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Fotografía: Jesús Massó

La elección de Donald Trump como nuevo presidente de los Estados Unidos no añade, de entrada, mayor peligro al riesgo ya de por sí alto que supone la presencia estadounidense en las bases de Rota o de Morón, sino que suma incertidumbres. Máxime después del despliegue del escudo antimisiles que ha multiplicado tanto el potencial militar como el precio de los arrendamientos en el entorno de ambos enclaves. De seguir Donald Trump la hoja de ruta trazada por sus predecesores en la Casa Blanca, las hipotecas castrenses de Andalucía mantendrían sus viejas constantes que les han llevado a convertirse en blanco de posibles atentados yihadistas por su condición de formidable plataforma de desembarco armado en el mediterráneo o en el norte de Africa.

Sin embargo, ¿qué ocurrirá si los Estados Unidos de Trump consolidan un acuerdo armamentístico y político con la Rusia de Vladimir Putin? Moscú y Washington, en la actualidad, mantienen un claro pulso en esta misma área, como ha demostrado la flota rusa al intentar fondear recientemente en Ceuta, tal y como la de la Unión Soviética pretendiera ya en plena transición en la Bahía de Algeciras.

Ese pacto conllevaría, desde luego, que la Unión Europea quedaría definitivamente orillada en materia de defensa dentro de la OTAN y le resultaría sumamente difícil auspiciar una organización defensiva propia, como intentó inútilmente en su día con la Unión Europea Occidental.

En cualquier caso, todo ello demuestra que la provincia gaditana se mantiene en el ojo del huracán mundial, como demuestran, por otra parte, las repercusiones que el Brexit empieza a arrojar sobre Gibraltar, desde la devaluación de la libra que perjudica, entre otros, a doce mil trabajadores españoles y las inversiones británicas en los alrededores. En la proposición de soberanía conjunta que ha cursado el PSOE para contrarrestar los brindis al sol del ex ministro García Margallo, se habla acertadamente de política de población pero si España recuperase parte de la tutela política y administrativa de la Roca –hipótesis harto improbable, hoy por hoy–, nadie apostaría un céntimo porque el control se extendiese a la base militar de la Royal Air Force y de la Royal Navy, que se mantienen bajo exclusivas manos de Londres.

Una historia de más de medio siglo

Como es sabido, la historia de las bases americanas en la Península ibérica ya ha cumplido más de medio siglo. Tras la Segunda Guerra Mundial, España se quedó sin Plan Marshall. Sin embargo, la dictadura de Franco dejó de estar aislada del mundo sobre todo a partir de 1953 cuando firma  el Concordato con la Santa Sede y el primer acuerdo de cooperación con Estados Unidos, ese mismo año. En rigor, aquello se denominó Convenio de Defensa y ayuda Económica Mutua y fue firmado por los respéctivos gobiernos el 26 de septiembre de 1953. A las 16,13 horas de aquel día, en el Salón de Embajadores del ministerio español de Asuntos Exteriores, se firmó el Pacto Hispano-Norteamericano, para “la construcción de ciertas instalaciones militares”, con el fin de reforzar la preparación de Occidente para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales”.

La mayoría de los investigadores que se han aproximado a este fenómeno insisten en considerar que tanto dichos acuerdos como el concordato con la Santa Sede apuntalaron al régimen de Franco porque, a decir por ejemplo de Arcadi Oliveres, “de no haber existido  el tratado de amistad y cooperación entre España y Estados Unidos probablemente en aquel tiempo de los años cincuenta después de haber caído los fascismo de Europa también habría caído el régimen de Franco.

