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Vaya. Parece ser cierto eso de que la alegría dura poco en la casa del pobre. Se tiñe de inquietud el alivio que pudo significar para el maltrecho tejido laboral de la bahía la firma por parte de NAVANTIA de unos contratos que darían trabajo a los astilleros gaditanos “para seis años asegurados, y con picos de quince mil empleos en 2016”, según buena nueva que anunciaban en su día Sanz, Martínez y Loaiza, tres eufóricos Reyes Magos del PP que, de paso, aprovechaban para postular a su partido como artífice del milagro.

Más allá de la práctica de tan tosco populismo, y a tenor de lo que estos días reflejan los medios, lo cierto es que existen serios problemas para acometer la realización de los contratos debido, se dice, a las diferencias surgidas entre NAVANTIA y las industrias auxiliares, que no pueden asumir las condiciones económicas que se les asigna en el reparto de lo que prometía ser un paliativo al desempleo endémico padecido por este entorno nuestro acostumbrado ya a las alegrías escasas y efímeras.

Seguramente, las negociaciones en curso producirán algún tipo de acuerdo y los petroleros objeto de los contratos terminarán construyéndose aquí. Pero cuando considero este asunto me viene a la mente aquella viñeta de EL ROTO en la que un trabajador sentenciaba: “Cada vez que oigo que se van a crear puestos de trabajo pienso en los derechos que se van a perder”. Y es que los más débiles de la trama de intereses que confluyen en este asunto de los contratos son, precisamente, aquellos a los que estos días los voceros del poder susurran al oído que serán los grandes beneficiarios: ¡¡Seis años de empleo asegurado…!! ¿Qué más se puede pedir?

¿Y las condiciones? Bueno, de eso los Reyes Magos se desentienden, no dicen nada. Dan por supuesto que los poderosos lobbies obreros, en el contexto que las leyes de la libre competitividad recomiendan, sabrán obtener una remuneración digna y justa a esas 8,5 millones de horas de trabajo que el Partido Popular ha conseguido para ellos…

Aunque ya el presidente de NAVANTIA hizo la siguiente admonición previa a la rueda de negociaciones: “hay que ser conscientes de que actualmente se vive en un mundo digital, no en el siglo XIX, sino en un mundo digital y, dentro de él, el astillero 4.0 es fundamental. Hay que competir en los mercados internacionales y tenemos que movernos a precios internacionales…”

Malo, malo… Esta logorrea supuestamente modernísima y que apela a un engañoso realismo, es en realidad la ya vieja banda sonora que acompaña siempre el forzado viaje de los trabajadores hacia el precipicio de la claudicación. Lo único cierto es que la barbarie global ha llegado a los astilleros gaditanos para quedarse y tiene preparado ya el escenario propicio para devorar a los menos aptos. Un escenario lleno de trampas en forma de sintagmas intencionadamente equívocos y de llamadas a supuestas necesidades de modernización.

Porque aquí la dificultad, para los trabajadores, no está en la construcción de los petroleros (por más que se deje caer su supuesta escasa adecuación al “mundo digital”), sino en conseguir sortear las trampas que subyacen a unos contratos colonizados por patentes extranjeras, obligados a la aplicación de los “precios internacionales”, con innumerables intermediarios de por medio, sometidos a las selváticas leyes de la competitividad…

Pero tranquilos, que “Todo ello culmina ─nos aclaran los Reyes Magos─ con el gran objetivo del Gobierno: los Astilleros 4.0”

¡Lo que no sea capaz de hacer la real magia…!

Fotografía: Jesús Massó

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