Tiempo de lectura 💬 3 minutitos de ná

Faly martinez

Fotografía: Jesús Massó

07:30 horas, suena el despertador y comienza un nuevo día. No tengo ganas de levantarme, me quedaría aquí dormida por muchas horas, sin que tan siquiera me queden recuerdos de sueños que repasar al volver a la vigilia. Estaría bien despertar una mañana y que todo hubiera pasado, pero bien sé que esta es una carrera de fondo. Debo levantarme, mi madre me espera o, mejor dicho, lo que queda de ella. El alzheimer se la llevó casi entera ya hace mucho tiempo.

07:40  Se acabó mi tiempo de meditación diario. Oí un ruido, debo ponerme en marcha. El día comienza igual que todos desde hace meses. Lavado de cara, café rápido y pan del día anterior tostado con mantequilla, mientras oigo de fondo algo referente a las noticias de la mañana. Luego, inmediatamente, debo atender a mi madre.

08:00 Comienzan las atenciones: aseo en profundidad, lavado de sábanas y curas varias. Mi padre, a su edad, solo es capaz de hacer funciones de vigilancia, prácticamente testimoniales; de voz de alarma y poco más.

9:30 Salgo a la calle deprisa y corriendo y él queda de retén. Hago la compra y visito al médico de familia para que me cargue la tarjeta con algunos medicamentos y me recete otra tanda de paquetes de absorbentes. Paso obligado por la farmacia y fin de la ruta matutina.

11:30 Vuelvo a mi hábitat natural, mi casa. Ordeno, limpio salón y baño con un oído puesto en los ruidos y movimientos de mi madre. Es impredecible y me aterra que tenga una mala caída en uno de sus paseos deambulantes.

12:30 Hora de preparar la comida para la familia. Para mi madre, prepararé uno de sus purés habituales.

14:30 Hora de la comida principal. A ella ya le di de comer hace media hora, pues cada vez es más complicado sentarla en la mesa con el resto de la familia.

15:30 Recogemos entre todos la mesa y el comedor, pero el repaso final de la cocina es cosa mía.

16:30 Me siento en el sofá, de un tiempo a esta parte me encantan los programas de desalmados gritones que ponen en TV, me ocupan la cabeza con sus banales y ridículas disputas, reconozco que me abstraen por un rato y lo agradezco. Imposible oír nada, hoy está muy nerviosa y habla en voz alta e incoherentemente sin parar.

19:30 Hora del café. Al sentarla en la mesa me doy cuenta que debemos antes pasar por el baño. Para esto no está siendo mal día, ya que solo he tenido que hacer un par de cambios de pañales contando con este último. Mi café se enfrió; bueno… bendito microondas.

21:30 Hora de la cena, mi hijo me ayuda. La abuela no ha querido cenar, se atragantaba, solo conseguí que deglutiese un yogur. Algo es algo.

22:45 Acuesto a mi madre. No se a quién suplicar para que hoy sea de esas noches en las que duerme y no grita. Ayer durmió bien, es muy posible que hoy toque la de arena.

00:00 Me acuesto. Creo que hoy no he mantenido con nadie una conversación de más de 10 minutos seguidos. Bueno sí, con el médico de familia. Me desespero, no se hasta cuándo podré seguir así.

Somos 5 hermanos, pero unos con motivos justificados y otros no tanto, hacen poco por mamá. Y por extensión, por mí. Me siento mal porque a veces me gustaría desaparecer, salir corriendo, huir, me siento mal por no querer seguir viviendo aquí, me siento mal por quejarme, por llorar a mis hermanos, por haberme convertido en una persona triste y de quien la familia huye sutilmente. Me siento presa, atada y sin luz en el horizonte. No quiero que esta historia destroce mi matrimonio, ni me haga descuidar a mis hijos. No me perdono ansiar en muchas ocasiones el desenlace final, el cual me traiga descanso, paz y una vida normal. Cojo un libro, leo dos páginas y siento que se me caen los ojos, placentera sensación. Lo dejo sobre la mesilla de noche y antes de apagar la luz, pongo el despertador para que suene a las 07:30. Mañana será… otro día más.

(Vaya por las personas cuidadoras, auténticas titanes, necesitadas de que los gobiernos sigan legislando a su favor y dotando de agilidad y asignaciones presupuestarias potentes a los servicios de atención a la Dependencia. Personas que, de igual manera, se hallan necesitadas de que nuestra sociedad, enferma de individualidad y sufridora de la lacra del egoísmo, encuentre pronto cuáles deben ser las verdaderas prioridades en la vida de cada ser humano).

Recibe "El Tercer Puente" en tu buzón

  • Responsable: El Tercer Puente Sociedad Coop. Andaluza. Finalidad: Para enviarte los números y avances de eltercerpuente.com a tu email. Legitimación: Tu consentimiento. Destinatario: MailerLite, nuestro servicio de envío de correos. Derechos: Acceso, rectificación, limitación y supresión de tus datos si nos lo pides.

Aytodecadiz abriendobrecha digital v001 etp gigabanner 1140x200px 80

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *