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Hay una necesidad a la que no se presta atención. Un ejercicio que se hace casi de forma natural y se hace cómodo. Hay una práctica que nos obliga a producir belleza y bienestar conjunto a la que no le damos importancia pero sin la que todo sería muy raro. Cantar juntos. Siempre lo hemos hecho, surge como si nada pero hay momentos en los que un montón de gente se hace una voz. Incluso hay ocasiones en que si no se hace no son lo mismo.

Los seres humanos nos juntamos para cantar, o nos juntamos y surge el canto en multitud de ocasiones y eso nos reafirma como grupo, nos iguala, hace que todos seamos parte de un momento de creación de belleza y por ello nos sentimos bien y nos hacemos mejores. Quizás sea uno de los ejercicios comunes más antiguos que la humanidad practica. Se armoniza nuestro alrededor. Y además, en todas esas ocasiones en las que surge, nos estrecha un lazo casi familiar. Hay veces en que es rotundo, como cuando alrededor de los últimos días del año hacemos sonar villancicos en grupo, o como cuando surge después de una comida con amigos, o como cuando en un estadio de fútbol se canta ánimo y fidelidad a un equipo. Piensen en aquel concierto multitudinario en que estuvieron y cantaron todos juntos. Llega un momento siempre en que el cantante se calla. Debe ser abrumador escuchar a una multitud infinita cantando una de tus canciones. Debe ser como si un mundo al unísono te recordara un pensamiento íntimo que, al final, resulta ser común.

Cantar suena y sabe a pan
Fotografía: Urirenataadrienn de Pixabay

A veces me da la sensación de que es casi el último resquicio contra el individualismo. Contra el castigo del yo y de las exclusividades sentimentales egocéntricas. Ese gusto que nos da cuando lo hacemos no se consigue de otras formas. Hay otras cosas que nos dan equilibrio con todo, pero pocas veces es como ese. Tal es la sensación de bienestar que cuando se acaba, nos desabriga.

En esta ciudad del antiguo fin del mundo lo sabemos de sobra. Sabemos que hay veces en que si vas con determinada gente a determinados sitios acabas así. Se sabe que en verano no hay noches de silencio en la Alameda. Es tan natural que no reparamos en ello. Y no sólo es por espantar males o traer bienes, creo que es casi porque lo necesitamos.

La expresión musical del mundo es una forma de comunicación universal y la capacidad del canto, la traemos puesta la mayoría de las personas. La gente nos juntamos para muchas cosas y las mejores las terminamos cantando. Una reunión después de unas copas de vino, una celebración de algún rito o una demostración de disconformidades políticas. O un cumpleaños. Todas esas cosas son celebrar o exigir vida. Y se canta para ello.

Cantar suena y sabe a pan, casi lo dijo Cortázar. Cantar suena y sabe a pan porque está tan presente y es tan básico, tan bueno y tan necesario como el trigo.

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