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El primer golpe lo recibimos en la cara. Lo esperábamos, pero no tan violento. Nos ha arrancado dos dientes. El diente de la educación pública está ya en el suelo. Es cierto que no lo habíamos cuidado tanto como presumíamos de él, pero el golpe del 2 de diciembre lo ha terminado de sacar de su sitio. Van a concertar el Bachillerato, van a climatizar los centros privados cuando quedan muchos públicos que aún son hornos, y van a cerrar líneas en centros públicos señeros como Cortadura o Columela.

Después nos daremos cuenta de que el golpe también ha afectado a la sanidad pública, también depauperada en nuestra vida anterior, y a otros órganos vitales como la dependencia, la igualdad o el medio ambiente.

Aquel golpe nos permitió reaccionar y esquivar el siguiente, el que nos habría mandado a la lona. No salió tan bien como esperábamos, pero al menos evitamos el dolor de un nuevo palo que nos habría roto las piernas y nos habría condenado a permanecer postrados al pasado más recalcitrante por más años de los que nunca más nos mereceremos.

El combate no ha terminado
Ilustración: Pedripol

Pero no podemos caer en triunfalismos. Primero porque no nos hemos tentado aún la ropa después de aquel día y, realmente, no sabemos si recibimos algún rasguño o, ciertamente, hemos evitado cualquier daño. Pero, sobre todo, no podemos relajarnos porque están preparando el siguiente golpe y tenemos que evitarlo.

Quien crea que el 28 de abril se acabó el combate es que no sabe de qué va esto. El mazazo que podemos recibir el 26 de mayo nos debe hacer salir a la calle, ir a los colegios y poner todo nuestro esfuerzo en evitarlo.

Los Ayuntamientos son un terreno muy delicado. Son el motor esencial para acabar con la desigualdad, son los gestores de los servicios sociales, son los que más hacen por la integración de inmigrantes, son los que han construido los Servicios de Atención a la Mujer, son los que se hacen cargo de las personas sin hogar… Son, como dice el clásico, la Administración más cercana a la ciudadanía. Si la derecha tricefálica, la clásica azul, la moderna naranja y la reaccionaria verde se hace con el control en los Ayuntamientos el golpe nos afectará al corazón de la solidaridad, la dignidad y los Derechos Humanos.

Los años que vienen van a ser muy duros. Los discursos reaccionarios, los políticos demagógos y populistas, los partidos que quieren destrozar la convivencia, los eslóganes que quieren acabar con la igualdad van a proliferar. Tenemos que estar preparados para combatir con mensajes positivos, con ejemplos clarificadores frente a estos jinetes del apocalipsis. Pero además, tenemos que acudir en cada contienda electoral para evitar que nos roben un milímetro más de nuestra libertad.

El combate no ha terminado
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