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Bea aragon 2
Fotografía: Jesús Massó

 “Y caminando sobre huellas voy”

Patricia Andres Olozabal

Cuando vemos la majestuosidad verde de la anciana copa de un árbol, nos cuesta imaginar su semilla. Nuestros ojos preñados de asombro parecen incapaces de mirar a la cría de árbol que fuera en otras campanas. Se silencia de este modo el tiempo infante y adolescente de la grandeza. Se obvia, se olvida, se calla.

En esta ciudad que se pinta ahora los coloretes con la líquida placenta de sus coplas recién nacidas, también nos quedamos mirando la inmensidad verde de la copla anciana y nos cuesta imaginarnos su semilla, aunque la tengamos golpeándonos con rabia en la cara. Ese tiempo de espinas en el que se cocina la vida más hermosa nos lo saltamos, no nos interesa, no nos preocupa, no nos importa.

Hacemos piedra a piedra una cantera con cada semilla que cae en nuestras manos. Hablamos de cantera, hablamos de visibilizar a la cantera, hablamos de apoyar a la cantera pero todo esto me parece un amarguísimo algodón de azúcar que nos permite, en muchos casos, acallar nuestras conciencias y mirar para otro lado. Hablamos de visibilizar y tenemos una cantera que por mucho esfuerzo que nos parece que se hace por ella es más invisible que nunca. Y si más que nunca creemos estar haciendo un carnaval más justo y más libre, desde luego algún mecanismo no funciona. Estamos escacharrados pero no nos lo parece.

Aquí y ahora y con su manada de horizontes, muchos niños y muchas niñas nos están dando una poderosa lección de igualdad de género en ese tiempo infante y adolescente en el que debería ser mucho más difícil hacerlo para ellos. Luego llegamos nosotros y, además de no prestar la atención justa al aprendizaje que nos regalan, nos dedicamos a procurarles todo lo contrario. Las niñas con las niñas y los niños con los niños, esa nunca fue la raíz del problema. El conflicto comienza  cuando los adultos les muestran el puño de su ley: LOS HOMBRES CON LOS HOMBRES Y LAS MUJERES CON LAS MUJERES. Claro, así no hay manera. Las compositoras y compositores de agrupaciones de infantil y juvenil, las componentes y los componentes de cada agrupación acaban por ser, en vez de semillas, piedras que componen una cantera invisible a nuestros ojos ciegos. Tan invisible es la copla en este ámbito que incluso la intención de fomentar la autoría de mujeres en agrupaciones queda en una enorme bola de polvo que se cuela por debajo de nuestras puertas.

Hay que estar atento a los niños y a las niñas y a lo que su luz cristalina nos está diciendo en el hacer y sentir de su carnaval. Ellos tienen la clave. Posemos los ojos en la gente pequeña porque son más grandes de lo que nos parecen y más iguales que de lo pretendemos ser nosotras y nosotros. Al lado de una gran mujer hay un gran hombre y viceversa, es eso lo que siento y eso lo que aprendo y eso es lo más importante que veo en esta maravillosa cantera que tenemos en la copla de carnaval.

Miren bien y aprendan de ellos y ellas, porque se nos llena la boca hablando a todos de igualdad pero cuando la tenemos delante no somos capaces de verla. Hay mujeres haciendo (componiendo) carnaval. Solo hay que mirarlas.

Como ríos de sangre recién nacida corren las coplas por cada esquina de cada barrio. En este tiempo de batallas, de revolución, de música, de palabra, son muchos los corazones que están temblando. La gente pequeñita así lo siente. Así lo CANTA.

 

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