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A pinto
Fotografía: Ángel Pinto

CÁDIZ 1 – 1 HUESCA

 

Hay algo emocionante en los duelos desequilibrados: el esfuerzo del equipo que se sabe inferior, la rebelión contra la lógica, el obrero que se sube a las barbas del oligarca.

El problema es cuando ese esquema se plasma en un encuentro entre dos conjuntos de la misma categoría y de potenciales, en teoría, similares.

Durante demasiados minutos del partido de esta noche de lunes santo (¿hay algún lunes que merezca ese calificativo, por cierto?) el Cádiz asumió conscientemente su inferioridad frente al Huesca e intentó paliar con casta y sudor el diferencial de juego que pudo observarse sobre el verde.

La buena noticia es que lo consiguió.

Aliado a ratos con la fortuna pero usando sus armas con honestidad, los amarillos arrancaron un punto que, tal como se desarrolló el encuentro, sabe a Sugus de limón.

Recapitulemos.

Venían los oscenses de su particular travesía por el desierto, pero de la mano de su mesías (el colombiano Cucho Hernández) llegaron al Carranza como quien pisa tierra prometida: con ganas de conquistarla.

El Cádiz, por su parte, salió peleón y bullicioso, tal como manda el manual del equipo local. Lo que ocurre es que su efervescente arranque duró lo que la espuma de una gaseosa: un tirito de Salvi, una arrancada de Álvaro… y la realidad nos alcanzó, como un lebrel a un conejo.

Los aragoneses requisaron la pelota y borraron a los de Cervera del campo durante un buen trecho. El funcionamiento colectivo de los hombres de Rubi era armónico y estético. Sastre, Melero y Moi combinaban con acierto y eran Cucho (caído a una banda) y Ávila los que imprimían filo al juego cuando el balón rondaba el área de Cifuentes.

De esta manera, con el Cádiz desaparecido, la grada se pobló de suspiros y ayes. Y la angustia se hizo carne cuando Ávila culminó con calidad un excepcional pase del Cucho.

El gol era merecido, nada que objetar.

El Cádiz se encontraba en un dilema: no había sabido proponer nada provechoso cuando el partido estaba igualado –demasiados errores, demasiada ansiedad- y ahora se veía obligado a levantar un marcador en contra ante un equipo superior. Forzado por las circunstancias, adelantó líneas y husmeó las inmediaciones de Remiro, pero se le notaba incómodo y envarado, como un actor mediocre obligado a recitar un texto en el que no cree.

En el descanso me entretuve mirando los letreros de neón (si es que se sigue usando el neón) que se divisan desde mi asiento de tribuna alta. Observé que en el cartel luminoso que corona el edificio de la Zona Franca se habían apagado la “o” y la “n” y por alguna razón pensé que las letras ausentes conformaban una negación dirigida a mí: no, hoy no ganará tu equipo.

Tras este augurio, ominoso y absurdo, se reinició el juego. Y como si el destino quisiera desmentirme, el Cádiz empató pronto, muy pronto. Eugeni –que sustituyó al lesionado Perea- botó un córner, Remiro falló estrepitosamente y Servando aprovechó la confusión para igualar la contienda.

Todos los goles se jalean, pero este, inesperado y salvador, cosechó decibelios sin cuento. Aupado por el griterío (¡ah, las endorfinas!) el Cádiz ofreció los mejores minutos del encuentro. Eugeni movía el balón con sentido, Álvaro –más gris que de costumbre- y Álex –voluntarioso y fallón- probaron suerte desde lejos, se forzaron un par de saques de esquina…

Fueron, en fin, nuestros mejores minutos y nos permitimos soñar con la proeza, con ensartar en una pica la cabeza de este Goliath, pero una nueva lesión (de Salvi esta vez) nos cortó el ritmo y la quimera. Cervera fue valiente y metió a Barral cambiando el dibujo del once, pero el experimento no funcionó.

Tras un rato de desconcierto, el Huesca se hizo de nuevo con el balón y con la iniciativa. Sus llegadas hacían mucho daño y varias veces estuvieron a punto de sentenciarnos. Mención especial para un trallazo de Gallar que repelió la cepa de un poste tras una brillante jugada colectiva.

El caso es que entre huys y ays el reloj cumplió los cuatro minutos de prolongación y el marcador no se movió. Seguramente hoy no ganó el mejor, pero donde el Huesca puso calidad y buen juego, el Cádiz respondió con enormes dosis de trabajo y esfuerzo colectivo.

Y a eso sí que no nos gana nadie.

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