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Martin ariza

Ilustración: pedripol

Escribo este artículo tras el fin de semana negro que cerró mayo con otras tres mujeres asesinadas a manos de sus parejas. Se elevaba así a 28 la cifra de crímenes machistas en nuestro país y en lo que va de año, un 47% más que en el mismo periodo del 2016.   

Esta noticia no solo debería provocar nuestra más unánime repulsa, sino hacer entender a quien aún tenga alguna duda, que la lucha por la igualdad de las mujeres es imprescindible y que debe continuar. Yo me declaro abiertamente feminista, quizás por eso encuentro tan sospechoso el modo de actuar de la Asociación «Ve la Luz». Vamos por partes.

La tarde del sábado 20 de mayo me acerqué a la Puerta del Sol de Madrid. Quería hacer un poco de bulto, y apoyar así la moción de censura de Unidos Podemos a Rajoy. Al salir de la boca del metro, vi que el acto ya había comenzado. Sobre el escenario hablaba una política, no sé cuál. 

La plaza estaba llena, aunque no abarrotada, y pude recorrer algunas de sus partes con cierta facilidad. Como es lógico, los simpatizantes de Podemos vitoreaban cada consigna que escupían los altavoces. Aunque, curiosamente, un grupo de chicas parecía disentir de un modo muy airado. Pertrechadas con varios megáfonos, no paraban de abuchear y desgañitarse con todo tipo de consignas, quizás un poco fuera de lugar. Estábamos en una concentración de izquierdas y justo en ese momento una mujer tenía la palabra sobre el escenario. ¿Por qué aquellas chicas mostraban tan agresivamente su enfado?

Decidí acercarme un poco a ellas. Vi que habían montado allí una especie de santuario. La zona estaba cubierta por retales de plástico negro sobre el que se podían leer proclamas contrarias a Podemos. Algunos trozos desmembrados de maniquíes poblaban la escena, junto a lápidas de forexpan, cada una con su propio epitafio crítico, también contra Podemos. Todo este set estaba balizado con cinta, y la verdad es que nadie osaba traspasarla. Las chicas estaban en pie de guerra. No mostraban miedo, al contrario, más bien mantenían una actitud desafiante. Lo primero que pensé fue: «Algo han tomado estas chicas, y parece muy bueno».

Me sorprendió, a la vez que agradó, la juventud de la mayoría de ellas. Supuse que la rebeldía propia de su adolescencia las llevaba a discrepar con todo. Eso sí, su comportamiento producía el mismo bochorno e irritación que el de un grupo de fans de Justin Bieber desmadradas. Prácticamente todas llevaban el cuello y las manos manchadas de una misma pintura roja que simulaba sangre. Mostraban las palmas de sus manos abiertas al frente mientras coreaban, gesto cuyo propósito es expresar indefensión, pero que a mí siempre me acaba generando desconfianza.

Por mi experiencia en el mundo del espectáculo y la televisión, sé reconocer cuándo un decorado carece de verismo. Y puedo dar fe de que todo aquel atrezzo era más falso que un euro con la cara de Popeye. Por poner un ejemplo fácil de entender, era evidente por la caligrafía de todas las consignas contrarias a Podemos habían sido escritas con la misma pintura blanca y por la misma mano. A ver, el espacio de protesta de unas adolescentes que están en lucha por reivindicarse como mujeres libres jamás sería ese. Todas habrían querido participar y aportan su sello. Justo de eso trata la liberalización de la mujer, de participar, ¿no? El mismo efecto producía la distribución de la pintura roja sobre el cuerpo de las chicas. Parecía el trabajo de un maquillador desganado y falto de imaginación.

En el plano actoral, la cosa tampoco mejoraba. La entonación con que coreaban «¡Sí se puede, pero no sin las mujeres!», recordaba a la del chiste de «¡Las rubias no somos tontas!». Se notaba mucho ese acento untuoso, de paladar hecho al merengue de las confiterías del Barrio de Salamanca, ¿saes? Lo curioso era que también contaban con algunas chicas que sí que parecían verdaderas feministas. Entonces, ¿por qué todo sonaba tan falso, a plan orquestado, a cosa dirigida desde fuera de allí? ¿Por qué aquellas chicas actuaban como figurantes en vez de ser protagonistas? Pronto localicé entre ellas al reducido grupito que dirigía a las demás.