Aquellas “ciertas instalaciones militares” que mencionaba el acuerdo con Estados Unidos fueron las bases de Torrejón, Zaragoza, Morón y Rota, con un oleoducto que uniría dichos enclaves y que permitiría a la primera potencia mundial controlar el Estrecho y el mediterráneo Occidental. Diez años más tarde, en 1963, se ampliarían las funciones estratégicas del recinto naval de Rota, asumiendo competencias que hasta entonces venían ejerciendo bases norteamericanas en Marruecos. En 1966, el trasiego militar de Estados Unidos por Andalucía se tradujo en la caída accidental de una bomba en la localidad almeriense de Palomares. Medio centenar de personas moriría progresivamente en dicha zona como consecuencia de procesos cancerígenos y de leucemia. Allí, Luisa Isabel Alvarez de Toledo, la llamada Duquesa Roja, protagonizó entonces una serie de manifestaciones que le llevaron a prisión. De aquella experiencia, surgiría su novela “La Base” y su libro “Palomares”, publicado ya a comienzos del siglo XXI, sobre las consecuencias de aquel desastre que llevó a Manuel Fraga, entonces ministro de Información y Turismo, a bañarse en las aguas próximas al suceso.

Un peligro nuclear

Con las bases, llegó la leche en polvo y el rock and roll a través de sus emisoras. Incluso, fuera del acuerdo, Muñoz Grandes les brindó gratuitamente la acogida de submarinos atómicos. Pero, a pesar de que desde 1976, un nuevo protocolo recogía que Estados Unidos no almacenaría en España armas ni componentes nucleares lo que supuso en 1979 la retirada de los temibles Polaris,siguieron llegando a puerto sumergibles de carga o propulsión nuclear, por lo que en 1987, Greenpeace llegó a bloquear el puerto de la Base.

A tenor de Juan Clavero, de Ecologistas en Acción, “dentro de un ambiente o dentro de unas relaciones de buena vecindad pues se supone que los norteamericanos no tiene porque traer armamento el hecho es que lo traen que lo tenemos aquí y que estamos hablando de un territorio que junto con el área de Sevilla, podría afectar a dos millones de personas en caso de accidente”.

Clavero habla del caso del Tireless en Gibraltar, el sumergible de propulsión nuclear que durante un año fue reparado en el Peñón, a pesar de que su puerto no estaba preparado para ello; o de vertidos en la propia base de Rota que de haberse convertido en polución atómica podría aumentar exponencialmente el peligro para la población circundante. Por no hablar de los aviones militares que cruzan el espacio aéreo con proyectiles de uranio empobrecido: “Eso está pasando constantemente por encima de nosotros –opinaba hace unos años–; el día que se caiga un avión como decir la gente “no tientes a la suerte que algún día te falla” pues estamos tentando a la suerte aviones que están pasando cargados de armamento algunos de ellos de armamento radiactivo están pasando por encima del Puerto, por encima de Jerez, por encima de ciudades muy pobladas y tenemos aquí una auténtica bomba de relojería”.

Al año siguiente de la entrada de España en 0TAN, en 1986, se firmaría un nuevo convenio con los Estados Unidos. En el año 2000, ambos gobiernos volvieron a sentarse a la mesa y José María Aznar intentó meter de rondón en los acuerdos, sin éxito alguno, la incorporación de nuestro país al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y al G-7. Andando el tiempo, la situación actual no es la misma que en 1958 cuando abrieron las bases. Zaragoza y Torrejón dependieron pronto y en exclusiva de las autoridades militares españolas y en Rota y en Morón, la bandera de las barras y estrellas terminó por verse relegada, aunque hasta bien entrada la democracia, los hidrófonos que controlaban el paso de submarinos soviéticos por el Estrecho de Gibraltar, reportaban antes a la sede de la sexta flota en Norfolk (Virginia), que a Madrid, la capital del país que les daba cobijo.

Hacia el escudo antimisiles

Tras la caída del muro, la geoestrategia varió. Ahora, Rota presta soporte logístico a las unidades de la Sexta Flora en el Mediterráneo y al Comando Aéreo Móvil (AMC), de la USAF, en tránsito desde Alemania hasta el Sudeste Asiático. También es el único emplazamiento en el Mediterráneo capaz de dar apoyo a los Grupos Anfibios (ARG). Pero por allí también pasaron los siniestros vuelos de la CIA.  En su interior, más allá de las pistas de aterrizaje, se dan cita tres muelles con un alto número de atraques, junto a 426 edificios y 806 casas residenciales. Allí radicaron los llamados “Guardianes del Mediterráneo”, los dispositivos de inteligencia electrónica, que administraba el Centro de Soporte Táctico, que se creó en 1969. Finalmente, se desmanteló al no considerarse necesaria tras la debacle del Pacto de Varsovia. Pero la Base dista mucho de estar en decadencia militar. Ha sido reforzada en numerosos aspectos y  España la ha convertido en su mayor baza estratégica en el flanco sur, con el portaviones Príncipe de Asturias en cabeza.

Desde 1984, la base de Morón también sirve como soporte de misiones logísticas de la NASA en la aventura espacial. Pero su función estrictamente militar se ha visto reforzada desde que en 1991 fuera utilizada como estación de reabastecimiento en la operación Tormenta del Desierto contra la ocupación de Kuwait por Irak, en la primera guerra del Golfo. En la actual estructura de OTAN se le asigna un papel limitado al soporte logístico en operaciones de contingencia en Africa. 800 personas atienden actualmente a esta especie de enorme gasolinera aérea que, desde el año 200 asume un papel crucial en el apoyo a las operaciones de las Fuerzas Expedicionarias Aeroespaciales, que sirve a su vez como base para los f-18 y los P-3 Orion de la fuerza aérea norteamericana, al tiempo que alberga también al cuarto destacamento del escuadrón número 18 de vigilancia espacial.  Eso sí, Estados Unidos usó las bases de Rota, Morón de la Frontera (Sevilla) y Torrejón de Ardoz para escalas de los vuelos secretos de aviones de la CIA a Guantánamo con presuntos terroristas detenidos. Las autoridades españolas negaron cualquier tipo de conocimiento de la naturaleza real de dichas operaciones.

El escudo antimisiles cumple cinco años desde que León Paneta se estrenara, en 2011, como secretario de defensa de la OTAN, anunciando a bombo y platillo que España se sumaba a esa plataforma que presuntamente tiene como objetivo la defensa occidental ante un posible ataque de Irán o de Corea. Si es que su objetivo real no es, precisamente, el de atacar a Corea o a Irán, con las espaldas cubiertas.

El famoso escudo es una vieja aventura para fomentar la industria armamentística que la Administración Bush se sacó de la manga en el año 2000, recreando la guerra de las galaxias de Ronald Reagan. Los atentados del 11-S y la operación Justicia Duradera contra Afganistán provocaron que este formidable negocio para transnacionales como Lockeed se ralentizara a favor del trasiego de armas convencionales y de todo tipo que las sucesivas ofensivas contra Kabul y Bagdad fueron exigiendo. Sin embargo, Barack Obama relanzó este programa con la instalación de escudos antimisiles terrestres en Polonia y Chekia o sobre soporte marino en el mar de China. Detrás de dicha decisión, se encontraba desde luego Hillary Clinton.

Cuatro barcos dotados con el sistema antimisiles Aegis se despliegan en Rota, como una fuerza naval combinada en el Mediterráneo, de común acuerdo con España y otros aliados europeos como Rumanía y Polonia, así como otros países ribereños como Turquía: “Este anuncio –afirmó Panetta, en su día, mediante un comunicado—supone una clara señal de que los Estados Unidos continuarán invirtiendo en esta alianza y que estamos comprometidos con nuestras relaciones en materia de Defensa con Europa incluso haciendo frente a los crecientes recortes presupuestarios en nuestro país”.

