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Angel pinto 1
Fotografía: Africa Mayi Reyes (CC BY-ND 2.0)

MALLORCA 1 – 0 CÁDIZ

No sé si ustedes juegan al póker. Si es así, les felicito, entenderán la metáfora a la primera. Si no, también les felicito: seguro que están empleando el tiempo en cosas más productivas (aunque quizá menos apasionantes).

Cervera me recuerda a un jugador timorato con una pareja pequeña en las manos (digamos una pareja de sietes, en homenaje a Salvi). Solo hay dos formas aceptables de manejarse con esos naipes: deshacerse de ellos inmediatamente o ser muy agresivos desde el principio. Contemporizar, esperar a ver qué pasa… suele resultar mortal de necesidad. La mesa se irá poblando de cartas mayores y al final es probable que un par de reyes (o de damas, o de ochos…) se emparejen, dejándonos con un palmo de narices.

Valga este introito para explicar que las derrotas (o los empates) en el último suspiro no pueden achacarse solo a la mala suerte. Durante los minutos anteriores han ido saliendo cartas mayores y es cuestión de tiempo que tu rival supere tu mano, sobre todo si no la has jugado correctamente.

Esto fue lo que ocurrió en el minuto noventa del partido que enfrentaba al Mallorca y al Cádiz. Los amarillos estaban arrancando un empate inmerecido a todas luces cuando Álex López sacó la carta triunfadora: un remate trompicado a la salida del enésimo córner resultó inalcanzable para Cifuentes, sin duda el mejor de los gaditanos.

Fue el colofón lógico a una segunda parte pésima en la que el equipo bermellón superó a los andaluces en todos los aspectos del juego. Y, sin embargo, un rato antes no presagiábamos este final.

Empezó el partido con sorpresas: las incorporaciones de Carmona y el debutante Edu Ramos por Correa y Salvi dotaban al equipo de un aspecto inusual. Vallejo escorado a la izquierda, Barco en punta y Aketxe con libertad para moverse por el frente de ataque, esperaban el juego que pudiera generar el trivote formado por Ramos, José Mari y Álex. Dada la baja forma de Salvi (que luego quedaría constatada) la idea no parecía mala y, de hecho, tras unos primeros minutos de dominio local, el partido se equilibró y sobre el encharcado césped de Son Moix empezamos a ver una película de Eric Rohmer: no pasaba casi nada.

En ese “casi” entraban algunos detalles: los laterales del Mallorca, Gámez y Ruiz, demostraron potencia y profundidad (no pude evitar sentir un poquito de envidia). Vallejo y Carlos Castro aportaban a sus respectivos equipos las necesarias dosis de imaginación y de sus botas surgieron las mejores ocasiones (amén de un magnifico disparo de Aketxe que repelió el palo izquierdo de Reina, magnífico apellido para un portero).

El caso es que el partido cruzó el ecuador y las esperanzas de puntuar eran legítimas.

Tan legítimas como efímeras.

Al poco de la reanudación, el equipo de Vicente Moreno se hizo dueño de la situación, y el cambio tuvo nombre y apellidos: Salva Sevilla.

El ex bético ofreció un espectacular despliegue de sabiduría futbolística, surtiendo de balones a sus compañeros, siempre dinámicos y agresivos. Carlos Castro y Lago Junior se conducían con rapidez y habilidad provocando que la zaga amarilla se descosiera una y otra vez. Los cambios de Cervera empeoraron la situación y solo la suerte y varias actuaciones portentosas de Cifuentes impidieron que el marcador se moviera.

Hasta el córner de marras, que vino a poner un poco de orden en el cósmico caos.

En fin, soy consciente de que estamos en la cuarta jornada y sé bien que los análisis de septiembre –como cualquier amor de verano- son eternos candidatos al olvido.

Sentada la premisa del prudente, habrá que entrar en faena: el Cádiz ahora mismo está mal. Por un lado, en el aspecto individual, es evidente la baja forma de piezas importantes (Mauro, Salvi) y el escaso nivel mostrado hasta ahora por todos los laterales de la plantilla. Por otro, en el plano colectivo, el equipo parece presa de una crisis de identidad. Huérfanos de Alvarito (y de Salvi…) el equipo ya no tiene salida por las bandas pero tampoco parece encontrar una seña de identidad que sustituya a la anterior y que la iguale en efectividad. La propuesta de acumular centrocampistas en un equipo acostumbrado a jugar sobre la línea de cal resulta, hasta el momento, artificiosa y vacua.

Queda tiempo, mucho tiempo, pero bien haría Cervera en intentar transmitir a su plantilla –antes de los partidos- las ideas que con tanta precisión desmenuza en las ruedas de prensa –después de los mismos-.

Porque de seguir en esta línea, queda patente que hablar de algo que no sea la permanencia (¿ajustada?) será más un farol que otra cosa.

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