A todo esto, subió al escenario de Unidos Podemos el representante de la Marcha Minera y gritó: «¡Buenas tardes! Estoy contenta y orgullosa de estar con todas vosotras!». Joder, aquel maromo estaba subvirtiendo el machismo histórico de nuestra lengua, y lo mejor es que no sonaba ni forzado ni ridículo. Decididamente era un golpe de efecto, pero en esa intención había más espontaneidad y verdad que en todas aquellas chicas enfurruñadas y en su mausoleo de plástico. El minero continuó en femenino toda su locución, y Sol al completo lo sintió y aplaudió. Todos menos aquellas chicas, que seguían el plan trazado para el que habían sido puestas allí.

Cuando lo que parecía un matrimonio de ancianos se les acercó y les gritó educadamente, como cuando estás en una discoteca y tienes que elevar la voz sobre el estruendo, que ellos habían viajado toda la noche en un autocar para estar allí, y que les gustaría poder escuchar a sus políticos, ellas respondieron con un unánime «¡Agresores, agresores!», seguido de un zaghareet, ese grito de las mujeres árabes que a mí, personalmente, tanto me saca de quicio. Tengo que reconocer que en ese instante deseé con todas mis fuerzas que se les rompieran las cuerdas vocales.

Muerto de indignación y curiosidad, me alejé un poco de aquella turba. Saqué mi viejo Iphone del bolsillo y me puse a investigar. Después de teclear «Ve la Luz», que es como el grupo se hacía llamar, pude leer en su página de inicio: «Asociación Gallega para la defensa de mujeres y niñ@s supervivientes de la Violencia de Género y/o abusos». Aquél santuario hecho de plásticos llevaba allí desde el 9 de febrero, y la intención de la asociación era mantenerlo indefinidamente.

La página continuaba con artículos sacados de la prensa internacional en alemán, portugués, italiano, francés, sueco… Decidí tomar un atajo y saltar a la pestaña siguiente. Quiénes Somos: «La asociación la integramos en su mayoría supervivientes de la violencia de género y/o abusos, y familiares de las mismas». ¿Qué quiere decir esto? Pues que «Ve la Luz» se posiciona en una franja tan descarnada que hace que te lo pienses dos veces antes de hacerles la mínima crítica. Pero, ¿quién dijo miedo? Allá voy.»Ve la Luz» se blinda como lo haría la bomba de una película de acción barata, ese tipo de artefacto que te estallará en los morros si intentas desactivarlo, independientemente de cuál sea el color del cable que cortes. Razón por la que no he encontrado ni un solo comunicado de Podemos o de alguno de sus simpatizantes sobre el troleo que sufrieron en Sol.

Salvando pocas distancias, «Ve la Luz» imita a Manos Blancas, aquella asociación que instrumentalizó políticamente el asesinato de Miguel Ángel Blanco. ¿Recuerdan cuando discrepar con el denominado Espíritu de Ermua te convertía de inmediato en ETA? O estabas a lo que el espíritu decía, o estabas contra él, en una especie de ouija loca cuyas reglas tenías que respetar aun estando en contra de ese tipo de juegos.

A la postre supimos, gracias a la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, que el PP usó el nombre de Miguel Ángel Blanco para financiar actos irregulares y ganar elecciones. Pero para entonces ya había pasado el tiempo, la noticia casi no salió en los medios y nadie tuvo que dimitir ni dar explicación alguna por un uso tan repugnante del dolor de todos. Es el típico modo de actuar del PP; y esta misma sospecha se proyecta ahora sobre «Ve la Luz».

Ya en casa, continué interesándome por saber más de la asociación, y tengo que reconocer que no lo ponen nada fácil. Intentando justificar su actitud de Sol, tan centrada en Podemos, los argumentos que dan son bastante estúpidos.

