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Bea aragon
Fotografía: Jesús Massó

“Soy hija póstuma de un satélite imperfecto

que condena a mis hijas a derramarse en cada siglo.

No tengo miedo de mi catástrofe, ellas tampoco de su condena.

¡Seguid temblando, perros!

Nosotras sangramos manada.

Nosotras somos la manada y su barro.”

 

 

 

Estaba hace algún tiempo mi amiga Eva en su paraíso ya con la manzana mordisqueada y una luna de sangre posándose delicadamente en su frondosa entrepierna justo antes del destierro de su cuerpo-barro a otras tierras menos frondosa que su entrepierna selva-geiser.

Estaba hace algún tiempo mi amiga Eva bajo el influjo de la manzana ya viendo el cuerpo-barro desnudo del Adán que debía ser algo así como el Brad Pitt de la época.

Estaba Eva hace algún tiempo con su pecado desnudo y  manzana en vena, viendo ya la poderosa carne del hombre primero, pensando en su cabecita de pecado original, qué muchacho más mono, una cosita así quería mi madre pa mí.

¡Que cuadro! La muchacha viendo al muchacho perfectamente en pelotas, el muchacho sin manzana con una caraja espectacular de siglos y su mirada inocente y limpia del hombre primero. Pero la Eva, la Eva que podía haber sido víctima de su instinto o de su vicio o si os gusta más por aquello de la poesía, podía haber sido víctima del deseo más antiguo incendiando su volcán de hembra salvaje, la Eva se dio la vuelta como una señora, sin saber muy bien qué decir por ser la primera mujer de la historia, le ofreció la manzana al hombre y se fue a hacerse una paja en la soledad del paraíso a escondidas del mirón de su Dios (que esa es otra historia). Claro que Adán con su eterna bandera de inocencia cogió la manzana en sus manos inocentes, se la comió y se hartó de dar vueltas buscando a la Eva cuando la manzana le hizo efecto (creo que es media hora) como un gato salvaje en celo.

Cuando la encontró, con su mástil encendido de sangre, la Eva ya estaba con su cigarrito debajo de una parra. En media hora, la Eva estaba ya orgasmada de sobra. Un miura parecía Adán mirándola apunto del embiste. Él siendo primo de los monos que son los grandes pajilleros de los arboles como todos sabemos (preguntad a Tarzán) no sabía que podía meneársela solo.

Podemos sacar en claro que en verdad como era virgen y estaba bajo los efectos de la manzana no tenía en su registro otro modus operandi más que forzarla que pa eso aquello era el paraíso, ¿verdad?

Lo mejor fue cuando Dios el creador, que en aquella época era un chaval, interrumpió al Adán justo antes de la embestida milenaria y les dijo ¿Por qué carajo estáis en pelotas? Con una voz de Dios que te cagas y claro al Adán se le bajó la sangre de la cabeza de abajo del tirón y empezó a balbucear una mijita nervioso. Otra vez Dios con voz de mosqueo  ¿Adán, por qué has comido manzanas?  Y Adán con más miedo que el Paula coge y dice: No, la culpa en verdad es de la Eva, la Eva me ha convencido, yo en verdad no quería…

Entonces cogió la Eva con to su coño y dijo:

Yo le di la manzana Dios mío de mi arma, es verdad pero él no me dijo que NO.

A pesar de eso y desde entonces fuimos condenadas, a pesar de eso y desde entonces nos persiguen, desde entonces y a pesar de eso somos las hijas salvajes y pecadoras de Eva.

Desde entonces y hace mucho de entonces nosotras somos las perras, nosotras somos las zorras, nosotras somos. Pero nadie, ni siquiera un dios todopoderoso, pensó nunca en la posibilidad de que nos acogiéramos las unas a las otras, nadie ni siquiera, un Adán de pacotilla, pensó en que nos podíamos hermanar para sangrar a compás nuestras heridas. Nadie pensó nunca que nos pudiésemos sentir manada, nadie pensó en nuestra revolución.

¡Temblad perros!

Hoy Nosotras sangramos Manada. Hoy Nosotras somos Manada.

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