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Pettenghi

Ilustración: pedripol

Hace unos días publicaba la prensa que un joven onubense de 23 años, Pablo Belda, se había convertido en el fiscal más joven de la historia. Pero lo que me resultó más sorprendente de la noticia es que, tras el titular “El fiscal más joven de la historia”, el periodista resaltaba asombrado: “Ha estudiado en colegios, institutos y universidades públicas”. Llama la atención que llame la atención que estudiar en centros públicos sea un mérito añadido: figúrate, el pobre chaval, tras superar el lastre de lo público, ha triunfado en la vida…

Pero por desgracia ésa es la percepción general que se tiene de la enseñanza pública. Maltratada, indefensa y denigrada, de manera que los buenos profesionales y los ciudadanos más brillantes sólo pueden proceder de colegios de pago y de universidades privadas de esas de nombres rimbombantes. Lo público, lo de todos, paradójicamente vive hoy a la sombra del sector privado, una sombra engordada por los fondos públicos.

Pero pronto, muy pronto, en este año 2017 todos esos políticos y dirigentes que, según ellos, se parten la cara por lo público tendrán la oportunidad de demostrarlo: ha llegado el momento de la revisión de los conciertos educativos en Andalucía. Así podrán demostrar que son sinceros sus golpes de pecho por lo público. Podrán optar por una enseñanza pública potente y bien atendida económicamente o por continuar por el sonrojante camino de los conciertos educativos. O sea, dar dinero a las empresas del sector -casi en su totalidad pertenecientes a órdenes religiosas- en vez de destinarlo a asistir a los centros públicos dotando debidamente sus plantillas, cubriendo las bajas de forma eficaz, rebajando ratios en Infantil y Primaria, dotando de especialistas y monitores, aumentando las partidas destinadas a gastos de funcionamiento de los centros, eliminando la figura del “profesor compartido” entre dos o más centros, manteniendo los centros, muchos de ellos en condiciones tercermundistas…

En fin, proteger a la pública y que no sea, como es hoy, mera subsidiaria de la privada a través de los conciertos actuales. Por poner un ejemplo muy gráfico: hemos visto estos últimos años cómo se suprimían unidades de centros públicos en zonas en las que se mantenían, e incluso se aumentaban, las de los centros concertados.

Eso sin entrar a valorar el confesionalismo de la inmensa mayoría de los centros concertados. Una intromisión de las creencias religiosas en el ámbito de lo civil y de lo público en un país que se dice aconfesional.

Tomemos como ejemplo el caso de Portugal, donde el gobierno (socialistas + bloque de izquierdas) ha comenzado a suspender la subvención económica a los colegios privados en zonas donde ya existen centros públicos. Una medida que no estaba en el programa electoral socialista, sino que se ha aprobado gracias al pacto de gobierno.

La protección de la pública es posible, sólo hace falta convicción y voluntad.

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