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hay una guerra 2

Estudié el floclore como un poeta estudia la gramática.
No se lo trinqué al pueblo para prostituirlo.

-Antonio Gades-

Negocio vs Pasión

Que el Carnaval de Cádiz en general y que el COAC en particular generen una potente industria que dé riqueza a la ciudad y solución laboral a artistas locales es un deseo que late en lo hondo de todas y todos. Que la asombrosa proyección que las coplas del folclore gaditano están demostrando poseer más allá de nuestras fronteras abre para algunas agrupaciones unas posibilidades comerciales riquísimas y necesarias, es una certeza que a estas alturas poca gente puede cuestionar. Que para muchos jóvenes (y no tan jóvenes) el carnaval pueda representar una estupenda salida profesional con la que huir del páramo de ruina y desempleo en que la ciudad parece haberse instalado es una especie de pequeño gran milagro que ya quisieran para sí otros muchos territorios del país igualmente castigados por la calamidad económica. Que, en definitiva, el carnaval sea un fértil filón de riqueza y empleo para la ciudad y un campo de legítima profesionalización artística para muchos paisanos es algo que se debe potenciar con urgencia. Hay que estudiarlo con astucia, desarrollarlo con imaginación, incentivarlo con urgencia y, en fin, explotarlo en toda su amplitud (que poca no es).

Pero ahora bien: reducir este denso y monumental tesoro sociológico, cultural, etnográfico, creativo, ciudadano, identitario y popular que es el carnaval (y, por reducción, su concurso) a su sola dimensión económica es una peligrosa conducta reduccionista que puede fatalmente alterar, falsificar y desnaturalizar la verdadera dimensión de nuestra fiesta y de sus artes. No olvidemos que esas posibilidades profesionales afectan tan solo a una escueta minoría frente a esa mayoría amplia que sigue haciendo del concurso un arrebatador proceso multitudinario, entusiasta y colorista, ajeno a las lógicas del lucro y movido básicamente por la pasión popular, la interacción ciudadana y la creatividad colectiva más allá de sus posibilidades comerciales. La gran mayoría de personas (que con su desinteresado trabajo en común crean cada año agrupaciones) en realidad ama esta particular “gallina de los huevos de oro” por la gallina, y no por su oro. Temas a debate, aparentemente relevantes, como los derechos de reproducción de las coplas en youtube (que a ver a cuánta gente beneficia) o las negociaciones con las televisiones no pueden ser más prioritarios que aquellos que afectan urgentemente a las bases, como el problema para conseguir locales de ensayo de las agrupaciones novatas o modestas (la mayoría) o la gestión realmente participativa (no sólo de autores) del futuro Patronato.

No perdamos esto de vista a la hora de plantearnos qué modelo de gestión participativa del concurso estamos construyendo pues, de ser la lógica empresarial la que se instale primeramente sobre la mesa de negociación del futuro nuevo patronato que se anda gestando, podemos desembocar en un modelo de empresarización de nuestro carnaval que, a la larga, poco bien hará a la fiesta y sólo traerá beneficio para una élite que no representa a nadie salvo a sus propios intereses económicos y que acabará excluyendo a la mayoría “amateur” (¡ya se habla de una criba previa al Falla!), como si el COAC fuese uno de esos concursos televisivos para aspirantes a artistas profesionales. Se nos antoja urgente (muy urgente) abrir un proceso más participativo, más inclusivo, donde no solo tengan voz quienes muestran intereses económicos directos (por más legítimos que sean), sino también quienes otorgan prioridad a otras lógicas y otras formas de entender el concurso y sus dinámicas. Y el ayuntamiento, si realmente pretende una “nueva política”, ha de ser el firme valedor de la legitimidad participativa en este delicado proceso.

Cuidado, amigas y amigos, con tomar esa resbaladiza senda que nos puede conducir fácilmente al “Modelo Uruguayo” (sobre el que hablaremos en otra próxima entrega). Y dudamos mucho que sea eso lo que, quienes amamos y hacemos las coplas, deseemos para nuestro concurso.

Fotografía: Jesús Massó

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