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las banderitas republicanas portada

No. Siento contradecir a los apátridas, a los «habitantes del mundo», a Rupert Murdoch y a Hayek. No arde igual la bandera republicana que la bandera monárquica. No es lo mismo ser iraquí que estadounidense, ser boliviana que estadounidense, ser vietnamita que estadounidense, ser indio que inglés, ser congoleña que belga, ser tupi guaraní que español.

No sólo necesitamos reivindicar la memoria democrática de aquellos y aquellas que defendieron la legalidad, recordar y abrir las cunetas llenas de muertos, descubrir placas con los nombres de los que tacharon y borraron los sediciosos. Sino también reconstruir la historia, ese relato del que siempre desaparecemos. O aquello de en el fresco soy una de las figuras del fondo. Ahora viene la cita, porque «tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer».

Un poné: ¿Qué tal si le quitamos la R y la E a aquella mítica conquista de un territorio que nunca perteneció a ningún país llamado España? ¿Y si seguimos con el análisis sobre las características de esa invasión?: un nuevo territorio en el que el que fuese diferente era aniquilado físicamente o expulsado. Epistemicidio, exilio, desarraigo, una sola fe, una sola lengua. ¿Eran aquellas prácticas imperialistas las que luego se usaron en la conquista, invasión, expolio de aquel territorio que los indios cunas llamaban Abya Yala y sobre el que REPSOL cree mantener un derecho de pernada inalterable a pesar de la independencia y de los libertadores?

¿Pasa eso cada día en Palestina?

Tirando del hilo podríamos llegar a esa bandera que ondea frente al muelle y a su historia. ¿Es esa que cambió un aguilucho por el emblema borbón? ¿Es la misma que vemos en pulseritas, en politos, etiquetas, en correas de perro? ¿Es aquella que representa el orgullo patriota frente a los nacionalismos menos buenos? ¿Son esos patriotas los que aparecen en papeles de paraísos fiscales? ¿Son los mismos que impugnan el izado de la tricolor? ¿No sería más coherente que mostraran en sus pulseras banderas de Panamá o de Suiza?

El concepto de nación que manejan muchos patriotas ¿es estrecho?, ¿es heredero de aquel que se forjó en la conquista de Al Ándalus: una religión, un idioma, un sólo acento, una bandera, un equipo de futbol, un sólo sentido común, un sólo columnista de opinión preocupado porque el país se rompe? ¿No es verdad que esos patriotas son los que la ilustrada Europa Central llamaba y llama vagos, corruptos, perezosos? ¿No recuerdan los patriotas aquello de «África empieza en los Pirineos»? ¿Es la realidad plurinacional del estado tan ignorada y ocultada como el dato estadístico que afirma que la gente enferma y se muere más en La Viña y Santa María que en Bahía Blanca? ¿Estaré idealizando como «tierra sin mal», como hacían los tupa guaraní , la República?

Demasiadas preguntas para un panfleto que «está con el retrovisor de la Historia constantemente y mira al pasado«, ¿verdad? Analicemos. A ver. He usado todos los tópicos del perro flauta extremista (vulgo «rojo peligroso)»: «memoria democrática», «legalidad», «cunetas» «sediciosos», «Al Andalus», «Panamá», «Suiza», «plurinacionalidad». He citado a Walter Benjamin y el principio de Q, novela panfletaria donde las haya. He osado poner en cuestión el relato del «descubrimiento de América». He criticado la política económica de una de Nuestras Empresas a las que los dictadores no dejan trabajar en paz.

Una ordinariez.

Ahora sólo me falta denunciar la violenta forma del establishment y de los editorialistas de recibir estas críticas. Y me gano un editorial o la mofa de uno de sus opinadores:

—Porque todo el que critique las apariciones en papeles de empresas offshore y pida dimisiones, censure los safaris, cuestione la monarquía, la cría de toro bravo, señale los intereses de la prensa comercial por desestabilizar a una corporación municipal, o quiera homenajear a representantes públicos fusilados por sediciosos es expulsado al CIE «Zona del no ser», en estrictos términos de Franz Fanon. Y da comienzo la desfachatez de los intelectuales patrióticos: «va contra la libertad de expresión», «es un nazi», «o una feminazi», «se financia por Irán o Venezuela». «Es un vago, perezoso, corrupto o un resentido». «Alguien que vive del PER». Y en las series de televisión sale haciendo de criada o de gracioso. O incumple la ley homenajeando a gente que nadie recuerda.

La desmemoriada versión 3.0 es una declaración de un representante político: «Con los problemas que tiene la ciudadanía la polémica es una ofensa a la inteligencia». Y un contencioso administrativo por izar la bandera. ¿Podemos analizar a fondo estas dos versiones de bloqueo a la memoria? ¿Podemos medir la celeridad del juez para dar orden en el cronómetro de la Historia?

No. De momento.

Por eso es importante que la tricolor haya ondeado en el ayuntamiento de Cádiz. Aunque sólo sea por una horas. Se lo debemos a los muertos. Y a este país.

Fotografía: Jesús Massó

FIT

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