Todo ello parte de la llamada European Phased Adaptive Approach, que suele traducirse como Enfoque Europeo de Adaptación Gradual. Se trata de una propuesta del presidente Obama, formulada a 17 de septiembre de 2009 que replanteó la defensa contra misiles balísticos en Europa. La fase 3 del proyecto se ha fijado para 2018 y ya alguien señaló la de 2020 para desplegar el SM-3 Block Interceptor IIB, que supuestamente mejorará la capacidad del continente para hacer frente a misiles de medio y largo alcance. Todo ello, claro, con tecnología estadounidense que no sólo permite el control del Pentágono sobre todo el aparato defensivo europeo sino que limita su desarrollo tecnológico, en función de los intereses norteamericanos, a través de sus patentes que, en su día, impidieron por ejemplo el encargo a España de diversas unidades destinadas a la Venezuela de Hugo Chávez, en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero.

“Para decirlo simplemente –afirmó entonces el todavía inquilino de la Casa Blanca, que está dispuesto a facilitar la transición con Donald Trump–, nuestra nueva arquitectura de defensa antimisiles en Europa proporcionará unos sistemas de defensa más fuertes, más inteligentes, y más rápidos para las fuerzas estadounidenses y los aliados de Estados Unidos. Es más amplio que el programa anterior. Despliega potenciales que ya han demostrado su rentabilidad y se basa en nuestro compromiso de proteger el territorio de los EE.UU. en contra de largo alcance amenazas de misiles balísticos, y que garantiza y refuerza, al mismo tiempo, la protección de todos nuestros aliados de la OTAN “.

Pero, ¿y si todo esto gira y la alianza entre Trump y Putin nos convierte a los europeos en un formidable bocadillo armamentístico? Ya con anterioridad, frente al despliegue del escudo, Estados Unidos logró vencer la resistencia de Rusia que había mostrado serias críticas en el pasado pero que en noviembre de 2010 durante una reunión del Consejo OTAN-Rusia (Nato Russia Council) alcanzaron un principio de acuerdo en aras de “explorar oportunidades de cooperación de defensa antimisiles”, incluyendo la puesta a punto de una junta de evaluación de amenaza de misiles balísticos.

La estrategia de la zanahoria

En el caso de Rota y Morón, el acuerdo del escudo también incluye la cooperación de las bases españolas en tareas de apoyo al mando Africom de Estados Unidos, así como al USS Central Commands, un dispositivo estadounidense que se creó en 1983 y que habitualmente patrulla el Mar Rojo, el Golfo de Omán, el Golfo Pérsico y el Mar de Arabia.

Aunque numerosos países cuentan con misiles de largo y medio alcance, en el actual escenario, se perfila Irán y Corea como los malos de la película. Sin embargo, cabe preguntarse si ambas naciones tienen capacidad operativa para lanzar sus misiles contra España. En absoluto. Como objetó Vladimir Putin en su día,  ni Irán ni Corea cuentan aún con capacidad para lanzar misiles de un alcance de hasta ocho mil kilómetros ni los va a tener en un futuro previsible, a pesar de sus experimentos nucleares: “También es obvio que un hipotético lanzamiento de un misil de Corea del Norte contra Estados Unidos vía Europa Occidental contradice las leyes de la balística.”, comentaba hace años el líder ruso. Y esas leyes no han variado tampoco con el paso del tiempo.

Cabe preguntarse por qué Estados Unidos no se ha decidido en cambio por la base de Gaeta, en Sicilia, un lugar mucho más próximo a Irán que la Península. Quizá por su proximidad al polvorín libio. Desde el aznarato, existía la tentación de trasladar a Rota buena parte de las actividades de la US Navy en dicha base italiana, pero todo quedo en suspenso cuando se enfriaron las relaciones entre Washington y Madrid a raíz de la derrota electoral del PP en 2004 y la consecuente retirada de España de la invasión ilegal de Irak.

Nápoles se convirtió entonces en a nueva sede de las Fuerzas Navales de EE UU en Europa (CINCUSNAVEUR), mientras que Gaeta (Sicilia) mantuvo la VI Flota (COMSIXFLT),  con la presencia permanente del US La Salle y su grupo aeronaval al completo  se había ofrecido en principio a Rota y a Oeiras, en Portugal. Esta última fue descartada por su alto coste y la opción de Rota se rechazó de plano tras el desencuentro entre el ultramontano Bush y ZP. También quedó en el aire el compromiso verbal de Estados Unidos para que los astilleros de San Fernando, en Cádiz, que entonces gestionaba Izar, se convirtiesen en el principal centro de reparaciones de la Sexta Flota en el Mediterráneo: esto es, la ITV de 60 unidades navales tanto de guerra como civiles. Los embajadores estadounidenses han jugado a mostrarnos dicha zanahoria, bajo promesas de futuras cargas de trabajo para el sector naval de la Bahía. De entrada, en la unidad de reparaciones Cádiz-San Fernando ya se han reparado algunos buques estadounidenses, como la fragata ‘USS John L. Hall’ con número F-32 de la US Navy.

Según los recuentos oficiales, el escudo antimisiles habría de suponer la creación de 300 puestos directos y 1000 indirectos. El aumento de la dotación estadounidense, que volvería a superar los 10.000 soldados, ya que hoy apenas llega a los 9000, difícilmente crearía semejante expectativa de empleo. Los trabajadores españoles de la base que no han logrado ver reconocidos sus derechos a la negociación y cuyo poder adquisitivo se ha ido reduciendo con recortes salariales desde hace diez años, saben en sus propias carnes que se trata de un empleo precario. Pero tampoco es mejor el empleo que se ofrece fuera de la base.

Por otra parte, la marina española es dependiente de Estados Unidos en su tecnología militar y de hecho el sistema Aegis ya figura a bordo de varias fragatas de nuestro país. Es más sofisticado, sin embargo, el que se incorpora a estos nuevos cuatro buques que pretenden venir a Rota para quedarse. Estos sistemas se incorporan a barcos construidos en Bath Iron Works, el mayor astillero norteamericano, localizado en Kennebec River Bath, en el estado de Maine. Por lo que no cabe pensar en ningún caso que vayan a trasladar su tecnología a España para construirlos a partir de ahora en las depauperadas factorías navales del sur.

A la fuerza ahorcan y no suele haber contestación local a la presencia de la base, cuyo desmantelamiento reclama una marcha anual desde 1982 que, aunque algunos años no ha llegado a convocarse, mantiene un rechazo permanente respecto a su hipoteca militar. A esta movilización se suman altermundistas de Portugal o de Marruecos, pero también diversos intelectuales como Rafael Alberti o, en la actualidad, Almudena Grandes y Luis García Montero, vecinos estivales de dicha población: “A principios de los años 80 en un congreso sobre la paz que se celebraba en Praga,  yo acompañaba a Rafael Alberti –evoca Luis García Montero–. Cuando  le dieron la palabra Rafael dijo que estaba en contra de todas las bases militares “me da igual que los misiles sena blancos o rojos. Pensar que un misil rojo de aquí pueda llegar a Rota y Cádiz y destrozar mi bahía gaditana que es milenaria, me parece tan disparate como pensar que un misil de allí pueda venir aquí y pueda cargarse una ciudad como Praga. De manera que estoy en contra de cualquier base militar” y como eran todavía años duros en el socialismo real, pues yo le dije a Rafael “Rafael vamos a tener problemas, no nos van a dejar salir de Praga” y Rafael se indignaba y decía “como no me van a dejar a mi salir de Praga si yo soy una leyenda del comunismo”.

Ahora, si el mundo Trump no es descodificado y corregido por otros responsables institucionales de su propio país, probablemente todos volvamos a ser comunistas, yihadistas, peligrosos antiamericanos. Y, entre otros horizontes de futuro, también peligraría el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán para acabar con el bloqueo que sufre el país de los ayatolahs, en una nueva espiral atómica que bajo el mandato del empresario norteamericano, quizá se extendiera a otros países como Arabia Saudita o Corea del Sur. También ahí seguiríamos estando en el ojo del huracán. No sólo Rota, no sólo Gibraltar, no sólo Morón ni Andalucía. El peligro también sería global, como el mundo que se empeñan en negar Donald Trump o Theresa May.

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