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Aguita grande

Ilustración: The Pilot Dog

Como si fuésemos una manada de rocas agarradas a la raíz poderosa de una misma montaña que nos conforma, nos da cobijo, nos guarece. Como si fuésemos una misma sustancia que no se diferencia en la nada de la nada. Como la espiga se reconoce en la espiga, así el poema, la canción, debe reconocerse en quienes lo visiten. Como un espejo en el que te miras tú pero en el que se ven los otros además de ti: Literatura.

 ¡Cada cosa en su sitio! ¡Cada oveja con su pareja! ¡Los niños con los niños! ¡Los padres con los padres!

¡Hasta la marisma de siempre lo mismo, oigan!

Seamos serios, ¿qué hacemos ahora?

Una vez que nos han herido con la orden de la flecha, una vez que nos han clavado el equilibrio del cuchillo, una vez que nos condenaron con la verdad más verdadera y después de construirnos a nosotros mismos en perfectos apartamentos cuadrados. De veras que no sé qué vamos a hacer ahora.  Ahora que comienza a girar ferozmente la falda de la niña que baila con el uniforme desbaratao y la camisa por fuera y no encuentra el sitio de las cosas porque es muy difícil que las cosas tengan un sitio y ella lo sabe y por eso juega con las ovejas y los pájaros pero no se olvida de los dinosaurios y también hace karate y también juega con muñecas y quiere ser de mayor astronauta y peluquera. No sé qué haremos ahora, de veras que no sé, pero ahora la niña canta coplas como las canta cualquiera y como cualquiera una mañana va al cole y su maestro le pregunta por un poema y la niña le canta por alegrías. Y la niña suspende al maestro. ¿Y qué haremos entonces?

En esta ciudad que nos acoge y nos regala por cada metro cuadrado huracanes de POETAS que van creciendo como geranios en los balcones. En esta ciudad y con sus poetas carniceros, poetas malabares, poetas panaderas, poetas en los bares, poetas verduleras, poetas camareros, poetas albañiles, poetas fontaneros, poetas jubiladas, maestros de poetas, poetas que son madres, poetas sin poeta, poetas que son niñas, poetas sin trabajo, poetas que son coplas, poemas que son tangos. En esta ciudad que es ella entera un manojito de letras impronunciables, en esta ciudad que inventa y reinventa su lenguaje, su amasijo de hierros oxidados, su esqueleto de cigüeña milenaria. En esta ciudad de poetas, de palabra viva, de alas y de vuelo, de campanas y de luz, la verdad, no me esperaba que se nos atragantara el nobelerio

Y me explico. Ahora todo el mundo además de tener la verdad absoluta sobre cualquier temática, no solo la comenta con sus allegados en la barra del bar. No. Se nos ha quedado corto nuestro escenario y hemos decidido hablar públicamente, más bien gritar públicamente y sin pudor y sin tapujos y con una verdad tan verdadera que resulta espeluznante, que da miedo. Pero lo peor de todo no es eso, lo peor en realidad es que ocurra en esta ciudad.

Es desolador y muy desconcertante ver cómo autores y no autores, carniceros y no carniceros, barrenderos y no barrenderos, mujeres y no mujeres y hombres no hombres y jóvenes y viejos y todos, todos gaditanas y gaditanos (sin excepción aparente) critican con saña el premio Nobel de Literatura con el mismo argumento casposo aunque eso sí, dicho de muchas maneras, pero diciendo al fin y al cabo “Cada oveja con su pareja”.  En esta ciudad que es tantas cosas y no es nada si no quiere. En esta ciudad que está despuntando poco a poco la flor del cambio. Me parece curioso que seamos precisamente, los gaditanos y las gaditanas, tan poco generosos con la literatura, con nuestra literatura, con nuestro sentir, pensar y hacer.

Por ser somos los herederos del Carnaval de Cádiz que es muchas cosas además de LITERATURA, como también por ser somos herederos del FLAMENCO que es muchas cosas además de LITERATURA. Por ser somos gentes acunadas con nanas que nos cantaron nuestras abuelas y eso es muchas cosas pero también es LITERATURA. Algunos todavía hoy nos reunimos alrededor de una mesa en Navidad y cantamos algún que otro villancicos y eso es muchas cosas pero también es LITERATURA.

Es por eso que no entiendo el enfado de muchos, ni los argumentos de otros, deberíamos reconocernos en la misma crítica que se hace y mirarnos en el espejo porque somos lo mismo que criticamos.

La poesía es un IDIOMA que todos hablamos aunque no nos demos cuenta.

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