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Bea aragon

Fotografía: Jesús Massó

El sol, los pájaros.

(Las entrañas del túnel).

El sol, los pájaros.

José María Gómez Valero

 

En esta ciudad de mareas y castillos siempre hemos sido dueños de una luz prodigiosa que incendia cada rincón de las casapuertas, cada rincón de nuestros barrios, cada rincón de nuestros pasos, cada rincón de nuestra sangre. Somos seres de luz pero la luz es lo que se está entre el viaje y el miedo y ahora tenemos mucho miedo, un miedo granate que se desliza por las cornisas de nuestros hogares y nos hace arder de frío.

No dejan de pasar campanas, misterios y milagros en esta ciudad-país-cometa que nos nace cada mañana con su olor a pan tostao de escalerita caliente con cara de madrugar. No dejan de correr sangre, dinero y miseria en esta ciudad-veleta-herida que nos duerme cada noche con el huevo pasao por agua o la tortilla liá en la cocina de nuestras casas. Pero nos tiembla el tiempo por las rodillas y ahora todos tenemos reuma.

Y no dejan de nacer pobres a la vuelta de la esquina, no dejan de vivir pobres a la vuelta de esta esquina, no dejan de morir pobres a la vuelta de tu esquina.

Y continuamos con nuestro viaje, continuamos con nuestro miedo. Impasibles esperamos avistar el regreso de los pájaros porque los pájaros están a punto, sí, están a punto todos los pájaros de no regresar nunca.

Esta es la problemática que hasta los pájaros tienen miedo, nuestro sentir en el filo oscuro del puñal del miedo es lo que nos reduce el suministro de luz propia. Esta es la problemática, que todos ignoramos el miedo, nuestro propio miedo. El miedo de los pájaros que no volverán nunca por más que miremos al cielo. El miedo nos vive.

Nos vive el miedo a dos banderas. Temblamos por no cambiar. Nos salva el miedo a la hipoteca. Temblamos por no pensar. Y aquí seguimos con los brazos sudando de tristeza, mirando un cielo desnudo que se está afeitando la barba.

Desde la cresta de una ola no podemos apreciar la inmensidad de nuestros mares de gracia. Aquí tenemos la raíz del conflicto: las alas de las madrigueras, las alas en las madrigueras, tenemos el vuelo roto.

Más nos vale salir de la madriguera, más nos vale no ser la madriguera. Más nos vale, cambiar el rumbo si queremos nuestra luz.

Más nos vale mirar nuestros suelos que los cientos que van volando, más nos vale que los pájaros decidan volver.

¡Levantando tren de aterrizaje!

 

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