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Alternativa

Ilustración: Pedripol

Rajoy será presidente –en minúsculas, como es él-. Nos sangran las heridas. ¡Y lo que nos queda! A estas alturas de la tragedia, ¿cuántos millones de votantes socialitas deben sentirse, cuanto menos, ignorados? Finalmente, la opinión de ellos y de ellas tuvo vigencia mientras depositaban la papeleta en la urna –en la de junio y/o en la de diciembre-. Menudo chasco. Menudo engaño. Menudo paso atrás en la interpretación de la participación en democracia.

La mitad de los socialistas estamos de luto. El comité federal decidió la peor de las alternativas –todo ello sin la participación de la militancia-. Sacrificaron el cambio por la continuidad de la opresión, traducido en recortes. El sostenimiento de un sistema que persigue el bien de unos pocos frente a la miseria de muchos. El “ande yo caliente” y me río de la gente. Lo mismo da que da lo mismo. Aceptar la corrupción de un partido que está en estos momentos sentado en el banquillo, habiendo repudiado a los tuyos, culpables e inocentes, todo ello para dar ejemplo. ¿Qué ejemplo? Si ahora nos entregamos en cuerpo y alma sin haber acordado ni una sola condición que tenga como objeto evitar mayor sufrimiento. ¿O es que mi partido no es consciente que éste se producirá? Por lo pronto, cinco mil quinientos millones de euros será su cuantificación.

¡Qué indignación! Ni uno de los defensores y defensoras de la abstención fue capaz de mirar a la gente, a su gente, a la que ha sufrido y volverá a sufrir con las decisiones políticas de la derecha. Su argumentario consistió en hablar de “lo mejor y de lo peor para el partido socialista” y en hacer todo lo posible para que en el ideario socialista la única realidad visible fuera el número de escaños que presumiblemente –encuestas cocinadas en mano- se hubieran perdido con una nueva cita electoral, como si esto fuera lo más importante. De repente, algunos socialistas se muestran temerosos de la participación y ponen todas las trabas habidas y por haber. Un hecho más: la presión que ha ejercido la comisión gestora sobre quienes piensan que la abstención agrede de forma muy grave su conciencia, cortando las alas a la participación en libertad.

Algunos han defendido que se trataba de una decisión “política”. Será de ¡mala política! Lo contrario sería entender que el extinto gobierno del PP fue ¿intachable? Porque para darle el valor de nuestro voto, el de los nuestros, ¿se ha entendido que la gestión de PP fue tan perfecta que no admite ni admitía el más mínimo reproche? Pues no. Ha sido terrible para la ciudadanía, para el desarrollo de nuestro país, para los intereses de la buena gente, de quienes se solidarizan con todos y se desprenden de lo poco. Y lo peor es que lo seguirá siendo. Que no nos cuenten lo contrario. Se ha tomado la más letal de las decisiones, por quienes se muestran como “judas” de la ideología, desechando el poder que tiene la palabra dada, el compromiso adoptado, en definitiva, el contrato firmado con la ciudadanía.

Y si no lo creen así, recomiendo al presidente de la gestora socialista dirija su mirada a la calle. Porque mientras Rajoy proclamaba a los cuatro vientos sus perversas intenciones políticas en su discurso de investidura, miles de estudiantes reclamaban contra la LOMCE, porque diseña un sistema educativo que segrega y discrimina en sus oportunidades a las próximas generaciones. Un claro ejemplo de la brecha generacional entre nuestras instituciones y la juventud.

No me gusta el PP, no me fío de sus dirigentes y me pone los pelos de punta pensar en lo que son capaces de hacer bajo las consignas de la recuperación y de la estabilidad. Pero ahora tampoco me gustan algunos y algunas dirigentes del PSOE que son capaces de trastocar las bases de mi partido, faltando a su palabra, con la cantinela de la supuesta necesaria gobernabilidad, poniendo a los diputados y diputadas socialistas en el continuo abismo. Y es que en los tiempos que corren asusta el imperialismo con el que algunas “manejan” al partido socialista. A la conquista del poder bajo la consigna del fin justifica los medios. Asusta la “dictadura” encubierta con la que se mueven los hilos en el partido socialista. Y si no que se lo cuenten a quien un día alzó la mano a favor del “No es No” para al día siguiente desdecirse alabando la labor “intachable” de la Presidenta de la Junta de Andalucía. Gente con principios, se llama. No vaya a ser que la “incuestionable” pase de Madrid a Cádiz guillotina en mano.

Se me nota enfadada, ¿verdad? Ello es porque corren malos tiempos para la participación. No somos nadie, o sí.

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