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El retorno de la playa 2x3 cádiz 16 fuji 1 copia

El avión despegó más tarde de lo previsto pero sin sobresaltos. Ella parece tranquila. No le asusta ir a 35.000 pies de altura, ni siquiera le sorprende que algo tan enorme pueda mantenerse en el aire. Supongo que tendrá un pasaporte lleno de sellos. Ha sacado su iPad y se dedica a alinear caramelos de colores. Se maneja con soltura, como si hubiera nacido con una pantalla en sus manos. Sin embargo peina canas desde hace algún tiempo pues debe andar ya por los 70. Su piel clara muestra un tono entre bronceado y rojizo, como si hubiera pasado demasiado tiempo al sol. Vuela desde Sevilla con destino a Londres y no es la única anciana que lo hace. Parece un vuelo del imserso. A mí, que viajo de vuelta a mi exilio, no deja de parecerme curioso. Mis padres tienen 70 años y nunca subieron a un avión. Ni siquiera los imagino haciéndolo. En primer lugar porque a mi madre le dan pavor y, en segundo, porque con la pensión de mi padre lo más que pueden permitirse es un bonobús. Tampoco los imagino jugando al Candy Crash. Nuestros padres usan las nuevas tecnologías más por necesidad que por entretenimiento. Esa necesidad de comunicarse con sus hijos o nietos emigrados al extranjero, asomándose a una pantalla cada tarde como si fuera una ventana mágica para muchos de ellos.

Mientras nuestros viejos  -y me refiero a los nuestros, los del sur, los de la Andalucía del campo y la mar- se vuelven a hacer cargo de la economía familiar en medio de esta desastrosa situación, los de la Europa acomodada disfrutan de nuestro sol y nuestras playas. Y que lo sigan haciendo, que gracias a eso pueden trabajar nuestros jóvenes cada verano sirviendo copas y colocando hamacas en los hoteles. Así es como vuelve a salir a la luz el mismo balance estival del ‘descenso’ del paro donde, además, este año nuestra provincia lidera las cifras (aunque realmente no sea más que una ilusión óptica que nos intentan vender como positivismo). Los viejos europeos son una inyección económica. Nuestros viejos la única inyección que conocen es la de la insulina.

Un estudio reciente realizado por Sigma Dos refleja que actualmente más de la mitad de los abuelos españoles (55,9%) confiesa ayudar a sus hijos como consecuencia de la crisis, ya sea económicamente o en el cuidado de los nietos. Y se trata de los mismos que ya sobrevivieron a otra crisis anterior, a la de la postguerra y el hambre. Los que saben realmente lo que es administrar lo poco que entraba en casa para que todos los hermanos comieran. Esos que empezaron a trabajar tan pronto como sus manos se lo permitieron, siendo niños todavía. Esos que hacen maravillas con una pensión ridícula para llegar a fin de mes, y no sólo lo consiguen, sino que además guardan un pellizquito «por lo que pueda pasar». Si el Ministerio de Economía lo encabezara mi madre saldríamos de la crisis en dos semanas, estoy convencida. Ellos no viajan, no tienen vacaciones ni se van de crucero por el Mediterráneo. Quizás no hayan visto mucho mundo, pero creo que son unos verdaderos superhéroes con un sinfín de superpoderes. Aunque jamás lleguen a volar.

Fotografía: Juan María Rodríguez

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