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A pinto
Fotografía: Ángel Pinto

CÁDIZ 0 – 0 LORCA

Forma parte de cualquier biografía, aunque a veces, cuando nos toca a nosotros, tenemos la tentación de hacernos los sorprendidos.

Transitamos por la vida de manera plácida, con la modorra propia del que conduce por la autopista, y, de repente, sin previo aviso, nos cruzamos con un meteorito: esa llamada, esa conversación, esa luz negra en los ojos del otro. Punto de inflexión, lo llaman.

Y toca reinventarse.

Apretar los puños, acentuar la pisada, no mirar atrás.

Creo que es así como debería el Cádiz afrontar este partido contra el Lorca (un partido que tal vez pudo perder, que desde luego pudo ganar y que terminó empatando): como su definitivo punto de inflexión en una temporada que comenzó con discreción, que continuó con brillantez y que ahora parece haber entrado en una etapa anodina y decepcionante.

Se esperaba con cierto optimismo el encuentro de hoy. Recibir a un virtual descendido en momentos de zozobra parecía la tirita ideal para la maltrecha confianza del equipo. Lamentablemente nos equivocábamos: aquello de que no hay enemigo pequeño parece convertirse en dogma cuando el otro contendiente es el Cádiz.

Comenzamos con sorpresa. Cervera decidió cambiar la estructura defensiva del equipo casi al completo, dando descanso (o castigando) a Carpio, Servando, Lucas y Garrido. El centro de campo formado por Álex, Abdullah y Perea prometía buen trato de balón y creatividad, pero la promesa, ¡ay!, quedó incumplida. Desde el principio apreciamos que a los locales le costaba llevar la voz cantante y fue el Lorca, sin nada que perder ya en esta liga, el que parecía encontrarse mejor posicionado. Amparados en un 5-2-3 muy flexible conseguían dificultar la salida de balón del Cádiz y plantarse con muchos hombres en las inmediaciones del área amarilla, siempre bien conducidos por Noguera.

El Cádiz por su parte, insistía en la fórmula mil veces vista. Álvaro percutía una y otra vez por la banda izquierda, pero sus centros morían en piernas rivales, salvo en una ocasión, cuando Jona –tan participativo como desacertado- consiguió revolverse para el posterior lucimiento de Dorronsoro.

Y ese fue prácticamente todo el bagaje ofensivo local en el primer tiempo. No hubo noticias de Salvi ni de Perea mientras que Álex –cansado y fallón, aunque voluntarioso- apenas aportó un par de disparos lejanos.

Los intermedios de los últimos partidos se están empezando a parecer demasiado entre sí: un rosario de cuartos de hora preñados de decepción y esperanza.  El de hoy, claro, no fue una excepción. El Cádiz había sufrido más de la cuenta en defensa y parecía atascado en ataque, sí, pero la diferencia entre una y otra escuadra era tanta que la victoria tenía que llegar, como quien dice, arrastrada por la marea. Y es que algunos mensajes de autoayuda son así de ramplones.

Comenzó la segunda parte y la tónica era sospechosamente similar a la del primer tiempo. El Lorca manejaba el balón mejor de lo que su clasificación podría sugerir y el Cádiz, obligado a llevar la iniciativa, parecía incómodo. Su juego ofensivo desprendía un aire artificial y postizo, un amaneramiento que convertía en predecibles la mayoría de sus maniobras. Aun así, amarillas fueron las mejores ocasiones y no fueron pocas. En casi todas Jona actuó como boya distribuidora y lo hizo bien, habilitando a Romera (que había sustituido a Perea) y a Alvarito en dos ocasiones, pero nuestros delanteros resolvieron de manera calamitosa.

Los minutos seguían pasando, inexorables, y la esperanza se empezó a pintar con el color del pánico: un equipo descendido iba a sisarnos la victoria. El final ni siquiera fue épico, no pudimos permitirnos el parvo consuelo de los “huyes” postreros. Simplemente, el partido languideció y murió de viejo.

Ahora se trata de no perder demasiado tiempo en llorar por la leche derramada. Queda un tercio de liga, la posición del equipo es envidiable y hay calidad en la plantilla como para luchar por cualquier meta. Solo falta que asumamos que lo de hoy ha sido realmente un punto de inflexión y no otro peldaño hacia la mediocridad. Ojalá.

 

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