Al tener junto al Kilómetro Cero su santuario de protesta, «Ve la Luz» pasa a considerar la Puerta del Sol como un lugar sagrado, un mausoleo en propiedad que nadie puede profanar sin despertar el espíritu airado de todas las mujeres asesinadas. ¿Qué es esto? ¿el argumento de Poltergeist? Vuelven a usar los espíritus, y la intención sigue siendo la misma: tomarnos por tontos. Al fin y al cabo esto no es nada nuevo. ¿Qué lleva haciendo la iglesia desde siempre, si no es poner una sucursal suya en el centro de cada pueblo, que es donde se reúne la gente, incluso para protestar?

La Asociación «Ve la Luz» parece olvidar que Sol es una plaza pública llena de historia, el centro de una gran metrópolis, la capital del país, y justo el lugar en el que nació el 15-M. Curiosamente, no consta ninguna protesta de la asociación por tener que compartir espacio sagrado con el banal Bob Esponja o, lo que es peor, con ese Alien que lleva décadas acosando a la pobre Teniente Riplay o, lo que ya es de juzgado de guardia, ese grupo de mariachis, cuyas rancheras son purita incitación a abusar de tu chamaca. Cualquiera que conozca la Puerta del Sol sabe de lo que hablo.

Conclusiones a las que llego. La Asociación «Ve la Luz» no solo expresó claramente esa tarde su rotundo enfado ante la moción de censura de Unidos Podemos a Rajoy, sino que con él se retrató. Hablamos del Gobierno cuyos recortes han desprotegido más que ningún otro a las víctimas de la violencia machista. También ha recortado la ley del aborto. Así que la actitud de las chicas es injustificable. En todo momento buscaron reventar el acto, tensar la cuerda con la intención de provocar un altercado que obligara a la policía a intervenir. Por suerte, la gente allí reunida aguantó el chaparrón y no entró al trapo.

Curiosamente, la caverna mediática sí que corrió al completo a hacerse eco de aquellas «agresiones a feministas por parte de Podemos». Ellos siempre tan sensibles a este tipo de causas. Como casi todo, esta desproporcionada reacción mediática también puede verse en Google.

Ayer tarde, cuando tenía este artículo a medio escribir, me acerqué a la Puerta del Sol. Fui dispuesto a hablar con las chicas y a modificar la mala impresión que me produjo su modo de actuar, si me daban sus razones. Pero, para bien o para mal, ya habían levantado el campo. Así que quiero aprovechar la ocasión que me brinda El Tercer Puente para pedir a «Ve la Luz» que exponga con más claridad, si puede, sus verdaderas intenciones. Yo siempre he creído que las víctimas de cualquier tipo de violencia y sus familiares no deberían participar en política. Hay demasiada implicación emocional. Pero ya que están, que hagan un esfuerzo por explicarse. Porque toda acción es política y también lo es toda ambigüedad.

Cierto es que una maltratada puede ser votante de Podemos o del PP, pero el movimiento feminista solo puede ser de izquierdas. Y es una lucha muy importante para enturbiarla con resentidas palabras melifluas, videos que igual son un baño de sangre que una denuncia de la pederastia (palabra de moda en relación a Podemos).

Todo en un batiburrillo politizado, pero sin signo político.

Mientras esta aclaración no ocurra, yo seguiré respetando y compartiendo el dolor de las víctimas, pero también mostrando mis sospechas sobre «Ve la Luz». Y lo haré del único modo que sé, mezclando tragedia y humor. No en plan Aznar, ese señor que, me temo, les cae mejor que el Coletas. Si él es capaz de lamentar los atentados de Londres y felicitar la victoria del Real Madrid en una misma frase, es porque carece de compasión y de la mínima empatía hacía nada ni nadie. Y yo creo hacerlo justo por lo contrario.

Así que a partir de ahora «Ve la Luz» me encontrará enfrente, con todo mi enojo. Ya no tengo la energía de esas adolescentes/mujeres que ellos manipulan sin avergonzarse, pero estaré ahí, firme, como la enana de Poltergeist. En pie sobre la urbanización que profana el cementerio indio, y al grito de: «!Caroline, no vayas hacia esa luz.

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