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Federico sopranis

Ilustración: pedripol

Ayer, durante mi paseo diario, mientras observaba con curiosidad el nido que un ave que no pude identificar había fabricado en uno de los viejos saguaros que bordean el camino, fui abordado por William Brown. Mi vecino es originario de Fort Worth, y ha trabajado toda su vida en la Trinity River Authority hasta su jubilación. Por aquí estamos casi todos jubilados y poca diferencia hay en nuestros estilos de vida, salvo que yo jamás utilizaré el atuendo deportivo-chandal que casi se ha convertido en el uniforme oficial y que nunca me calaré la gorra azul, roja y blanca de los Houston Texans.

Le señalo el nido en lo alto del cactus y lo observamos silenciosos durante un rato. Noto como remolonea, sin querer despedirse. Finalmente termina por transmitirme su preocupación ante los resultados de las últimas elecciones. Me consta que es un demócrata militante y que estuvo muy comprometido en el proyecto del corredor verde del río Trinidad. Está preocupado por que el nuevo presidente de EEUU deje de ser una referencia moral para el mundo.

No conozco tanto a William Brown, ni tampoco tengo la intención de aumentar su pesadumbre, como para decirle que la visión que el resto del mundo tiene de este país dista mucho de ser la de “la tierra de los libres y el hogar de los valientes” que proclama su himno nacional y que él, en un alarde de ingenuidad, acrisola en la expresión “referente moral de la humanidad”. A fin de cuentas, es un ciudadano estadounidense y, por lo tanto, una de las principales víctimas de la propaganda de su propio país, de manera que procuro ser lo más elusivo posible. Se despide llamándome “doctor” y recordándome la asamblea vecinal que se llevará a cabo el día 27 en el Misalito Council Hall.

He sido incapaz de dejar de reflexionar sobre sus palabras durante el resto de mi paseo. Si bien el voto a Donald Trump puede considerarse como un desafío a la convención moral dominante del momento, no creo que la contienda electoral se haya desarrollado en términos de moralidad. No creo que los votantes del republicano buscaran en el nuevo presidente una figura que encarnara su corpus ideológico, un líder ejemplar que guiara a una nación unida. Cuanto más reflexiono más me inclino a pensar que ansiaban encontrar a un caudillo que les procurara espacio y les ofreciera protección. Una personalidad lo bastante agresiva para materializar sus deseos de revancha. Un ángel vengador. “El mundo nos ve como estúpidos”, ha dicho DT, “pero no vamos a seguir siendo estúpidos durante mucho tiempo”.

Y el momento de la revancha ha llegado. No de otra forma pueden explicarse los nombramientos del nuevo equipo presidencial: Steve Bannon (portavoz de la derecha radical a través de su portal de noticias Breitbar News), máximo asesor; Rex Tillerson (que ha liderado el consorcio internacional de energía Exxon Mobil desde 2006), secretario de Estado; Steven Mnuchin (inversionista y exejecutivo de Goldman Sachs), secretario del Tesoro; Wilbur Ross (el denominado “rey de la bancarrota”), secretario de Comercio; Andrew Puzder (magnate de la comida rápida), secretario de Trabajo; Tom Price (feroz crítico de Obamacare), secretario de Salud; Jeff Sessions (opuesto a todo tipo de inmigración y partidario de prohibir la entrada de musulmanes a Estados Unidos), fiscal general; Betsy DeVos (enemiga declarada de la enseñanza pública), secretaria de Educación y, finalmente, parece que la amenaza de desmantelar la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) que Trump lanzó durante su campaña cobra cuerpo poniendo al frente de esta institución a Scott Pruit (escéptico del cambio climático y defensor de la industria de los combustibles fósiles). A partir de ahora serán los zorros los que cuiden del gallinero.

Le trasmito mi perplejidad a Edward Youngblood, el nativo tankawa que habita en el destartalado taller de mantas tradicionales donde suelo concluir mi paseo, allí donde el pueblo pierde su carácter residencial y empieza el desierto. Reflexiona concentrado en lo que acabo de exponer y termina por decirme que los zorros no le preocupan, que el auténtico problema son los coyotes, y que esta semana ya ha disparado a dos de ellos que se acercaban demasiado a sus gallinas.

 

Federico Sopranis Calandria

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