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Lorena
Imagen: Pedripol

Este 8M será un día muy importante para nosotras. Para las feministas, pero también para todas las mujeres. Hemos pasado en sólo un año, de tener una huelga simbólica, con paros de 15 minutos solo en algunos sitios, a que el movimiento convoque una huelga general de mujeres y muchos sindicatos se sumen a ella y la hagan suya. Pero no solo es una cuestión de horas, sino de reivindicaciones y del público al que llega.

Con respecto a las reivindicaciones, es muy importante, no solo los 4 ejes que se han elegido (laboral, cuidados, consumo y estudiantil) por cuánto tienen de importancia política, porque son cuatro pilares fundamentales para nuestra sociedad, cuatro pilares que sostienen el mundo en el que vivimos, sino que también es importante que hayamos sido capaces de ponernos de acuerdo en elegirlos. Han sido muchas asambleas y coordinadoras y días y noches de compañeras escribiendo, debatiendo para poder llegar a unos acuerdos. Con respecto al público al que llega, vemos que hay una diferencia muy grande con respecto al año pasado. Los medios de comunicación de masas, personas relevantes, políticas han difundido el mensaje de la huelga. Pero, sobre todo, miles de trabajadoras han hecho la huelga suya y eso es fundamental para que salga bien. No es sólo que el movimiento feminista esté ahí, sino que las mujeres trabajadoras creen la huelga.

La huelga es un avance en términos organizativos y políticos, ya que pone en relación la violencia machista con la precariedad, visibiliza el trabajo de cuidados y amplía las demandas a distintos terrenos. Pone en cuestión todo el sistema patriarcal y capitalista. Esto es algo que llevábamos tiempo sin ver en nuestro país, de forma masiva.

El movimiento feminista tiene una fuerte tradición en el Estado español y desempeñó un papel importante en la Transición. Como en otros países, conseguidos los objetivos legales que eran comunes a todo él, el movimiento se dispersó y dejó de llenar las calles. Unas entraron en las instituciones, otras trabajaron por llevar el feminismo a diferentes ámbitos, desde el hogar a los centros de educación, desde los centros de trabajo a la producción cultural. En realidad los derechos nunca acabaron de estar en las leyes, menos aún en las políticas y los presupuestos, y siempre hubo protestas en la calle, pero éstas no tenían la masividad y el impacto de años atrás.

Desde hace un tiempo, esta situación está cambiando. En el Estado español sirvió como detonante el ataque al derecho al aborto que suponía la ley Gallardón, que hizo patente que los derechos ya conquistados por las mujeres -y por los movimientos LGTBI- siempre están en peligro y que, por tanto, la necesidad de organizarse y responder era plenamente actual. A ello se añade la frustración y la rabia ante los cambios que deberían haberse producido y no llegan -especialmente los referentes a las violencias machistas-. La respuesta que se dio y que acabó en victoria del movimiento supuso un cambio de ciclo que tuvo continuidad con las manifestaciones del 7N.

La dimensión que ha cobrado el movimiento feminista en el Estado Español es algo que no puede pasar desapercibido a estas alturas. Siendo el único movimiento social que ha sido capaz, al mismo tiempo, de mantener movilizaciones masivas en este ciclo electoral, intervenir en campañas electorales, desarrollar un relevo generacional del movimiento así como la creación de nuevos colectivos autónomos, mantener independencia en la agenda política y a su vez imponerse en los nuevos proyectos políticos. Esta dimensión viene marcada por un pasado de victorias parciales como la ley del aborto y por experiencias de masas como la del 7N o el 8M, además de un crecimiento de la producción contracultural feminista. Sin embargo, lo que más ha condicionado el estado actual del movimiento feminista ha sido su capacidad de regenerarse a través de la entrada de mujeres muy jóvenes y su reorientación en la lucha contra las violencias machistas.

