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Diego boza

Fotografía: Jesús Massó

Dicen que fue Goebbels el inventor de la propaganda. A él se le atribuye esa frase, mantra de tantos asesores de prensa actuales de la mentira repetida mil veces que se convierte en verdad. Varias décadas antes de que a los medios les diera por hablar de la posverdad, el ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich la definió a la perfección.

La figura de Goebbles me repugna y me seduce casi a partes iguales. Si nos evadimos de componentes o aspectos éticos, era un auténtico profesional en el arte de mentir, generar y difundir mentiras que, al fin y al cabo, era su trabajo. En todo caso, conviene no olvidar que Goebbles desarrolló su capacidad sin contar con el mayor medio de manipulación de mentes, sin la televisión. Habría que pensar qué habría sido capaz de hacer en la ilustración pública y propaganda de la Alemania nazi el deleznable sujeto si hubiera contado con un canal de televisión a su disposición.

Podríamos hacer el ejercicio de imaginarlo. No cuesta demasiado pensar en que en ese canal de televisión la figura del líder habría estado absolutamente presente a todas horas. Su imagen representada en la televisión siempre desde un prisma positivo, frente a sus oponentes a los que les habrían focalizado los peores aspectos.

Probablemente, en su ambición montara una red de televisiones con otras cadenas de difamación pagado con el dinero que detraía de su presupuesto para difundir el mensaje más allá de las fronteras, cediendo medios, material y personal de forma altruista porque pagaban los fondos públicos.

Seguro que también contrataría a dedo a personajes sin preparación ni formación cuyo único mérito fuera ser la voz de su amo. No sé si lograría encontrar a alguno con tanta tendencia a la genuflexión que fuera capaz de convencer a los dirigentes aliados de que les iba a ser tan fiel como le fue a Goebbles.

Lo que no me imagino que hiciera, ni siquiera Goebbles, es sacar dinero del destinado a los más pobres para pagar la televisión. La decisión de gastar una parte del presupuesto que tiene una Administración para pagar la luz, el agua y los alquileres de quienes corren riesgo de dormir en la calle en anunciar en televisión que se pagan esos alquileres plantea una bajeza moral difícil de imaginar hasta en el propio Goebbles.
Estos días hemos sabido que eso se ha hecho en Cádiz, gastar 150.000 euros de los servicios sociales en anunciarse en televisión. Y es que con Tele Teo de por medio, Goebbles queda a la altura de un principiante.

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