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Haciendo puenting articulo segundo

El pasado 3 de julio el alcalde de Cádiz, José María González Kichi, publicó un artículo en el Diario de Cádiz en el que, tras las declaraciones de Antonio Sanz sobre los resultados electorales, reivindicaba la figura del perdedor. Se ponía del lado de los más débiles, entre los que él mismo se incluía, el de las personas humildes reclamando emotivamente su dignidad, su esfuerzo, su sacrificio y su decencia. En el otro lado se encontraría el supuesto ganador, en este caso haciendo referencia directa al presidente provincial del PP que, como afirma Kichi, nunca bajó de un coche oficial. El texto del alcalde gaditano tuvo una importante repercusión en las redes sociales, llegando a ser TT nacional, y generó un gran número de comentarios, tanto a favor como en contra.

He de reconocer que me gustó la audacia del alcalde escribiendo ese artículo, apostando para ello hacerlo desde la experiencia personal. Parte de un hecho meramente electoral que sirve como excusa para realizar una auténtica reafirmación del sentimiento de orgullo de pertenencia de clase, en este caso la clase obrera. Sí, obrera. No obstante, y a pesar de compartir su contenido, creo que la respuesta en los términos dicotómicos loser/winner no ayuda a la construcción de un discurso de cambio alternativo y que quizás sea una de los elementos de los que menos se habla como herramienta necesaria para afrontar y planificar su  acción política tras los resultados electorales.

Me explico. Responder utilizando el término perdedor, aunque sea para reafirmar su dignidad, supone la aceptación del marco de significado que propone su adversario. El frame construye estructuras mentales, ideas, articuladas a través del lenguaje, palabras, que dibujan una visión del mundo determinado. Y esta visión nunca es neutral, es ideológica. El lenguaje cimienta realidades. Según Lakoff, los marcos “conforman nuestras políticas sociales y las instituciones que creamos para llevar a cabo dichas políticas”. Entrar en el marco del adversario es comenzar a perder cualquier debate porque supone aceptar la hegemonía de sus ideas.

Debatir sobre losers y winners supone aceptar la existencia de una sociedad en la que cualquier persona con su esfuerzo personal y gracias al mérito puede prosperar socialmente. Me refiero a la llamada sociedad meritocrática y a la existencia de los self-made man. Estos conceptos son dos de los grandes unicornios del sistema capitalista: ya afirmaba Rawls que la meritocracia no puede ser justa ni llamarse como tal a no ser que exista un principio de igualdad de oportunidades del que nuestra sociedad carece; siempre se obvia la extracción social de los hombres “hechos a sí mismos” y del nivel desde el que partían en sus meteóricas carreras en la escala social, de hecho cada vez que aparece un self-made man en algún medio de comunicación un hada muere en Nunca Jamás. Al igual que toda moneda tiene dos caras, si hay personas que ascienden socialmente debido a sus cualidades personales los que no lo hacen ser debido a su actuación personal, carente de mérito e irresponsable. Que alguien consiga ser un ganador o un perdedor es única y exclusivamente fruto de su propia responsabilidad. Es decir, se culpabiliza a los losers de su situación social. Una vez admitido este supuesto, ya se puede elaborar un discurso que legitime una sociedad darwinista en la que el Estado no debería actuar contra las injusticias sociales ya que serían meras consecuencias de responsabilidades individuales. Se justifica la pobreza, la desigualdad y tiene como consecuencia la demonización social de aquellos que no pueden salir adelante, como sostiene Owen Jones.

Evidentemente, este no es el objetivo del alcalde gaditano, pero reivindicar a la gente corriente no explica los motivos de los resultados electorales producidos en nuestra ciudad. No es momento de alegatos, sino de reflexión y búsqueda de soluciones. Si se quiere ser alternativa política, y no encontrarse con unos resultados como los del 26J, lo primero que podría hacer la formación morada es, por un lado, volver a parte de sus orígenes cuando, gracias al acertado análisis de la realidad española, construyeron un frame que dejó fuera del tablero al resto de formaciones políticas y que hoy parece olvidado. Y, por otro, recuperar significantes propios de su tradición política que puedan encajar dentro de ese discurso. La batalla política es la batalla de las ideas, construir hegemonía en sentido gramsciano es cambiar lo que se entiende por sentido común, lo que es aceptado por la mayoría social. Se trata de elaborar nuevos significantes que sirvan para producir las transformaciones, cambios sociales y políticos que la ciudadanía necesita. Pensar y hablar de manera distinta para actuar de manera diferente. Ese debe ser el camino. Palabra de (otro) perdedor.

Fotografía: Juan María Rodríguez

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