y visite museos. No hacia las grandes multitudes que llegan aquí en autobús o crucero por tres horas y luego regresan», declaró el alcalde al periódico Het Nieuwsblad. También plantea otras medidas como limitar a dos el número de cruceros que atracan en el puerto de Zeebrugge (a 20 kilómetros), así como restringir la entrada de autobuses turísticos y el número de tiendas de souvenirs.

La ciudad se muestra sorprendida y no comparte del todo esta iniciativa: según un estudio llevado a cabo por Vincent Nijs, investigador senior y Project Manager en Visit Flanders (institución oficial de turismo en Flandes), hay una gran aceptación social sobre los beneficios del turismo. El 83 por ciento de los residentes menores de 34 años lo ven como algo positivo para la economía de la ciudad, luego el porcentaje baja en rasgos de edad más avanzados.

La situación en Brujas causa sentimientos encontrados. Los propios turistas (day-trippers) son los que más se quejan de la aglomeración de turistas. Las autoridades regulan de manera rigurosa la presencia de Airbnb hasta el punto que sólo encontramos algo más de 700 licencias (unas 5 por km2 frente a las 171 que hay en Barcelona), por lo que la turistificación no ha influido en el precio de los alquileres e incluso se podría decir que se ha evitado a tiempo un problema como el que afecta a Ámsterdam, Barcelona, Florencia o Venecia en una provincia con una renta per cápita de 33.700 €.

No sé si la iniciativa del nuevo alcalde de tratar de limitar a los visitantes de unas pocas horas es simplemente bienintencionada con los habitantes de la ciudad y el equilibrio de la misma o si quizás esconde cambiar a los turistas de bocadillos por otro tipo más sofisticado, con un nivel adquisitivo más alto, de forma que se mantenga el impacto económico en la ciudad sin el perjuicio que conllevan las aglomeraciones. De ser así la intención de Dirk De fauw sería profundamente clasista.

Todos temen que Brujas se convierta en un especie de Disneyland, pero lamentablemente llegan con diez años con retraso. Brujas ya es Disneyland. Un decorado donde pasear. Toda la ciudad está volcada al turismo efímero. A pesar de los datos y los distintos indicadores, la realidad es que el centro de la ciudad es un hervidero de tiendas de chocolate, souvenirs y distintas atracciones turísticas de las que todo el mundo quiere sacar tajada. Es una ciudad con una belleza extrema y una armonía siniestra de la que se puede disfrutar en total soledad al atardecer, cuando los autobuses turísticos regresan, cuando todo el mundo desaparece y el espacio urbano es un desierto en el que se puede caminar, respirar y sentir que sólo queda el recuerdo de una ciudad triste, cansada y derrotada cuyo parecido con el purgatorio dista mucho de ser una coincidencia.

Fuentes consultadas

  • Regionales Bruttoinlandsprodukt (KKS je Einwohner), nach NUTS-2-Regionen. Eurostat.
  • Peltier, D. (2017, 24 March). 6 Charts on How Bruges Residents Grudgingly See Overtourism’s Value. Skift.
  • Research for TRAN Committee – Overtourism: impact and possible policy responses. 2018. Policy Department for Structural and
  • Cohesion Policies Directorate-General for Internal Policies
  • PE 629.184 – October 2018. European Parliament.
  • Stock, M. European Cities: Towards a Recreational Turn?. Hagar. Studies in Culture, Polity and Identities, 2007, 7 (1), pp.115-134.
  • Coffey, L. (2019, 13 June). Bruges cracks down on overtourism to avoid becoming «complete disneyland». Independent.
  • Mason, A. (2018, 10 December). The Belgian city that solved the problema of a tourist invasión. The tepegraph.
  • Le Bacq, T. (2019, 11 June). Brugge heeft genoeg (van) dagjestoeristen: «Drie keer zoveel toeristen als inwoners, dat kan niet meer». Het Niewsblad.

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