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El tercer puente 12 verticales 02

Fotografía: José Montero

Aquí se le dará cobijo a los pobres y se le saciará de pan

Salmo 131

He llegado tarde a una cita. Campanas y campanas tarde a una fiesta, a un camino, a una celebración, a un regalo. He llegado tarde, demasiado tarde, millones de olores tarde, millones de manos tarde, millones de pasos tarde, millones y más millones de puertas abiertas tarde. Sí, he llegado tarde a la fiesta. Aquí estoy ahora frente a frente, con las agujas clavándose como cruces, con mi  traje blanco inmaculado de un septiembre que se encoge de hombros avergonzado por la tardanza. Aquí estoy en el mismo sitio pero no a la misma hora y claro, ya no queda nada,  las palomas ya se han ido, las gaviotas están terminando con la cosecha de carroña y basura que nadie pudo barrer, la música de volcanes, la música de mareas, la música y su garganta, la música de maderas, la música oxidada, la anciana música de bisagras que chirrían al pulso de sus olores, la música recién nacida de ventanas que se abren, la música de balcones, la poderosa música de las músicas de todas las músicas del mundo estaba apagada. El oso no estaba en la cueva, el oso no estaba dormido, llegue tarde, demasiado tarde y el oso no respiraba, el oso ya estaba muerto. Pero no he sido la única, hay cosas que también han llegado tarde pero han llegado, pero tarde muy tarde.

La justicia se ha arrastrado por cada rincón del pueblo y como una sombra de escamas negras ha ido envenenando sin manzanas y sin espejos la fiesta, el hogar, la raíz del árbol.

¡Te lo perdiste!

Te perdiste el sentir, te perdiste al pueblo que canta, a un pueblo que suda, a un pueblo que juega, a un pueblo que es puente, a un pueblo herramienta, a un pueblo cuchillo, a un pueblo que ofrece, a un pueblo que es nadie, a un pueblo que es todos, a un pueblo que estudia, a un pueblo que cuida. Te perdiste, me decían, las manos más verdaderas del pueblo en el abrazo, las manos más verdaderas del pueblo en la lucha, las manos más verdaderas del pueblo en el baile, la sangre más verdadera, la verdad más verdadera. ¡Te lo perdiste!

Y era verdad pero no solo me perdí eso, también me perdí la herida, la enorme herida de piedra y miedo que asfixió a la piel del oso, que acabó con la gran fiesta, que cercó el canto del pueblo. Me perdí la pérdida, la fuga, el sabotaje, el engaño. Me perdí la mentira.

Como es verdad que estamos vivos y es verdad que el tiempo pasa y que pasa hasta cuando no lo vemos y no hay más verdad que es el tiempo, el único que no conoce ni la muerte, ni el dolor, ni el miedo, ni a la justicia y como también es verdad que el germen de la rosa sigue creciendo en rosa y no en rastrojo y no en escombro y no en deriva y sí en fortaleza y sí en madre y sí en hija y sí en hermano y sí en padre y sí en compañía y sí en regalo y sí en celebración y sí en raíz y sí en respeto y sí en paciencia. Mucha. Parece que ha llegado la hora exacta, el minuto preciso, el momento adecuado.

El tiempo y sus agujas han llegado tarde, tanto o más que yo a la cita, pero al final han llegado, por eso hoy después de las cinco cruces, los cinco miedos y todas las cadenas en los tobillos de  las rosas que arrancaron, podemos gritar sin temor a reconocimiento:

¿Alguna pregunta más señor juez?

Aquí se le dará cobijo a los pobres y se le saciará de pan. Salmo 131

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