Pero, lejos de lo coyuntural que pueda tener este fenómeno concreto, la lucha contra la opresión hacia las mujeres va a ser una lucha central en el período abierto por la crisis y sus múltiples formas políticas y sociales desde 2008. La crisis de reproducción social y del pacto social que lo sustentaba se ha roto y ello tiene unas consecuencias devastadoras para las mujeres de las clases populares, así como unas potencialidades que hay que saber aprovechar y profundizar.

Por otro lado, hay que señalar también un elemento más o menos generalizado, la feminización de la protesta -se autodesignen como feministas o no sus protagonistas. Es por ello que más allá de los fenómenos más o menos masivos que estemos presenciando hoy con las luchas contra las violencias machistas alrededor del mundo, las voces feministas serán una constante que traten de visibilizar las consecuencias de la precariedad y de la crisis de la reproducción de la organización social hacia las mujeres. Ante esta pluralidad y expresiones contradictorias, propias de un movimiento real y vivo, debemos preguntarnos qué feminismo queremos.

Ahora que el feminismo está de moda es mucho más fácil hablar de él. Ahora que el feminismo está de moda, es un buen momento para la lucha de las mujeres. Que el feminismo esté de moda es algo positivo porque, sobre todo las mujeres, saben qué es el feminismo, hay ciertas cosas que no permiten, hay una respuesta más o menos masiva pero, sobre todo, colectiva ante las desigualdades de género. Sin embargo, hay que tener cuidado ya que nos puede pasar como con el feminismo del PSOE, que se haga tan light que todo el mundo lo acepte pero en realidad no cambie nada. Debemos aprovechar ese «estar de moda» para empujar ese comienzo de politización de muchas mujeres hacia una verdadera lucha por nuestros derechos.

Debemos luchar por un feminismo anticapitalista, un movimiento político hecho por y para las trabajadoras. ¿Qué quiere decir esto? que defendamos un feminismo que vaya a la raíz de los problemas, que no se quede en la superficie. Un feminismo que cuestione a la vez el patriarcado y el capitalismo. Un feminismo que confronte con las clases dominantes, tanto políticas como económicas. Pero a la vez, un feminismo que sea capaz de tejer alianzas con otros movimientos, como el movimiento obrero, el antirracista, el ecologista…y aprender de ellos. Un feminismo que cuide, que respete las identidades de las personas y los ritmos de la naturaleza, porque nos están matando por ser mujeres, pero también por ser pobres, por ser negras, por defender nuestra tierra. Eso nos lleva a defender un feminismo que intente hacer pedagogía con quienes son nuestros compañeros de clase, lo que no quiere decir que ellos nos vayan a regalar sus privilegios, también habrá que arrebatárselos.

También está de moda hablar de feminización de la política. Me parece bien, pero tenemos que dar pasos más profundos. Lo que hay que buscar es la feministización de la política. Este “palabrejo” tan difícil de pronunciar, viene a decir que necesitamos más mujeres haciendo política, sí, pero no sólo. Lo que realmente necesitamos es que el feminismo, la visión de género, entre de lleno en la política que, en realidad es todo lo que nos rodea. Que haga posible que la política tanto institucional como barrial, entre otras, no sea posible sin nosotras y sin nuestra visión del mundo.

Los retos de esta movilización es que todo lo que se está generando  se convierta en organización estable para el futuro: redes de mujeres que apoyen a víctimas de violencia machista, que ofrezcan una alternativa habitacional, espacios de apoyo a mujeres que denuncian acoso sexual en las universidades o en los conflictos laborales. Que los colectivos se llenen de mujeres de todas las edades, que podamos dar batallas propiamente feministas y otras de otros movimientos. Hay que empujar a la movilización, y la huelga tiene una fuerza, una potencia y una ilusión que puede hacer que se contagie hacia otros espacios. Que la gente vea la relación entre los diferentes sistemas de opresión que vivimos y que podamos caminar hacia una nueva ola de movilizaciones donde podamos obtener victorias para la gente.

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