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Bea aragon
Imagen: Pedripol

Por lo visto es tiempo de pasar página. Ese silencioso y dulce crujir de las hojas al pasar por los dedos que las empujan de un extremo al otro del libro pareciera la mejor compañía en estas fechas veraniegas.  Es tiempo de mojar nuestra saliva en papel para ayudarnos a despegar las palabras que nos alivian el tedio y la herrumbre de los meses de barbecho y chicharras.

Da igual el destino que escojamos, el libro se acompasa al paisaje sin el menor atisbo de queja o reproche.

Buscamos en la literatura la evasión, además de la sorpresa. Queremos viajar además de estar viajando. Y eso está muy bien, claro. Vivir en el asombro del viajante con sus ojos que recién amanecen en costumbres y sociedades que desconocen y que resultan chocantes y por qué no decirlo, a veces, incluso mágicas, es una maravilla.

Es tiempo de pasar página y yo, claro, no iba ser menos. Me puse como loca a intentar viajar y decidí irme a Macondo con sus Cien años de soledad y todos sus avíos. He viajado desde Chiclana, Cádiz, España y el viaje ha sido a pesar de los cien años relativamente cortos en distancia. Cuál no sería mi sorpresa a la vuelta.

Jamás pensé que podría tener antes mi ojos un realismo tan mágico (por poner una etiqueta) en mi propia casa, en mi propia ciudad natal y en la ciudad que me soporta, en definitiva en todo el país que nos abandera.

Cuando terminé de pasar las páginas y a duras penas levanté mi puñetera cabeza para volver a mi realidad, descubrí que lo mágico, que lo increíble, que lo que ocurre y sabes que es verdad y al final te acostumbras (porque a la magia no queda más acostumbrarse igual que a la realidad) estaba aquí conmigo, en mi propia casa, en las redes, en la televisión, en los bares, en la iglesia, en la gente que, como yo, está hoy pasando páginas.

España, quién te ha escrito y quién te lee. Levanta una las miras, una mijita nada más, y la certidumbre de la costumbre, como poco, te chirria.

Os cuento.

Primero es muy mágico, por no decir increíble, que un rapero esté en busca y captura por una letra que cantó sobre la monarquía (intocable institución que parece que vive en la Edad Media que la pario) y que, encima, al poco descubrimos que es verdad lo que decía aquella letra.

Segundo, es muy mágico por no decir increíble que un grupo de hombres (a los que se les ha tenido que llamar Manada sin ser justos con esa pobre palabra) estén ejerciendo en sus puestos de trabajos, algunos funcionarios, estén ejerciendo libertad plena (resulta que tienen que ir a firmar, ustedes disculpen libertad plena, he dicho) de derechos después de haber violado (que no se le olvide a nadie) a una mujer, y que encima sean ellos las victimas para muchos y ejemplos para otros. No me digan que no es mágico.

Tercero, es muy mágico y muy increíble, ya lo verán, que en este país emigrante, una y muchos y todos tengamos que leer en estos tiempos que corren barbaridades xenófobas a la hora de socorrer un barco de gente que si no, moría. Muy mágico todo.

Pero no, a la tercera no va la vencida, órdago a la mayor (y las que me dejo por el camino) porque todavía es mucho más mágico y mucho más increíble, o a mí al menos me lo parece, ver a gente en general defendiendo en el Valle de los Caídos los restos de un dictador con la mano levantada como un ejército de zombis. Esto es mágico (y no Gónzalez). Pero allí había no solo gente en general: había mujeres y había niñas y niños adoctrinados en primera fila cantando el puto cara al sol.

No me digan que están ustedes pasando páginas, buscando la sorpresa y lo increíble en un libro…

¿Cuantos años de soledad te hacen falta, España de mis entretelas?

¿Quién te ha escrito y quién te lee?

 

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