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Sussana ginesta

Fotografía: Jesús Massó

Vaya por delante que una no es de hacer spoiler, así que pueden leer este artículo sin miedo al destripe de ninguna temporada; ahora, también advierto que este texto puede herir susceptibilidades ideológicas de toda índole, no les voy a mentir. Mi frikismo por Juego de Tronos llega hasta tal punto, que no puedo evitar gaditanizar la serie en mi mente y ver en los personajes a gente de la ciudad y del panorama político local. Las conspiraciones y los juegos de poder me recuerdan a la política de pasillo y los plenos municipales me evocan violentas batallas entre reinos confrontados; si todo esto lo ambientamos en una ciudad donde el verano parece que dura décadas, hace que la similitud con la serie sea hasta sospechosa, vete tú a saber si hemos inspirado al mismísimo George R. R. Martin, que aquí en Cádiz se le llamaría “el Gorgue”.

La guerra por el Trono de Hierro o por nuestro Trono de Plata en Poniente (o Levante, según el día), ha dividido no a los siete reinos pero sí a barriadas, colectivos y a bandos políticos de más allá del Muro de Portatierra y de las gélidas tierras del Cádiz Norte. La mano Teocrática dictatorial de la rubia Cersei, dejó clara una oligarquía que todavía sigue desplegando sus artimañas a la sombra de los pinos, confabulando con estómagos agradecidos de migajas y promesas, regalando los oídos con el futuro incierto del regreso de su invierno. “Un Lanister siempre paga sus deudas”, decía ella mientras la deuda crecía y crecía y nadie sabía cuan vacías podían llegar a estar las arcas de un reino denostado por derroches superfluos y coches oficiales. Se han naturalizado tanto los banquetes y el croqueteo con buen vino sufragados con el diezmo del pueblo, que si llega un bastardo sin linaje político y cede sus ganancias para fines sociales, se le critica por vulgar, indigno de su puesto o populista.

Hay hasta aspirantes al trono, que emberrenchinados por no alcanzar victoria alguna en la guerra electoral, viven en un falso pacto, en un quiero y no puedo, dando la impresión al pueblo de estar sumergido constantemente en un infantil enfado improductivo, como si se tratara del mismísimo joven Rey Geofrey.

Decía Rober Baratheon: “Estoy rodeado de aduladores y necios. La mitad de ellos no se atreven a decirme la verdad y la otra mitad no la pueden encontrar.” Desgraciadamente el poder a veces conlleva una careta falsa con gomillas de las chungas, por eso el actual rey del Trono de Plata debe saber rodearse de buenos consejeros y consejeras, gente preparada que sepa gestionar; vamos que si va a tener una Mano del Rey, que sea la otra con la que se limpie el culo. Debe también reinar con sabiduría y mano firme (que no dura), porque si el pulso tiembla e intenta complacer a todo el mundo, termina dando medallas de vidriagón sin ton ni son o peor aún termina perdiendo el Norte, y el Norte hay que defenderlo como sea porque es ingobernable.

A veces hay que ser ignífuga como la Khaleesi para que no te queme la situación de la ciudad, porque entre otras cosas, también hay que estar filtrando constantemente y contrastando la información de algunos medios de comunicación que huelen peor que la boñiga de dragón. Se les ve a legua una clara intención de destruir y no la de construir un reino justo e imparcial donde la búsqueda de la verdad y las soluciones se antepongan a subvenciones de tiempos pasados.

Después de cada guerra, ver esos campos de batalla atestados de restos de todo tipo, hace que vengan a mi mente resacas de Trofeo Carranza en playas sin bandera por abanderar libertades incívicas de posibles votantes. Recordemos que el Pueblo Libre y los Salvajes son lo mismo en la serie, pero entre esos dos conceptos existe una diferencia conceptual importante. Al menos se han tenido los arrestos de limitar esa batalla de pinchitos y cristales, sustituyéndola por una de coplas, medida impopular pero necesaria hasta que el Pueblo Libre aprenda a respetar un ecosistema que será el legado que dejemos a generaciones venideras, que tendrán otros reyes, otras reinas, pero el mismo escenario idílico donde el sol muere majestuosamente sin necesidad de adornos superfluos ni bandas sonoras horteras.

Imagino un diálogo de Cadi Cadi entre el enano Tyrion y Jonh Nieve:

Jonh Nieve: Quillo que estamos en Invernalia, coge una rebequita que “The winter is coming” porrita.

Tyrion: ¡Que Invernalia ni que ocho cuartos! que aquí no hase frío, aquí hase humedá. De esa que por mucho que te abrigues se te cala en los huesos. ¿Que el invierno is coming? ¡Po me la coming! Perdona quillo, no lo he podío evitá, ma salío solo.

Jonh Nieve: Mira Tyrion (con voz de cuartetero),
Tú vas de entendío
y te va mucho el derroche,
a ti te va a ayudá un guardia…
¡un Guardia de la Noche! Clan, clan.

Tyrion: ¡si el que necesitas ayuda eres tú cohone! Llama a un fuertesito de gimnasio como el Khal Drogo que seguro que carga un paso o sale en una comparsa de guapitos, además tú que dise ¿qué derrotar al ejército de los Caminantes Blancos es difísi? Tú porque no ha intentao aparcá en Cadi ome.

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