Tiempo de lectura 💬 2 minutos
Guillermo
Fotografía: Jesús Massó

El señor Ferguson es un turista excepcional. Al señor Ferguson no le interesa jugar al golf en el Novo, ni atiborrarse de sol en La Barrosa, hasta ponerse de la misma tonalidad que el cangrejo moro… El señor Ferguson es un romántico, porque es un inglés chapado a la antigua, y no como esos otros británicos que se van a Ibiza con el objeto de arrojarse completamente borrachos a la piscina del hotel desde el quinto piso. Por eso este caballero, muy leído y escribido él, no corre el riesgo de partirse la crisma ni de ser transportado en coma etílico hasta un pasillo atiborrado de camas en un hospital público o privado.

Como es tan leído y escribido, incluso ha conocido la obra portentosa de Federico Sopranis, especialmente aquella que contiene referencias directas o indirectas a su Cádiz natal y a los hermosos pueblos de la provincia, quizá una de las áreas menos conocidas y divulgadas de su extensa bibliografía. Como además de romántico es bastante crédulo e ingenuo, nuestro hombre se ha tomado al pie de la letra los desvaríos poéticos de Don Federico.

El señor Ferguson se ha empapado de libros de viajeros decimonónicos, como el Barón Taylor, Ian Robertson, George Borrow y Richard Ford. No le interesan tanto, incluso desdeña los trabajos de Edgar Quinet y Alejandro Dumas, porque los franceses no le hacen maldita la gracia, ya que le parecen superficiales y engreídos, opinión que comparte con muchos de sus compatriotas, tanto ilustrados, como más bien lerdos e ignorantes.

Pues, a lo que íbamos: cuando el señor Ferguson decidió emprender su “spanish tour”, eligió en primer lugar Andalucía, sobre todo porque parecía la zona hispánica más cargada de pintoresquismo y autenticidad. Los alegres y bulliciosos lugares, la permanente juerga, el callejeo sempiterno, la desbordante comunicabilidad de las gentes… Lo de Chiclana fue puro azar, le salió por sorteo, ya que los británicos son muy amigos de las apuestas, como sabe cualquiera que haya leído “La vuelta al mundo en ochenta días”, por ejemplo.

Y llegó a Chiclana un sábado de julio, lo que aconteció incluso antes de que la Corporación Municipal tomara el acuerdo de adquirir, con fines ornamentales supongo, un lote de esos matojos que recorren a impulso del viento las calles en las películas del oeste.

Acabó sentado en un banco frente a la fantástica fuente ésa del Ayuntamiento. Melancólico, desolado, perplejo.  Por allí no había un alma, la mayor parte de los establecimientos estaba cerrada, la céntrica calle de la Vega presentaba un aspecto soñoliento y tristón. Encendió su pipa de espuma de mar y anotó no sé qué pamplinas en su cuaderno de viajes.

 

Valora este contenido

Aytodecadiz semanasanta2019 web v001 etp gigabanner 800x200px 80

Publi ayto ecoembes