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Luis aranzana

Fotografía: Jesús Massó

Palomas dejando en los coches
sus firmas calientes de nieve escarchada.
Miguel Ángel García Argüez

Tres mil caminos la nacen. Tres mil caminos la mueren. Y en el medio de sus tres mil noches y sus tres mil días, en el medio de todos sus tiempos, de la cicatriz amarilla de sus huellas y de tus pasos, de las arrugas de sus campanas y de tus manos, de todas las gargantas rojas de sus calles, en el medio, hay un puente. El cuerpecito enclenque de un puente que no sabe a dónde va. Pero va.

La niña que nació vieja en un parto de luz y de pájaros, en la esquinita de un país de casapuerta, quería de mayor ser rociera a la par que animalista, quería de mayor ser republicana con la foto de algún rey en su mesita, quería de mayor ser capillita sabiéndose en verdad la más pagana, quería de mayor ser piconera con el incienso incendiando sus mejillas.
La niña que nació siendo una vieja en la esquina de la noche más fenicia quería que su voz sonara a tango, y sus andares que fueran de Sevilla. La niña que nació y que no se ha muerto se quiere sin querer azul palacio y quiere sin querer ser mojarrita.
La niña que nació en el horizonte y que tuvo de placenta a las mareas se quiere espuma blanca y verde campo, se quiere verde limo y negro asfalto. Y el cielo que la mira bocabajo y el mar que la mira bocarriba y un puente en el medio, solo un puente. Un puente recién nacido y más viejo que las papas con chocos que guisa mi abuela. Un puente que no sabe a dónde va. Pero va.
No debe ser fácil mantener el equilibrio en los rincones de esta ciudad-máscara que una noche es tormenta y otra noche es arcoíris y así por los siglos de los siglos y sin amén ninguno, ni religión que la recoja en doctrina o catecismo, en libreto barra libro. Así no hay manera de gobernarte con los vientos dando tumbos a las banderas. Bandera, que es mi falda y sus vaivenes, azotada por los vientos a su antojo porque nunca está conforme, porque nunca está de acuerdo con el vestidito que esta tarde llevo puesto. No debe ser fácil y así lo creo, ser esta ciudad como tampoco ser su pueblo, como tampoco ser su alcalde, como tampoco ser su bandera, como tampoco ser su escudo.

San Juan de Dios hoy es una paloma vieja que ayer fue una gaviota mucho más vieja pero ahora es paloma y las palomas a veces se cagan, se cagan mucho. Y es verdad que es desagradable, la caricia de la nieve caliente derramada desde el cielo de una paloma rozándote la coronilla. Pero que nadie olvide que es una paloma. Que nadie olvide que las gaviotas también se cagan y se cagaron mucho. No debe ser fácil ser paloma en esta ciudad-máscara que quiere ser de todo. Hay medallas que yo no daría, hay luces que yo no encendería, hay banderas con las que no comulgo (no comulgaría nunca con una bandera en esta ciudad ni en ninguna otra), hay escudos que no me representan, ni iglesias, ni equipos de fútbol, hay vecinos que no son mis vecinos. Hay cagadas de paloma…

A pesar de todo esto, que nadie olvide que no debe ser fácil. Hay muchas cosas que no me acercan a la ciudad pero que entiendo que también son ciudad. Y como es verdad que nunca llueve a gusto de todos, yo prefiero las cagadas violetas de una paloma, a las cagadas amarillas del fósil de una gaviota de veinte años.
Tres mil años la están naciendo y la niña que nace vieja, todavía no sabe qué quiere ser de mayor. La madre que la parió ¿quién sería?

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